lunes, julio 30, 2007

Reproducción del primer plantel del Mamelo's Classics

A continuación colocamos los perfiles de los 16 integrantes que clasificaron al primer Mamelo's Classics en aquel julio del 2005; un campeonato peculiar que recoge a los competidores más intensos, denodados y ganadores, que no tiene fines de ranking ya que sólo otorga prestigio, la chaqueta y la Mulata Tuneada que son los premios que adquieren. Sus ideadores intelectuales son Curta y Urtika, de ahí el nombre del torneo y la significación de la Mulata como trofeo máximo.

Perfiles de los Jugadores del Classics


PRESI
Nombre: Rodney Humberto Castro Molina
Campeonatos Jugados: 11
Pts. Obtenidos: 51
Palmarés: 2 veces campeón de parejas y 1 campeonato por equipos
Características: El jugador más ganador de la historia de Cubitel, añora con consagrarse como el Rey de Copas. Un clásico de clásicos, su estilo de jugador circunspecto le ha traído grandes satisfacciones, aunque en sus últimas participaciones se le ha notado fuera de forma.

PIÑAS
Nombre: Juan Pablo Piñeiro Pinelo
Campeonatos Jugados: 16
Pts. Obtenidos: 54
Palmarés: 1 campeonato por parejas y 1 campeonato por equipos
Características: El primer representante de un importantísimo linaje cachero. Es un rival temible para cualquiera, aunque mezcla partidos grandiosos con auténticas bajadas de pantalones. El poker de mano, una especialidad de la casa.

URTICA
Nombre: Alvaro Francisco Urdininea Dupleich
Campeonatos Jugados: 15
Pts. Obtenidos: 55
Palmarés: 1 campeonato por parejas
Características: El jugador más mítico de la historia Cubitelera, habiéndose dormido en la final sobre campeonato de los rivales. Es un jugador de índole virtuosa, pudiendo sacar los tiros más complicados en los momentos más apremiantes. No por nada el Classics lleva su apelativo.

CHISPA
Nombre: Rodrigo Luna-Orozco
Campeonatos Jugados: 10
Pts. Obtenidos: 44
Palmarés: 1 campeonato de parejas y 1 campeonato por equipos
Características: De la misma raigambre cachera que Presi, ha logrado encaramarse entre los grandes en base a logros en diferentes disciplinas cacheras. Jugador silencioso, centrado únicamente en conseguir los tiros que valen.

MONO
Nombre: Brian Alejandro Leónidas Ramírez Álvarez
Campeonatos Jugados: 17
Pts. Obtenidos: 45.5
Palmarés: 1 campeonato de parejas
Características: Estudiando un poco la historia cachera, poco dicen los resultados del gentil joven Mono, pero esquivando las incontables zancadillas ha logrado un épico campeonato de parejas que ha hecho que su confianza hoy sea desmedida y lo ha convertido en un rival de cuidado para cualquiera.

DIEGUEX
Nombre: Diego Leonardo Rada Vargas
Campeonatos Jugados: 17
Pts. Obtenidos: 87.5
Palmarés: 1 campeonato por equipos
Características: Para muchos el mejor cachero en actividad. Su empatía para con su compañero de turno, su maestría en la ciencia de la anotación y su determinación a la hora de tirar, lo hacen ser el jugador más completo del rostro del Classics. Un jugador netamente verbal. Se le acusa de nunca haber ganado un campeonato de parejas y de mermar su nivel ante rivales de femenino sexo.

ALVA
Nombre: Alvaro Guido Loayza Minaya
Campeonatos Jugados: 16
Pts. Obtenidos: 79
Palmarés: 1 campeonato por equipos
Características: El paradígma del jugador sólido. Haber tropezado una sóla vez en la ignominia de la primera ronda lo avala. Apreciado jugador de equipos y un jugador que prima la agresividad verbal en las tablas. Adolece de títulos a nivel parejas lo cual se le es constantemente recalcado en los ámbitos de élite.

INGRATA
Nombre: Boris Orlando Zegarra Cano
Campeonatos Jugados: 17
Pts. Obtenidos: 35
Palmarés: 1 campeonato de parejas.
Características: Un hombre de performances muy irregulares, después de fracaso tras fracaso mostró que la persistencia finalmente da réditos, alcanzando la cumbre cachera, para después caer de nuevo en la inopia hasta un nuevo y súbito despertar.
CURTA
Nombre: Andrés Eduardo Pedro José Costa du Rels Flores
Campeonatos Jugados: 16
Pts. Obtenidos: 64.5
Palmarés: 1 campeonato por equipos
Características: Sólido jugador que ha tenido grandes performances para encararmarse entre los cacheros más prestigiosos del circuito, y sin lugar a duda el zurdo más cotizado
de todos. Cachero que mezcla la frialdad con la emotividad y que con los palos de la experiencia, ha aprendido a convivir y a manejar a la más diversa gama de parejas. Una deuda, el campeonato de parejas.

LILI
Nombre: Ingrid Liliana Antelo
Campeonatos Jugados: 9
Pts. Obtenidos: 42
Palmarés: 1 campeonato de parejas
Características: La jugadora femenina que más alto vuelo ha tenido en la historia Cubitelera. Su afición a lo lúdico la hace una jugadora sin verdaderas debilidades. Su mayor virtud, la concentración y la inmunidad ante la agresividad de los contrarios.

JALCHO
Nombre: Christian Osvaldo Jaldín Quintallina
Campeonatos Jugados: 11
Pts. Obtenidos: 35.5
Palmarés: 1 campeonato de parejas
Características: Un hombre que pende del talento de su muñeca, por lo que alterna actuaciones de auténtico crack, como debacles impredecibles. Es el primer campeón de la historia y el único que ha logrado ganar todos los encuentros de un campeonato.

MACHI
Nombre: Diego Machicao
Campeonatos Jugados: 13
Pts. Obtenidos: 29
Palmarés: 1 campeonato de parejas
Características: Un jugador que dejó escrito su nombre en letras de oro en los inicios de la institución, y que pese a sus fabulosas performances en las pichangas, últimamente no ha estado a la altura de los antecedentes que lo preceden. Cuando está encendido es realmente temible, aunque hace tiempo que no tiene una cerilla al lado.

BICHO
Nombre: Mauricio Valverde
Campeonatos Jugados: 12
Pts. Obtenidos: 26
Palmarés: 1 campeonato de parejas
Características: Un estratega venido de una escuela de pesimistas crónicos. Su particular visión del juego lo ha llevado a ser uno de los personajes más auténticos del tour. Su dormida en la final que lo consagró lo hace tener motivos con que ufanarse pese a las constantes debacles.

FRICHI
Nombre: Mario Murillo Aliaga
Campeonatos Jugados: 17
Pts. Obtenidos: 59
Palmarés: ninguno.
Características: El mejor jugador cachero que nunca ganó nada. Solidez y talento se mezclan en este jugador, que sobre todo resalta por su incondicional amor al juego y su ciega obseción por el título de parejas que estuvo acariciando pero que al final se desvaneció.

MUERTITA
Nombre: Andrea Antezana
Campeonatos Jugados: 11
Pts. Obtenidos: 33
Palmarés: 1 campeonato por equipos
Características: Jugadora que poco a poco ha ido remontando un comienzo cachero muy humilde para irse ubicando en el gran círculo Cubitelero. Una de las jugadoras más lacónicas del circuito y que en cualquier momento puede dar una sorpresa.

VISCA
Nombre: Marcelo Eduardo Viscarra Caballero
Campeonatos Jugados: 14
Pts. Obtenidos: 55
Palmarés: ninguno
Características: Solidez es el epíteto que mejor refiere a este cachero de antaño. Su persistencia en las tablas, su impostergable regularidad y su afición por el juego lo convierten en una pareja deseable para cualquiera. El único pero, su falta absoluta de trofeos.

miércoles, julio 25, 2007

Celebrando de julio el gran día: Primer aniversario de el lar

(Si desean agrandar la foto, hagan click)


"No estaba(n) muerto(s), andaba(n) de parranda"
Canción Popular, Autor Desconocido


Rogamos disculpen nuestra prolonagada ausencia, pero estabamos llevando a cabo los fastos de nuestro primer año de vida y la forma de festejarlo; por eso nos honra a todos los Cubiteleros que el lar de los conformes disconformes, primero celebre su cumpleaños número uno, segundo que festeje su onomástico en el mismo mes que Nuestra Señora de La Paz y tercero, que a través de éste año, paulatinamente, se haya convertido en un lugar familiar para todos ustedes, nuestros lectores, donde leer los desvaríos de todos los colaboradores y donde plasmar vuestros imprescindibles comentarios, que son los que dotan de vida a éste aparato textual de bloguera nominación.

Parece muy largo y a su vez muy corto el recorrido de el lar, desde aquella indignación que nos creó el episodio entre Zidane y Materazzi, a todas las demás digresiones que han ido configurando involuntariamente la personalidad de este blog. El lar se ha convertido un palimpsesto de diferentes temas y visiones tan rutilantes y excéntricas como ser: las múltiples crisis del fútbol frente a la economía de mercado y los viles intereses capitalistas, la recordación y reivindicación de los ancestrales, vetustos y casi olvidados arquetipos, los avatares gastronómicos y arquitectónicos de una urbe en estado de cocción, los inefables recorridos por laberínticos pasajes mentales y geológicos entre Madrid y Oruro, añorantes misivas de carácter humedonírico, encierros y diatribas oscilantes entre la danza y la teología y un tectónico desarrollo de otros devaneos encontrando en el cine, la literatura, el fútbol o cualquier otro evento pseudocultural o pseudopersonal su fuero de inspiración y de discusión.

