lunes, febrero 02, 2009

Las 10 mejores películas de los 2000s

Pese a que la década sigue en curso, que exista un montón de omisiones por falta de visionados y de buen gusto, y que seguirán apareciendo por diferentes canales grandes películas, aquí se expresa una arbitraria lista de 10 filmes que a mi parecer serían lo mejor que he visto durante los 2000s. Toda lista brilla más por sus ausencias que por sus presencias, y por eso me brindo a las más violentas y ácidas críticas con listas propuestas por los lectores. (N.d.E.: La lista no denota orden de preferencia alguno)

In The Mood For Love (Wong Kar-Wai, 2000): Junto a “Chunking Express” la cumbre del cine de Wong Kar-Wai, que a través de la cadencia de la cámara, la esbelta y escultural belleza de Maggie Cheung con sus destellantes vestidos, las tonadas de Nat King Cole y una sobria nostalgia nos narra un amor imposible en un Hong Kong pretérito. Contiene rasgos que permiten evocar clásicos como “Brief Encounter” de David Lean y “Hiroshima Mon Amour” de Alain Resnais.
Mulhollan Dr. (David Lynch, 2001): Dentro del pesadillezco y fascinante universo de David Lynch, “Mullholland Dr.”, un recorrido onírico y dramático por la (ir)realidad Hollywodiense plagada de personajes extraños y macabros además de situaciones erotizantes y terroríficas, es quizás la quintaesencia de su cine, por no decir su obra maestra. Junto a “Sunset Boulevard” (otra película titulada en honor a una avenida de Hollywood) las películas que de forma más maravillosa muestran el lado oscuro y perverso de la tierra de los sueños.
Mystic River (Clint Eastwood, 2003): Dentro de la creciente sabiduría y mesura para contar historias del maestro Clint Eastwood, “Mystic River” nos narra una desgarradora historia de tres amigos de infancia que por diferentes vicisitudes ven sus vidas despedazadas con actuaciones memorables por parte de Tim Robbins, Marcia Gay-Harden y Sean Penn.
Hierro 3 (Kim Ki-Duk, 2004): Dentro de la invasión asiática que irrumpió brutalmente durante la década, uno de los nombres sobresalientes fue el del coreano Kim Ki-Duk, autor de películas maravillosa y otras muy lejanas de serlo, tiene en “Hierro 3 (Bin-Jip)” su filme más sobresaliente. Cuenta la película una historia de un personaje fantasmal y lacónico (tanto así que no profiere palabra en toda la película), y todas las fronteras y barreras especiales que traspasará para estar con su alma gemela. Una de las películas más brillantes y frescas de los últimos años.
Un Hombre Sin Pasado (Aki Kaurismaki, 2002): Preciosa parábola soteriológica que nos trae las “desventuras” de un hombre que pierde la memoria a raíz de una brutal golpiza, pero que encuentra su redención en una comunidad que lo ampara pese a no tener nombre, carnet, ni número de seguridad social. En la vena minimalista, tierna y lacónica del finlandés Kaurismaki, “Un Hombre Sin Pasado” es un triunfo, donde el color, la música, los personajes y la historia se engranan para seducir inevitablemente al espectador.
Amores Perros (Alejandro González Iñárritu, 2000): Brutal retrato de Mexico D.F. que nace en una colisión que deriva en tres historias que muestran tres capas sociales de dicha megalópolis, cada una con condimentos de un realismo dramático hilados todos por protagonistas en una íntima relación con canes. Enorme debut fílmico de Alejandro González Iñárritu y uno de los mayores logros del cine latinoamericano de la década.
Ciudad de Dios (Fernando Meirelles y Katia Lund, 2002): Película salvaje e hiperkinética situada en una favela de Rio de Janeiro en su involución hacía un antro narco, que conjuga una dirección fresca, un guión muy bien hilvanado y delincuentes perfectamente carismáticos con macabro sentido del humor. Comparada en algunos medios con “Matrix”, afortunadamente “Cidade de Deus” no tiene ninguna tara grosera para que esta analogía tenga fundamento alguno, quizás una "Goodfellas" con sabor y ritmo carioca tendría nociones más apropiadas.
The Man Who Wasn’t There (Joel y Ethan Coen, 2001): Una pequeña pieza evocadora del “Film Noir” en su cuidadísima y bella fotografía en blanco y negro, con rasgos temáticos de “El Extranjero” de Albert Camus, firmada por unos inspirados hermanos Coen en su vena de preciocismo estético, enjundia temática y humor socarrón.
Ararat (Atom Egoyan, 2002): El egipcio-armenio-canadiense Egoyan es un director de filmes a fragmentos que sólo cobran sentido al final mostrando un rompecabezas armado de una finísima hechura y de un hondo pathos con una pléyade de personajes que tratan de hilvanar su presente con las heridas de su pasado. En “Ararat” alcanza una de las cimas de su cinematográfia conjugando el drama familiar, la identidad personal y colectiva, todo dentro de la filmación de una película épica sobre el velado genocidio armenio por parte de los turcos. Una joya.
Dolls (Takeshi Kitano, 2002): El japonés Takeshi Kitano en “Dolls” se separa de la estricta temática de Yakuzas para contarnos tres trágicas historias de amor hiladas por el silencio y lo inefable. Visualmente estupenda y conmovedora, es para Kitano, en su cliché de poeta de la violencia, un paso más allá en su sangrienta y enternecedora trayectoria fílmica.
Omisiones notables: Los Lunes al Sol (Fernando León, 2002), No Country For Old Men (Joel y Ethan Coen, 2007), Kill Bill Vol. 1 (Quentin Tarantino, 2003), Snatch (Guy Rithchie, 2000), Vera Drake (Mike Leigh, 2004), Al Otro Lado (Fatih Akin, 2007), Oldboy (Park Chan-wook, 2003), Hable con Ella (Pedro Almodóvar, 2002), History of Violence (David Cronenberg, 2005), Song From The Second Floor (Roy Andersson, 2000), The Royal Tenenbaums (Wes Anderson, 2001), Grizzly Man (Werner Herzog, 2005), Yi Yi (Edward Yang, 2000).

