lunes, abril 02, 2007

Lo kafkiano en el cine: Pesadilla, metamorfosis y absurdo existencial en la pantalla (parte II)



(Continuación)

El héroe – objeto (Eraserhead, Existenz, Crash, Barton Fink, The man without a past, Dead Man): La narración clásica nos presenta un panorama en el que el héroe, gracias a sus méritos, decisiones, astucias y virtudes logra superar obstáculos y enemigos y, a través de estas hazañas, logra también una transfiguración, una trascendencia. El héroe kafkiano es todo lo contrario: pasivo, incómodo quizás, pero no lo suficiente como para emprender una gesta heroica clásica contra los problemas que le acaecen. Como bajo una hipnosis, Henry Spencer en Eraserhead es testigo de tremendas monstruosidades que le acontecen en la vida cotidiana y, él se deja llevar, sigue viviendo el día a día, cada vez más infernal ante los ojos de una audiencia pasmada, M en El Hombre sin Pasado del gran Aki Kaurismaki, acepta sin chistar un destino cruel e inexplicable. El héroe kafkiano es conducido, ya sea por fuerzas internas (pulsiones como en el caso de Existenz o Crash) o externas (como la macabra configuración del destino que le toca vivir a William Blake en Dead Man). Ruptura total con la estructura convencional, el héroe que no toma decisiones ¿Qué tan héroe será?

Laberinto, enclaustramiento autístico y agorafobia (Playtime, Barton Fink, Eraserhead, Copy Shop): La opera prima de David Lynch, la mentada Eraserhead, es quizás por excelencia la película que mejor maneja la simbología del enclaustramiento kafkiano, al igual que Barton Fink de los hermanos Coen. El personaje de esta índole se repliega en su(s) mundo(s) interior(es) ya que, por lo general, es un extraterrestre menos adaptado para la vida social que para la vida subacuática, como el mismo Kafka.

Lo cotidiano hecho inverosímil, lo inverosímil hecho cotidiano (Brazil, Naked Lunch, Crash, Eraserhead, Copy Shop): La película kafkiana por excelencia es probablemente Brazil del maestro Terry Gilliam: un hombre se ve sumergido en una cotidianeidad apabullante, literalmente inverosímil que, a pesar de ser palpable, real, es inconmensurablemente pesadillesca. Lo importante es la literalidad kafkiana: no es una metáfora de…, simplemente es así. Hay una anulación de lo metafórico a favor de un raso metonímico, desesperante, angustiante. Por eso la llave de la locura (esquizofrenia) es sumamente estéril para interpretar lo kafkiano, el escritor checo nunca le dejó al lector la interpretación fácil de decir “estaba loco”, “todo fue un sueño”. Otro universo deformado por seres anormales que viven cómodamente en la normalidad es el fabuloso homenaje Cronen-burroughsiano a Kafka o Kafko-cronenbergiano a Burroughs: Naked Lunch, donde el genio canadiense aprovecha para crear un universo marcado por la angustia, el humor y cierta estética de Kafka combinada con la ciencia loca y la poesía repugnante del estadounidense padre y ejemplo beat.

El absurdo, fin absoluto de las empresas humanas (Playtime, The Big Lebowsky, La muerte de un burócrata): Aunque probablemente más chandleriana que kafkiana The big Lebowsky encierra en su hilarante trama aquella sensación que queda al preguntarse: ¿Y para que coño todo esto? ¿Cómo empezó? ¿A qué derroteros lleva? ¿En qué coño terminó y por qué? A veces en la vida – siempre, yo diría – nos metemos en trayectorias, líneas causales de acciones, y, cuando nos ponemos a reflexionar un mínimo, nos damos cuenta de que hemos perdido la causa por la que habíamos empezado y el fin que nos dirige, y sin embargo, una acción lleva a otra y esta a otra y todas, al estar imbricadas, parecen tener un sentido pero no tenemos la capacidad suficiente de distancia como para saber si efectivamente lo tienen. “The Dude”, Walter y Donny se meten en una aventura detectivesca donde la esencia del humor radica en el absurdo de las situaciones (todo empieza porque unos matones le mean la alfombra al héroe) que se concatenan con cierta lógica ¿Cuál? Difícil saber.

Lo inhumano, el mundo hecho aparato, el aparato antes que todos (Brazil, 12 monkeys, Playtime): En Playtime, el señor Hulot, más kafkeado que nunca, se pierde en un aeropuerto devenido el reino del automatismo y de la alienación del ser humano real en los códigos y sistemas abstractos de la ultra-modernidad de post-guerra. Humor, absurdo y desazón existencial cunden simultáneamente en una de las obras mayores y más subestimadas de la historia del cine. En la trayectoria misma del genio de Jacques Tati se puede leer el desencanto que acaeció en el alma de este artista respecto a la deshumanización progresiva que cundió en Europa: en Jour de fête se nos pinta la Francia campesina y pueblerina en donde los personajes interactúan, conversan, comen y beben, se toman su tiempo. En Playtime, ya nadie habla con nadie y los gags sobre “error en el sistema” son constantes, absurdos y angustiantes. Posteriormente tenemos Traffic, graciosísimo y gigantesco ensayo sobre la creación de significado por asociación intensiva entre automóvil y humano, una especie de Crash avant-la-lettre. De Jour de fête a Traffic progresivamente se denota la automatización que termina por sumergir al pobre Hulot en un mundo maquinizado totalmente ajeno al suyo: pre-moderno, de café, mercado y feria de domingo.