Los personajes que han desfilado por este blog son muchos y variopintos, imagínense una parranda que congregue a la siguiente sarta de perdularios y malvivientes: Soutine, Lynch, Shearer, el Salchipapa Nazi, Jesús y su abuelo Adán, Tom Waits, Bielsa, Francis Bacon, Allison Speeding, Buñuel, Cosmo Kramer, Martín Bouloq, Cedric Bixler-Zavala, Kafka, Jesús Nazareno y de Todos los Santos Mártires en la Tierra Fernández, Carver, Prof. Ánito Galarza, Kaurismaki, y un enorme etc. ¡Pavada de farra, como evidencia la foto de arriba! ¿No creen?

Aguardando que el año entrante nos acarree grandes bienaventuranzas, nos entregue la pronta presentación a nivel bloguera de los cortometajes producidos por Cubitel y nos permita una sutil intromisión y atisbo a toda metafísica venidera, siempre en compañía de sus inestimables lecturas, nos despedimos por un cachito, invitándolos a leer (desde el lunes) el dossier que festeja nuestro denodado espíritu cachero y bloguero.

Un sentido abrazo.

Cubiteleros

jueves, julio 12, 2007

Deambulanciones prot-Orureñas

"Hoy perdido entre tus calles vuelvo a recordar que . . ."
Élmer Hermosa, Los Kjarkas, Oruro

Paseo por la ciudad y se me hace tan familiar como extraña, sus calles me sugieren retazos de memorias disueltas entre la espiritualidad de las bebidas, lo ritual de las danzas y lo embrujante de los entremezclados sonidos.

Hoy camino y no me siento presa de ese paréntesis que se abre al ver el casco a la entrada de Oruro y que se cierra al despedirse, tampoco soy presa de aquella frase taxativa “lo que pasa en Oruro, se queda en Oruro”, será porque hoy me faltan cómplices, inculpadores e inculpables, y si los tuviera tendrán el estigma del Pagador en la frente y la V azulada en el pecho, así que lo mismo da el compromiso proferido, pase lo que pase “se queda en Oruro”.

Me muevo por aquí con inusual soltura, no encuentro la trinchera quasi infranqueable que bifurca a la ciudad en esas dos zonas que hemos aprendido a llamar “Sodoma y Gomorra”; hoy son partes de un todo y no un frente marcial que debes defender con las más certeras sutilezas de la muñeca y los más poderosos bazukazos del brazo, a plan de gordas bombuchas o globos de agua.

Transito guiado por el instinto y re-conozco parajes re-corridos, siempre con un omnipresente retumbe lejano sabor a bronce y con colores difuminados, ya no en las calles, sino en las paredes de las mismas.

Viajo por Oruro, vuelvo por Oruro, y me siento en una casa peculiar, encuentro siempre una parte de mi yo (pretérito y venidero); deambulo en sus fríos parajes y ya que el caleidoscopio dionisiaco no es el filtro de mi mirada, sereno evoco, y es que Oruro es una fragua de memorias, y el recuerdo ya sea en Proust o en Wong Kar-Wai, por más dulce que fuere tiene esa pizca de sabor a tristeza; Garcilaso dice "verme morir entre memorias tristes”, yo en cambio digo "vedme andar entre memorias tristes", ya que todo tiempo pasado por más que mejor tiene el yugo del ya no será jamás.

viernes, julio 06, 2007

La Diosa de la Belleza está de vuelta…


“Some men are like chocolate
but most of them are like shit
and if you don't have the experience
to spot that tiny difference
you're likely to fall for all of it.”

Anna Varney, Some men are like chocolate, Les Fleurs du Mal



"La Muerte; respuesta inevitable. - ¿Y cuándo, me dije, este asunto, el más melancólico de todos, es más poético? (...) fácilmente se puede adivinar la respuesta: - Cuando se une intimamente a la Belleza."

Edgar Allan Poe, Método de composición

Sopor Aeternus and the Ensemble of Shadows es, probablemente, la única banda auténticamente (neo)gótica. Compañera espiritual de Poe, Baudelaire y cuanto maldito haya pasado por el mundo del arte, Anna Varney ha llevado el impulso romántico y expresionista alemán hasta las últimas consecuencias. Anna Varney no ha nacido mujer, ha aprendido a ser mujer, ha mutado en mujer, espectral mujer, cadavérica mujer (con escalofríos, me hace pensar en Lady Madeline, hermana de Roderick Usher en la macabra historia de Poe), pero mujer al fin.

El ensamble en cuestión está compuesto por un ser vivo y los demás muertos, incluida la única audiencia que tiene acceso a sus misteriosos conciertos. Sopor es caso único en la historia de la música; sus melodías no se pueden tildar de rock ni nada por el estilo, estamos hablando de música de cámara con aura operesca e histrionismo lúgubre a ultranza.

El último disco “Les Fleurs du Mal” consolida un paso adelante en experimentación; utilizando coros, batería y una gama asombrosa de percusiones medievales, sentimos que la melancolía profunda en la que nos sumía en el pasado ha cedido suavemente paso a un erotismo mórbido, un humor sutil y una experiencia profunda de la femineidad en celo: todo esto se aúna en un álbum desafiante aun para los incondicionales y provisto de una extraña energía de tonalidad rosa intensa (y, cómo no, negra como la noche sin estrellas).

Recomendaciones:

Les Fleurs du Mal

- A little bar of soap
- The virgin queen
- Some men are like chocolate
- In der Palëstra
(joya de joyas)

Otros álbumes

- Résumé
- Let me kiss your wound
- And bringer of sadness
- Abschied
- No one is there
- Dead souls
- The feast of blood
- Todeswunsch
- The dog burial
- Dark delight
- Across the bridge
- On Satur(n)days we used to sleep
- The sleeper (by E. A. Poe)


Ahora dejemos que hable la Reina...







jueves, julio 05, 2007

Sobre la crítica posmoderna o Maddin vs. Aronofsky (ingeniosos contra pedorros)




En el panorama actual de cineastas se puede detectar a un grupo de autores que se empeñan en darle a su obra un carácter experimental o, para no quedar tan ambiguos, en buscar – a través de una deformación, exageración u omisión voluntaria de las relaciones clásicas establecidas entre forma y contenido – un efecto hasta ese momento desconocido (o escondido) en las audiencias. Es la tendencia general de todo movimiento de vanguardia: romper con lo convencional. Por esa misma razón, negativa, es muy difícil encontrar un gusto común por todas las vanguardias. Es que lo único que tienen en común es que rompen, voluntariamente y en total consciencia, con ciertos códigos establecidos y nada más: es el equivalente de la oposición lógica según la cual una cosa o es un árbol o no lo es. Exactamente igual podemos decir, una obra es clasicista – es decir, estructurada en base a modelos concensuados histórica y académicamente – o no lo es. En el campo de ese “no ser” hay una gama infinita de posibilidades y de valoraciones.

Sin embargo, hoy por hoy no nos es difícil encontrar en el firmamento de creadores cinematográficos aquella constelación de rebeldes que, si se basan en las formas clásicas, es para renegar contra ellas y que, a partir de ahí, trazan nuevas leyes de nuevos universos, recalcitrantes a los códigos establecidos, abiertos a una nueva interpretación por parte del receptor del mensaje. Lars Von Trier, David Lynch, Peter Greenaway, Terry Gilliam, David Fincher y Lukas Moodysson son unos cuantos de entre muchos otros que forman parte de esta constelación de autores que rompen con los caminos trazados y, a través de su cine, muestran nuevos ángulos para entender al ser humano contemporáneo. A estos artistas se les puede tildar, sin mucho riesgo, de vanguardistas, inventivos, rompedores de esquemas, inagotables experimentadores de formas cinematográficas cuyos resultados han producido una metástasis de películas tan heterogéneas como difíciles de poner en paralelo: ¿Bajo qué parámetros? ¿Narrativos? ¿Visuales? ¿Sonoros? ¿Histriónicos? O simplemente en tanto que obras singulares en un panorama donde lo más clasicista es igual de raro que lo más posmoderno, donde un ch´enko* narrativo y visual es más común que una historia coherente de pies a cabeza. El problema de aceptar esa resignación posmoderna respecto a la manifiesta resistencia del cine actual a la crítica es que nos perdemos del (humano) gusto de la valoración. Pero si, justamente, es la adecuación a normas preestablecidas como estéticamente “aptas” (clasicismo) la que permite emitir un juicio de valor más o menos favorable respecto a cualquier obra de arte ¿Qué otros parámetros tomamos para juzgar una obra sino los establecidos por la tradición y la academia? He ahí uno de los problemas centrales del posmodernismo en donde todos los criterios parecen haberse aplanado a favor de una búsqueda incesante de adecuación a perspectivas singulares y no a formas – colectivamente aceptadas – que antecedan y predeterminen a la obra. Algunos incluso, prefieren pensar que el objetivo del artista posmoderno no es en absoluto crear un universo estructuralmente coherente sino, más bien, crear, a través de cierta pirotecnia formal, una maraña de sensaciones intensas, como una montaña rusa, sin importar tanto el sentido final como los sacudones del camino.



La adaptación a formas exteriores a la obra misma no puede ser un parámetro para la crítica en un panorama donde la ley es la búsqueda consciente de esa ruptura. Sería absurdo creer que el nuevo patrón de valorización sea la medida en que las reglas del clasicismo sean violadas. Con ese razonamiento “Eraserhead” o “Crash” tendrían el mismo valor que un mal vídeo casero hecho por adolescentes rebeldes o un matrimonio filmado por un melancólico padre borracho: cosa que no tiene ni pies ni cabeza, a pesar de que los cuatro documentos audiovisuales rompan con el clasicismo quizás en la misma medida.