martes, enero 20, 2009

Weeds: Maternidad, marihuana, muchas preguntas y algunas respuestas

Weeds es una serie norteamericana de televisión que forma parte de esos proyectos audiovisuales que caracterizan la década en curso y entre los cuales se incluyen: Los Sopranos, Dead Wood, Roma, Carnivale, Entourage, etc. Quizás iniciado por HBO, el concepto consiste en romper con las enormes limitaciones del sitcom y consolidar una estética cinematográfica a tope, además de proponer narrativas estrictamente concatenadas, sin recurrir al retorno sistemático al statu quo y menos aún preocuparse por lo “políticamente correcto”. El resultado es adentrarse en una “película” de 24, 36 o más horas; lo que equivale a decir que no es una “película” sino más bien algo nuevo. Un espacio simbólico (de representación) donde podemos llegar a lograr empatías de una manera inédita con muchos personajes, llegarlos a conocer como conocemos a un amigo o más, quizás como a nosotros mismos. Sí, probablemente el aporte más importante de nuestra década (los 00) al cosmos audiovisual sean estos titánicos relatos que antes no habían proliferado (los casos como Twin Peaks permanecieron aislados y se los puede contar con los dedos de una mano): me refiero a lo que se podría considerar como “series de autor”. No es justo hablar de esta proliferación sin mencionar el pequeño detalle de la existencia del DVD en la sociedad; lo que facilita el acceso, mantiene una rigurosa calidad, no contiene publicidad y permite un seguimiento ajustado al ritmo del cliente (cosa ajena a la tele con sus horarios y días de emisión). A esto hay que añadir (en el caso de los países tercermunistas sin mucha regulación), la maravillosa proliferación del mercado pirata que nos permite el acceso a (casi) TODO y a buen precio.

Volviendo al tema: Weeds es una serie norteamericana que versa sobre la vida de Nancy Botwin, una joven viuda, madre de dos varones adolescentes, en los suburbios clasemedieros de California. Ella, tras la súbita muerte de su marido se ve obligada a vender hierba para afrontar los gastos de su familia. Cada temporada (hasta ahora van cuatro) trata de las tribulaciones de esta hermosa (hermosísima) cuarentona, una heroína fuera de lo común metida en el mundo del tráfico de marihuana. La cosa ahonda en este tema desde la mayor cantidad de perspectivas posibles: ética, política, económica, sociológica, biológica, familiar, etc. Todo esto sazonado con un humor inteligente y poblado de personajes sumamente convincentes: Celia, la perra conservadora; Andy, el cuñado; Doug, el colgado amoral; Conrad y Helia, los mayoristas, etc. A pesar de que las aventuras de Nancy, cuando llega cansada a su casa en la noche, no tienen nada que ver con las de un trabajador promedio, no dejan de ser sumamente probables y realistas en el caso de una mamá abnegada y diler de mota.

