jueves, junio 11, 2009

Arrebato (1979)

A la Vale

“El caballo es imagen concentrada”
William Burroughs

Hay películas y películas. Arrebato, es un hecho, no corresponde a ninguna de ellas. Es oscura y enigmática, independiente y underground a más no poder, desoladora, dulce y lírica como pocas. Una obra codificada en el lenguaje de los sueños (o de las pesadillas). El grano del filme, la propuesta – así como las imperfecciones técnicas – en el sonido, la luz helada del invierno madrileño, la luz escasa en la noche de los adictos, la imagen dentro de la imagen, la (espeluznante) voz en off, la puesta en abismo hecha proyección: todo contribuye a un inestable viaje alucinatorio, como el de un heroinómano o el de un cinéfilo, renegado contra su sociedad.

Arrebato, como Videodrome de Cronenberg (no he podido evitar relacionarlas por la época, la audacia y la rareza de ambas propuestas), versa sobre la imagen… su sutileza, su fragilidad y su poder; versa sobre la necesidad de encontrarse en esa imagen, de ser arrebatado por ella. Pedro es auténtico: un vampiro y un creador. José, en cambio, se limita a vivir la época y es incapaz de encontrarse en ese mundo complejo que es el de la creación cinematográfica. En una misteriosa lección, Pedro le pasa su material a José y este viaje audiovisual se torna en una auténtica odisea a través del mundo de la imagen en movimiento, la representación fantasmática y la autopsia del tiempo que se puede lograr a través del cine. No hay palabras para describir narrativamente lo que ocurre; son sólo intensidades, contrastes, en el ritmo, en el cuadro, en el sonido.

La imagen, como la heroína, te atrapa y te lleva, cual fantasma, a intersticios temporales paralelos que coinciden rara vez con el tiempo cotidiano. El cuerpo desaparece pero la imagen de él no. Como Drácula, el ser cautivo de la imagen cinematográfica, podrá moverse cual sombra independiente de la materia que la produce, ese será su castigo y su objetivo final, para llegar al éxtasis o, sin afán de redundar, al arrebato.

Anclada en los ochentas profundos – el destape español total –, Arrebato no envejece nada mal y, como un Dorian Grey de la historia del cine, se actualiza de una manera poderosa gracias a la sinceridad de su imagen, a su búsqueda extraterrestre de belleza y a su autismo narrativo. En fin, guste o no, Arrebato ha de ser vista y no será extraño que el espectador se vea preso en medio de los granos de la Super 8 de Pedro que, hasta ahora, tanto enigma y fascinación provocan y provocarán (estoy seguro) en las audiencias ávidas de buen cine.

7 comentarios:

fotogenia dijo...

cuates,
les comparto esto, sobre esta peli sensacional
http://fotogeniacine.blogspot.com/2009/02/el-triunfo-del-cinematografo-arrebato.html

salud

(Diego Loayza) Oneiros dijo...

Fotogenia (SZ): Aprovechando una tarde de convalescencia le eché un vistazo a esta peli y no pude dormir sin que intervergan en mis sueños esas sensaciones tan indescriptibles. Su imagen, su forma y contenido se pegan en el inconsciente como una mucosidad simbólica quizás sólo parangonable con el primer Cronenberg.

Saludos.

GUSTAVO dijo...

Excelente blog!!!
Me encantaria intercambiar enlaces, visita el mio.
Saludos.

http://www.cinemaparadisouy.blogspot.com/

(Diego Loayza) Oneiros dijo...

GUSTAVO: ¡Gracias! Estaremos linkeados y en contacto.

Tengo un otro blog más personal (quasi pornillo) llamado:

www.pescotis.blogspot.com

A ver qué opinas.

Saludines

Edith Oster dijo...

Una mucosidad como la de los juguetes que tanto fascinan a Pedro, y que por cierto dan un juego tremendo porque nos mete (a los espectadores) en un ritmo diferente al de la narración: un ritmo absolutamente material y con pausas ajenas a la película en cuanto a historia. Lo que más me gusta (y me arrebata y me pone la piel de gallina) es la pausa entendida como punto de fuga. De hecho, la primera pregunta que Pedro le hace a Jose es si éste sabe qué hacer con la pausa. Desde la primera vez que vi Arrebato he creido que la pausa es la gran mancha -roja- que va devorando los fotogramas del final. Como si los cortos grabados por los aliados de Pedro no fueran más que puntos de fuga que llevan a... En este punto mi limitación léxica me hace decir que llevan al arrebato, o a la verdad, o a la imagen en pausa como generadora de un ritmo desconocido.Por cierto, que aterrador es el movimiento cuando uno ve la imagen quieta del rostro de Pedro, ya "atrapado".
Mi frase favorita de la peli es cuando Pedro dice: Hay que tener en cuenta que yo todavía creía en las cámaras que filman, en las cosas filmadas y en los proyectores que proyectan. No imaginaba, ni remotamente, lo lejos que estaba de mi verdadera trayectoria".
Saludos con pausa arrebatada.

(Diego Loayza) Oneiros dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
(Diego Loayza) Oneiros dijo...

Edith:
Sin duda hay dos tipos de imagen: la imagen como instrumento político, de sometimiento (más efectiva que las balas, las macanas y los gases lacrimogenos juntos) y la imagen como vía de trascendencia y liberación humana. En los dos casos hay una constante: EL PODER DE LA IMAGEN. La imagen debería ser el objeto privilegiado de una semiología que se tome en serio, en ella se junta la emoción y el significado, la electricidad y la idea... en ella subyace la nostalgia de lo animal ligada orgánicamente a la aspiración de lo divino... por ella se hace visible lo invisble y, en su misterioso matriomonio con el lenguaje, se nos revela el mundo, no como dato, sino como la energía que nos comprende, la imagen tiende a buscar la imagen dentro de la imagen, la sugiere y se devora a sí misma para conquistarse a sí misma en una cadena de sentido donde la idea no cede al código y la poiesis no cede al sistema. ¿Somos creadores de imagenes o creados por imagenes primordiales? La imagen no es percepción tanto como percepción de la percepción, la imagen es el molde donde se asienta el lenguaje y donde se termina el lenguaje. La imagen como re-presentación de la cosa es, también, trans-figuración de la cosa. Otra cosa. La imagen, sin entenderse, menospreciada, es más peligrosa que la bomba H.
El terreno imaginario es nuestro terreno y no otro, allí subyace la clave del juego y el juego mismo. Los códigos formales son esqueletos de imagenes, sin vida, sin energía. La imagen es, ante todo, energía arrolladora, inclemente, aniquiladora y deseada por siempre. La imagen está en la sangre y la sangre yace en ella como un destello de memoria universal (la mancha roja de los fotogramas). La domesticación del fuego por el hombre de Neanderthal, implicó un avance tecnológico pero más aun, un avance espiritual, dio lugar a la ensoñación, crisol de imagenes. Los elementos, como sugiere Bachelard, comportan cualidades objetivas y subjetivas, la naturaleza es un tesoro de imagenes latentes y, al hacerse éstas patentes, es la natuiraleza misma la que se transfigura y se humaniza. Se puede seguir y seguir...

Besos desde LPB arrebatada por el frío y los labios paspados.