domingo, mayo 27, 2007

Marlowe, Fenner y el agente de la Continental: algunas notas sobre la novela negra


“Van Dyke había caído de rodillas tomándose el estomago. El pelo le caía sobre la frente mientras el saco, que tenía un solo botón abrochado, estaba inflado como una bolsa. - Déjemelo, Marlowe. - ¿Ahora que está blandito? No, compañero, no le pegue nunca a un hombre que está peleando con otro.” Osvaldo Soriano, Triste, solitario y final.

La fórmula, a priori, parece bastante simple: un asesinato, una intriga, un tipo duro, una mujer fatal, un cachiporrazo y un final que devele todos los misterios. La estructura, a priori, parece bastante simple: un encuentro con un personaje (casi siempre femenino) que plantea un dilema, la búsqueda a través de extraños sucesos y complejos personajes, el encuentro, repentino y extraño, con el hilo que desencadena la verdad de los sucesos. El tono, a priori, parece bastante simple: lenguaje parco, narración simple y dura, diálogos convincentes y ocurrentes. A priori, a priori.

Sin embargo, la novela negra relacionada a Chandler, Mcoy, Goodis, Hammet o Hadley Chase entre tantos otros tiene algunos componentes subterráneos que la hacen fascinante y sugestiva. Entre muchos, en este escrito se pretende abordar algunas características del protagonista (había pensado usar la palabra héroe, pero no me queda claro si es un epíteto que retrata a los actores centrales de las aventuras detectivescas) de este género: el detective.

Mucho se ha escrito sobre la novela negra, a veces me parece que sucede con ella un fenómeno parecido al fútbol: mucho tiempo pareció un espacio banal y simplón (hasta cierto punto despreciado por los intelectuales) para después ser “redescubierto” desde la academia como una fuente insondable de lucidez y encanto. Entre tantos escritos, alguna vez creo haber leído algún artículo de Piglia donde afirmaba que la novela negra era también un manifiesto político contra el orden establecido en los Estados Unidos, un alegato contra la dominación de la sociedad capitalista y uno de sus mecanismos más ríspidos de coerción: la policía. No recuerdo bien el artículo y la interpretación sea tal vez muy libre (aunque en el caso de Piglia, por razones prosaicas, eso no tiene mucha importancia) pero me parece posible poder deducir que el detective simboliza muchas veces un espacio de resistencia social, un ente libre ajeno al Estado, capaz de encontrar la solución a problemas que la incompetente policía no puede resolver. Por otro lado queda otro guiño político, la crítica a la burguesía gringa: su falta de transparencia, sus turbios secretos, sus hipócritas convenciones, sus deslealtades…en fin, su decadencia (tal vez acá sea importante acotar la pertenencia de Hammet al partido comunista norteamericano).

Pero tal vez el rasgo que más me seduce de estos protagonistas, el que pretendo reseñar modestamente en este escrito, más allá de sus conceptualizaciones como símbolos de intransigencia frente al Imperio, es la encriptada ternura con la cual realizan sus acciones. Hay en Marlowe, Fenner o el agente de la Continental (personajes de Chandler, Hadley Chase y Hammet respectivamente) una extraña devoción a su trabajo, una lealtad con ellos mismos y con sus clientes, un compromiso tácito en llevar a cabo el trabajo con entereza y honestidad, una preocupación extrema por el destino de sus contratantes, más allá de la búsqueda del misterio y la verdad. En ese sentido, encuentro una diferencia con exponentes de otra vena de la novela negra: Dupin y Sherlock Holmes (protagonistas de Poe y Conan Doyle), para ellos la búsqueda de la verdad es un juego de inteligencia, una postura personal e individual ante el misterio, más que una preocupación ética social frente a las vicisitudes de una persona en aprietos. Preocupación teñida de ternura que muestran Marlowe, Fenner y el agente de la Continental; veamos algunos peregrinos ejemplos.

Marlowe, en “Playback”: se observa como el cansancio y el aburrimiento del detective se van tamizando por el amor y la ternura; a pesar de que se ha dicho que por ser la última novela de Chandler el amor aparece más directamente, casi como un artificio, es innegable que la llamada de Linda al final de la novela (que se ha ido hace tiempo y cuyo recuerdo acecha como un fantasma las cavilaciones de Marlowe) y la reacción del detective terminando con un: “Estoy aquí. Igual que siempre” (planteándole que la esperará como y para siempre) sólo confirman rasgos que el personaje había mostrado antes con muchas mujeres fatales que daban rienda suelta a sus aventuras.

Fenner, en “El secuestro de Miss Blandís”, se inmiscuye desde palco al ver que la policía no entendía ni un poco de lo que estaba pasando, decide entrar al caso por una motivación ética más que monetaria: el sufrimiento de una hermosa dama secuestrada por una banda de rufianes que la someten a malignos vejámenes. Cuando la rescata, sabe que la muerte, por los traumas psicológicos, ya se ha apoderado del alma de la muchacha, la lleva a un hotel antes de que vea a su padre e intenta (desde la dureza que sólo tiene un detective privado) insuflarle un poco de consuelo y tranquilidad, sin embargo intuye que ya es tarde…poco después la mujer se lanza desde el balcón al vacío.

El agente de la continental, en “Cosecha Roja”, transita por Personville (mejor: Poisonville), una ciudad marcada por el crimen, los gangsters y el envilecimiento por el dinero. El entorno lo va marcando, convirtiendo su aséptica manera de entender un crimen en un odio profundo y planificado hacia el entorno. Sin embargo, aún en estas complejas demarcaciones hay algo puro: la fidelidad con el trabajo, el incipiente amor por Dina Brand y la toma de conciencia de la consecuencia de los duros en contraposición a la hipocresía de otras personas.

Estos son sólo algunos ejemplos para inferir un esbozo del proceder de los detectives duros, de la devoción a su trabajo, de sus convicciones particulares, de la ternura que, camuflada y subrepticia, dirige sus pasos por el misterio y la incógnita.

En una entrevista, allá por 1973, Onetti aseveró que era un ávido lector de novelas policiales. “A quién lee” le preguntaron. “Dashiell Hammet o Raymond Chandler” respondió. “¿Descubre al asesino?”. Pensó un poco, se arremolino en la silla y contestó: “Siempre. Basta con tener humildad”.

martes, mayo 22, 2007

Desafíos del cineasta boliviano ante las nuevas tecnologías*


Debido al escaso y valioso tiempo de ponencia es necesario abreviar los pensamientos que surgen tras una reflexión personal sobre los temas que hemos venido a tratar y que tanto nos interesan. Esta reflexión puntual se enfoca, ante todo, en los problemas y ventajas de las nuevas tecnologías en nuestro contexto de producción.

En primer lugar me parece imperativo recalcar lo relevante de lograr una concordancia entre forma y contenido, no solo en las manifestaciones audiovisuales sino en toda expresión artística. En un pequeño seminario de dirección con Marcos Loayza quien, aclaro, no tiene otro parentesco con nosotros que el común denominador de desenvolverse en el mundo audiovisual, éste nos dijo, no sin bastante lucidez, que lo único que puede determinar si una película es buena o mala no depende del contenido en sí o del aspecto formal en sí, sino la medida en que la historia sea fiel al universo que proponen sus premisas estéticas y narrativas.

El arte posmoderno, más que una tendencia en sí se trata de una especie de buffet donde están a disposición del artista todo un bagaje de recursos estéticos, simbólicos y narrativos así como una considerable paleta de instrumentos que, en las etapas clásica y moderna, se veían limitados a determinados contextos de elite situados en puntos privilegiados del planeta o simplemente no existían. El arte posmoderno, más que una nueva propuesta, más que una ruptura, consiste en crear una visión personal, subjetiva a través una forma singular de darle uso a todos los instrumentos antes mencionados. A lo que apunto con esta reflexión es que el contexto en el que nos toca hacer cine no es un contexto de ruptura sino más bien de re-lectura. En ese sentido yo me declaro en una posición anti-posmodernista desde una perspectiva tanto artística como filosófica, el arte ha sido siempre re-lectura del pasado, reminiscencia; los grandes revolucionarios en el arte han sido grandes conocedores y amantes de sus antecesores, mezclando alquímicamente ciertas técnicas de estos con nuevas intuiciones, nuevos instrumentos, en nuevos contextos socioculturales. En ese sentido el arte sería desde el principio, lo que me parece absurdo, posmoderno. Nadie nunca inventa nada nuevo, todo se ha hecho antes, lo lindo es re-leer, re-pensar las obras del pasado.

Si me refiero tan enérgicamente a esta condición acumulativa y retroalimentativa del arte, y más específicamente del cine, es porque si el nuevo cineasta boliviano no tiene esa humildad de seguro se enfrentará a un gran problema cuando se vea delante de todo este nuevo arsenal de instrumentos que permiten abaratar costos y dejar volar y violar la imaginación en todo sentido. Hoy por hoy, la fascinación que nos provoca el hecho de que sea accesible producir una película nos puede también hacer olvidar de que es necesario una idea que sustente a la aventura cinematográfica. Otro peligro de tener una isla virtual de edición que tenga todos los instrumentos de montaje hasta hoy conocidos como el Final Cut o un laboratorio virtual de fotografía como el Photoshop no quiere decir que la persona que lo maneje entienda esos instrumentos y los utilice óptimamente. La precariedad instrumental del pasado era útil en el sentido de que si un creador se aventuraba a experimentar en un contexto clásico era porque estaba siendo guiado por una idea: Vértigo de Hitchcock, Soy Cuba de Kalatozov o El Testamento del Doctor Mabuse del maestro Fritz Lang son películas filmadas con instrumentos del pasado pero ideas muy contemporáneas formalmente. Todo ya se ha hecho, y si el cineasta boliviano no se sumerge en la historia del cine puede caer en la deriva de creer que está inventando la pólvora y quizás solamente está repitiendo de mala manera lo que ya se había ideado hace cuarenta años sin necesidad de una G5.

