
martes, abril 28, 2009
De Zidane a Tabucchi: 50,000 visitantes de el lar

martes, abril 21, 2009
"Sostiene Pereira": trayectoria de lo luctuoso a la celebración de la vida

jueves, abril 16, 2009
The passenger
en esta noche;
invencible
noche
de ciudad.
lunes, abril 13, 2009
Crónica del desencuentro entre

Y probablemente mientras suenan los himnos hay quien sólo escuche sus propios pensamientos, voces que tal vez le sugieran: "No me sirve el número diez. No me siento el número uno." Ha llegado el día en que Lionel se toma en serio su mote. El día que olvidó tomarse su mate. ¿No me siguen...?
Cuando uno se llama Maradona y se la pasa la vida abrazado a Fidel, no puede retorcer la historia y perseguir el mito de morir longevo y hacerlo en la tierra donde pereció el Ché. Ni aunque tengas detrás una iglesia que te apoye el dogma...
No todo en la vida es fútbol. Seguro. Y no siempre la realidad supera la ficción. Ahora bien, en los días en que a todos los del Potro del mundo la boca se les vuelve orto, esos días en que la prepotencia te devuelve al estado de en vía de desarrollo; esos días son inolvidables...
Si el tal Agüero y el tal Messi soñaban con recoger el testigo de Maradona, si soñaban con sentarse a su diestra (la zurda es intocable), si el pibe se pensó que podía tener hasta dos heredereros en su seleccionado... Se equivocaron todos. Titular aquellos acontecimientos "Dos hombres y un destino" sólo tenía una cosa de cierto: Bolivia fue la tumba para todos ellos. No es dislexia señores. Bolivia 6, Argentina 1. ¡Bonita forma de bajarlos al suelo! Y que nadie se confunda: El oxígeno no cura los soponcios.
lunes, abril 06, 2009
Una vez pensé y sobreviví...