Tras devorar a gusto (y bien acompañado) las cuatro temporadas de este sabroso manjar me he quedado pensando mucho y sobre muchas cosas, muchas preguntas envuelven mi cabeza y, cómo podría ser de otra manera, pocas afirmaciones vienen a socorrerme. Pero cuando lo hacen, lo hacen con contundencia. Es necesario plantear esas preguntas y creo que Weeds lo hace y de una manera muy neutra, amena y humana. Por ello, me parece que la mejor manera de introducir este producto al lector es, justamente, disponiendo ante sus ojos, esas inquietudes que me aparecieron tras rumiar los acontecimientos que acaecen en la mentada serie.

Pregunta: ¿Cómo están las sociedades modernas de primer mundo?

Respuesta: Podridas

Pregunta: ¿Qué es más nocivo para la sociedad: el consumo de estupefacientes o el tráfico de los mismos?

Respuesta: No lo sabemos aún. Habría que preguntarse cuál era el porcentaje de cocainómanos y la frecuencia de balaceras entre cárteles cuando la cocaína se vendía en las farmacias sin necesidad de receta y Freud inventaba el psicoanálisis.

Pregunta: ¿Esos más de 5000 muertos/año en la frontera mexicana-estadounidense por narcotráfico serían una realidad si las sustancias en cuestión fueran legales?

Respuesta: No

Pregunta: ¿Las medidas represivas de los estados son efectivas para frenar el consumo de estupefacientes?

Respuesta: Como manda la lógica económica dentro del capitalismo descabellado que nos toca vivir (ya lo sabemos todos y no hay que ser Talcott Parsons para darse cuenta), mientras haya demanda habrá oferta y eso es INEVITABLE. Y eso no ocurre exclusivamente con el tema de sustancias controladas sino también con asuntos como la pedofilia, el tráfico de órganos, el tráfico de armas, etc. Lo único que hacen los agentes represivos contra el narcotráfico es concentrar el poder de distribución de los narcóticos y quedarse con las (pequeñas) ganancias. A parte de la legalización NO HAY MANERA DE DETENER EL NARCOTRÁFICO.

Pregunta: ¿No sería más efectiva para una sociedad sana una política 100% educativa con respecto a las sustancias psicotrópicas, en lugar de una política 100% represiva (el caso de Bolivia es tal cual), sobre todo después de que esta última nos viene demostrando su fracaso durante toda su existencia?

Respuesta: Sí.

Pregunta: ¿Es justo que una planta como el cáñamo (considerada sacramental por muchas religiones y doctrinas espirituales, fuente de papel capaz de producir cuatro veces más de materia prima en el mismo espacio que el pino o el eucalipto, fuente de textiles y vestimenta, fuente de un aceite más accesible, sano y sabroso que el aceite de oliva, fuente de harina, pasta, barras energéticas y chocolate potencialmente industrializables, además de ser un maravilloso acompañante en la terapia contra el cáncer y el estrés) sea condenada a un nivel de ilegalidad comparable al de la cocaína y la heroína, considerando que una droga dura como el alcohol se vende legalmente?

Respuesta: No

Pregunta: ¿Si la marihuana se vendiera en las tiendas de abarrotes o supermercados habrían tantos accidentes automovilísticos, mujeres golpeadas, embarazos no deseados, violaciones, contagios de VIH, peleas callejeras, cocaínomanía, infidelidades matrimoniales, asaltos o intoxicaciones como en el caso del veneradísimo dios de la sociedad occidental llamado alcohol?