Todo ya se ha hecho y eso antes del cine digital: cámaras de movimiento inexplicable, dobles exposiciones, efectos inverosímiles de desdoblamiento, pantallas partidas en cuantos cuadros se quiera, aceleraciones, montajes frenéticos, cambios estroboscópicos de positivo a negativo, sobreimpresiones múltiples, apariciones y desapariciones de personajes, todo ya se ha hecho y quizás no sea necesario ir más allá de Meliès en la historia del cine para comprobarlo: lo importante, y a eso se deberían dedicar las escuelas, es enseñar a hacer uso de esos instrumentos conceptualmente, enseñar el lenguaje cinematográfico para que el joven cineasta tenga una estructura básica para empezar a experimentar. Es necesario también que el joven cineasta se empape más de cine clásico, latinoamericano, de autor o nouvelle vague que de cine pirotécnico hollywoodiano o de videos de MTV. Esto lo digo, primeramente, y justamente dentro de la exigencia de conjunción entre fondo y forma, dado que en nuestro contexto de producción por más abaratados que sean los costos debido a la tecnología digital jamás se puede llegar a las perfecciones técnicas de cualquier película que nos llega al ilustre cine “Monje Campero” y digo cualquiera, no Matrix o El Señor de los anillos. Y en segundo lugar ¿Queremos hacer ese tipo de cine? Ojalá que no. No digo en base a esto que haya que hacer cine indígena y social como hizo en su momento Sanjinés, pero en Bolivia hay tantas historias que contar que no se parecen en nada a lo que Hollywood pretende que sería una pena que el cineasta boliviano se contagie de la enfermedad de lo políticamente correcto tan querido en Hollywood y tan ajeno a nuestra realidad.

El peligro de las nuevas tecnologías surge de manera alarmante cuando se trata de concebir ese concepto tan fabuloso y confuso como es el de “experimentación”. El joven cineasta boliviano tiene que enfrentar dicha amenaza con mucha humildad. En ese sentido los cineastas realmente experimentales como David Lynch, Lars Von Trier o Peter Greenaway pueden ser buenísimos como nefandos ejemplos para los nuevos realizadores de cine ya que su osadía estética y narrativa puede llevar al nuevo artista a decir: “todo vale” y perder el rigor que caracteriza una obra maestra o, lamentablemente, perder el rigor de una obra que cumpla los mínimos requisitos para ser difundida en salas. No debemos olvidar que estos tres genios no solo han dominado la estética clásica sino que se la han apropiado de una manera personal y cuando la han negado ha sido con todo el conocimiento de causa y no tras un capricho aparecido al juguetear con el Final Cut.

El cine digital, que comprende toda una nueva serie de instrumentos de producción y post-producción, es una bendición para el cineasta boliviano dado que ya tiene acceso al bagaje material de una producción audiovisual pero también puede tornarse en una maldición si, al verse sobrepasado por los instrumentos, se olvida del contenido, de la idea, de la puesta en escena, del guión, de la construcción de los personajes, de la historia y consigue a penas lograr un compendio de elementos inconexos proyectados en una pantalla que no transmiten absolutamente nada: cero emociones, cero reflexiones, cero belleza, cero mensaje. Este segundo escenario puede ser terrible para la producción nacional a largo plazo ya que la competencia nacional del cine hollywoodense del “Monje Campero” y “Cine Center” van a ser películas de pésima calidad, que se pretendan innovadoras y no lleguen a ser ni grotescas. Es necesario, y con esto quiero concluir, lograr no solamente una invasión de “juguetes de alta definición” sino una invasión de ideas cinematográficas, hace falta un diálogo con los maestros del pasado sin importar la diferencia contextual de espacio-tiempo ya que el lenguaje universal que todos queremos hablar es el cine y una buena película lo es en la Bolivia post-emenerista como en la Francia de las vanguardias o en Rusia comunista. Una película genial puede haber costado 150 millones de dólares o diez mil, lo importante son la ideas y cómo expresarlas ¿Dónde pescar estas ideas? En la vida cotidiana, en las películas, novelas, cuadros y canciones del pasado, en una peluquería, en una revolución o en una fantasía de semi-vigilia. ¿Quién sabe? Para esa faena no hay escuela pero ello no quiere decir que no sea la primera y más importante etapa de construcción en una obra de arte: con el Final Cut y la HDV ya tenemos con qué hacer ahora cabe más que nada pensar, mucho, mucho en qué hacer. Muchas gracias.

*Esta ponencia fue expuesta el viernes 13 de abril en La Paz, Bolivia en el marco del Encuentro de Cineastas Sub-40: visiones e inquietudes organizado por el CEDOAL y el CONACINE, donde Diego y Alvaro Loayza fueron invitados en representación de Cubitel Producciones; ésta ponencia completa de Alvaro Loayza antes posteada en el blog.

sábado, mayo 19, 2007

Egocentrismo de un pájaro: tantas idas y venidas… y corridas


Egocéntrico ¿yo? Preguntome con notorio desagrado el muy desventurado al leer este encabezado.

“Si, tú, hijo de perra…” le respondí con prontitud y aplomo, no me iba a dejar intimidar por él esta vez, pese a que finge una mirada con desdén desde ahí abajo cual patricio que se cree. No es que yo esté loco como norcoreano deprimido por el hecho de discutir con “él”, mas al contrario, es una muestra de total coherencia y sanidad mental ya que a partir del día hoy, Él no podrá regir mi vida en todo momento y ocasión a total agrado como lo ha hecho hasta ahora.

Invade mis momentos más privados, irrumpe en conversaciones, interrumpe películas, corrompe los más puros pensamientos, hasta osó perturbar jornadas futboleras con una sola idea fija: panochita… tibia, jugosa, brillante, deleitable y agridulce panochita. Y es que es tan insaciable en el tema panochesco que no le importa el contexto de la misma; la portadora puede ser una deli como any given chota, le da igual… de todas formas es una panocha, se dice a sí mismo.

Explicado esto queda en evidencia, y a favor de muchos desdichados que alguna vez en su existencia hundiéronse en lo mismo, que yo no soy ocasionalmente chotero sino, más bien, “él” es reincidentemente chotipanochero. Sueno hasta cierto punto esclavizado en mis apreciaciones pero no exagero nada. Nos las damos de seres superiores y pensantes y considero que es mera exageración ya que solamente somos una extensión -con ciertas facultades- de nuestro miembro que es único señor y amo. Dada su naturaleza pasional y dramáticamente carnal, el tuerto tieso es el ser más corrompible que habita el planeta y sus caprichos han desencadenado grandes eventos en la faz de la tierra: han caído imperios, importantísimos descubrimientos se vieron retrasados, continentes desaparecieron, guerras surgieron. Nuevas teorías de eminencias sobre el tema sostienen que el mismísimo Hitler sucumbió a causa de la panochita de la buena de Eva Braun (menudo nombre de pila que le pusieron a la doña), puesto que se la pasó culeando como cabrón durante la caída del régimen nazi. Incluso protagonistas de corazón pedroso y carácter altamente voluble e inflamable como el entrañable Nazi de las salchipapas (ver artículo del Nazi) se ven sosegados y seducidos por una buena panocha fresca.

Por lo tanto la próxima que nos miremos con cierta complicidad con alguien y se comente: “¡puta! que arrecho es ese cojudo…” pensemos primero que NO es su culpa, es solo una víctima más de las innumerables triquiñuelas del morador inferior. A todas esas señoritas que se ven acosadas por entes escabechados en alcohol, mis disculpas, pero os repito, NO es culpa del santo varón. Si es de por sí complicada labor controlarlo sin estimulantes en el cerebro, deben imaginarse lo duro de lidiar sin la sobriedad, el único moderador de la milenaria cachilera. No es fácil, sean un poco más comprensivas.

Es así que pese a que no dije nada bueno del señor éste, de todas maneras se merece mi respeto y el de todos y de todas. Valga que, conciente de que de los placeres sin pecar, el mejor es cagar… ¡!!!chinga tu madre!!!!! Prefiero pasármela pecando que ejercitándome…manda la divina voluntad del gran “señor” de los anillos de cuero.

Urtika

jueves, mayo 17, 2007

¿Quién dijo que el fútbol es sólo un juego en Bolivia?



¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales. (Eduardo Galeano)

Comparto la idea, que la metáfora impregna la vida cotidiana, no solamente el lenguaje, sino también el pensamiento y la acción, pues nuestro sistema conceptual ordinario en términos del cual pensamos y actuamos, es fundamentalmente de naturaleza metafórica. Así, Eduardo Galeno, dijo que el fútbol es el opio de los pueblos, que el gol es el orgasmo del fútbol, que como el orgasmo, el gol es cada vez menos frecuente en la vida moderna.

Mucha gente encuentra en el fútbol el único espacio de identidad en el que se reconoce y el único en el que de veras cree, hay quienes dicen también que son sorprendentes los resultados de esta terapia capaz (el efecto fútbol) de devolver los perdidos sentimientos de pertenencia y fraternidad: el deporte, y sobre todo el fútbol, es uno de los pocos lugares que brindan refugio a quienes no encuentran lugar en el mundo, y mucho contribuye al restablecimiento de los lazos solidarios rotos por la cultura de la desvinculación que hoy por hoy manda en el mundo (Bolivia no se encontraría al margen de tal panorama).