No sé si merece la pena enunciar alguna de las posibles recetas que curen esta gripe. De hecho, a veces creo que no estaría mal que el G-8 pillara una buena neumonía que lo dejase tiritando. Sólo que intuyo que los únicos cadáveres que llegarían a los cementerios fueran los de los siervos primermundistas. Pero sobre todo, antes de recitar cualquier posible decálogo con las respuestas que nos resuelvan el problema, creo que cabría analizar previamente qué nos ha traído hasta aquí: Porque es evidente que hemos llegado sin ayuda de nadie...
La primera cosa que se ha estado haciendo mal desde principios de los setenta, más concretamente desde el año 1973 cuando se nos avino la primera crisis del petróleo, es que ha desaparecido de la esfera pública la intelectualidad. Pensar era aburrido y además no resolvía nada... Era necesario que el debate desapareciera de la calle y circunscribirlo a la academia, para que la propaganda pudiese lograr los efectos que se perseguían. Si hay algo dañino para el sano ejercicio de la crítica y el pensamiento, es la demagogia y el malentendido relativismo. Porque hay que explicar que esta corriente de pensamiento no defiende que todas las ideas sean igualmente válidas, sino que todo análisis remite a unas circunstancias concretas, y ellas son las que condicionan dicho análisis. Por si alguien no termina de entenderlo: No se puede poner en el mismo plato de la balanza la miseria de África y a los homeless neoyorquinos.
A esta primera condición se le unió una segunda. Más que venir de la mano, diríase que son siamesas... En la política, se fue cambiando la división entre buenos y malos por hacer común la idea de "todos son iguales". Se ha ido extendiendo en todos los regímenes políticos, desde las más tradicionales democracias a las más largas dictaduras, que esté quien esté en el poder, la única pretensión de quien lo detenta es el propio beneficio. Tal barbaridad no iguala en modo alguno nada. Nos convierte a todos en seres que merecemos el peor de los destinos: El que tenemos. Entender la política de tal modo, la secuestra del ciudadano, lo vuelve un pelele en manos de quien gobierna. A ojos del tirano, hoy el hombre es un poco menos humano. ¿Qué sentido tiene rebelarse ante la injusticia si la revolución es tan sólo un cambio en los nombres de las puertas de los despachos? Esta idea que poco a poco a ido calando entre cada habitante de este mundo, tiene un efecto perverso: Sólo hay esperanza en un posible mesías...
Hay otros ingredientes en este cóctel de la desgracia, pero que el mejunje sea más dulce o amargo no menoscaba su condición de bebedizo con el que se trata de domesticar a la ciudadanía de cualquier lugar del orbe. Hoy, cualquier persona, sea cual sea su nacionalidad, ha de tomar conciencia de su servidumbre. Fuera de los ámbitos de poder, fuera de los lugares donde se deciden las leyes o las condiciones de vida de cualquier comunidad, sea cual sea la posición social o la remuneración, el ciudadano ha de hacer valer la única fuerza que posee: La del número. Si queremos dejar de ser esclavos, meras piezas del engranaje consumista, hemos de hacer valer nuestra fuerza de trabajo, nuestro capacidad de elección, la racionalidad en el consumo. Somos más. Tal vez seamos escoria, pero somos más. Sin nosotros, no son nada. Sin ellos, nosotros viviríamos mejor. Sin nosotros, ellos vivirán peor.
Hay que tomar conciencia del lugar real que ocupamos, de lo que queremos, de adónde queremos ir. No se puede seguir comiendo lo que otros han masticado antes. No podemos seguir haciendo propias las reflexiones de los demás. Querámoslo o no, somos los responsables de nuestro destino. Y si queremos que la palabra libertad adquiera algún sentido, hemos de poner en juego toda nuestra capacidad crítica no sólo ante las certezas externas, sino también ante nuestros miedos, errores y aciertos.
La Política es la ciencia que nos convoca a todos. Todos los días de nuestra vida están afectados por ella y sus consecuencias. ¿Querremos seguir cruzados de brazos?
lunes, marzo 30, 2009
Erving Goffman: las máscaras
En un cuaderno de tapas negras había un aire de cosas muertas."
Eduardo Mateo y Fernando Cabrera, Por ejemplo.
Durante demasiado tiempo, el pensamiento social estuvo marcado por varias obsesiones absurdas. Intentar ser científico, construyendo métodos y discursos sofisticados que creían construir un prestigio alejado del sentido común. Intentar ser científico, construyendo ideas y nociones desde escritorios amurallados contra el mundo, usando como fuerza vital del pensamiento libros añejos antes que la realidad de los sujetos protagónicos de sus cavilaciones. Intentar ser verdadero, persiguiendo (e intentando demostrar) una verdad inalcanzable, una certeza inexistente, buscando anular una duda eterna. Los motores de la ciencia social tradicional siempre estuvieron marcados por las frías verdades por sobre las motivadoras dudas, por los alejados métodos que por la interacción con las personas, por el ego del conocimiento que por la intensidad de la creatividad. Como dice un personaje de un corto cinematográfico de dos entrañables amigos: "La sociología carece totalmente de glamour".