En ese sentido el único esquema valorativo legítimo sería el que considere a una obra a partir de sus características absolutamente singulares: se trata, no de comparar el esquema de ésta con un canon sino más bien de detectar las leyes internas del universo particular que la obra posee en sí. Partiendo de estas mismas, lo que nos permitirá una aproximación axiológica será la constatación o no de un cierto nivel de fidelidad a estas reglas planteadas libremente por el autor, es decir, sin preocuparse por corresponder a otros patrones narrativos y estéticos que sean externos a los que plantea la obra.

Una crítica libre de academicismo es posible pero para ello, como dice Gaston Bachelard es necesario “simpatizar con la ensoñación creadora, intentando penetrar hasta el núcleo onírico de la creación (…) comunicando, por el inconsciente, con la voluntad de creación del poeta**”. El nuevo crítico debe penetrar en la obra para extraer su sustancia poética. ¿Cuán profunda es esa sustancia? ¿Cuán densa? Eso depende de dos cosas: de la profundidad misma del contenido simbólico de la obra y de los instrumentos estéticos, filosóficos e históricos que tenga la crítica para escarbar en ella. ¿Cuan profundo es el sentido de una obra? Por más absurda que resulte esta pregunta es la labor del crítico planteársela. A ello proponemos una respuesta heurística: una obra es profunda en la medida en que sus imágenes sugieran otras imágenes y su hermenéutica permita descubrir, como en el caso de la excavación de la tierra, capas de sentido cada vez más densas y sedimentadas, y, a la vez, que provoquen emociones hasta ese entonces latentes (en apariencia absolutamente nuevas) entre la audiencia; una obra es profunda en la medida en que permita una comunicación de inconsciente a inconsciente. Entre el arquetipo, imagen formadora, casi una figura, casi una abstracción, una representación profunda de nuestro ser escondido y el estereotipo hay una diferencia semiótica fundamental: el segundo, contrariamente al primero, responde a un código cultural. Es decir, es susceptible de ser de-codificado como una ecuación o un e-mail. Tanto un arquetipo como un estereotipo pueden hablar de la misma cosa, lo que varía es que en la búsqueda del arquetipo nuevas emociones y sentidos no cesan de aparecer, en cambio, un estereotipo, al ser código, detiene su proceso significativo de manera automática, como el significante refiere a su significado en el esquema estructuralista y de manera casi unívoca.

Es el carácter objetivo de la crítica el que pretendemos abandonar tanto por infértil como por imposible: toda obra es relativa a una época tanto en el contexto de escritura como en el contexto de lectura (o en el de producción como en el de recepción). El problema de la crítica que juzga en base a un canon que considera universal e inamovible es justamente su incapacidad de ver que sus cánones también son relativos a su propio contexto. Por paradójico que suene, la nueva crítica debe pretender, en primer lugar, considerar la obra como un todo dotado de absoluta singularidad y, al mismo tiempo, como un producto relativo a un contexto socio-cultural particular. La valoración aparece descubriendo la capacidad de una obra de trascender lo contextual para aproximarse a una universalidad – que jamás puede ser determinada a priori como los universales lógicos sino más bien solamente por acumulación etnográfica e histórica de datos –. Mientras más plagada de estereotipos esté una obra más rápido se cerrará su proceso de significación y más cargada de códigos culturales estará, así mismo, será ininteligible para las audiencias ajenas en el tiempo y el espacio a la cultura particular que la produjo. En cambio mientras más profundo sea el sentido de una obra más fácil le será trascender tiempos, culturas y espacios diferentes, acercándose así al famoso Arquetipo.



Esta prolongada introducción me permite esbozar una crítica sobre dos obras cinematográficas posmodernas que tuve la ocasión de ver no hace mucho: se trata de “The Fountain” de Darren Aronofsky y “The Saddest Music in The World” de Guy Maddin. ¿Por qué poner en paralelo específicamente estas dos películas que sólo tienen en común el título de posmodernas? Simplemente porque una me sacó de mis casillas y la otra me dejó fascinado.

“The Fountain” me parece formar parte de esa interpretación desacertada de la posmodernidad: sí, sus artificios formales son tantos que hacen creer al director (y a algunos espectadores) que por ello son capaces de tapar el vacío que transmiten sus personajes y la estructura de su guión; exactamente igual que en el lamentable manifiesto moralista “Requiem for a Dream”. Muchas veces una película peca de pretensiosa, de querer abarcar dominios de la mente, de la psicología o la historia humana sin los recursos que estos requieren para poder significar su magnitud: “Ran” de Kurosawa es una película pretensiosa pero toda su pretensión queda satisfecha y con creces dado que los recursos artísticos, filosóficos e históricos implicados eran los necesarios para llevar a cabo la tarea semejante de plasmar en la pantalla a Shakespeare adaptado al Japón medieval.

El nuevo bodrio de Aronofsky nos sumerge en una (aburridísima) historia atravesada por otras dos historias que pueden verse como “realidades paralelas”. Se trata de una reflexión pseudo-poética y pseudo-mística en donde colonizadores españoles, yoghis, árboles mágicos (me hace pensar en la ayahuasca), neurocirujanos y una pareja desesperada se juntan en un melodrama que oculta, bajo el abigarramiento estético y conceptual, estereotipos ingenuos y superfluos que llevan a un desenlace tan absurdo como fácil.

El director de “The Fountain” piensa que tiene todos los recursos para abarcar cualquier tema profundo con la profundidad que amerita y a penas logra descubrirnos sus complejos, ingenuidades y moralismos maravillosamente disfrazados con un formalismo pedante (pedorro). Las dos últimas de este hombre son las típicas películas de las que se sale rescatando la gran fotografía, el maravilloso montaje, la música extraordinaria pero ni la historia ni los personajes han transmitido nada. Esas son las clase de películas que me emputan, las que no se difunden en el espíritu como un todo emocional y significativo. Hay películas maravillosas en donde ni la fotografía ni el montaje ni la música tienen algo de extraordinario si se toman come elementos aislados pero sí como partes orgánicas de un conjunto significativo.

En el caso de “Requiem” vemos que detrás de su montaje hip-hop, la maravillosa y torturante música de Kronos Quartet se esconde una mentalidad moralista que, contrariamente a la sutileza de “Naked Lunch” de Cronenberg, “Trainspotting” de Boyle, no hace sino retratar, de una manera estéticamente sofisticada, la mentalidad puritana de los años treinta: si te drogas morirás o algo peor. Esa es la lección. Vamos al cine a recibir una lección, no a incorporar un personaje, sus conflictos, su ser y sus esperanzas, no a salirnos de nosotros mismos (que es lo que buscamos al encerrarnos en una sala oscura durante dos horas). La falacia reside en el hecho de que, por más innovador que sea este filme en apariencia, guarda en su estructura un sustrato reaccionario: lo que pretende es reconfortar, a través del asco, del castigo, a las audiencias conservadoras en sus valores conservadores cuando el cine, y el arte en general, es un medio para explorar fenómenos desde una perspectiva que ponga en tela de juicio los valores en boga sin necesidad de sangre y revoluciones.

Aronofsky parte de la separación (involuntaria) de contenido y forma, en vez de buscar una unificación simbólica: piensa que al tratar temas espinosos como la drogadicción o la inmortalidad va lograr películas visionarias y, si a esto le aumentamos una sobredosis de artificios formales, el tema esta resuelto (al menos en apariencia). Aronofsky no sabe que la profundidad simbólica no depende del tema, depende de cómo enfoques ese tema. Aronofsky hace una película sobre la drogadicción que en vez de ser polémica y visionaria sólo logra adornar de linda manera ciertos valores morales puritanos muy a la moda entre la facción republicana y conservadora de su país de origen. Aronofsky hace una película sobre la inmortalidad con pretensiones tarkovskianas y a penas llega a Paolo Coelho (si no se escribe así: me cago). Denuncio dos películas plagadas de estereotipos: eso es lo que no les permite a sus personajes desplegarse en nuestro ser hasta poseernos. Los humanos que vemos en la pantalla no son individuos sino códigos, tipos sociales: los jóvenes que se pierden en las drogas, el místico en busca de la inmortalidad (caricaturalmente sentado en posición de yoga para meditar sobre el árbol de la vida azteca). Todo es superficial en el sentido más puro de la palabra dado que si el director no se ocupa de la superficie tendríamos películas vacías y más aburridas que una partida de Monopolio comunista.

Pretensión, desajuste de forma y contenido, personajes estereotipados, situaciones estereotipadas, estructuras reaccionarias escondidas tras imágenes falsamente vanguardistas, pedantería… no sé lo que es pero algo en el cine de Aronofsky me repele y genera una barrera sólida como pocas en mi proceso de identificación con los personajes. Si invertimos todos los calificativos anteriormente citados quedaríamos bastante cerca de la impresión que me dejó la extravagante comedia del canadiense Guy Maddin titulada “The Saddest Music in The World”. Retrasada joya expresionista (por unos setenta años), la película en causa satisface plenamente sus intenciones estéticas y narrativas fusionando una formalidad barroca y temeraria con una historia excéntrica, ingeniosa y llena de humor negro-negrísimo pero humor al fin. ¿Se imaginan si metemos en una licuadora a Wiene, Murnau, Buñuel, Lynch e Iñárritu? ¿Se imaginan esa hermosa monstruosidad? ¿Esa monstruosa hermosura? Ambientada en los años de la depresión, la narración se sitúa en el corazón de la melancólica Winnipeg; fría y pesadillesca urbe donde reinan (literalmente) el desempleo y la ebriedad con brazo riguroso. Isabella Rossellini encarna maravillosamente a Lady Port-Huntley, ambiciosa e inmoral, la glamorosa mujer posee la hegemonía de la venta de cerveza y eso le propicia una fortuna descomunal ya que Winnipeg ha sido catalogada como la “Capital Mundial de la Tristeza” y, como bien dice ella: “If you´re sad and like beer, i´m your lady”. Pesadilla etílico-surrealista, comedia musical, historia de amor, historia de terror: todo se combina en el corazón de este filme cuyo núcleo narrativo es un concurso sumamente original. Los personajes son caricaturas en filigrana de las mentalidades americana, canadiense y europea de entre-guerras. El estereotipo encuentra el único camino que tiene como agente activo de significación a través del humor. El cine de humor, al igual que el de vanguardia, tiene la posibilidad de romper con los esquemas estereotipados a través de una caricaturización o exageración de estos mismos: así vemos como Chester Kent (Marc McKinney) ilustra de una manera tan cómica, despiadada e inteligente al gringo modelo; llega a revelar ese “algo más” tan carente en el uso involuntario de estereotipos en contextos sumamente “serios” o dramáticos como en el caso de “The Fountain”.