Tan evidente llegaría a ser “el efecto fútbol” que si nos retrotraemos –por un instante- a los años dorados y maravillosos, previos al 1994 –cuando fuimos al mundial de EEUU- con alegría mental, nostálgica y hasta melancólica, vienen a nuestro recuerdo esas inolvidables jornadas de algarabía y felicidad, empapadas de identificación, unidad y concilio entre los bolivianos, se había dado –sin querer queriendo- una unión nacional de carácter cuasi-conyugal… un matrimonio de hecho cargado de los mejores sentimientos de amor y pasión.

Saltan a la memoria, las caras pintadas en tricolor, de grandes y chicos, los sentimientos de orgullo por lo nacional, unas cholitas cargadas por Trucco, quitarle el invicto al Brasil, la defensa conjunta de Rimba por el matecito de coca, la cartita para el record, las banderas bolivianas por doquier...ganarle a Chile en su propia cancha, las goleadas a Venezuela, se sentía que no eran sólo once valientes jinetes los que se encontraban cabalgando en busca y obtención de la gloria... eran más de nueve millones de bolivianos repartidos en todo el mundo los que nos sentíamos ganadores, que formábamos parte de algo grande, importante y relevante, sentíamos que estábamos destacando en forma positiva en una vitrina donde destacaba lo bueno, donde sólo los triunfadores podían ingresar, coreábamos nuestro nombre patrio con orgullo, resaltaba y brillaba nuestro esfuerzo, nuestra organización, nuestro valor ...fue un objetivo conseguido por méritos propios... a puro pulmón…que tiempos aquellos...¿no?. Quien no recuerda a ese Bolivia–Alemania en la inauguración del Mundial… ya el resultado no interesa, estábamos y habíamos llegado valientemente a la ansiada y magna cita deportiva universal.

Fue cabalmente en ese entonces que la FIFA, nos clasificó dentro de su ranking, en el puesto Nº 41 por delante y encima de Chile (46), Ecuador (57), Perú (71), Paraguay (85) y Venezuela (109) –la campaña se inició cuando nos encontrábamos en el puesto 89- (al efecto consúltese el Libro El salto al futuro de la FBF). Dicho ranking, es reflejo de muchas otras cosas que se encuentran por detrás del simple número y del puesto, entre ellas, el esfuerzo, el sacrificio, el talento y preparación de los futbolistas, la capacidad del cuerpo técnico, la planificación, la decisión... y en especial, el compromiso, responsabilidad, organización, planificación, decisión y mentalidad ganadora de quienes se encuentran a cargo del proyecto... de la dirigencia. Fue un momento en el que pensamos que nuevos y buenos tiempos se avecinaban a todo vapor, a toda máquina y a todo chancho… se generó una renovadora y refrescante ilusión para todos los bolivianos… inocentemente, pensamos que las tormentas de derrotas y sin sabores deportivos, habían sido sorteadas, que se les había dado el pasaje de ida, sin retorno (el one way ticket) ...que ilusos e inocentes nosotros ¿no…?

Con motivo de la citada calificación que realiza la FIFA, a modo de ilustración, debe mencionarse que en la elaboración del ranking (véase la página FIFA.com) se consideran, entre otros, los siguientes factores: Competiciones preliminar y final de la Copa Mundial, Competiciones preliminar y final de campeonatos continentales, la Copa FIFA/Confederaciones y Partidos amistosos. La clasificación tiene en cuenta también otros factores además de la derrota o la victoria, se evalúa el número de goles, número de partidos disputados, los resultados anteriores, el lugar donde se juega y la importancia del encuentro, también tiene importancia la fuerza del adversario. Como se advierte e infiere hasta acá, el lugar de privilegio de quienes encabezan el listado, de los ganadores (en el ranking) está reservado para los que hacen bien las cosas... así de simple. Llegar a clasificar en lo alto del podio elaborado por la FIFA denota la existencia de las cualidades indicadas (el esfuerzo, sacrificio, devoción, talento, responsabilidad, decisión, buena organización, etc.).

Fue la dirigencia de ese entonces, junto a su cuerpo técnico y jugadores, quien tuvo a su cargo la enorme responsabilidad y desafío de darle semejante alegría y felicidad al país; fue quien apostó a la posibilidad del éxito, quien fue en contra de la historia y de las estadísticas, fue el culpable de hacernos ilusionar y pensar que todo iba a cambiar, fue quien se hizo cargo de una batuta que nadie había tomado (no había ninguna posta que tomar pues en los sesenta años previos nada se había hecho al respecto). En ese entonces fue inaugurada una verdadera embajada ambulante, encargada de hacerle saber y conocer al mundo entero que en Bolivia también se conciben, fabrican, cocinan y elaboran proyectos serios y responsables; en ese entonces utilizamos a la pelota como una bandera portadora del corazón y sentimientos de todos y cada uno de los bolivianos... Nótese entonces… el fútbol no es sólo un juego … la “selec” (como dicen los changos) era el estandarte nacional para propios y ajenos a tal deporte... fue una locura...

Pasados los años, después de dicha campaña, ahora ya en el 2007, cuando nos encontramos en el puesto Nº 101 de la FIFA, por detrás y debajo de todo el mundo (de Gabón, Congo, Zimbabue, Moldavia, Cuba, Panamá y Venezuela entre otros) nos damos cuenta, con lamento boliviano, que el efecto fútbol, la alegría, la ilusión, la embajada ambulante, el estandarte, el opio de los pueblos, la sensibilidad social lograda en esa época, el orgasmo colectivo y toda la percha de sentimientos de otrora, que aún sigo extrañando con melancolía, se han caído y se han roto; forman parte del pasado y posiblemente nunca más vuelvan.

Este lamentable diagnóstico apocalíptico, bajo la lupa de este fanático de la selección, encuentra justificación y respaldo entre otros aspectos, en una sensación de falta total de liderazgo en el fútbol, en la existencia sucesiva de dirigentes que han visto a ese hermoso deporte (portador de ilusiones) como un medio de satisfacción de sus más bajos, trasnochados y embriagados instintos e intereses, así como en la ausencia de planes, espíritu ganador, planificación, programas y estrategias (de largo y mediano plazo) en beneficio del –tan venido a menos- Fútbol nacional. Esa actitud, en similares condiciones trasladadas al sector público, siguiendo el artículo 70 Constitucional, daría lugar a la sucesiva censura de actos y a la obligada renuncia de los cuestionados, junto a la paralela prosecución en su contra de sucesivos procesos en todas las materias realizables del Derecho.

Así, en el entendido que el fútbol es –aún- el opio de los pueblos (de Bolivia también) desde la visión de quien cree que el fracaso logrado con sobrados méritos propios, no se debe a la falta de talento de los jugadores en el país, sino en una endeble, deficiente y malintencionada dirigencia -socapada por la opinión pública en general- abrigo aún la esperanza que esa realidad es posiblemente corregible y que en un futuro próximo han de aparecer y surgir líderes que sientan y conciban al fútbol y a la selección nacional –no como un business con chasco- sino como un espacio que provee identidad, que restablece sentimientos de pertenencia y fraternidad... reintegrador de lazos solidarios, ahora en continua extinción en nuestro territorio también.

Finalmente, si concebimos al fútbol y a la selección nacional como patrimonio originario de los bolivianos –de interés de todos nosotros- porqué no generar o adoptar mecanismos más eficaces en la toma de decisiones en beneficio del fútbol nacional. Atentos a las nuevas prácticas impuestas por las nuevas formas de participación ciudadana, incorporadas a través de los distintos impulsos sociales de moda (contemporáneos) resultaría necesario pensar en la incorporación de herramientas que nos permitan a todos los interesados –de forma desinteresada pero con interés en el éxito del fútbol nacional- conocer y fiscalizar el manejo de los fondos empleados en las campañas deportivas de la selección, y salir en resguardo de la generación de ideas y decisiones para no permitir que el fracaso de nuestro fútbol sea una constante en nuestra patria… abramos el debate… jallalla.

Alejandro Montaño Torres
Hincha y Fanático de la Selección Nacional

sábado, mayo 12, 2007

1 + 1 = 1: Problemática post-heleogabálica sobre el arquetipo del Doble



1. Una noche, al calor de unos buenos vinos argentinos y de unos calamares a la romana (cortesía de Edipo Von Kirki Carvallo), me embarqué en una titánica discusión con mi hermano sobre un tema que nos concierne a todos. Les comento. Yo sostenía (no sin cierta osadía requeteneoplatónica) que todo y todos tenemos un arquetipo, y desde las cosas más singulares como ser: el camba, el estronguista, el cine negro, Mario, el loro de Frigo o el gato llamado Grumo; todo y todos poseemos (me enterqué en el asunto) nuestro modelo prístino y luminoso. Un modelo primordial… A lo que mi hermano refutaba, junto al recién llegado Agapito, que el Arquetipo, justamente, es una figura primordial depurada de todo contexto socio-histórico. El arquetipo desde su perspectiva se constituía ante todo en una imagen formadora y no formada: El Héroe, la Bruja, el Descenso Infernal, La Noche Iluminada, La Noche Oscura, el Monstruo, el Ángel, todo ese ejército supralunar de entes de luz. Mi lucha es a cara e´perro respecto a los derechos arquetípicos del ser singular. Empero, a continuación nos regiremos por la segunda posición para tratar a una de esas imágenes primordiales, capaces de ser tanto figuradas en diferentes culturas como ser abstraídas del estado latente en ellas mismas, eso sí – y allí radica su belleza – de manera irreductiblemente singular.