Dentro de este inhóspito y desesperanzador paisaje del siglo pasado, hay un sociólogo que parece caminar y pensar a contracorriente: Erving Goffman. Mientras la mayoría se preocupaba por las abstracciones (inexistentes sistemas y estructuras), él se concentraba en las pequeñas interacciones que marcan el fundamento de la existencia de los seres humanos. Mientras la mayoría construía lejanos métodos para acercarse a sus "informantes", él se sentaba a observar con los ojos bien abiertos y a hablar con la gente con admiración y asombro. Mientras la mayoría buscaba la gran ley que explicara, por fin y de una vez por todas, el funcionamiento de la sociedad, él planteaba una teoría chiquita y sugestiva. Mientras la mayoría defendía su ego y demonios internos a través de la promulgación de la verdad incuestionable de sus postulados, él construía postulados subjetivos y con validez parcial y relativa. Mientras la mayoría construía un discurso inasible y complicado para defenderse de futuras críticas y alejarse del vulgo, él plantea sus hallazgos desde un discurso simple y eficaz, como esas narraciones a las que uno vuelve cada tanto, y lo siguen conmoviendo. Erving Goffman, sociólogo canadiense, nacido en 1922, en medio de la dictadura científica.
Desde la observación de la interacción de los habitantes de la isla de Shettland construyó las bases de su propuesta teórica (sólo mirar le sirvió para entender, no hicieron falta complejas encuestas, talleres o entrevistas; mirar es cada vez más difícil: las luces de la computadora y la televisión, y la tinta de los libros, son nieblas que complejizan esta tarea): la vida social es, esencialmente, una actuación basada en ofrecer al otro la imagen que él espera de nosotros. Y viceversa. Así, la acción social es solamente un papel que desempeñamos en base al guión determinado por la situación y por las personas con las cuales interactuamos. Nuestra existencia es un desfile de máscaras que vamos cambiando en base al contexto en el cual nos encontramos.
En cada interacción cotidiana, formamos parte de una actuación marcada por un escenario y una audiencia, por una puesta en escena con objetivos determinados y por una fachada que es necesaria para que la actuación sea satisfactoria. Somos, entonces, solamente actores dentro de una maquinaria teatral inmensa que va marcando, en base a diálogos y direcciones aprendidas hace tiempo, nuestro camino por estas tierras. Para cumplir nuestros roles, llevamos disfraces (un terno, el cabello largo), máscaras (una sonrisa hipócrita cuando vez que tu tía abuela te vuelve a regalar medias por tu cumpleaños), objetos de utilería (unas flores para pedir disculpas por la borrachera y el escándalo de la noche anterior), un guión (el buen trabajador que uno es en una entrevista, lo bien que te va en el colegio con tus padres), un decorado (limpiar tu departamento cuando por fin crees que podrás romper la férrea resistencia de tu pareja). Cada día, cada momento, cada situación, es una interpretación que se construye en base a la idea de lo que el resto piense de nosotros.
Pero esta actuación, dice Goffman, no es sólo individual. Nuestras interpretaciones también son colectivas, también actuamos en equipos. La familia que se presenta armoniosa e ideal frente a otros (sea el jefe o los amigos); cada funcionario de un hospital, de un banco, de una oficina, que desarrollan papeles determinados para mostrar eficiencia; los miembros de un restaurante que te ocultan (desde el chef hasta el mesero) que acaban de tirarle un brutal estornudo sobre tu pasta primavera. Nuestras actuaciones, muchas veces, se sincronizan con las de otras personas para que la interpretación sea satisfactoria frente a los ojos de nuestra audiencia. Audiencia que también es un equipo.
Sin embargo, estas actuaciones, ya sean individuales o colectivas, no son cínicas. No es que estamos todos actuando premeditadamente, jugando todos entre la hipocresía y el aparentamiento. El problema es más complejo, nuestras máscaras han sido puestas desde lejos. Desde la escuela, desde la familia, desde la maquinaria que nos obliga a ser sujetos sociales. De ahí que nuestras actuaciones son naturales, sin "premeditación y alevosía", afines a una tradición heredada de tiempos lejanos. Por eso los únicos que rompen esa continuidad son los niños, seres donde las máscaras todavía no se han asentado totalmente. Llegas a una importante reunión familiar y la comida es horrible, todos intentan comer aparentando satisfacción. La anfitriona pregunta si el manjar está exquisito. Todos asienten, ocultando el desagrado que corre por sus paladares, el niño no calla: "Esto está horrible".
La sociología como género literario. Encontrar estas características profundas de nuestra vida como seres humanos y manifestarlas con tanta elocuencia y eficacia. Entender que tal vez nuestra identidad sólo es una actuación determinada, que nuestros pasos son guiados por un entorno particular. Develar al ser humano sin necesidad de artificios y egos académicos. Esa es la sociología que me gusta, esa es en la que quiero estar.