Respuesta: No. Un poco más de ganas de comer y de escuchar música.
Las cosas como son.

lunes, enero 12, 2009

El súmmum del asco humano

Sionistas, republicanos, cabezas del G8, peores hierbas del infierno: Los miembros mutilados que quedan en sus garras y entre sus dientes se levantarán como un volcán de alaridos que les carcomerán las plantas de los pies en ejercitos de hormigas y les corroerán las encías en ominosas, eternas noches de escalofríos infernales. Colgados de sus propios intestinos, observarán con dolor como, ante el espejo, la yegua de dientes afilados viene a morder las heridas putrefactas de sus almas y de las almas de sus semejantes, desde siempre condenadas, por siempre condenadas; el fango de la sangre de sus hijos les embadurnará los sueños… hasta que la muerte les muestre, cara a cara, la mancha que los constituye, desde el principio de los tiempos y desde muy dentro. La historia NO PERDONA.
¡Resiste Palestina! Que muy pronto TODO acabará.

martes, enero 06, 2009

Apuntes sobre los penales en el fútbol

"El pelotazo salió a la izquierda y el Gato Díaz fue para el mismo lado con una elegancia y una seguridad que nunca más volvió a tener. Constante Gauna miró al cielo y después se hecho a llorar. Nosotros saltamos del paredón y fuimos a mirar de cerca a Días, el viejo, el grandote, que miraba la pelota que tenía entre las manos como si hubiera sacado la sortija de la calesita"
Osvaldo Soriano, El penal más largo del mundo.

1. En marzo de 1984, un diario español difundió una extraña noticia: “El peruano Aldo Alfredo Durán, de 19 años, extremo derecho del club Deportivo Chao, de la localidad de Virú, departamento norteño de La Libertad, se suicidó con raticida por haber fallado un penalty contra el Deportivo Virú”.

2. Al defensor yugoslavo Djukic le siguió, para siempre, la maldición de haber fallado el penal que le daba el titulo español al Deportivo La Coruña a mediados de los 90. Cuando se acababa el partido en Riazor, cuando bastaba una victoria para acceder al campeonato soñado y el arco contrario parecía estar sellado por la mala suerte, el árbitro pitó un penal a favor del Depor. Bebeto rechazó patear la pena máxima y Djukic corrió toda la cancha para dispararlo. Lo falló y el Barcelona salió campeón. Ese equipo teñido por el sacrificio y la solidaridad, por el talento y la disciplina, ese equipo que dirigía el gran Arsenio Iglesias y que tenía en Donato, Mauro Silva y Bebeto una estructura brillante, perdía toda la gloria y el triunfo por un penal no concretado en el minuto 88 del último partido de la liga.

3. Osvaldo Soriano cuenta la historia de un pueblo que se juega toda la gloria en un penal que se alarga infinitamente y la gesta de un arquero “indio y viejo”, el Gato Díaz, que encuentra la fama y la dignidad al atajar ese penal.

¿Cómo se explica la tensión tan grande que se concentra en un penal? ¿Cómo se explica ese momento comprimido que es capaz de crear muerte y maldición pero también redención y gloria?

El fútbol es un espacio de tensiones equilibradas que forman polaridades distintas: polaridad entre equipos opuestos, entre ataque y defensa, entre victoria y derrota. Esa capacidad para crear tensión es una de las características esenciales que tiene el fútbol para producir pasiones y afiliaciones multitudinarias. En un penal toda la tensión equilibrada del juego se condensa y se amplifica; todos los nervios, las apuestas, los miedos, las fuerzas, las incertidumbres se concentran en un tiro de 12 metros desde un punto blanco en medio del área. No sólo la tensión se encripta en un penal, el azar y la suerte también se amplifican en este momento; la sapiencia, el talento y la planificación importan muy poco, al final es problema casi exclusivo de la contingencia. De ahí que los penales tengan una carga tan dramática y pasional, la tensión es extrema y sólo el azar existe.

4. Roberto Baggio falló el penal que definió la final del campeonato del mundo en 1994. El estandarte del talento italiano, el hombre que guió a su selección a la final, echaba la pelota por sobre el larguero y dejaba la posibilidad del campeonato de lado.

5. Desde la vergüenza y la ignominia se cobró aquel penal inexistente que le dio el campeonato mundial a Alemania en 1990 contra la combativa escuadra Argentina. Ese equipo que había vencido todas las lesiones, las dudas, las peleas; ese equipo comandado por el jugador más grande de la historia, luchando sobre una pierna, ese equipo que había plasmado toda su fuerza y dignidad en consecutivas victorias por penales, sufría perder la copa por un penal inexistente, injusto y absurdo.

6. En tal vez el mejor mundial de la historia, aparece el penal fallado por Zico en 1986 en la semifinal contra Francia, el fallar ese penal en tiempo reglamentario mandó a los brasileros a la definición por penales donde el gran Michel Platini falló también el suyo.

7. El penal más importante en nuestra historia seguramente es el fallado por “Platini” Sánchez, en la agonía del partido contra Brasil, en La Paz, en 1993. Recuerdo las caras de desesperación de los espectadores, la incredulidad de ese balón rebotando en las piernas de Taffarel, las lágrimas recorriendo la cara de Sánchez cuando abandonaba el partido. Recuerdo ese grito colectivo metido en la garganta de todos los bolivianos, recuerdo la impotencia frente a la desesperanza perpetua y la mala suerte congénita de nuestro pueblo. Recuerdo sobre todo ese penal porque en esos momentos demostramos que éramos diferentes, porque en ese instante ni toda la mala suerte del mundo podría habernos derrotado, porque el drama eterno de este pueblo encontraría minutos después un pedazo de redención; venceríamos pues ese golpe del destino convencional esbozado en el penal fallado y llegaría un gol de otro mundo, de otro estado de cosas, cuando la pelota pateada por Etcheverry se colaría entre las piernas de Taffarel.


jueves, diciembre 25, 2008

"Detour", el noir, la carretera, el destino y su tragedía

¡Ay! No existe mortal que sea libre.
Pues ora es esclavo de las riquezas o del azar,
ora la muchedumbre de una ciudad o los textos de las leyes
le obligará a utilizar modales no de acuerdo con su criterio.

Eurípides, Hécuba, 864-867


Hace unos años leyendo “El Mal de Montano” de Enrique Vila-Matas me enteré de la existencia de una película titulada “Detour” y de su director Edgar G. Ulmer, ya que el protagonista de la novela había asistido inopinadamente a la función de la misma en un pequeño cine en Budapest donde llevaría a cabo una conferencia; a raíz de lo cual quede sumamente interesado en dicha pieza cinematográfica a la que afortunadamente he tenido acceso hace poco gracias al estrambótico universo de cine pirata que habita en La Paz.

“Detour” es una pequeña joyita de mediados de la década del cuarenta, que podría encuadrarse en el género de road-noir, ya que la carretera será el escenario de las tribulaciones del personaje principal, Al, y de las aciagas vicisitudes de éste junto a la femme fatale de turno y otros virajes de su destino.

“Detour” versa del destino, el destino entendido de forma purista como camino, ese derrotero que uno se traza para alcanzar un objetivo determinado, deseado, añorado, y como un desvío, una digresión puede desmantelar todos los planes, todos los anhelos, todos los sueños. “Detour” nos presenta un camino, y nos narra un extravío, como cuando las abuelitas eufemísticas hablando de un nieto díscolo o aficionado a las malas artes te dicen “se ha desviado del camino”; ese desvío, esa digresión en “Detour” lo es todo, es el equivalente a descarriarte, y lo es en un sentido fatalista y mitológico, un Ananke, el hado se convierte en un derrotero penado por los dioses y el mortal deberá cumplir su destino, su tragedia.

Al, el protagonista, está tan ajeno de poder hacer que su voluntad y sus deseos tuerzan los retorcidos designios que la carretera tiene para ofrecerle, que su deambular se convierte en un mero acatamiento a los sucesivos y macabros sucesos que le acaecen.

Narrada en forma de flash-back, “Detour” es un epítome del fatalismo y del inevitable destino trágico, un epítome destilado de la esencia del noir y de muchas de sus aristas y entrecijos, un epítome del deseo inalcanzado y un siniestro epítome de cómo una curva, un desvío, una digresión, una mera y en teoría inicua decisión, puede ser el minuto catastrófico, involuntario e ineluctable de un trágico y desgraciado destino humano.