2. ¿Quién carajos escribe William Wilson? Qué macabra sensación cuando, al terminar la pequeña joya que nos regaló Poe, me puse a pensar: ¿Si Wilson muere al fin de la narración cómo puede contarnos la historia? Además, las últimas palabras no son las de Wilson perdulario, tramposo e inmoral sino las de Wilson taciturno, correcto y acosador: el Otro. Joe Gillis, en Sunset Boulevard, muchos años más tarde nos dará una lección similar: ¿Cuál será esa lección?

3. Borges, en El Libro de los Seres Imaginarios, incluye tanto a la Pantera (el más sutil de los felinos) y a los Elfos como al Doble. No es un libro teórico sobre los mitos o los arquetipos sino un catálogo de animales imaginarios: un bestiario. Allí empieza mi cuestionamiento sobre la delgada e inexistente línea entre los mundos sutiles y los mundos materiales. Pensé que, como en una estructura fractal, los animales imaginarios son seres de tránsito entre una especie singular y un arquetipo universal, unos más para un lado y otros más para otro. El Doble es ambos: un Arquetipo abstracto, casi una matemática de la esencia humana, así como un ser de carne, monstruo, bicho que merodea, que espera detrás de la puerta.

4. La teoría lacaniana, si bien para muchos es pedantería estructuro-oscurantista llevada a la caricatura, comporta un elemento primordial y sumamente dilucidador sobre nuestra TRAGEDIA COMO SERES DE LENGUAJE. El niño se reconoce como ser distinto y portador de una ipseidad (condición de lo que es mismo) en el momento en que se reconoce delante del espejo en una imagen, ilusión, o sea, en el momento de asimilar la mirada del otro a través de una concordancia de movimientos y de proporciones. Pero esto no es suficiente en absoluto, el niño confirma esa intuición cuando reconoce la mirada de un tercero en el espejo que verifica esas coincidencias formales: el niño deviene el otro para ser él mismo. Para ser yo mismo debo de verme desde fuera, para ser uno debo ser dos y sino no puedo ser.

5. El Otro puede ser idéntico como William Wilson en William Wilson o lo absolutamente contrario como lo que aparece en el lienzo del retrato de Dorian Gray. Puede ser hombre o mujer, puede estar dentro de tus sueños u oculto detrás de la cortina de la ducha. Puede ser uno o pueden ser dos. Puede ser tú o puede ser yo.

6. Spider adulto está presente en la misma habitación que Spider niño en el opus de Cronenberg; magnífico tratado sobre la esquizofrenia: considerada en occidente como una patología. En La Nación Cladestina de Jorge Sanjinés, ese desdoblamiento del héroe Mamani-Maisman, jamás es enfocado como una patología sino más bien como una cosmovisión. La esquizofrenia es una “enfermedad” moderna y positivista.

7. La política occidental siempre fue la siguiente: a los crios, educarlos; a los locos, encerrarlos; a los salvajes, colonizarlos (o jugar tiro al blanco con ellos). ¡Qué brutos! No sabían (y no saben aún) de lo que se estaban perdiendo: ¿Qué tiene en común la visión de los niños, los locos y los salvajes? Que el Doble no les da miedo. Es tan natural como hacer pis o caca. Y al Doble, como a todo ser animado del mundo material, intermedio o sutil, hay que serle respetuoso o te muerde. Es real pero misterioso, una matemática viscosa incomprensible por la lógica identitaria de Aristóteles y menos por la dicotomía cartesiana. Mayor sabiduría hay en encontrar las continuidades entre el mundo de la vigilia y el de los sueños que reforzar los candados de las puertas que hemos construído para separarlos.

8. ¿Cuál es el Doble de la vida?

lunes, mayo 07, 2007

Peripecias de un iruñés en la tierra del verdadero carnaval


(i)
Uno, que es pecador por antonomasia, y por hereje también, lo es sin complejo de culpa alguno. Y la falta, que en este caso me sobra en extremo, es la de ejercer de chauvinista recalcitrante: cuando uno es de Pamplona no le hace falta añadir lo de ¿y qué? Soy de Pamplona, y si los demás queréis, pues aplaudís. Bueno, pues no sé si más por pecador o por pamplonés, me gusta la fiesta, la juerga, la diversión, el cachondeo… Sanfermines claro: Muchas horas robadas al sueño y varias patadas en el hígado, amén del resto de elementos imprescindibles de la Fiesta. Porque los Sanfermines lo son con mayúscula. Son la Fiesta más grande de este jodido planeta. Lo sé porque he estado en varias de las que aspiran a competir y… ni de coña. Simplemente no están mal. Entiendo lo del orgullo de los paisanos, pero Pamplona es única. ¡Joder!, yo iba a hablar de Oruro y me salió el pamplonica pues…

Pues eso, que tiene sentido hablar de Oruro con la mirada de un iruñés. Y si a uno, que ha vivido la Fiesta entre las fiestas en su plenitud, llega a un lugar que es la taza de váter del culo del mundo, y se encuentra en medio de un carnaval en el que los disfraces no son barrocos intentos de obras de arte, sino la expresión de todas las vertientes del alma humana, de sus aristas, y si uno desde la grada se deja arrastrar, y de repente se ve convertido en tinku (porque yo, ya me siento tinku) y en medio de la algarabía popular comparte todo lo que al ser humano le hace digno de considerarse tal, y como sin querer se encuentra con que la capacidad de emocionarse sigue ahí, que uno puede seguir sorprendiéndose para bien, que la empatía no es un impulso eléctrico a un cuarto de amperio, que la sonrisa hace que se alcen las orejas… Joder, Oruro ha de ser muy grande si consigue que el descreído pecador impenitente que soy yo se emocione como cada vez que visita su tierra. Joder con los orureños. Joder con su Carnaval. Así se le quitan a uno las ganas de la cuaresma. Está visto que nunca podré dejar de pecar…
(ii)
Es curioso como de un tiempo a esta parte, como todo aquel que necesita un cambio de paradigma coge una mochila y se larga al culo del mundo para encontrar la taza de váter. El problema de todo occidental que agarra una mochila es que a pesar que se deja los explosivos en casa, lo deja todo hecho una mierda. A la gran mayoría, para salir de su aburrimiento y de la rutina les sería suficiente con empezar a hacer crucigramas; el problema es que de eso no se puede hacer una foto que sirva de salvapantallas. Detesto a aquellos que piensan que conocer un país es dormir un par de días en el suelo comiendo cosas que no permitirían que sus madres cocinaran. Si el ansia por conocer otras vidas fuera cierta saludarían con más frecuencia a sus vecinos. Pero tiene que ser un coñazo no tener nada interesante que contar en las reuniones anuales de antiguos alumnos. Esa maldita necesidad que surge cuando se empieza a hablar y ver en la mirada de los otros, ojos como platos… Para aquellos que no tenemos cuchillo y tenedor, o no comemos o lo hacemos con la mano.

Iñaki Arbeloa

miércoles, mayo 02, 2007

La búsqueda del qué y el cómo en el nuevo marco estético-tecnológico*


Es a partir de Jorge Sanjinés cuando surge la verdadera peripecia del cine boliviano, es de su cine profundamente comprometido política e ideológicamente, que anexado a una formalidad plagada de carencias y limitaciones, logra con sus filmes una gran potencia y crudeza cinematográfica acentuando en la precariedad fílmica que utiliza, lo tremendo, valioso y sobresaliente que había en las historias que contaba. Más de cuarenta años han transcurrido desde que el maestro Sanjinés empezara haciendo películas, y pese a ser una referencia invaluable e ineludible en nuestro cine, hasta, podría decirse, una suerte de norte para todos los que venimos después de él, hay que tener claro que el tiempo ha transcurrido y el mundo ha cambiado mucho. El mundo bipolar de la guerra fría ha fenecido, el mito de la panacea comunista se ha desvanecido, el sueño de la revolución con la metralleta al hombro hoy ya no tiene lugar, los ideales que en los 60 plagaran las esperanzas e ilusiones de los jóvenes que se veían capaces de cambiar el mundo se han debilitado de gran manera. Todo esto ha repercutido en las artes; como toda la fruición ideológica, política y revolucionaria influyó en su momento y provocó el Tercer Cine sudamericano con Sanjinés y Rocha a la cabeza, y que tantos otros cineastas en diferentes latitudes del orbe concentraran sus esfuerzos en narrar y denunciar una realidad política, ideológica y social. Hoy vivimos en un mundo de desazón política, la utopía se ha desbaratado casi en su totalidad, aunque en Bolivia muchos difusamente han vuelto a creer en ella.

No creo que la desazón política deba implicar el dejar de hacer un cine con una fuerte sustancia política o con una subyacente o patente crítica social, todo arte debe detentar contra algo, debe tener el sino de la insatisfacción y la perpetua búsqueda de algo. Pero creo que hoy hacer un cine marcadamente político que devenga en ideológico está obsoleto. El arte tiene la dicha de la metáfora y la metáfora puede ser el camino para abordar cualquier preocupación y abordarla sin tener que filmar un panfleto.