jueves, marzo 26, 2009
Sobre la fotografía a través de las letras de Susan Sontag
Otrora existieron personajes de la talla de Aristóteles, Leonardo o Leibniz, una suerte de seres enciclopédicos que compendiaban una innumerable cantidad de saberes por no decir todos los saberes de su tiempo. Ese tipo de erudición omniabarcante dejó de ser habitual en nuestros días debido al vasto desarrollo de las ciencias y sus varias ramificaciones, además de la inconmensurable producción de información de toda índole. En la segunda mitad del siglo XX aparece en la palestra intelectual Susan Sontag, que sin afán de compararla con los anteriores, encarna una suerte de personaje parecido a los de antaño en todo lo fue la actividad política y artística de su tiempo, mostrando no sólo una asombrosa erudición en todos los campos de la cultura sino, y esto es lo más elogiable y asombroso, una intelegencia, cabalidad y lucidez de mirada para abordar todas las cuestiones de su interés, que como mencionamos fueron inmensas. La literatura, el cine, la pintura, el arte contemporaneo o la sociología fueron temáticas que trato con profundidad y gusto; la fotografía fue otra de sus pasiones y la abordó de manera fascinante en una serie de ensayos que compendiados llevan en título de "Sobre la fotografía", que si bien no vamos a tratar es la inspiración de éste post, que siguiendo uno de los ensayos en la vena de Walter Benjamin de coleccionar citas, hemos realizado una yuxtaposición de fotografías de diversos fotógrafos citados en las páginas del libro con citas del mismo sobre las nociones, siempre incisivas y elucidadoras, que tiene Susan sobre la fotografía.
"Lo que es cierto de las fotografías es cierto del mundo visto fotográficamente."
"Al igual que la estructuración mediante citas de una prosa de ficción, una pintura, una película -piénsese en Borges, Kitaj, Godard-, es un ejemplo especializado de gusto surrealista, la práctica cada vez más común de poner fotografías en las paredes de salones y dormitorios, donde antes colgaban reproducciones de pinturas, es un indicio de vasta difusión del gusto surrealista. Pues las propias fotografías satisfacen muchos de los criterios aprobados por el surrealismo, ya que son objetos ubicuos, baratos, anodinos."
"El atractivo de las fotografías, el señorío que ejercen en nosotros, consiste en que al mismo tiempo nos ofrecen una relación experta con el mundo y una aceptación promiscua del mundo."
"El mundo fotografiado entabla con el mundo real la misma relación, esencialmente inexacta, que las fotografías fijas con las películas. La vida no consiste en detalles significativos, iluminados con un destello, fijados para siempre. Las fotografías sí."
"Whitman pensaba que no estaba aboliendo la belleza sino generalizándola. Lo mismo pensaron durante generaciones los fotógrafos estadounidenses más talentosos, en su polémica busca de lo trivial y lo vulgar."
Lisette Model (Austria, 1901-1983)
"Ésta es una época nostálgica, y las fotografías promueven la nostalgia activamente. La fotografía es un arte eleágico, un arte crepuscular. Casi todo lo que se fotografía, por ese mero hecho, está impregnado de patetismo. Algo feo o grotesco puede ser conmovedor porque la atención del fotógrafo lo ha dignificado. Algo bello puede ser objeto de sentimientos tristes porque ha envejecido o decaído o ya no existe. Todas las fotografías son memento mori. hacer una fotografía es participar de la mortalidad, vulnerabilidad, mutabilidad de otra persona o cosa. Precisamente porque seccionan un momento y lo congelan, todas las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo."
"Viajar entre realidades degradadas y encantadoras es parte del impulso mismo de la empresa fotográfica, a menos que el fotógrafo está enclaustrado en una obsesión en extremo privada."
"Las fotografías pueden ser más memorables que las imágenes móviles, pues son fracciones de tiempo nítidas, que no fluyen. La televisión es un caudal de imágenes indiscriminadas, y cada cual anula a la precedente."
"El fotógrafo está comprometido, quiéralo o no, en la empresa de volver antigua la realidad . . ."
"El más lógico de los estetas del siglo XIX, Mallarmé, afirmó que en el mundo todo existe para culminar en un libro. Hoy todo existe para culminar en una fotografía."
"Desde un principio, los fotógrafos no sólo se impusieron la tarea de registrar un mundo en vías de extinción sino que la cumplieron por encargo de quienes la apresuraban."
"Así como la fascinación ejercida por las fotografías es un recordatorio de la muerte, también es una invitación al sentimentalismo. Las fotografías tranforman el pasado en un objeto de tierna reminiscencia, embrollando las distinciones morales y desmantelando los juicios históricos mediante el patetismo generalizado de contemplar tiempos idos."
"Los fotógrafos, operando dentro de los términos de la sensibilidad surrealista, insinúan la vanidad de intentar comprender el mundo y en cambio nos proponen que lo coleccionemos."
jueves, marzo 19, 2009
Mike Leigh y su desagarradora visión de la humanidad