lunes, diciembre 15, 2008

Modigliani, Chagall y Soutine: Genio, judaismo y universos inclasificables

Dentro de las tres directrices antitéticas que definen vagamente el arte de vanguardia de principios del siglo XX, sean estas color-forma, objeto-abstracto y realidad-surrealidad, y sustentado por todo un inmenso catálogo de movimientos artísticos manifiestos hallamos entre los mayores exponentes de esa maravillosa e inigualable ebullición pictórica vivida en la Europa de los ismos, a tres singulares personajes que difícilmente pueden caer ya sea en uno de los movimientos o dentro de las clasificaciones habituales de la plástica de esa época: se tratan de Amadeo Modigliani (1884-1920), Marc Chagall (1887-1985) y Chaim Soutine (1893-1943).
Los tres tienen varios puntos de coincidencia tanto en sus orígenes como en eventos ocurridos durante sus vidas. Todos ellos provienen de cuna judía, el cual no es un detalle para nada menor, ya que si uno hace una somera retrospectiva a la historia del arte, los pintores judíos huelgan por su ausencia, y esto es debido a un motivo esencial. La tradición judía ortodoxa teme a la idolatría de imágenes y representaciones humanas, por ende proscribe las representaciones pictóricas (pintura y escultura) que son consideradas como insultos a los sentimientos religiosos, ya que Dios es entendido como un entidad audible, dotada de voz y soplo, y no visible, carente de imagen. Este marco religioso-cultural provocó que ser un pintor dentro del judaísmo implicaba una inherente trasgresión, que está arraigado en Soutine (sobre todo), Modigliani y Chagall. De los tres pintores semitas Soutine y Chagall pertenecen a la antigua Rusia, y Modigliani a Italia, los tres se conocieron y compartieron muchas experiencias en Paris, donde coincidieron y donde labraron sus identidades y obras artísticas.
Modigliani como Soutine tuvieron que enfrentar circunstancias y vivencias muy adversas, lo cual derivo en muertes trágicas y relativamente tempranas, el primero de tuberculosis, el segundo de una úlcera reventada mientras huía del nazismo; la bohemia extrema del primero, el hambre que tuvo que padecer el segundo en su autoexilio para poder expresarse a través de la pintura, fueron huellas indelebles de sus travesías existenciales.
En el arte de ambos el retrato fue uno de los géneros más practicados, Modigliani desde su peculiar estilo de caras y cuellos alargados y amarillentos con una innegable influencia de máscaras africanas, con ojos sumamente juntos y a muchas veces sin mirada, pese a lo cual sus retratados gozan de un aura diáfano que exulta un sosiego mezclado con una justa dosis de pureza; entre las personas que retrato en varias ocasiones se encuentra el mismo Soutine. “Modi”, como lo llamaban en París, también pintó una cantidad de desnudos posando en un diván, cuadros de una gran belleza y de una autoría reconocible en cada linea; fue por causa de sus desnudos que su única exposición como único autor fuera clausurada al escandalizar al oficial de policía de turno. Es difícil encontrar algún conjunto de obra artística tan reconocible como la del italiano y que solo pueda ser clasificada en íntima identidad y analogía con su autor, Modigliani así es como se erige en la historia del arte contemporáneo, con una firma única e insoslayable.
Chaim Soutine hacía hincapié en retratar gente de distintos y simples oficios como ser cocineros o botones de hotel, en su preferencia si era gente uniformada de alguna manera, gente común con la cual de alguna manera podía identificarse y comunicarse. Otro motivo central de su obra es el plasmar animales como naturalezas muertas, ésto como grito de añoranza por el hambre que tantas veces había padecido durante los años. A Soutine se lo ha tildado en muchos casos de ser un pintor expresionista, y pese a que la crudeza de su trazo y de sus motivos se puedan enmarcar en una temática y forma de tal corriente, Soutine como marginal que fue, no llega a encajar del todo sino que es un magistral e inclasificable paria, trágico personaje autoexiliado por su semitismo, perseguido por su semitismo y muerto por su estómago.
Marc Chagall, en contraposición, tuvo un destino menos trágico, fue el último sobreviviente de todos los grandes maestros del principio de su siglo, conoció el éxito que los otros dos no saborearon y nos ofrece una pintura riquísima en colores y en motivos de mágicas ensoñaciones. Se lo emparenta con el cubismo o con el surrealismo sin que nunca llega a poder ser ninguno de los dos (fue loado por Picasso como por Breton), sino un judío-ruso que nunca paró de evocar ese mundo bucólico y añorante de su niñez y de todo lo que le fue querido durante su vida. Siempre ha sido notoria la influencia que éste ha ejercido sobre el cineasta Emir Kusturica, no sólo en su paleta de colores, sino en los motivos oníricos y voladores, y en la constante aparición de animales y músicos dentro del cuadro, a lo que habría que agregar una permutación de lo judío por lo gitano en el caso del director balcánico.
Tres estilos, tres obras, tres destinos que pese a los matices y vericuetos se entrecruzan ya sea por su estigma religioso, por el encanto que emanan sus lienzos (sobre todo en el caso de Chagall y Modigliani), por su marginalidad y a los marginales que les toco retratar, por su patria artística, por sus trágicos destinos (Soutine y Modigliani en este caso) y sobre todo por esas enormes e inclasificables bloques artísticos que van a perdurar en las retinas de cualquiera que se les acerque como uno de los acervos pictóricos más únicos y extraordinarios de la fabulosa eclosión vanguardista del siglo XX.
Un cocinero, personaje esencial del hambriento y vehemente universo de Chaim Soutine
"Modi" y uno de los retratos de su amada Jeanne Heabuterne
El mágico, pastoril y pintoresco cosmos de Marc Chagall
La crucifixión cristiana según Chagall