Pienso que las preocupaciones deben expresarse en otros términos, y ya no entre el maniqueo mundo de izquierdistas reaccionarios y derechistas revolucionarios, sino en un mundo diverso y complejo donde cada cineasta debe proponer su óptica y sus preocupaciones tratando de expresarlas de la forma más honesta y adecuada posible sin caer en burda politiquería o ideología que no se pliega a los tiempos que corren. El arte desde siempre ha sido un bálsamo, tanto para el artista como para el que se nutre del arte de otros, una manera de expurgación que pretende liberar. Las formas de liberarse mediante el arte son infinitas y eso tendrá que encontrarlo, en este caso, cada cineasta por su cuenta, entendiendo y canalizando cual es la efervescencia que lo impele a hacer cine, y hoy creo que estamos muy lejos de que la ideología sea la preocupación más importante, ya que además es patente que la ideología tiene la gran facilidad de bifurcar y de confrontar en vez de fusionar o unir.

Hoy estamos a la búsqueda. Nuestras pesquisas son dos, dos cosas que Sanjinés halló otrora y las conjuncionó maravillosamente en su cine, y son el qué y el cómo. Para fortuna de un país de escasos recursos, la aparición de la tecnología del video digital es un magnífico regalo. A partir del emergente cine digital uno puede prever la aparición de una nueva estética entre los cineastas bolivianos, cosa que todavía no se está dando claramente. Hay algunos géneros emergentes, pero no algo que se entienda como una nueva estética juvenil. En los últimos años en que se ha estado experimentando con el instrumento digital, las suertes han sido muy dispares y lamentablemente, la mayoría con un éxito muy escaso. Creo que uno de los pocos logros importantes del cine boliviano último y que justamente, va ligado con una nueva estética de “cine digital”, es “Lo más bonito y mis mejores años” de Martín Bouloq, donde se observa una excelente conjunción entre forma y contenido. Pese a que muchos buscan hacer un cine a la vieja usanza a través del digital, creo que hay que entender que tenemos entre manos un utensilio distinto al viejo y hermoso celuloide. Bouloq se desembaraza de todo contenido y prejuicio ideológico y formal para narrarnos una historia desgarrada de personajes alienados que buscan encontrar ese algo que dé sentido a sus pálidas vidas. ¿Es o no es acaso un tema acuciante de nuestros días? A mí si me lo parece y de ahí la valía del filme tanto en qué y en cómo esta contado.

En nuestra búsqueda de una nueva estética cinematográfica, asumo que son necesarias dos cosas. Primero rodar y experimentar mucho para conocer nuestra nueva herramienta y conjugar las capacidades que ésta nos permite con todo nuestro arsenal de ideas y propuestas narrativas. Segundo, asentar una cultura de cine en Bolivia, a lo que no creo que debe darse únicamente por la vía de las escuelas de cine, sino por muchos y diversos derroteros, que lo que provoquen en la gente sea un interés creciente a ver todo tipo de cine, buscar tener acceso a éste, poder discutirlo hasta saciar, comentarlo y analizarlo, creando así una “cultura cinematográfica” que permita a los nuevos realizadores de lactar de todo lo hecho antes para poder instrumentalizarlo en su favor, ya que no creo que haya mejor escuela de cine, que ver y ver mucho cine, y muy diferente desde Godard hasta John Waters, pasando por Howard Hawks y llegando a Zhang Yimou.

Por la irrupción de las nuevas tecnologías el cine aparece como una moda entre lo jóvenes, además de la irrupción de nuevas escuelas de cine, lo cual no se ha cristalizado todavía en verdaderos grupos o movimientos de creación cinematográfica como lo fueron la “Nouvelle Vague” en Francia o el “Cinema Novo” en Brasil, aunque dada la coyuntura eso es hoy en día posible. Los movimientos son una de las pocas vías de explosión y expansión cinematográfica, al aunar preocupaciones comunes, y esto sumado a la actual facilidad económica de realizar productos audiovisuales con nuevas tecnologías, debería ser la aspiración y búsqueda del cine boliviano como conjunto; el crear orgánicamente uno o dos movimientos que le insuflen a nuestro cine de un nuevo talante, energía y vanguardia en cuanto a contenido y continente.

En cuanto al producto audiovisual en sí, han cambiado muchas cosas y otras no tanto con la avalancha digital. El alcance a cámaras e islas de edición de una calidad aceptable ha permitido que mucha gente experimente con las nuevas tecnologías, además de poder animarse a realizar proyectos, lo cual ha dado mayor amplitud a los productos surgidos en los últimos años. Lo que no ha cambiado es que el cine sigue siendo un arte muy intrincado y que requiere, aunque no siempre, sí en la mayoría de los casos, un equipo técnico, logístico y artístico que le permita al director plasmar su visión con la mayor precisión posible, para lo cual se requiere un alto estándar técnico, por ende un equipo capaz. Muchas veces damos por descontado que el trabajar en video es más fácil de lo que hubiera sido en cine, eso es cierto si hablamos de cifras, no así de un resultado estético acerca del producto. No creo que Winterbottom o von Trier, pese a estar grabando en video, tomen más a la ligera producciones como “24 hour party people” o “Dogville” en relación a cuando filmaban en celuloide. El fácil acceso a nuevos formatos ha influido en la cantidad de material producido, y esto ha derivado en mayor difusión del material rodado acá, y en lo que se ha visto un decrecimiento del nivel de la producción, en el sentido de ver propuestas de calidad muy baja presentadas en el cine, lo cual es una señal de alerta. Experimentar, rodar mucho material y realizar muchos proyectos me parece excelente (como dije anteriormente rodar es una de las dos mejores vías para aprender el oficio), pero tanto los directores, creadores, así como nuestro entorno cercano y el entorno grande del cine, debemos ser críticos y autocríticos, analizar y cribar muchas cosas, sobre todo antes de emprender un proyecto que pretenda alcanzar la gran pantalla. Yo puedo querer rodar una peli de mi perro, mis monólogos dedicados a la luna o mi peregrina idea nihilista de destruir la sociedad, pero no debo pretender que la gente pague para ver tales cosas, para eso lo cuelgo en Youtube y que lo vea a quien le apetezca. Si algo es exhibido en el cine, se espera que al menos haya habido una cierta selección de calidad narrativa y técnica, por ende un trabajo que permita que tal producto sea proyectado en las salas comerciales. El hecho de que algo nacional tenga la duración como para el cine no quiere decir que cumpla los requisitos para ser proyectado en tal medio, es como en el fútbol, el ser joven y nacional no te hace ser buen futbolista, si eres buen futbolista tendrás un sitio en cualquier equipo, sino, no. En el cine es igual, si haces una buena película, es justo que ésta se exhiba, sino no. Abogo por la ayuda a los realizadores bolivianos, pero no a costa de producir y proyectar cualquier bazofia hecha por alguien nacido acá, ahuyentando a la gente de las salas, además de emparentar injustamente al cineasta boliviano con malas películas lo cual sería una condena tanto para el cine nacional como para la gente con buenas propuestas.

Por eso hay que luchar por un creciente aprendizaje de hacer cine y de un concienzudo trabajo de directores y de equipos, tanto creativo, técnico como crítico para fortalecer nuestra producción. Muy pocas veces más quiso decir mejor, apostemos por la calidad, no por la cantidad, así que quienes entiendan sus intereses comunes y sus vocaciones conjuntas luchen por un nuevo cine boliviano, lleno de movimientos y proyectos plagados de ideas y de propuestas narrativas, ya que lo digital ha llegado en auxilio de nuestras carencias económicas, no así para solventar nuestro vacío creativo.

* Esta ponencia fue expuesta el jueves 12 de abril en La Paz, Bolivia en el marco del Encuentro de Cineastas Sub-40: visiones e inquietudes organizado por el CEDOAL y el CONACINE, donde Diego y Alvaro Loayza fueron invitados en representación de Cubitel Producciones; próximamente se subirá la ponencia de Diego Loayza.

domingo, abril 29, 2007

Aqui se calienta...


Hay una cucaracha, la palabra cucaracha me suena a poder absoluto y a las soberanas futuras y generaciones: buscando coger y comer vivid, vivid por siempre lectores y no lectores mios (se sugiere One Step Beyond de Madness).

jueves, abril 26, 2007

“Dejen que los niños vengan a mi”: Unas palabras sobre "Tideland" de Terry Gilliam


Pensé disponer estas palabras en tanto que comentario al anterior post pero veo que no solamente se trata de una continuidad en el asunto de la mentalidad del niño sino también una manera de manifestar mi admiración profunda por este autor que siempre osciló entre lo fantástico y lo terrorífico con un estilo sumamente personal y barroco: se trata del magnifico Terry Gilliam, bandido del tiempo y una droga mortal para toda especie de relato e imagen convencional.

Como Ofelia en El Laberinto del Fauno, Jeliza-Rose vive en un mundo difícilmente más sórdido; la primera en medio de una guerra donde solamente mora el odio en los corazones y la otra en un mundo de yonkis donde solo mora el veneno en los corazones. La niña de Tideland atestigua la muerte de su madre por intoxicación, proporciona las dosis necesarias de heroína a su padre, viejo perro del rock impecablemente interpretado por el "Gran Lebowsky" Jeff Bridges. Él yace…y yace y yace. Sin embargo, estos escenarios tan aterradores y patéticos para cualquier adulto (en realidad somos los adultos los que los “fabricamos”), son invitaciones para estas niñas a entrar en mundos dentro de mundos, que, si bien son peligrosos, no dejan de ser fantásticos, excitantes y, digan lo que digan los grandes, bellos.