En el complicado mapa del cine posmoderno es difícil encontrar una tendencia unificadora positiva, ya que, como vimos, la marca en común parece ser el desligamiento o re-lectura de las formas clásicas y modernas. Una escuela basada en una negación no es una escuela en sí. Por eso mismo creo que me lancé a la crítica en cuestión: para mostrar que muchas y muy heterogéneas estructuras pueden ocultarse tras el (tramposo) término de posmodernidad, es necesario hacer hincapié sobre este hecho para elaborar una crítica que sea a la vez sea libre y de las cadenas academicistas y de la anarquía axiológica; libre y del positivismo absolutista y del subjetivismo ultra-relativista según el cual todo vale. La ruptura de las formas clásicas y su negación no quiere decir que no sea posible detectar el Gran Cine, esa faena sigue y seguirá siendo aquella que corresponde a la crítica concienzuda, consciente de sus límites pero resistente todavía a decirle papá al perro sin discusión previa.


* Caro término andino: Enredo irresolube
** Traducido por (D.L.)O

martes, junio 26, 2007

Crítica poppy (valga el oxímoron)


Los desvaríos de Rodrigo Fresán empiezan a preocuparme. Hace unos días nos sorprendió con su carta de amor incondicional a Murakami en Página 12. Ahora miren esta crítica de la trilogía de Robertson Davies publicada en Letras Libres. Chorrera de referencias, una supuesta ubicación del libro dentro de una simpática división de las Grandes Novelas, para a continuación dedicarse a lo de siempre, es decir, las etiquetas, la adjetivación indiscriminada y esas frases, esas frases tan ingeniosas y tan largas y tan sagaces...me recuerda a mi mamá cuando leía el periódico los domingos: empezaba a desplegar las hojas con avidez y entusiasmo y el periódico acababa esparcido por todo el suelo de la pieza, la sección de comiquitas por un lado, las páginas culturales por otro (mi abuelo se enfurecía cuando veía a mi mamá con un periódico, aunque fuera debajo del sobaco). Lindezas del tipo: "Si llevamos las coordenadas de un número de ilusionismo a la estructura de esta trilogía, cabría afirmar que la primera trata sobre el espectador, la segunda sobre el inconsciente voluntario que sube a participar de un truco, y la tercera sobre el mago que controla todos los hilos pero que en algún lugar paga el precio y el desencanto de saber cómo se consigue el calculado espejismo de lo que para los asistentes a la función es, sí, la infantil felicidad de lo inexplicable y de lo que no se entiende". O sea: magia, pura magia, misterios insondables porque, al fin y al cabo, la literatura es eso: "la esquiva naturaleza del portento inexplicable" y "el punto exacto de las tablas donde el azar se confunde con la magia".

En sus peores momentos, la crítica à la Fresán es poppy en el sentido más macabro del término: huera ostentación de referencias que sólo puede conducir a la proliferación de otras referencias y de ahí a otras y a otras y a otras (versión cínica de lo posmoderno), y dado que es imposible resolver esa metástasis referencial se recurre a la enunciación de un centro inefable, inabarcable e irreductible que Fresán llama alternativamente "misterio", "amor", "fe" o cualquier otra chorrada. Lo poppy se presenta, pues, como una gesticulación, una mímica alentada por una necesidad mística de adorar y creer en ídolos de papel.

Esto colabora a trasladar las estructuras propias del universo de la música pop al terreno de la literatura y el resto de la cultura, con lo cual tenemos a un ejército de fans y freakies que lo saben todo, todo, todo, sobre un ídolo que detenta las claves ocultas del placer, el conocimiento y la iluminación.

Resulta patético, por otro lado, ver cómo Fresán intenta emular el estilo de Foster Wallace. Pero donde éste último consigue ser verdaderamente fresco, rebosante de ideas, con un andamiaje intelectual apabullante al servicio no de la ostentación de referencias sino del hallazgo deconstructivo, Fresán, en cambio, nos asfixia con su atorrante despliegue de erudición (esa variante de la pereza mental).

Los que nos oponemos a lo poppy no lo hacemos, como se piensa, por un supuesto temor a la superficialidad. Nos oponemos precisamente porque detrás de la frivolidad poppy hay un pantano teológico y reaccionario, muy parecido a la ciénaga en la que Norman Bates dejaba hundir a sus víctimas (prolongar las comparaciones entre la figura del crítico poppy y el personaje de la película de Hitchcock podría revelar nuevas y jugosas claves sobre este asunto). En definitiva, no hay ideas, ni argumentos, ni observaciones, ni siquiera detalles, a lo sumo muecas de satisfacción, como la jovencita que se pone a dar brincos y se ahoga y le clava las uñas a otra jovencita igualmente histérica cuando la estrella de rock sale al escenario. La superficialidad de lo pop no es tal: opera en realidad con unas jerarquías muy bien establecidas, con pedestales y súbditos, con un arriba y un abajo delimitados. Si el arte y su crítica no desempeñan un papel desacralizador, si no constituyen una profanación, si, por el contrario, comportan una reificación, un acto de canonización irracional, aunque su envoltorio multicolor y plagado de eslóganes nos prometa la libertad, estamos en realidad ante el desvelamiento del espectáculo. Y eso, francamente, apesta.

martes, junio 19, 2007

El fútbol ha muerto, el Madrid vive


Para el Machi, que también ama el fútbol y odia al Madrid.

“Conozco el mundo y aunque no me guste, está. Y sé lo que quiero. Quiero que la gente aplauda a mi equipo. Quiero que el valor del espectáculo esté por encima de un triunfo. He visto equipos que ganan y que la gente no va al estadio. Y otros que pierden y lo llenan porque juegan bien.”

Francisco Maturana, Entrevista en la revista “Al Arco”.

Durante mucho tiempo uno de los grandes debates de la Academia fue la relación entre objetividad y subjetividad; es decir, la posibilidad o no de que exista una construcción del conocimiento desde una mirada absolutamente neutra, imparcial y alejada de cualquier influencia del investigador. La antropología solucionó ese debate (y es posible que sea lo único decente que ha hecho como ciencia) planteando que la clave es plantear claramente los sesgos del investigador, no tratar de anularlos. Pues bien, ahí va mi sesgo: odio al Madrid, lo odio profunda y enconadamente. Lo odio por muchas razones: por Franco, por “pavones y zidanes”, por poderoso, por causas personales, en fin, por muchas cosas.

Pero en esta su coronación como campeón del fútbol español, el enojo contra el Madrid es más pequeño que el miedo, por una razón esencial: su triunfo ratifica fehacientemente una tendencia que está matando al fútbol y que se ha confirmado este año, el fútbol se muere.

Ya nadie se preocupa por jugar bien, ya a nadie le interesa el arco ajeno. El sentido primigenio del juego ha sido transformado: ya no es lo importante meter la pelota en el arco ajeno sino evitar que te la metan en el propio. Para intentar confirmar esta intuición, veamos el año que hemos tenido en materia futbolística.

Campeón del Mundo 2006: Italia. El equipo dirigido por Marcelo Lippi jugó como un típico equipo italiano: defenderse, achicar la cancha y esperar que el centrodelantero haga un gol de casualidad. Como en el 70, dejaba a los “diferentes” en el banco (Del Piero en Alemania, Rivera y Mazzola en México). Todo el campeonato jugó sólo 15 minutos, en la semifinal contra Alemania, liderados por Del Piero. Pasaron de ronda frente a Australia con un penal regalado por el arbitro y su estandarte fue Materazzi. Que asco.

Campeón de la Copa de Campeones 2007: Milán. El equipo dirigido por Carlo Ancelotti atiborró el campo de mediocampistas y dejó que Kaká haga el resto. Lo importante: el arco propio en cero. Recibió (para variar) regalos por parte del arbitro en la eliminatoria contra el Celtic (un penal más grande que una casa no pitado que le daba el pase a los de Escocia). En la final: matar el partido y esperar un milagro. Al revés de lo que pensaba el Quijote, la fortuna está del lado de los malos: gol fortuito de tiro libre y todo se acabó. Campeón de Europa sin ninguna intención de jugar al fútbol.

Campeón de España: Real Madrid. El equipo dirigido por Fabio Capello traicionó la historia del Madrid, cambió el amor por la pelota y la estética por el corte, la mediocridad y la abulia. Contra el Bayer de Munich, Capello alineó un mediocampo plagado de perros de caza para terminar el partido con el arco en cero: Gago, Diarra y Emerson. Antes del primer minuto del partido, los alemanes ya les habían hecho un gol (vehemente lección de que renunciar al ataque no garantiza la defensa). En la última fecha, la FIFA les hizo un último regalo: prohibió que Diarra fuera a jugar con Malí porque tenía que defender los colores del poderoso equipo español. Y como la vida es una mierda, Diarra hizo el gol que le daba el campeonato al Madrid. Nada raro, a Blatter y sus secuaces no les importa ni un poco los débiles de África y Sudamérica.

¿Qué nos queda de todo esto? Que el ataque, la intención ofensiva, la búsqueda de la belleza y la alegría, ya no existen. Los delanteros son piezas prescindibles. El fútbol fue mutando, en ese sentido, en momentos claves. Pasamos del 4-2-4 al 4-3-3, para terminar en el 4-4-2 (y su variante el 3-5-2), sin embargo los nuevos grandes directores técnicos encontraron una nueva vuelta de tuerca: mantener intacta la línea defensiva, llenar el campo de volantes y dejar a un solitario para ver si consigue algún regalo de la contingencia: surge ahora el 4-5-1. Matar cualquier intento contrario, destruir antes que crear, perder de vista la pelota. Ese es ahora el sentido del juego. Intuyo que de acá a unos años algún italiano descubrirá que el atacante es prescindible y jugará 5-5. Italia volverá a ser campeón.

Y nosotros seguimos acá, destilando sueños y esperanzas, esperando cada domingo, miércoles y jueves por un regate, por una pared, por un Liverpool - Milán 2005, por un poco de fútbol, de amor a la pelota, de magia, de disfrute, de emoción. Pero la decepción es infinitamente más grande que el cobijo de la alegría. En realidad toda la tensión y la emoción ya sólo están presentes en la previa, en la espera por el partido, en la alegría de saber que dos grandes equipos se enfrentan por algo importante, en la cadencia de tomar conciencia que empieza el Mundial, la Copa de Campeones o algún Campeonato local. Pero ahí se muere todo, los 90 minutos reales del partido son un bodrio, una somnolencia extendida, una batalla de dos ejércitos agazapados sin afán de gloria, cuyo único sentimiento es el miedo.

Frente a todo esto: ¿Queda esperanza? Quedan aún algunos resquicios que se vislumbran como posibles espacios de cambio benigno: la liga inglesa donde se sigue jugando a muerte, donde los volantes no sólo rompen sino que también hacen goles, el Estudiantes de Simeone que en la cancha de River mete cinco delanteros para matar o morir, el San Lorenzo de Ramón Díaz que no duda en alinear a tres jugadores que para Capello jamás podrían jugar juntos, el Lyon que cuida la pelota, la maneja a través de Junínho y encuentra claros en tres delanteros que siempre abren la cancha. Siempre hay esperanza, pero hoy, Lunes post triunfo madridista, no tengo espacio para ella. Hoy sólo queda empute y desasosiego, la horrible Italia de Lippi es campeóna, el abúlico Milan de Ancelotti es campeón y el asqueroso Madrid de Capello es campeón. Nada más queda.

miércoles, junio 13, 2007

Los fecundos, inopinados y gloriosos Díaz del Cuervo


Para Bachicha
y los Camboyanos de otrora.


Seis meses atrás, era de lo más impensado creer que San Lorenzo iba a estar celebrando la gesta que hoy como Cuervos festejamos orgullosos (aunque algunos creían más que otros). Seis meses atrás nos debatíamos en la resignada tarea de aceptar el hecho de que en la Argentina sólo hay dos grandes y tres ex-grandes cuyas hinchadas sólo utilizan su falso epíteto para insultar y echar a sucesivos técnicos y jugadores como si su grandeza estuviera probada por otra cosa que no fuera una florida y grandiosa pre-historia. En eso andaba San Lorenzo, venido de una temporada de vilipendio, habiendo recibido en sendas y brutales dosis de 12 goles propiciadas por Boca (0-7) y River (5-1), demasiado oprobio para cualquier hincha que creyese en un proyecto a largo plazo, no quedaba más, Ruggeri se tenía que ir, venga quien venga.

He ahí cuando nuestro destino sufre un ostensible viraje. Mas que por decisión suya, que por un esforzado y decidido esfuerzo de los dirigentes, Ramón Díaz recala en San Lorenzo después de 4 años de voluntario ostracismo futbolístico y la hace como esas veces que es la mina la que te agarra a vos (aunque yo nunca lo hasha vivido de esa forma) por no sabés qué. Y así fue, aunque Ramón sí sabía por qué, el había pensado y estudiado muy bien cual era el mejor lecho para ser acogido, ya que el nos recordó motivos olvidados de porque San Lorenzo era y es grande, nos recordó e insufló ese viejo espíritu de campeones, nos devolvió a la memoria, que tenemos una hinchada para llenar cualquier cancha y nos evocó que el equipo que históricamente debía ser castigado como mal hijo es Boca y no viceversa. Son algunas de tantas cosas que Ramón nos recordó, y nos remontó entonces a los tiempos de Pontoni y Martino, de Sanfilippo (hoy un periodista detractor con el cual yo concordaba en algunas cosas y, bueno, Ramón me hizo cambiar de idea) y “Coco” Rossi, de “Toto” Lorenzo y Scotta.

Tantas cosas cambiaron con Ramón. Pensar que los defenestrados Christian Tula (a posteriori el caudillo de la lanza) y el “Muchacho” Méndez (apelativo propiciado por Sanfilippo) serían el puntal de una defensa no únicamente sólida y valiente, sino agrandada, decisiva y goleadora. Pensar que Ramón dejó marchar a Gremio nuestro querido emblema Sebastián Saja, para sondear la factibilidad de una futura Copa Libertadores, en pos de colocar en el puerta al inmenso Orión, bastión indiscutible de San Lorenzo y sin regateos el mejor arquero del campeonato, por más Carrizos, Andujares y Carantas que vendan en los mercados de pulgas. Pensar que Ramón pese a sus múltiples pedidos de fichajes y a las múltiples promesas que le realizaron los dirigentes “sólo” pudo traer al “Lobo” Ledesma (desahuciado por Merlo) y a la “Gata” Fernández (desahuciado por Passarella), casi nada, ya que fueron sin lugar a duda los dos mejores jugadores del campeón, uno con su liderazgo y conducción conviriténdose en el relojero que todo equipo requiere otorgando quite, timing y pases filosos, el otro con su inteligencia y goles elevando su juego y oportunismo a niveles espléndidos apareciendo mortalmente en los momentos más trabados y sombríos.

Es que Ramón sabe de fútbol y sabe con mayúsculas, ya que el fútbol no se juega únicamente en la cancha, el fútbol se juega desde lo mediático, desde el vestuario, desde el alma y consciencia de cada uno de los futbolistas, desde las presiones autoasumidas, para finalmente jugarse en la cancha, así es como Ramón devolvió a un club golpeado y sin chances, plagado de jugadores desmoralizados, en un irreverente y convencido candidato y a la postre merecido e indiscutible Campeón. Y es que Ramón sabe, y hoy está más sabio, ya no incurre en polémicas insustanciales, les hace sentir a sus jugadores el apoyo de su inmensa personalidad y deja en evidencia la falta de ella a los neófitos polemistas de equipos rivales. Ramón sabe, ya que los últimos partidos nos convirtió a un jugador de gran despliegue físico, potencial talento y nula claridad como el “Gordo” Lavezzi en un jugador inteligente, ya que la potencia y virtud física no están reñidas con la inteligencia, como nos lo demuestran hace diez años Makele y Viera, y como nos deleitan hace más de tres años Eto´o y Drogba, y eso era algo que Lavezzi parecía no entender, todas las decisiones tomadas por él eran malas, centro en vez de gambeta, tiro al arco en vez de un pase, correr en vez de pensar, siempre mal; hasta que Ramón lo sentó, le habló y sacó de Ezequiel ese wing profético de los desbordes mortales y de los centros como puñaladas, sacó a ese amago de jugador, que ahora si perfila como jugadorazo.

Y es que Ramón sabe, y el fútbol está contento, porque él y Simeone llevan el timón de este nuevo fútbol argentino con delanteros, un fútbol sin cobardías, un fútbol de ir adelante, un fútbol a ser ganado en el área rival, y es por eso que para Ramón no fue dilema tener sanos a la “Gata”, a Lavezzi y a Silvera, ya que se la jugó con tres y ganó siempre, y si Ramón se equivocó, y hay que decirlo, es cuando se niega a poner su tridente contra Argentinos lo cual nos costó la victoria, pero no es terco Ramón y contra Arsenal demostró que poco le importa que le hagan dos goles si es su equipo el que marca cuatro, ergo campeones. No era fácil, no fue fácil,se los aseguro, se sufrío en todos los partidos (exceptuando dos: Boca y Racing) y Ramón lo sabe lo duro que fue; prevalecer sobre Estudiantes el indiscutible mejor equipo de la temporada, sobre el passareliano River que invirtió 27 millones de dólares que se tornaron en las 27 millones de putiadas y sobre el temible Boca de cuantioso fútbol, experiencia, jugadores y saber estar, liderado por ese Riquelme que cuando habla con los pies bien se le puede aguantar esa eterna y compungida cara de orto.

Y es que esto del San Lorenzismo tiene su enjundia, yo que de chico me cuestionaba cual Descartes su cogito o Pascal su fe, si alguna vez en mi mortal existencia vería al Cuervo Campeón. Desde aquella helada y memorable tarde de Rosario el 95 ya son tres las veces, cada seis años las dosis y siempre con un componente épico, de la hazaña al mando de Silas con 21 años de espera el 1995, pasando por los 11 triunfos consecutivos a partir de los goles de Romeo el 2001 y llegando a las lágrimas de Méndez y sonrisas de la “Gata” de éste 2007, San Lorenzo recordó su grandeza, le devolvió alegrías inmemoriales a niños y viejos, y como las 10 coronas de laureles demuestran San Lorenzo rezuma su grandeza. Ramón con sus renovados y lustrosos jugadores logró encaramar a San Lorenzo al campeonato, llenando de bendiciones y felicitaciones las plegarias celestiales del padre de la Massa y enorgulleciendo a toda la progenie de negros alados (y no dudosos ensotanados) apadrinados y auspiciados por Edgar Allan que por ésta vez se les ocurrió permutar el eleágico discurso por “Quoth the Raven, `Once more.'”.

viernes, junio 08, 2007

Enumeración sobre el valor primigenio de “Dead Man” de Jim Jarmusch

"Some are born in sweet delight, some are born in endless night", William Blake, Auguries of Innocence

Por esas extrañas gilipolleses que a uno se le pasan por la cabeza, en un afán de cachondeo y por mi innegable (muy criticada y vilipendiada) manía de preguntar demasiado, se me ocurrió hace algunos meses, de manera sumamente inopinada preguntar una suerte de poco fundamentada aseveración “¿No creen que “Dead Man” es la mejor película de la historia del cine?” Lo cual provocó reacciones que oscilan entre la risa y el inmediato repudio. Bueno, el episodio pasó, pero como otras preguntas mías que pasan a vagar al limbo del olvido ésta me volvía a la cabeza con recurrencia. Así, mi pregunta paso a convertirse en una cuestión conmigo mismo y a realizar una arqueología mental que dé sentido a cuestionamiento semejante. Decidí remitirme a la fuente para ver si lograba disolver las dudas poco cartesianas que divagaban por mis mientes, y lo cierto es que encontré no uno, sino
varios sentidos que hacían de mi pregunta no algo absurdo ni obsceno, sino algo premonitorio con una percepción que he desarrollado en torno al objeto de mi pregunta, “Dead Man” de Jim Jarmusch. Me explico en los siguientes puntos:

1. “Dead Man” fue estrenada en el festival de Cannes de 1995, justo 100 años después de la invención del cinematógrafo por los hermanos Lumière quienes empezaron a maravillar al mundo con uno de sus primeros cortometrajes y quizás el más emblemático "L'arrivée d'un train en gare de La Ciotat" (Llegada de un tren a la estación de la Ciotat). No soy muy afín a creer en coincidencias extraordinarias, pero el hecho de que se haya estrenado el western de Jarmusch 100 años después y que en la llegada del héroe William Blake al macabro pueblo de Machine se vea un arribo del ferrocarril muy parecido al registrado por los Lumière, no deja de ser una coincidencia o, sino, un homenaje sugerente y emotivo.

2. Jarmusch siempre ha sido un amante del cine en blanco y negro, lo cual no hace más que reafirmar su recalcitrante espíritu de cineasta independiente, como también parece ser un adorador del cine mudo, y aunque no llegue a los límites de “Juha” de su amigo Kaurismaki, Jarmusch parece adorar el silencio de los personajes y que sea esa incómoda incomunicación entre ellos la que nos revele las intenciones y emociones más profundas del realizador a través de sus personajes. “Dead Man” no es su filme más lacónico, aunque si se encuentra en la estela de su cine anterior, conjugando ese espíritu primigenio del cine: blanco, negro y mutismo (esa aspiración tan profunda de Murnau de que sean sólo las imagenes las que hablen y los rótulos se conviertan en un instrumento prescindible y superfluo, aspiración truncada por la llegada del sonido). La misma noción de Xebeche (alias del indio Nobody): “Aquel que habla fuerte sin decir nada” o a nuestro entender al revés, aquel que dice mucho sin hablar fuerte.

3. “Dead Man” es un western, extraño, exótico y críptico, pero no deja de ser un western, o sea cine de “género” si es que eso es posible para un autor como Jarmusch, y creo atisbar, en esa intención de hacer una película de “género” y elegir el western como vehículo, una seminal reivindicación del cine, de sus inicios, así como de su primer género propio, la película de vaqueros. El western es tan importante para el cine como para la joven cultura norteamericana que, carente de historia y de referentes, construyó su propia mitología en base a la conquista del oeste y de sus solitarios e incomprendidos héroes: los cowboys.

4. El western siempre ha tenido como subtexto la lucha entre lo incivilizado contra la paulatina civilización. En este caso, el protagonista no es héroe paradigmático del oeste, ya que no es ni un gran tirador ni un tipo duro, sino un endeble contador llamado William Blake, que a los ojos de su guía espiritual, el indio Nobody, es la reencarnación de poeta romántico inglés, que ha venido a ajusticiar a los “stupid fucking white men” permutando su candorosa pluma y lengua por el ardiente fusil justiciero. Jarmusch trasmuta los valores del género, hace que el indio sea el medium de Blake en pos de civilizar a los salvajes blancos, asunto muy recurrente en este director ya que siempre el extranjero –pese a sus taras idomáticas- parece ser la persona que más comprende la realidad y permite que exista una comunicación entre los personajes.

5. Otra fascinación de Jarmusch es el “road movie”, la exaltación del viaje como dador o sustractor de sentido, y eso nos presenta en la travesía espiritual de Blake por los parajes del averno (el pueblo de Machine y sus rededores), donde posee a su guía (Nobody) y a sus perseguidores que son los encargados de realizar su particular noche del cazador a cargo de un gigantesco Robert Mitchum. Toda la peripecia atraviesa los derroteros de la muerte, purificando su alma y el mundo, iniciándose en los misterios, perdiendo los anteojos para lograr ver de verdad, hasta encontrar a Caronte, el barquero que lo llevará de la “endless night” al “sweet delight”, donde el mar mira al cielo.

6. Todo el viaje de Blake parece ser un sublime homenaje a la historia del cine, con trazos muy sutiles; “Dead Man” parece remitirse a su origen, a su más simple e intrincado viaje por los años, a sus principio genéricos y formales, a sus fundadores, a su mística búsqueda a través de la mirada y a su parsimonioso y deleitable recorrido al son de las estremecedoras guitarras de Neil Young. No sé si sea la mejor película de la historia del cine, quiza no, pero “Dead Man” si es el mejor homenaje hecho por el cine al cine en sus primeros 100 años de espléndida existencia.


Ver: "Llegada de un tren a la estación de la Ciotat" (Hnos. Lumiere, 1895)


Ver: Fragmento del inicio de "Dead Man" (Jim Jarmusch, 1995)

martes, junio 05, 2007

¿La gente feliz no tiene historias


Si hay una banda a la que nadie le tira bola alguna en la historia del rock – y eso que de Nirvana se han visto y se siguen viendo cultos – me refiero a Therapy? con signo de interrogación. Sí, Marc no mentía cuando decía: “¿Qué va a decir tu mamá sabiendo que tus grupos favoritos son The Cure y Therapy??” Doble acierto; por un lado ¿Qué va a decir mi mamá? Por otro, son dos de mis bandas predilectas. Y la segunda tiene una caña que da catinga y solamente los iniciados tenemos acceso a ella.

Les propongo, si se lo proponen, tratar de buscar Looser Cop o Innocent X o Bowels of Love en internet y, si las encuentran digan sí sí sí, es la misma banda: sólida, agresiva y sarcástica, ácida y meláncolica. Es Therapy? Borrachos, católicos, payasos y grandes músicos )irlandenses tenían que ser(. Gente mal de bien o viceversa. ¿Y qué coño importa? Creo que enloquecí, no me acuerdo de mi propio nombre pero la masturbación me salvó la vida en la iglesia del ruido.

Therapy? a diferencia de Nirvana, tenía un baterista que no tiene nada que envidiarle a nadie de Dream Theater y un bajista que no se corre a ningun transe de cuerdas oxidadas de cerveza y ensarradas de drogas sintéticas y locas peores. Y un guitarrista que toca más de tres notas. Y, si se les cantaba, se suicidaban y sacaban un disco al año siguiente )vestidos de mariachis(. Y una ternura… no sé qué.

Therapy? es romper una botella y comersela a diente limpio al lado de un fan de Pantera satisfecho del acto. Therapy? es una acusación de bajo y bateria infectados de ritmo satánico-punkólico. Therapy? se persigna con una mano y la otra inyectada en el coño )propio o ajenjo(. Y no me digas que todo va bien en tu puta vida co(rrecta).

Therapy? Es una ¿Terapia? de punk y rock menospreciado por los pelotudos que no se toman la molestia – por pelotudos – de escuchar a un batero VIRTUOSO en una banda de baba de whisky infame y puño de cuerda vocal. Irlandesa y Católica banda; chistosa y melancólica banda.

Pesada y menospreciada banda de brutos geniales, genios brutales )?(adolescentes pajeros recuerdos en la trastienda del bar de más de media noche.

Olor a hospital vacío o lleno da igual. dice lo mismo: y estos tres se rien…

Si hay una banda a la que nadie le tira bola alguna en la historia del rock y no saben de lo que se pierden, me refiero a Therapy?

Punto final

miércoles, mayo 30, 2007

Dossier (Volumen I): El veto a la Altura

Iniciamos en el lar los Dossiers que serán bloques de artículos unidos por un hilo temático. En éste caso se trata el ingrato tema del veto que se quiere implantar para proscribir los partidos internacionales a 2,500 msnm., lo cual es un tema realmente acuciante para los colaboradores de éste blog por nuestra procedencia y por nuestro incondicional amor por el fútbol, uno de los epicentros de éste blog. Esperamos con impaciencia sus comentarios.

Cubileteros

Índice

El veto a la altura y la filosofía de la derrota



“Ayy la vida,
se me está yendo como se fue mi suerte,
poco a poquito,
pero eso no me hará llorar,
a mí jamás me acobardó la muerte”
Amigo (canción popular), Betzabe Iturralde.

Los domingos sólo sirven para dos cosas: tratar de curar la resaca (tarea imposible pero esperanzadora) y ver fútbol. El resto de lo que ese día significa es sólo tristeza. Este domingo un entrañable amigo me recibió con una aberrante noticia: jugar al fútbol a más de 2500 metros había sido prohibido por la FIFA. La indignación me llenó totalmente y me sacudió un escalofrío: ¿cómo serán de ahora en adelante los domingos en Bolivia?

No quiero acá presentar argumentos por los cuales esta medida es fascista, irracional e hija de puta (mejor: hija de hijos de puta). Ya lo ha dicho mucha gente y lo seguirá diciendo con mayor solvencia y poder de síntesis que yo. Sólo quiero expurgar rabia y penuria, el sentimiento colectivo que nos anega a todos los que transitamos por estas ciudades atrincheradas en los cerros. La indignación no permite ni ironía ni racionalidad, sólo preguntarse: ¿cómo se le puede quitar a un país entero, a tantas ciudades, algo que forma parte esencial de él, cómo puede quitársele a un pueblo entero uno de los sustratos más importantes de alegría, de emoción, de unidad?

No nos encontramos enfrente de un fenómeno menor: en el fondo, en la larga y compleja historia boliviana, sólo dos cosas han logrado que formemos un momento de unidad como país, de identidad nacional: la guerra y el fútbol. Las contiendas bélicas (siempre con resultado adverso: derrota y pérdida territorial de por medio) contra Chile y Paraguay lograron crear una incipiente conciencia nacional que logro algunas articulaciones nacionales, pero esto siempre sucedió en medio de la derrota, de la tristeza, de la muerte. En 1993, cuando en las Eliminatorias mundialistas logramos clasificar al Mundial de Estados Unidos (con un equipo espectacular, con jugadores en un gran momento, con un técnico lúcido y adelantado, con una dirigencia seria y entendida…fenómenos que incidieron más que la altura, piénsese sino en nuestras siguientes “performances” como Selección) el país entero desarrolló una identidad profunda y extendida, una adscripción a estas tierras, una toma de conciencia de lo que es Bolivia y lo que significa ser boliviano, pero esta vez lo hicimos en base a la alegría, a la euforia, al llanto contenido por años y años de ser siempre derrotados, por lagrimas de padres e hijos abrazados, por gritos de mujeres que arrimaban a todos, por un abrazo inmenso entre todos los que compartimos la dicha y la desdicha de nacer en el medio de esta tierra que nos abraza y nos expulsa, que nos cobija y nos evacua, que nos abraza y nos agarra a patadas.

Entonces ¿también nos quieren quitar una de las fuentes más importantes de unión en un país que cada tanto parece que se va a quebrar a pedazos? ¿Nos quieren quitar una de las pocas cosas que nos hace iguales, que nos dirige bajo un mismo objetivo, que nos muestra que todavía queda futuro para esta patria compleja y heterogénea? Bueno, iremos por otros rumbos, iremos juntos por la filosofía de la derrota. Volveremos a salir como fantasmas muertos de Boquerón (el fortín que en Septiembre de 1932 defendieron un puñado de valientes sabiendo que no había forma de ganar pero igual había que seguir peleando), iremos por el caos que iguala, por las manifestaciones colectivas que tumban al injusto como en Octubre de 2003, iremos llorando borracheras de tristeza entre huayños y ch´allas, iremos blasfemando contra los señores de la FIFA que nos quitan la oportunidad de jugar donde hemos nacido. Porque eso es lo que han logrado, nos han mostrado que en momentos tan duros como este, este país construye unidad y se plantea detrás de un suceso que encarna tristeza y muerte. Y eso es lo que está pasando, todos los ciudadanos de este país estamos juntos por la tristeza y desazón que nos causa esta medida.

Encontraremos nuestras formas porque este país no se muere, porque no se le puede quitar nada para que se caiga a pedazos, porque tenemos, como dice Borges, “esa dignidad que solo los perdedores pueden alcanzar”. Podrán derrotarnos todo lo que quieran, podrán postrarnos frente a la más terrible desesperanza, podrán hacer jirones con todos nuestros sueños, podrán mostrarnos la “verdad” impune y aciaga cada segundo. Pero nosotros seguiremos acá re-viviendo sueños, reconstruyendo epopeyas póstumas, reencontrándonos en medio de una ch´alla y una cerveza. Pero el punto de fondo es el siguiente: ¿lo haremos a través de niños corriendo detrás de una pelota de fútbol, a través de millones de almas mirando al equipo de sus amores jugar en la ciudad donde han nacido o lo haremos a través de la derrota, la muerte, el enfrentamiento? la respuesta la tienen solamente los grandes señores de la FIFA.

“Ventaja injusta” o hipocresía de los poderosos


“Nada en el mundo es más peligroso que la
ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.”

Martin Luther King Jr.

Pasaron casi trece años desde la fantástica victoria boliviana ante el coloso futbolístico mundial, Brasil, en las eliminatorias sudamericanas para la Copa del Mundo de Estados Unidos de 1994. Un sorprendente equipo boliviano, con figuras como Etcheverry, Sánchez, Melgar y otros héroes lograron lo que hasta esa fecha parecía imposible, noquear al hasta entonces tricampeón, en competiciones de eliminatorias mundialistas. El histórico resultado (Bolivia 2 – Brasil 0) echó por la borda 40 años de invicto futbolístico, una hazaña digna de ser contada a lo largo de los tiempos. La historia posterior encontraría a Bolivia clasificada por primera vez a la fase final de un Mundial por méritos propios, y a Brasil como ganador de su cuarto título Mundial.

El magnífico triunfo boliviano, realizado en la ciudad de La Paz a 3,600 metros de altura sobre el nivel del mar, caló hondo, muy hondo, en los corazones brasileños, a pesar de ello en aquel momento aceptaron la derrota con dignidad, es por eso que sorprende ahora verse, una vez más, en disputas por un veto a competiciones futbolísticas internacionales por encima de los 2,500 metros sobre el nivel del mar, suena casi irrisorio, menos con argumentos médicos y de ventaja injusta.

Como ya se hizo saber, ningún deportista sufrió jamás graves daños a su salud por realizar prácticas deportivas en la altura, o por lo menos no encontramos antecedentes de que ello hubiera ocurrido, es más, muchos atletas olímpicos realizaron entrenamientos en la altura para mejorar su condición física antes de una competición internacional y una cantidad de record Bolivarianos se batieron en los juegos del 1977 realizados en La Paz. Pero vayamos al análisis de los logros y resultados deportivos, principalmente de fútbol que es lo que ahora concierne:

  • Bolivia logró clasificarse sólo una vez a un Mundial de fútbol, lo citado, en 1994;
  • Ningún equipo boliviano logró consagrarse campeón de una copa Libertadores, de una copa Sudamericana, de una CONMEBOL, ni de una mal llamada MERCONORTE;
  • Salvo el gran club Bolívar, ningún otro equipo boliviano llegó a instancias decisivas en competiciones internacionales;
  • En los últimos siete años ningún equipo boliviano logró siquiera clasificar a la ronda de octavos de final de la Copa Libertadores de América.

Entonces, ¿por qué se pretende hacer creer que la altura es una ventaja injusta ante los rivales que visitan ciudades de considerable altitud, en concreto la ciudad de La Paz?, por lo menos los logros deportivos no indican que ello ocurra, en mi opinión el que juega mejor al fútbol siempre logrará ventajas sobre el rival, no por condiciones territoriales, de temperatura o de altura, sino por términos netamente futbolísticos.

Así, por mucho que intentemos encontrar las causas que llevan a los países vecinos a vetar una condición geográfica de regiones que juegan fútbol en ellas, nuestra “inhumana altura”, no encontraremos razones de peso, puesto que razones médicas y de ventaja injusta parecen ser poco contundentes a la hora de probarlas y son los argumentos utilizados para quienes defienden el infame veto.

¿A qué conclusión podemos llegar?, a que el veto viene orientado por otros motivos todavía no muy claros, que pueden variar entre discriminación o intereses deportivos de las históricas potencias futboleras del continente, léanse Argentina, Brasil y Uruguay, o por ambos. Lo lamentable del hecho es que los países afectados sean discriminados por una actitud fascista en su propio continente, y lo más vergonzoso es que la FIFA – ente deportivo que debe defender una sana competencia del fútbol en cualquier lugar del planeta – auspicie y sea portavoz de tal aberración, atropellando la dignidad y soberanía de varios países que no hicieron nada más que hacer prevalecer el derecho de jugar como locales en el estadio que consideran el mejor para la competencia, aprovechando su ventaja de localía, ya que ser local en La Paz o en la Conchinchina, pasando por el Maracaná de Rio de Janeiro o la Bombonera de Buenos Aires es una obvia, sobrentendida y legítima ventaja.

Está por demás recordar que en una competencia leal se juegan dos partidos, ida y vuelta, con un equipo de local y otro de visitante, no se juega un solo partido en la altura, o un solo partido en el llano, lo hermoso del fútbol es justamente el derecho a una revancha para lograr establecer quien es mejor en el agregado de ambas condiciones y por lo general (lo digo porque el azar puede jugar en contra) siempre el equipo mejor en términos futbolísticos prevalecerá sin importar que se haya jugado a 3,600 metros o a 50 grados centígrados.

Esperemos que el próximo campeón mundial realmente se pueda sentir mundial, puesto que si excluimos a ciertos países o regiones, el sentido de globalidad que encierra la palabra MUNDO no existirá y por cierto el ganador de dicha competencia tendrá a bien llevar con orgullo el título de “Campeón de los países en los que se permite la práctica del fútbol a menos de 2,500 metros de altura sobre el nivel del mar”, esperemos que se lo agradezca a la FIFA y que Oh Rey Pelé le entregue el trofeo.

Equipo chico la puta que te parió, equipo chico la puta que te parió…


Casi todos los domingos, porque mi equipo, el equipo al que yo sigo rara vez juega entre semana, me acuesto con la dichosa cantinela en mis oídos pues cada domingo es una derrota. Pero es mi equipo. Y además, amo el fútbol. Así que domingo tras domingo pego mi oído a la radio para escuchar como perdemos de nuevo. Y me asomo a las 28 pulgadas de mi televisor cada vez que dos equipos dirimen sus carencias ante el balón. Y digo bien, porque el fútbol es ese deporte que deja desnudos a todos aquellos que no se llamen Diego Armando Maradona. A este, le desnuda la vida pero esa es otra historia como diría Onetti.

El fútbol… No puedo decir que me guste todo en él, pero es como las mujeres: puedo soportar que se desangre cada veintiocho días. Puedo soportar que cada mundial desde el año 1986 sea cada vez más lamentable, sigo cada decepción de la selección española aunque juro siempre que esa será la última, trago con dificultad que todavía no se arbitren los partidos con el vídeo, que los jugadores cada vez sean más teatreros, que las televisiones digan qué puedo ver y que no, que ya no haya comentaristas ni narradores sólo estúpidos lameculos sometidos a bastardos intereses, que todo se reduzca a dinero, que se siga mirando a otro lado en la compra de partidos, que los árbitros yerren en la misma dirección, que las mujeres no sepan qué es un fuera de juego, que se le perdonen todas las agresiones a Roberto Carlos, que a los clubes ingleses los compren millonarios rusos, que Brasil, Italia, Alemania ganen por decreto, o el Real Madrid, Barça, Juve, Milán, Bayern, River o cualquier otro equipo etc. que todos podamos recordar…

Lo llevo mal. Cada vez peor. De hecho, de a poco que me voy pasando al fútbol virtual. ¿Qué será lo que me eche de este maravilloso mundo, mi mundo, del mundo que amo?

Esta mañana me enteré que mis amigos bolivianos no podrán ver jugar ya más un partido internacional en La Paz. El miedo se hizo realidad. Imagino vuestra indignación, porque es la mía. ¿Quién hostias son para decir que a más de 2.500 mts. no se puede jugar al fútbol? El fútbol es tan suyo como nuestro. No voy a pedir aunque pudiera, que jamás se vuelva a jugar en Brasil o en Rusia por poner ejemplos de sitios donde el clima es tan benigno como las intenciones de un Havelange o un Blatter cualquiera. La próxima es lo de los campos de hierba artificial. Me imagino que no tendrá con nada que signifique llenarse los bolsillos mediante comisiones depositadas en bancos suizos.

Pronto dimitiré de esto del fútbol, pues cada vez se parece menos a sí mismo. A los que quedéis, luchad, llamadlos mercenarios hijos de puta, reventadles las de lunas sus coches, escupidles en los zapatos. Nuestra pasión nos da derecho a algo mejor de lo que nos ofrecen. Y si se remiten al puto valor del dinero, compradlos con dinero falso. No somos meros consumidores de highlights, nuestra memoria es la gloria de todos ellos. Con eso, están más que pagados.

Joder… que no se va a poder jugar a fútbol en Bolivia y en paisajes semejantes, y seguro que lo primero que construirán en la luna será una réplica de Maracaná…

Iñaki Arbeloa
desde Madrid, España

Democracia universal vs. Fascismo futbolero: Cuestiones sobre el veto a la altura


El fútbol es uno de las manifestaciones más universales y democratizantes que hay hoy en el mundo, lo practican hombres y mujeres, gordos y flacos, buenos y malos, lo siguen niños y ancianos, pobres y ricos, chinos y nigerianos, evangelistas y ateos y así podemos seguir enumerando las causas porque el fútbol es uno de los agentes que transversaliza casi cualquier sociedad humana. Ahora una cosa hemos obviado en la enumeración anterior y es dónde y en qué condiciones se juega el fútbol, creo entender que en el desierto, en la nieve, en la playa, en las montañas, en el frío, en el calor, en la humedad y así podemos seguir hasta abarcar todas las topografías y climas del orbe, y por eso el fútbol es un fenómeno democratizador global, porque no importa la raza, el credo, la afiliación política, la temperatura o el lugar geográfico de quien y donde se practique, porque se lo practica en todos los paralelos y latitudes donde haya un amago de esfera y un niño dispuesto a golpearlo con el pie.

La FIFA como ente supremo, organizador y defensor de lo que es el fútbol, es el encargado de velar y proteger tal universalidad, por eso dicha institución congrega a todos sus afiliados a participar en la Copa del Mundo, la cual se disputa durante tres años por todos sus integrantes clasificando los mejores 32 a ser finalistas de las finales de la Copa del Mundo a ser disputadas cada cuatro años en un país sede.

En los albores del inicio de la XIX Copa del Mundo nos encontramos con una resolución anunciada en el último congreso de la FIFA de que “Por razones médicas y para proteger la salud de los jugadores, el Ejecutivo resolvió que, en el futuro, no se deberá disputar partidos internacionales a una altura superior a los 2,500 m.s.n.m.”, lo cual es un leso acto de fascismo deportivo, ya que todo ese concepto hermosamente democrático y globalizante se derrumba por una imposición intolerante y discriminatoria, justificada de manera endeble, ambigua y arbitraria, violando de esta forma el propio objeto y sino de sus estatutos que rezan lo siguientes en los sucesivos artículos e incisos:

Artículo 2 Objetivos
Los principales objetivos de la FIFA son: a) mejorar el fútbol y entregarlo al mundo, considerando su carácter universal, educativo y cultural, así como sus valores humanitario, concretamente mediante programas de desarrollo y juveniles.

Artículo 3 Lucha contra la discriminación

Está prohibida la discriminación de cualquier país, individuo o grupo de personas por su origen étnico, sexo, lenguaje, religión, política o por cualquier otra razón, y es punible con suspensión o exclusión.


Esas encomiables razones que forman el corazón del ente de marras, están sufriendo un aberrante acto de vilipendio enunciado y promulgado por ellos mismos, al juzgar la imposibilidad de practicar el fútbol a nivel internacional en poblaciones de altitud superior a 2,500 m.s.n.m., lo cual excluye a por lo menos tres capitales sudamericanas: Bogotá, La Paz y Quito quedando excluidas a su vez ciudades de países como Perú, Chile y Venezuela, y fuera de sudamérica México, Argelia, Nepal, India o Estado Unidos, lo cual detenta contra la misma esencia de lo ecuménico del juego que la FIFA hipócritamente pretende defender, ¿no son acaso la geografía y la etnia dos factores innatos, inexorables e inalienables del ser humano? Atentar contra esto en el derecho de no poder practicar en fútbol internacional es una discriminación patente que según los mismos estatutos es punible y causa de suspensión o exclusión ¿a quién se debe penar o suspender o excluir? ¿Será a la FIFA misma por violar sus propios estatutos? Menuda contradicción.

Para sustentar el veto se aducen razones medicas y de protección al jugador, argumentos que parecen tan absolutos, solventes y cuantiosos como la cantidad de jugadores que han sufrido daños físicos a causa de la altura. Los antecedentes son tan escasos por no decir inexistentes que el veto que se quiere instaurar parece una oda a la discriminación.

Pero todo esto no deja de ser sospechoso. ¿Por qué la FIFA ciegamente quisiera contravenir sus más latas predicas y supuestas defensas? ¿No parece más bien un complot manipulado por Julio Grondona, Ricardo Texeira y Nicolás Leoz, todos de países sudamericanos con interés real de no jugar en la altura, que casualmente son los representantes del continente en el Consejo de la FIFA? ¿No será el miedo de estos personajes de que se aumente el número de partidos a disputarse en la altura el que los lleva a manipular la situación de tal modo que por lo menos cuatro países se vean perjudicados con el fallo? ¿No es vergonzoso y cobarde que los fútboles más grandes de América, Argentina y Brasil, usen estas infames argucias para favorecer sus triunfos, cuando nunca en el pretérito lo han necesitado e igualmente han prevalecido en el campo de juego? ¿No existe acaso una inmensa negligencia y afán de sabotaje en un nefasto personaje como el boliviano Romer Osuna, tesorero de la Conmebol y esbirro del mismo Leoz, quien no hizo notificación alguna al país en los albores de un anuncio como éste? ¿No habrá dentro del seno del fútbol boliviano un oscuro interés para permitir semejante usurpación de nuestro derecho, como otrora se dio bajo la presidencia de Edgar Peña que vendió la sede a Brasil para que Bolivia juegue en Santa Cruz en la eliminatoria para España ´82*?

Todas estas cuestiones nos intrigan y si fueran verdad nos indignarían de sobremanera por su pérfido proceder y su fascista quehacer. Esperemos que en una alianza conjunta todos los países afectados hagan causa común y defiendan su inalienable e innato derecho territorial y futbolístico para que no triunfen un puñado de corruptos y ventajistas cobardes, y sea que finalmente la pelote no se manche, y que se de un triunfo de la tolerancia, del fútbol y de su enorme e insobornable universalidad.


*Fe de erratas: Como indica Marcelo en su comentario la cesión de la sede fue en las eliminatorias para México ´86.