lunes, diciembre 08, 2008

El festín simbolista

He aquí un breve homenaje literario a este serie de pintores que, a través del mundo, reinventaron los objetivos de la pintura acercándola más a su origen primero: la magia. Cada cuadro es una ventana a ese más allá que todos portamos dentro.

Iván Aivazovsky: La mar trascendental, omnipresente, omnipotente. La mar cuna y destino final, la mar idea, la mar madre. Recipiente inabarcable de espesa masa de aguas furiosas. Estados espirituales mecidos entre dulces melodías y fabulosos colores. La mar interior, el horizonte imposible. La noche en el corazón: el dulce roce translucido en la orilla, acariciando tus delicados pies al anochecer y la tormenta, en el corazón de la noche. Esa eres tú, tal tu grandiosidad.




Odilon Redon: Hay un jardín más allá de la montaña y del cielo de la montaña. Allí habita un gigante solitario. Por siglos él ha sido el encargado de cuidar el jardín paras nosotros. Las luces en aquel lugar se confunden con escalofríos y un profundo estremecimiento, un prístino sentir se apodera de quien pasea la vista por allí. En cada flor se esconde una ninfa de aura epileptoide que musita secretos primordiales de la vida y de la muerte. No es de noche ni de día, es esa luz antigua… sólo esa. En ese jardín nos encontraremos transformados en fosforescencia de carne inmaterial. Tú y yo, al fin de los tiempos.



Franz Von Stuck: No hay nada más oscuro en el alma que el habitáculo de aquella bestia. A lo lejos nada se distingue. Al aproximarse uno (con pavor inevitable), el velo espeso de profunda tiniebla deja entrever el rostro de la más fea de las noches humanas. El cutis viperino, los ojos grandes de brillo maléfico, los gestos desesperados y ansiosos, el aliento impuro, lo que está a punto de morir. Al fondo cae una estructura de hueso y, con ella, el mundo: gigantesca pecera de cristal. Los corceles del infierno se apresuran para llegar a casa, bajo la lluvia, mirada escarlata e inclemente. La medusa se retuerce bajo el colchón. Algún día te morderá la serpiente, desnuda, excitada y desprevenida. Así sabrás quién es el hombre sentado en el rincón sombrío.




Jean Delville: Satán tiene un secreto bajo el castillo de agua. Nosotros; tú, yo y aquel: el que no se puede nombrar.







Arturo Borda: La naturaleza como epifanía de una Voluntad Suprema y la Cordillera de los Andes como monumento máximo de esta unión energética entre las inteligencias arcangélicas y las fuerzas inclementes de la Tierra; no tanto el planeta como la entidad espiritual. El diáfano silencio de las montañas no es sino silbido divino, a través de los tiempos. La vida, los campos, el Illimani y los Yungas, todo es producto de la misma Voluntad Creadora, de un inmenso despliegue espiritual, psíquico y material hasta encontrar esa eutexia que funde todo lo separado y distinto en aquello que, por intuición, llamamos instante y que sin embargo concentra en sí mismo todos los misterios del universo. El artista, como sugería Poe, ha de capturar esa Voluntad como una antena del más allá y recrearla a una escala menor pero no menos perfecta y sagrada.



lunes, diciembre 01, 2008

Cuando fuimos niños (o una breve disquisición sobre una novela de Kazuo Ishiguro)


"Supongo que llegué a apreciar -en los letreros chinos de las tiendas, o simplemente en los chinos que se ocupaban de sus asuntos en los mercados- algún vago eco de Shanghai. Pero tales ecos me resultaron en su mayoría incómodos. Era como si, en una de esas aburridas cenas a las que solía asistir en Kensington o Bayswater, me hubiera topado con una prima lejana de una mujer a la que antaño había amado. Una prima cuyos gestos, expresiones faciales y pequeños encogimientos de hombros te espolean la memoria, pero que no deja de ser, en conjunto, sino un torpe e incluso grotesco remedo de una imagen mucho más preciada"

Kazuo Ishiguro, Cuando fuimos huérfanos

“Cuando fuimos huérfanos” (When We Where Orphans) fue mi primera incursión a Ishiguria, que es como algunos críticos conocen al universo narrativo de Kazuo Ishiguro, escritor nativo del Japón pero de pluma inglesa, cuyas novelas más famosas pueden ser “Los restos del días” (The Remains of the Day) o “Pálida luz en las colinas” (A Pale View of Hills).

La novela “Cuando fuimos huérfanos” nos narra de voz propia las peripecias y memorias de Chirstopher Banks, un nuevo y exitoso detective británico que pasó su niñez en Shangai hasta que sus padres fueran secuestrados y el fuera donde su tía a vivir en Londres. En principio y en mera apariencia esta novela puede percibirse enmarcada dentro de un genero detectivesco, ilusión que pasadas las páginas se va diluyendo, ya que no existe casi ninguna relevancia en cuanto a los casos que a Banks le toca resolver, sino a una insistencia en ir rememorando e hilvanando los episodios fundamentales de su infancia, aquellos días de su feliz niñez en Shangai al lado de su mejor amigo Akira a principios del siglo XX, en una atribulada urbe marcada por el desmesurado tráfico de opio.

La narración tiene tres partes marcadas, una que discurre entre fiestas y eventos de alta sociedad inglesa, donde aparece la extrovertida figura de Sarah Hemming, quien con su peculiar belleza no deja de intrigar al protagonista, la segunda es ese cosmos de memorias infantiles y la tercera y culminante, es el regreso a una beligerante Shangai de guerra entre chinos y japoneses, para gracias a sus forjados talentos detectivescos dilucidar por fin el misterio del secuestro y desaparición de sus padres, lo que lo ha tenido en vilo por largos años.
Lo que nos cuenta Ishiguro está demasiado emparentado con las perspectivas subjetivas de Banks, de todas las películas que el va dibujando en su consciencia y como sus percepciones van tomando derroteros extraños hasta incluso absurdos, lo que va confundiendo primeramente al lector, ya que uno parece guiado por esa suerte de narradores objetivos que te describen el mundo, sus derredores y circunstancias tal como son, en este caso no, y esa es la mayor bifurcación que puede tener “Cuando fuimos huérfanos” con una novela de genero detectivesco y no es que a la trama le falten recovecos e intrincaciones, sino que tenemos que cargar con las añoranzas, ilusiones y alucinaciones que configuran la mente de nuestro detective, lo cual hace a la realidad poco ajustada y poco real.

Esta perspectiva lo que provoca, es como el personaje posee esa pulsión tan profunda y tan necesaria hacía ese hueco causado por el sentimiento de pérdida, por ende hacía el pasado, y hacía los fantasmas que pueblan a éste, espectros que él necesita resolver para poder vivir algo parecido al presente o a la realidad, por eso la novela trata de como la reconstrucción de la identidad de Christopher Banks, y como las piezas de su pasado cual él las imaginaba más las piezas de su pasado como realmente eran, van creando a un personaje muy distinto de la que él mismo percibe, ya que no es como él mismo se figura, ni el Rick Blaine de “Casablanca”, ni el Vassili Zeitsev de “Enemigo a las puertas” (Enemy at the gates), ni tampoco un Sherlock Holmes.

Así el y los misterios una vez revelados nos traen a un final quijotesco, en esa vena de vivir semi-loco y morir semi-cuerdo, que nos entrega esa sensación triste, patética de saber por qué una infancia normal de dioses y monstruos, de miedos y satisfacciones, siempre es el lugar más poético y feliz donde la existencia puede transcurrir, pero que como destino o fatalidad humana, en algún momento tiene que terminar.