jueves, marzo 12, 2009
W: ¿Monstruo, hombre o animal?

Producto que sólo puede corresponder a nuestra época, caracterizada por una inflación de información a un nivel insólito de inmediatez, W. me deja confundido. Mientras la veía, pensaba: probablemente esta película no agrade mucho ni a los bushistas (que hoy se deben limitar, con suerte, a George y Laura), ni a nosotros: los antibushistas. A los primeros, por razones obvias: Oliver Stone desnudando traumas psicoanalíticos profundos de un idiota que los vive a fondo sin intuirlos en lo más mínimo no es poca cosa. En cambio, en el segundo caso, nosotros, la cosa se pone interesante: lo molesto de ver la susodicha película es que, al contrario de Michael Moore con su ácido documentalismo, Stone nos muestra un rostro de Bush que no queremos ver y que, nos guste o no, está ahí: el rostro humano.

Fareinheit 9/11 es el primer y mayor síntoma de esta época de “libre expresión” (que, paradójicamente, en lugar de combatir el sistema, se adapta a él y legitima su reproducción) e inmediatez de la información a la que me refiero. Su panfletarismo, sumamente necesario en el momento de difusión del filme, oculta e ignora de manera consciente cualquier atisbo de humanidad por parte de George W. (so hijo de puta).
Oliver Stone, con mayor distancia y frialdad que Moore (aunque es escalofriante que ambas películas hayan sido producidas y divulgadas paralelamente a la presidencia del susodicho) opta por el género biográfico tan caro a él, se sirve narrativa y estéticamente de los recursos de la ficción y propone una incursión intimista y axiológicamente compleja en la vida de un personaje histórico crucial para el inicio del nuevo milenio. El afamado director de JFK y Nixon se mueve por la casa blanca y sus recovecos con la misma comodidad y pericia con la que George A. Romero se mueve entre sus ejércitos de zombies. El polémico director se centra en la relación de W. con su padre, interpretados de manera perturbadora (son personajes que todos hemos visto en la televisión y muchas veces) por Josh Brolin y James Cromwell respectivamente. Vemos, en una cronología desordenada, cómo Junior (como lo llama su padre, recalcándole su condición) incurre sin frenos en el mundo del alcohol y lo abandona tras casi perder la vida, cómo el padre asciende políticamente hasta devenir en presidente e ideólogo de la primera guerra de Irak, cómo el joven W. siempre sufrió el menosprecio de su progenitor que ponía toda la fé en Jeb, etc.
La historia se resuelve con un giro psicoanalítico al dejar en evidencia ante el público que George W. actúa para demostrarle a su padre. ¿Demostrarle qué? Que no es un inútil y que, allí dónde el viejo Bush retrocedió en lugar de tomar Baghdad y encular a Saddam, él sí lo haría y sería un héroe, un republicano tan memorable como Reagan. Es impactante como ese motor edipiano lleva a un all american asshole al trono del mundo. Si algo que queda claro después de la peli es que W. es un americano típico, por no decir ejemplar: de vaquero alcohólico a cristiano re-convertido, amante del béisbol, de la “democracia” y de la libertad, amante de América (esa que empieza en Nueva York, acaba en Los Angeles y cuyo centro está en Texas), amante de las armas, la música country y la carne asada. No hay nada en él de un Sauron o un Darth Vader, estamos muy lejos del tirano sentado en lo alto de su torre, de espaldas a la hoguera, maquiavélico y calculador, inhumano y deformado (quizás esa caricatura corresponda más a su padre). No, no, no: aquí todo es más simple, estamos ante un gringo-tipo que cree que es el heraldo del Bien de la humanidad por los valores que ostenta su país y que es muy fácil implantarlo en el mundo dado que se trata del Bien y punto.

Lo terrible y aterrador de W. es que denuncia la mediocridad a la que ha llegado el liderazgo del (primer) mundo. Olvidémonos de esos temibles hombres de estado que engendró el siglo XX como De Gaulle, Churchill, Lenin, Roosevelt o Castro (a punto ya de extinguirse), hombres con proyectos colectivos, visiones de Estado y visiones de la humanidad. En ningún caso se trataba de hermanitas de la caridad pero sí de tipos que conocían el contexto y el mundo que los rodeaba y querían, cada uno a su manera, agarrar a ese toro por las astas. Junior es un ignorante de calibre olímpico, producto del sistema educativo de su país, Junior cree que en el mito de Rocky Balboa, según el cual los gringos tienen la legitimidad y la luz como para dar lecciones aquí y allá en el mundo entero. Junior ignora el profundo conflicto que aqueja a Irak y a medio oriente y al resto del mundo, ignora también que toda conquista tiene que tener su parte de legitimidad y conocimiento del pueblo sometido, por más fuerza que se imponga. Justamente fueron esas razones (ojo con esta palabra) las que llevaron a George Bush padre (so hijo de puta) a abandonar la quimera de Irak allá por los lejanos noventas.
¿Entonces quienes estaban realmente conscientes de lo que realmente pasaría en Irak? El grupo de mafiosos corruptos que rodeaba al “elegido” W. Me refiero a Dick Cheney (nunca podré ver igual a Richard Dreyfuss, brillante), a Donald Rumsfeld y compañía (Condoleezza, cómo no): eso se sabía antes de que Stone o Moore hagan sus películas. Insisto, lo terrible es que estos son dos groseros políticos corruptos sin mayor astucia que la que se requiere para saquear y saquear, como malditos piratas panzones y ebrios. Estos tipos si que corresponden a la caricatura más grotesca (que Oliver Stone no se molesta en sutilizar).