La burocracia, el medio por el fin, el código por el individuo (La muerte de un burócrata, Las doce pruebas de Asterix, The Hudsucker Proxy): Al pobre sobrino, en la gigantesca comedia La muerte de un burócrata, le toca vivir una aventura que quizás hubiese aterrado al mismo señor K: la burocracia cubana de régimen comunista. Este fantástico relato hipertrofia dos características de “El Proceso” de una manera brillante: humor negro y burocracia total, absoluta, en sueños (pesadillas) y en vigilia, en vida y en muerte: el mundo es concebido como una máquina que fabrica humanos a imagen de la máquina de fabricar bustos de Martí que el tío elabora y por lo que se hace reconocer como un gran proletario. El individuo, metido en el laberinto de la burocracia, ya no es un humano, Sujeto, es más bien un número y si el número no corresponde, el error no es el número si no el individuo mismo. Gutiérrez Alea, con “La Muerte de un burócrata” nos regala una de las pinturas más chistosas, desoladoras y extravagantes que se han hecho sobre la condición del ser humano en la modernidad que se sirve de infinidad de medios para hacer la vida más fácil pero esos medios se convierten en fines y, cual pulpos gigantescos, extienden sus tentáculos para asfixiar al ser real, al supuesto destinatario de los beneficios que esos “medios” van a acarrear.

La identidad voluble, metamorfosis (Lost Highway, The Fly, Fight Club, Crash): ¿Y qué si un día te levantas y eres otra persona? Así de simplemente, sin más ni más, sin explicaciones. La narración clásica, ya lo hemos visto muchas veces, es un recorrido simbólico para afianzar la identidad, el héroe solar no es sino una representación psicológica, estética del hombre independiente, idéntico a sí mismo, separado de todo lo ajeno a él, el héroe solar, es, en pocas, una representación imaginal del Sujeto. El héroe-objeto kafkiano es susceptible de mutar en cualquier instante, en Lost Highway, Fred Maddison se vuelve Pete Dayton y en Fight Club, el narrador, encarnado por Edward Norton, se percata lentamente de que ha devenido Tyler Durden, peligroso antisocial y terrorista de la moral. El héroe kafkiano, debido al enclaustramiento autístico posee esa cualidad de desdoblamiento que poseen los niños al generar amigos imaginarios y separarlos de su psiquis hasta constatarlos como seres de carne y hueso. El encontrarse con que de un día para otro a uno le toca ser bicho no es hegemonía de Kafka sino que el maestro Cronenberg (posteriormente) nos mostró el proceso psico-físico que implica devenir una mosca o una especie mutante entre el humano y el automóvil o el gran Hieronymus Bosch que hace siglos ya nos pintaba en el infierno seres híbridos entre hombre y liebre. Yo sólo sé que yo no soy yo. ¿Y tú?

Esperemos que con este piqueo de ideas y asociaciones, vayamos delineando progresivamente el complejísimo mundo de Kafka y su maravillosa construcción simbólica a través de "las obras kafkianas" en el cine posmoderno. Habría que hacer un experimento: ver todas estas películas de una y saborear que sensación nos queda... Probablemente termine uno la sesión con unas cuantas alas, pelos o patas de más...

5 comentarios:

Nüx dijo...

Estupefacta es como dejan a una entradas y análisis tan completos como este, felicidades!

Por cierto, en referencia al comentario de la primera parte del artículo, subrayar la acertadísima mención que haces al paso acontecido en Lynch de lo "meramente" kafkiano a lo lynchiano.

Sin embargo, a pesar de que Lynch es Lynch, creo que uno de los mejores ejemplos de esta clase de cine es el que podemos encontrar en "Donnie Darko", aunque, de nuevo, con variantes.

Saludos! ;)

Natsuki dijo...

De casualidad, buceando, cual equilibrista he topado con este, tu maravilloso blog. ¿Puedo convertirme en visitante asidua? Será un auténtico placer.

(Diego Loayza) Oneiros dijo...

Natsuki, con tu perfil (me permiti una intromisión bloggera), es más bien un privilegio para nosotros tenerte como lectora del lar.

Bienvenida!

Fuerza Barcelona! Fuerza Calle Escudellers!

Natsuki dijo...

Ahora es muy tarde, o muy temprano. Y, si os digo la verdad, hoy después de demasiado tiempo, estoy contenta. Y cuando estoy contenta escucho música triste. Es una manía.
Ya tengo preparados los siguientes temas antes de irme a dormir:
"The partisan" de Leonard Cohen,
"Black is the color of my true love’s hair" de Nina Simone y
"Ruby Tuesday" de Rolling Stones.
Y fin de la historia.
Mañana será otro día.
El sol saldrá y luego se pondrá.
Y el mundo empezará otra vez mañana.
Y espero que el charco esté ya casi seco. Y que algún niño lo señale y diga: "mira, el arco iris".

Anónimo dijo...

Recientemente he descubierto tu blog y ha sido una grata sorpresa encontrarme con tan completos análisis. Gracias! me has sido de mucha ayuda en esto del camino kafkiano.