Del Toro muestra, expone lo que Ofelia ve recurrentemente y lo separa claramente de lo que ven los demás; Gilliam, en cambio, recurre contadas veces a la figuración de la proyección mental de Jeliza – Rose empero, formalmente (Nicola Pecorini es un dios del gran angular) hay una saturación de significado respecto al mundo fantástico y subjetivo de la niña, lo que hace inseparable el delirio de la realidad en el aura misma del relato que, a pesar de no parecerlo en absoluto, es bastante lineal y la trama no muy difícil de explicarse.

Termino con un agradecimiento a este genio kafkiano del cine como es el maestro Gilliam que esta vez se las ha jugado por una película independiente hasta los dientes y capaz de estremecer al mismo William Burroughs (todo esto en relación al pequeño gran bodrio llamado Los Hermanos Grimm), mostrando que solo hay un arma del ser humano para combatir al Mal y esta es la niñez, o sea, la imaginación hipertrofiada, la materia sublimada. No se equivocó el flaco al emitir su frase célebre respecto a cómo hay que ser para entrar en el reino de los cielos, como Ofelia o Jeliza – Rose. Amén.

lunes, abril 23, 2007

Transformers meets Tiwanaku o barloventeos sobre cierta arquitectura andina posmoderna


La arquitectura, de entre las artes mayores, es, a mi consideración, la que más hondo cala en la psiquis del niño antes que las otras. Es muy extraño que la primera emoción y/o recuerdo estético de una persona sea de una canción, un poema o una película: nuestros primeros recuerdos de niñez generalmente se sitúan, se ubican y se encarnan en lugares, espacios específicos, casas. En ese sentido, pienso que la niñez es un estado privilegiado del espíritu humano para empaparse de la belleza, el terror, la grandeza y el sentido profundo, estético de la arquitectura.

El niño percibe el espacio arquitectónico inexorablemente como un espacio simbólico y tiende a hipertrofiar las características significativas de éste, de manera que cada elemento se “transfigura” de real, objetivo, funcional a estético, emocional, imaginal. Cualquier esquina, zócalo, fisura, arco, corredor, motivo de lozas, puerta, escalera, columna, espejo, todo deja de ser simplemente lo que es para convertirse en pasadizo secreto, escondite, obstáculo, cueva, lo grande deviene gigantesco y lo pequeño, un inframundo poblado de seres minúsculos, invisibles para los grandes. La arquitectura comunica en la psiquis del niño tanto como el espacio del cuadro cinematográfico ante un ojo cinéfilo. Nada está al azar: el espacio, construido o no, es la traducción del “espacio” sin dimensiones (invisible de otro modo) de la mente humana. La arquitectura, ante todo, nos delata y nos refleja. Al habitar un espacio determinado, nuestra mente adopta las formas de este y viceversa. Es necesario apelar a nuestros traumas o recuerdos semi-oníricos de infancia cuando descubríamos en una simple jardinera una selva de microdepredadores pre-solares, para encontrar el verdadero arte, sentido estético de la arquitectura.

Si una casa es la proyección, conjunción y materialización de una o varias psiquis humanas, una ciudad es una galaxia de espíritus en el espacio y el tiempo, un dialogo entre interiores exteriorizados y exteriores interiorizados: un punto de encuentro entre lo colectivo visible y lo individual invisible; vivos y muertos conviviendo en la historia, en su propia historia, pisando el suelo diseñado por sus miedos y esperanzas, edificios de frustración, senderos de gloria, semáforos fatales y callejones malevos, muros manchados de sangre y escaleras de semen escarchado. Como la mente humana, en la mente humana: sitio de hibridación entre lo singular irreductible y lo aplastante de las estructuras que no son sino la marca indeleble y formadora del pasado (lenguaje).

Cuando paseo por La Paz esa convivencia se me hace más intensa al meditar en la presencia de la Cordillera Real recordándonos constantemente que una urbe, por más urbe que sea, sigue siendo una peca en la piel de nuestro hermoso planeta y que las torres gemelas por más altas que se pretendieran eran como un moco al lado del Illimani, en el que se estrellaron más de dos aviones que se perdieron de vista en el inmenso manto blanco, me refiero a la convivencia con los espíritus superiores o entidades arcangélicas de la naturaleza en vivo y en directo; La Paz es densa en historia e historias, en vivos y en muertos y en muertos vivos y vivos muertos. Todos estos están, de una manera u otra, retratados en la materialidad misma de “La Ciudad del Río de Oro” (que hoy por hoy parece un apelativo sarcástico viendo las condiciones de nuestro amado y sufrido río Choqueyapu). Aymaro-kafkiana, gótico-andina, barroca, republicana, oscura, diáfana, tradicional, claustrofóbica, verticalista, dadaísta, alienada, americana, extraterrestre, europea, decadente, vital, colorida, opaca, fría, soleada, orgullosa, avergonzada, vieja, renovada, La Paz, la única y tan arriba, tan clavada en lo hondo del abismo.

En ese desgarrado dialogo entre el pasado, el presente y el futuro que implica necesariamente la existencia material de una ciudad se pueden detectar también luchas simbólicas: movimientos y épocas, nuevas influencias, influencias desempolvadas, concepciones y valores plasmados en las paredes y detrás de ellas: en estas luchas, como en toda lucha, hay ganadores y perdedores, nuevas alianzas y nuevas complicidades así como nuevos enemigos. Así pues, yendo al grano, un día caminando por la calle Capitán Ravelo me percato de un edificio de indescriptible apariencia: su concepción parecía venir de la mente de un niño sufriendo pesadillas afiebradas, donde fichas de Lego se revelan contra la inercia de la materia y la gravedad, un monumento lúdico-fálico-futurista-kitsch-andinista. Semejante monumento, me dije con admiración y disgusto a la vez, debe ser igual de peligroso a la arquitectura en boga como debió ser la aparición de la Whopper para el asado tradicional en las gauchas tierras (donde la gente tiene una parrilla en casa en lugar de un altar para su santo). Digo admiración porque sí: todo fenómeno de hibridación es digno de admiración – sobre todo para los estudiosos de la monstruosidad como el que se permite estas líneas –, pero también digo disgusto, y digo disgusto porque de repente me imagine La Paz, ésta La Paz, plagada de edificios semejantes, de repente sintiéndome rodeado de Transformers gigantescos que destruyen todo rastro del pasado que ven a su paso, porque la arquitectura novo-andina(?) de esta índole, si tiene algo malísimo, es que no tolera el pasado: arrasa con todo y no busca en absoluto adaptarse al paisaje sino imponerse a él y SER el paisaje. Los que conciben estos “monumentos” piensan que deben reinventar la ciudad, hacer tabula rasa de todo lo construido anteriormente tratando de mezclar no sé que romanticismos telúricos con una visión obsoleta del futuro (aunque suene paradójico). Si se quedara en monumento aislado yo diría: Sí, bienvenido: participa del abigarrado y complejo mundo arquitectónico de La Paz; pero el problema es que este tipo de construcciones parecen ser una tendencia, lo que implicaría barrer con un pasado por un nuevo presente que refleja artificialmente un andinismo mundializado.

Imagínense llegar a la hoyada paceña y verla plagada de nuevos monstruos colorinches y amorfos por las calles y perdernos de toda la historia arquitectónica – por ende, simbólica – que recorre esta hermosa ciudad a cambio de un presente plano y, cómo no decirlo, de tránsito en relación a toda la conformación venidera en Bolivia a través de la mundialización de recursos simbólicos. Termino exhortando a los nuevos arquitectos vanguardistas a que hagan lo que quieran pero que no tiren a la mierda lo que tantos años ha tomado construir… Respecto a aquello de “hagan lo que quieran”: retiro lo dicho. El resultado puede ser demasiado pesadillesco y me aterraría ver a mi hermosa ciudad devenida en una nueva Cybertron, a los habitantes unos estafermos metálicos de colores insufribles y al Evo todo un Megatron. ¡Dios nos salve!

domingo, abril 15, 2007

Pesquisas de un texto entre las fronteras del buen gusto y la alta cultura

"Hablando con propiedad, embriagábase más de sobriedad que de alcohol."
Witold Gombrowicz, Ferdydurke



En uno de esos inhabituales paseos mentales o inopinados extravíos por los laberintos cerebrales, al recordar los pululamientos que tuve por distintas facultades de filosofía en algunos rincones del orbe, así como otras frecuentes visitas a los macabros y sombríos conciertos de thrash metal bautizados como “unders” en diversas chicherías y cementerios, empecé el cuestionamiento siguiente: después de tan intrépidas e inexplicables incursiones ¿qué texto podía ser un verdadero ejemplo, paradigma o guía para explicitar y subsumir mis pensamientos y aprendizajes en templos tan sobresalientes del arte, la cultura y el buen gusto? Ya que si nos ponemos serios y sesudos, es indudable que debe haber, uno o varios textos o canciones que hayan sido fuente de iluminación, conocimientos y desvelamiento durante tantas temerarias aventuras en esos recintos. A través de los años que me tocó realizar esas distintas peripecias algunos textos he enfrentado, no demasiados, he de ser sincero, pero intuyo que alguno más que los veinte dedos que con fortuna todavía soy capaz de ostentar. Sopesando las idiosincrasias y los modus vivendi de los lugares antes mencionados y de la enseñanza que he procurado de aquellos me devanaba el cerebelo en la analítica pesquisa de tratar de sintetizar en un texto la conjugación de lo “aprendido”, “vivido” y “digerido”, o sea un acercarse a una suerte de desentrañamiento de mi autoparódica condición.

Pues días después de la incómoda empresa mental en la que me hallaba despistadamente subsumido, cual grotesca epifanía un libro de mi estantantería empezó a realizar todo tipo de extravagantes morisquetas. Siempre he referido a que un libro me está viendo feo cuando parece observarme con el tremendo afán de ser leído por mí, éste caso era diferente, el volumen parecía un niño gordo que con gestos y cabriolas pretende ser elegido por los capitanes de los sendos equipos de fútbol, tratando de suplantar con su ridícula gracia sus deficiencias en el complejo arte del balompié y la caricia al cuero. De esa índole era el espectáculo al que me enfrentaba, y despistado yo, por no decir opa, no cabía en comprender que esas muecas exaltadas eran ni más ni menos que la solución a todas mis infructuosas cavilaciones.

El libro que tan elocuentemente se me manifestaba era: Ferdydurke del polaco Witold Gombrowicz, un escrito inasible, irreverente, irreductible, inenglobable y, por supuesto, hilarantemente grotesco. Entonces, no sin escasa lucidez comprendí que allí, en uno de sus capítulos se encontraba la respuesta a mi honda cuestión. El texto buscado titula “Filifor forrado de niño” y es el 5to capítulo de la novela.

A manera de resumen particularizado cabe decir que lo que cuenta el episodio es el eterno e irresoluble duelo entre Filifor y su archienemigo Anti-Filifor, dos mentados y reputeados profesores que no tienen otro sino en su vida que perseguir y ser perseguidos por su insaciable y respectivo antagonista, para batirlo con sus más sofisticadas y pérfidas armas. Filifor tenía como munición un concentrado talento sintético listo para inducir a Anti-Filifor o su amante ante cualquier descuido. Por su parte el arsenal del segundo estaba dotado de una pléyade de municiones analíticas capaces de descomponer, o hacer trizas, cualquier ente o concepto que se precie de supremo. ¡Pavada de contienda! En nuestro texto de marras los dos sujetos se enzarzan en una encarnizada lucha gesticulofilosófica tratando por un lado de compendiar al rival como en su opuesto tratar de fragmentarlo al máximo. Las armas poco pragmáticas, la lucha poco habitual y caballerosa y las respectivas damas vilipendiadas. En su conjunto un zafio y despreciable combate entre dos sujetos corruptamente incorruptibles que en su irrenunciable obsesión nos otorgan una de las más sabrosas, memorables, gozosas y risibles diatribas que el mundo de la filosofía educada y del thrash metal virtuoso recuerde.

Releyendo las actas escritas por los doctas eminencias que presenciaron el duelo, soy ahora capaz de confirmar con vehemencia y garbo que “Filifor forrado de niño” de Gombrowicz es el texto que representa la pesadez de mi ligero andar por esos fascinantes y extraños reductos sembrados entre los hirsutos arbustos de la Avenida Complutense y las satánicas chicherías de la Tejada Sorzano.


A continuación un pequeño fragmento del elocuente y balsámico capítulo que hoy nos compete:

He aquí el transcurso sucesivo del incidente, según el protocolo:
1. La profesora Filifor, muy entrada en carnes, gorda, bastante majestuosa, se hallaba sentada, sin pronunciar palabra, ensimismada.
2. El profesor doctor Anti-Filifor plantóse frente a la señora con su objetivo cerebral y empezó a observarla con una mirada que la desvestía hasta lo más íntimo. La señora Filifor tembló de frío y de vergüenza. El doctor profesor Filifor la cubrió en silencio con la manta de viaje y fulminó al insolente con una mirada llena de inmenso desprecio. Sin embargo, mostró al hacerlo signos de inquietud.
3. Entonces Anti-Filifor dijo quedamente:–Oreja, oreja–, y estalló en risa sarcástica. Bajo la influencia de esas palabras la oreja apareció inmediatamente en toda su desnudez y se hizo indecente. Filifor ordenó a su esposa que se cubriera las orejas con el sombrero; esto, sin embargo, no sirvió de mucho porque Anti-Filifor murmuró entonces como para sí mismo: –Dos orificios de la nariz–, desnudando así los orificios de la nariz de la venerable profesora de modo a un mismo tiempo impúdico y analítico. La situación se tornó grave ya que no pudo ni hablarse de la ocultación de los orificios.
4. El profesor de Leyden amenazó con llamar a la policía. La balanza de la victoria comenzó a inclinarse claramente hacia Colombo. El maestro de Análisis dijo con intensa cerebración: –Los dedos de la mano, los cinco dedos–. Por desgracia la robustez de la profesora no era suficiente para ocultar el hecho que, repentinamente, apareció a los reunidos en toda su inaudita vivacidad, es decir el hecho de los cinco dedos de la mano. Los dedos estaban allí, cinco de cada lado. La señora Filifor, totalmente profanada, trató con los restos de sus fuerzas de ponerse los guantes pero ¡cosa absolutamente increíble!, el doctor de Colombo-le hizo al momento el análisis de orina y, riendo desmedida y estruendosamente, exclamó victorioso: – ¡H20C4, TPS, un poco de leucocitos y albúmina!–. Se levantaron todos, el doctor profesor anti-Filifor se retiró con su amante que soltó una risa vulgar, mientras que el profesor Filifor, con ayuda de los abajo firmados, llevó sin demora a su esposa al hospital. Firmado: T. Poklewski, T. Roklewski y Antonio Swistak, testigos.


W. Gombrowicz – Ferdydurke (1946). Argos. Buenos Aires.

lunes, abril 09, 2007

Fútbol y política: algunas lecciones para los creadores de la militancia absurda



“…suspiro de la criatura desdichada, alma de un mundo sin corazón, espíritu de una época privada de espíritu, opio del pueblo.”

Karl Marx, Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel.

La última vez que dos parlamentarios italianos se agarraron a golpes fue a causa del fútbol. En 1998, dos diputados se enfrentaron por un penal no pitado a Ronaldo, uno de ellos afirmaba que el partido debía volverse a jugar con árbitros extranjeros, el otro se indignó por esta aseveración y llegaron a los golpes. Ahora que Bush, el criminal hijo de criminal, sigue incólume en el poder después de destrozar hombres, mujeres y niños parados encima de petróleo, vale acordarse de Irak. Después de iniciada la ofensiva imperial contra ese país, dirigida por Bush y sus secuaces, la hinchada del club argentino Chacarita Juniors coreó largamente el nombre de Sadam Hussein durante los cánticos de apoyo a su equipo; los hinchas de Huracán pusieron banderas apoyando a Sadam, en una se podía leer claramente “Dear Bush, fuck you”.


Ejemplos como éstos, donde la relación entre el fútbol y la política se hace patente, hay miles: la utilización de la Selección Nacional por parte de Mussolini, Videla o Bodaberry o el enfrentamiento de las naciones españolas al sometimiento de Franco (un Aznar antiguo) a través del Atlethic, a través del Barcelona, a través del Celta de Vigo. En base a las opiniones acerca del fútbol, se podría esquematizar la relación entre este juego y la política en base a una dicotomía esencial: el fútbol como "opio del pueblo" versus el fútbol como "espacio de libertad".


La primera postura entiende al fútbol como un fenómeno que va perdiendo su faceta lúdica y se va transformando en un producto de la cosificación, siguiendo la dominación de un Estado determinado. Así, el fútbol es un espacio más de dominación que aliena al individuo y mantiene los vicios del espectro político de turno. La segunda manera de entender al fútbol plantea que a través de este fenómeno se anulan todas las diferencias sociales y se construye un espacio de libertad regido por la democracia y la unidad. Es interesante observar que esta dicotomía sigue una larga tradición sociológica en tanto reflexión acerca de la dominación y la libertad, por ejemplo: Weber y sus preocupaciones en torno a los espacios de libertad en una sociedad cada vez más racional o Durkheim y sus preocupaciones en torno a la capacidad de vivir juntos en una sociedad cada vez más diferenciada


Sin embargo, creemos que esos diferentes bandos donde se alinean los amantes o detractores del fútbol encierran el fenómeno en una mirada reduccionista y sesgada. El fútbol es tanto opio del pueblo como espacio de libertad pero también es mucho más que eso. El fútbol es un prisma que refleja las pulsiones de la sociedad, un hecho social total que permite mirarnos descarnadamente, un espejo que muestra nuestras condiciones profundas, un ojo de cerradura que permite entendernos desde un lugar jodido y privilegiado. Ver a este hermoso juego desde el opio del pueblo o la libertad absoluta sólo es una burda manera de quitarle su magia, su delirio y, principalmente, su capacidad para expresar relaciones y formas sociales profundas que encuentran su canal privilegiado a través de los sentimientos que causan veintidós jugadores corriendo detrás de una pelota.


Pero vayamos un poco más allá, veamos un par de casos donde el fútbol logró lo que muchos burdos “dirigentes de masas” no lograron nunca. Fútbol, política, canalización, identificación, redención. En la lucha contra Francia, una de las más eficaces formas de conseguir adeptos por parte del ejercito de liberación argelino era en base a la organización de campeonatos de este deporte donde surgían militantes con una “conciencia de clase” mucho más profunda y solidaria a partir del sacrificio colectivo que entraña una cancha de fútbol; las mujeres iraníes consiguieron grandes avances en su lucha por la emancipación y escaparon un poco de la terrible dominación sexual masculina gracias a la exigencia de ver los partidos de fútbol los domingos; esa necesidad social, esas ansias de emoción y esperanza hicieron que los dominadores tuvieran que ceder un poco en el sometimiento que expurgan sobre ellas (esto se perfila más interesante aún debido a que mucha gente considera a este juego como un atributo exclusivo del mundo masculino). Althusser, Harnecker y todo el resto de dogmáticos panfletarios que sólo perjudicaron a Marx pueden seguir manteniendo su indecencia y derrota, el fútbol hizo, aunque sea por un momento, lo que ellos no pudieron hacer ni siquiera una vez en la vida.

Terminemos con Braceli, con un ejemplo de cómo el fútbol alienta esperanza y canaliza el difícil tránsito por estas sociedades contemporáneas: “Por el fútbol sabemos que nuestro optimismo es una simpática forma de inmadurez. Que cuando decimos que estamos tocando fondo, somos recurrentemente optimistas. Porque cancelamos alegremente toda posibilidad de algo peor. Y esa negación nos lleva siempre a un fondo que queda más abajo”. Por todo, gracias fútbol.

lunes, abril 02, 2007

Lo kafkiano en el cine: Pesadilla, metamorfosis y absurdo existencial en la pantalla (parte II)



(Continuación)

El héroe – objeto (Eraserhead, Existenz, Crash, Barton Fink, The man without a past, Dead Man): La narración clásica nos presenta un panorama en el que el héroe, gracias a sus méritos, decisiones, astucias y virtudes logra superar obstáculos y enemigos y, a través de estas hazañas, logra también una transfiguración, una trascendencia. El héroe kafkiano es todo lo contrario: pasivo, incómodo quizás, pero no lo suficiente como para emprender una gesta heroica clásica contra los problemas que le acaecen. Como bajo una hipnosis, Henry Spencer en Eraserhead es testigo de tremendas monstruosidades que le acontecen en la vida cotidiana y, él se deja llevar, sigue viviendo el día a día, cada vez más infernal ante los ojos de una audiencia pasmada, M en El Hombre sin Pasado del gran Aki Kaurismaki, acepta sin chistar un destino cruel e inexplicable. El héroe kafkiano es conducido, ya sea por fuerzas internas (pulsiones como en el caso de Existenz o Crash) o externas (como la macabra configuración del destino que le toca vivir a William Blake en Dead Man). Ruptura total con la estructura convencional, el héroe que no toma decisiones ¿Qué tan héroe será?

Laberinto, enclaustramiento autístico y agorafobia (Playtime, Barton Fink, Eraserhead, Copy Shop): La opera prima de David Lynch, la mentada Eraserhead, es quizás por excelencia la película que mejor maneja la simbología del enclaustramiento kafkiano, al igual que Barton Fink de los hermanos Coen. El personaje de esta índole se repliega en su(s) mundo(s) interior(es) ya que, por lo general, es un extraterrestre menos adaptado para la vida social que para la vida subacuática, como el mismo Kafka.

Lo cotidiano hecho inverosímil, lo inverosímil hecho cotidiano (Brazil, Naked Lunch, Crash, Eraserhead, Copy Shop): La película kafkiana por excelencia es probablemente Brazil del maestro Terry Gilliam: un hombre se ve sumergido en una cotidianeidad apabullante, literalmente inverosímil que, a pesar de ser palpable, real, es inconmensurablemente pesadillesca. Lo importante es la literalidad kafkiana: no es una metáfora de…, simplemente es así. Hay una anulación de lo metafórico a favor de un raso metonímico, desesperante, angustiante. Por eso la llave de la locura (esquizofrenia) es sumamente estéril para interpretar lo kafkiano, el escritor checo nunca le dejó al lector la interpretación fácil de decir “estaba loco”, “todo fue un sueño”. Otro universo deformado por seres anormales que viven cómodamente en la normalidad es el fabuloso homenaje Cronen-burroughsiano a Kafka o Kafko-cronenbergiano a Burroughs: Naked Lunch, donde el genio canadiense aprovecha para crear un universo marcado por la angustia, el humor y cierta estética de Kafka combinada con la ciencia loca y la poesía repugnante del estadounidense padre y ejemplo beat.

El absurdo, fin absoluto de las empresas humanas (Playtime, The Big Lebowsky, La muerte de un burócrata): Aunque probablemente más chandleriana que kafkiana The big Lebowsky encierra en su hilarante trama aquella sensación que queda al preguntarse: ¿Y para que coño todo esto? ¿Cómo empezó? ¿A qué derroteros lleva? ¿En qué coño terminó y por qué? A veces en la vida – siempre, yo diría – nos metemos en trayectorias, líneas causales de acciones, y, cuando nos ponemos a reflexionar un mínimo, nos damos cuenta de que hemos perdido la causa por la que habíamos empezado y el fin que nos dirige, y sin embargo, una acción lleva a otra y esta a otra y todas, al estar imbricadas, parecen tener un sentido pero no tenemos la capacidad suficiente de distancia como para saber si efectivamente lo tienen. “The Dude”, Walter y Donny se meten en una aventura detectivesca donde la esencia del humor radica en el absurdo de las situaciones (todo empieza porque unos matones le mean la alfombra al héroe) que se concatenan con cierta lógica ¿Cuál? Difícil saber.

Lo inhumano, el mundo hecho aparato, el aparato antes que todos (Brazil, 12 monkeys, Playtime): En Playtime, el señor Hulot, más kafkeado que nunca, se pierde en un aeropuerto devenido el reino del automatismo y de la alienación del ser humano real en los códigos y sistemas abstractos de la ultra-modernidad de post-guerra. Humor, absurdo y desazón existencial cunden simultáneamente en una de las obras mayores y más subestimadas de la historia del cine. En la trayectoria misma del genio de Jacques Tati se puede leer el desencanto que acaeció en el alma de este artista respecto a la deshumanización progresiva que cundió en Europa: en Jour de fête se nos pinta la Francia campesina y pueblerina en donde los personajes interactúan, conversan, comen y beben, se toman su tiempo. En Playtime, ya nadie habla con nadie y los gags sobre “error en el sistema” son constantes, absurdos y angustiantes. Posteriormente tenemos Traffic, graciosísimo y gigantesco ensayo sobre la creación de significado por asociación intensiva entre automóvil y humano, una especie de Crash avant-la-lettre. De Jour de fête a Traffic progresivamente se denota la automatización que termina por sumergir al pobre Hulot en un mundo maquinizado totalmente ajeno al suyo: pre-moderno, de café, mercado y feria de domingo.

La burocracia, el medio por el fin, el código por el individuo (La muerte de un burócrata, Las doce pruebas de Asterix, The Hudsucker Proxy): Al pobre sobrino, en la gigantesca comedia La muerte de un burócrata, le toca vivir una aventura que quizás hubiese aterrado al mismo señor K: la burocracia cubana de régimen comunista. Este fantástico relato hipertrofia dos características de “El Proceso” de una manera brillante: humor negro y burocracia total, absoluta, en sueños (pesadillas) y en vigilia, en vida y en muerte: el mundo es concebido como una máquina que fabrica humanos a imagen de la máquina de fabricar bustos de Martí que el tío elabora y por lo que se hace reconocer como un gran proletario. El individuo, metido en el laberinto de la burocracia, ya no es un humano, Sujeto, es más bien un número y si el número no corresponde, el error no es el número si no el individuo mismo. Gutiérrez Alea, con “La Muerte de un burócrata” nos regala una de las pinturas más chistosas, desoladoras y extravagantes que se han hecho sobre la condición del ser humano en la modernidad que se sirve de infinidad de medios para hacer la vida más fácil pero esos medios se convierten en fines y, cual pulpos gigantescos, extienden sus tentáculos para asfixiar al ser real, al supuesto destinatario de los beneficios que esos “medios” van a acarrear.

La identidad voluble, metamorfosis (Lost Highway, The Fly, Fight Club, Crash): ¿Y qué si un día te levantas y eres otra persona? Así de simplemente, sin más ni más, sin explicaciones. La narración clásica, ya lo hemos visto muchas veces, es un recorrido simbólico para afianzar la identidad, el héroe solar no es sino una representación psicológica, estética del hombre independiente, idéntico a sí mismo, separado de todo lo ajeno a él, el héroe solar, es, en pocas, una representación imaginal del Sujeto. El héroe-objeto kafkiano es susceptible de mutar en cualquier instante, en Lost Highway, Fred Maddison se vuelve Pete Dayton y en Fight Club, el narrador, encarnado por Edward Norton, se percata lentamente de que ha devenido Tyler Durden, peligroso antisocial y terrorista de la moral. El héroe kafkiano, debido al enclaustramiento autístico posee esa cualidad de desdoblamiento que poseen los niños al generar amigos imaginarios y separarlos de su psiquis hasta constatarlos como seres de carne y hueso. El encontrarse con que de un día para otro a uno le toca ser bicho no es hegemonía de Kafka sino que el maestro Cronenberg (posteriormente) nos mostró el proceso psico-físico que implica devenir una mosca o una especie mutante entre el humano y el automóvil o el gran Hieronymus Bosch que hace siglos ya nos pintaba en el infierno seres híbridos entre hombre y liebre. Yo sólo sé que yo no soy yo. ¿Y tú?

Esperemos que con este piqueo de ideas y asociaciones, vayamos delineando progresivamente el complejísimo mundo de Kafka y su maravillosa construcción simbólica a través de "las obras kafkianas" en el cine posmoderno. Habría que hacer un experimento: ver todas estas películas de una y saborear que sensación nos queda... Probablemente termine uno la sesión con unas cuantas alas, pelos o patas de más...