Hay diversas conclusiones posibles, sin embargo queda claro que, por un lado Stone le da duro a Bush: lo pinta como a un tonto, impulsivo, ignorante, inseguro, narcisista y frustrado que actúa manipulado por una sarta de rasputines de mala muerte. Pero por otro lado, la película también lo humaniza y, por ende, en cierta forma, justifica sus acciones: la música dramática, la cámara intimista, la luz teatralizada y otros elementos cinematográficos como el acceso a la interioridad vía sueños y ensoñaciones nos hacen olvidar que estamos viendo la vida del mayor tirano del mundo contemporáneo y el responsable de la muerte de cientos de miles de personas inocentes (de las que Oliver Stone dice muy poco) y eso, a meses de terminada su presidencia. ¿Era justo presentarlo así o es mejor mantenernos, por ahora que las papas aún queman, en nuestra posición de que Bush, ante todo, es un monstruo?
Lo que sí es un hecho es que si la crítica de Oliver Stone, al humanizarlo, no recae exclusivamente en W., está clarísimo que ésta no puede sino desviarse hacia sistema en general donde TODO está viciado irremediablemente como por un virus informático indestructible y constitutivo mismo del sistema. Desde esta segunda perspectiva, las cosas son aún más espeluznantes: la democracia, los estados nacionales, los derechos humanos y todas las vacas sagradas de la modernidad no serían sino un pretexto para que viles piratas llenen sus bolsillos a costa de la sangre, los gritos y el hambre de miles de inocentes. ¿Cuál puede ser el futuro si nos referimos a las naciones más grandes de la humanidad? El panorama no es muy optimista.
miércoles, marzo 04, 2009
Hornby (Parte 1): Fidelidades, rupturas, canciones y mi amigo Paco Doblas



miércoles, febrero 25, 2009
Guillermo Arriaga: la vida como literatura

lunes, febrero 16, 2009
El no tan curioso bodrio de Benjamin Button, David Fincher y Brad Pitt
No es una curiosidad o una extrañeza que una película larga, pulcra, sensiblona, aburrida, bien hechita y poco ingeniosa esté a la cabeza de ganar un Oscar de la Academia, es más bien volver a un pasado medido por un baremo similar que siempre ha privilegiado los “Forrest Gump” sobre los “Pulp Fiction” (tendencia que parece emanciparse al galardonar a la fabulosa y perversa “No Country For Old Men”, pero aparentemente de nuevo debemos ser iluminados), y no digo porque este año haya ningún “Pulp Fiction”, la verdad no lo sé, de las nominadas sólo he visto “The Curious Case of Benjamin Button” y para muestra, nunca mejor dicho, un botón.
jueves, febrero 12, 2009
Depeche Mode: Touring the angel (Vivo en Milán, 2006)

El resultado en la actualidad me parece contundente: mientras Robert se ha aburguesado y se ha cerrado en la misma burbuja musical que viene proponiendo desde el "Wish" (hay cosas hermosas, claro), ignorando todo el cambio en la propuesta sonora que ha acaecido en el rock y en la cultura underground desde entonces; Depeche Mode ha creado un sonido tan propio como adaptado a la época, sedienta de nuevas vetas, enamorada de un frenesí sensorial muy ajeno al que se exigía allá por los ochentas. Mientras Robert ha engordado y parece un rockero satisfecho con su estilo de vida, un bon-vivant; Martin Gore y Dave Gahan están más en forma que nunca para sobreexcitar la mente de las nuevas generaciones con notas perturbadas, abnegadas y sinceras; poderosas a más no dar cuando de ser transmitidas en directo se trata.
Justo antes del estallido mundial de la gira “Tour of the Universe 2009”, me permito introducirles esta perla entre los vídeos en vivo: “Touring the Angel”. La gira promocionaba el “Playing the Angel”, el mejor disco de la banda desde “Violator”. Nada tienen que envidiarle en poder y carisma a grupos como Nine Inch Nails, Tool, Radiohead que, si bien pueden meter más bulla, carecen de un frontman como el de Depeche: Gahan, como verán, es una bestia de escenario que pocos pueden igualar (un Jagger, quizás, un Dickinson). Como en un partido de futbol donde todo le sale bien a un equipo, en aquella fecha de Milán, Martin Gore y compañía dieron cátedra en lo que es presentarse en vivo y darse integro a una audiencia, idiotizada audiencia, por cierto.
He aquí un entremés yutubístico:







