viernes, febrero 23, 2007

Accidentes, bucles y distópias: el destino según tres cuates mexicanos


Antes de la acumulación de posibles lauros o de una meritoria debacle quería decir unas palabras sobre tres películas dirigidas por realizadores mexicanos que han sido, a mi entender, de las obras más importantes estrenadas durante el 2006, que no por ello deja de sorprender que las tres en mayor o menor medida estén nominadas en diferentes categorías para los Oscar de la Academia. Me refiero puntualmente a “Children of Men” (Hijos de los Hombres) de Alfonso Cuarón, “El Laberinto del Fauno” de Guillermo del Toro y por último a “Babel” de Alejandro González Iñárritu.

¿Qué tienen en común estos directores aparte de su nacionalidad? Muchas cosas, primero que son buenos amigos, segundo que pertenecen a una misma generación de directores (todos nacidos entre 1961 al 1964), tercero que todos han hecho películas fuera de su país natal, cuarto que todos han estrenado el año pasado, quinto que todos han recibido aclamación de la crítica y el público y sexta (última anotada, no última existente) que todos tienen su último filme nominado en varias categorías del Oscar. Pero creo que el concepto central que une a estos directores y en concreto a sus últimos filmes es el destino, entendido de maneras radicalmente distintas pero que como lectura me interesa utilizar como hilo conductor de las últimas obras de los tres.

Alfonso Cuarón ya ha establecido una reputación grande a nivel internacional con seis largos en su haber, y con proyectos de índole tan diversa que van de la delicada y pulcra versión dickensiana de “Great Expectations” donde sobresale la cautivadora belleza de Gwyneth Paltrow, a la apocalíptica y desesperanzadora “Children of Men” pasando por su visión pinchenacotera mezclada con remake nuvelvaguista en “Y tu Mamá También”, todas películas de muy fina hechura pero de temática y estética muy disímil, lo cual demuestra la versatilidad, el talento y la amplitud de visión que Cuarón posee.

“Children of Men” es definitivamente su visión más oscura bajo la estela philipkeydickesca, ya que nos introduce en un futuro distópico donde la esterilidad se ha propagado por todo el orbe, la natalidad ya es cosa del pretérito y el último retoño de la humanidad (Baby Diego) ha sido aniquilado por el arrebato de una fanática ante su petulancia (es imposible que la estrella mediática de Baby Diego no resuene a Maradona, quien por cierto nos ha demostrado una y otra vez estar lejos de ser un baby y más bien estar muy cerca de ser “inmortal”). Todo este es el contexto para que Theo Faron (Clive Owen) de manera casi fortuita tenga que ser el protector de la “próxima” virgen María, o sea la mujer que acarrea un futuro vástago, lo cual implica una colosal epifanía en los tiempos que corren. La odisea, la hégira o el paseo por los avernos que les toca vivir a Theo y a Kee, la futura madre de la criatura, es un peripecia plagada de desastres en la cual nos van descubriendo un mundo fascista, intolerante y violento donde el inmigrante ha recibido la posta de los judíos o los opuestos al régimen en las dictaduras hitleriana y stalinista, respectivamente.

La luz que se esconde detrás de la peripecia, la esperanza que brindará un nuevo vástago en un mundo humano conducido a la extinción no cambia nada, eso es lo tremendo del filme. Termine como termine el viaje de Theo, Kee y el niño, nada parece que va cambiar en un mundo determinista donde el destino trágico ya ha sido trazado. La humanidad parece estar envuelta en un mundo spinoziano, donde el destino es irrevocable, donde todos cual modos de ese dios que es el todonaturaleza estamos destinados (pese a la pantomima de la libertad personal), y en este caso la humanidad ya tiene determinada su maldición, su total y plena eliminación y toda la luz que pueda irradiar una criatura o la pesquisa por la esperanza o la solución, son inútiles ante el inminente e inexorable fatalismo final. El destino está escrito y no tiene una ventana a la esperanza.

Guillermo del Toro, por otra parte, es un cineasta que siempre ha estado envuelto en el cine fantástico y de ciencia ficción, con seis películas a su vez ha creado una legión de fanáticos del cine de culto pero sin gran aprecio crítico hasta esta su última producción “El Laberinto del Fauno”, que al contrario de Cuarón nos remonta al pasado no tan lejano de la post-guerra española donde bajo el influjo de la maravillosa cinta de Víctor Erice “El Espíritu de la Colmena” nos narrará el viaje imaginario de la pequeña Ofelia (Ivana Baquero) que usa la fantasía de su mente como bálsamo para combatir ese hostil entorno fascista-militar que rodea tanto a ella como a su madre embarazada.

Pese a las abruptas diferencias entre la película de del Toro y la de Cuarón, es el destino, otra vez, uno de los motivos centrales. "El Laberinto del Fauno" comienza con Ofelia en su última exhalación, lo cual no es sino una excusa para empezar una travesía que ya ha visto su epílogo, su destino final. La niña será la guía del espectador y el majestuoso Fauno, el guía de ella a través de los laberintos de la imaginación y de la fantasía, en búsqueda de convertirse nuevamente en esa princesa que alguna vez quedo extraviada fuera de su mundo. El destino para del Toro es un bucle que concluye donde ha empezado, en la muerte que da paso a la vida y la vida es la que se recrea en la muerte para volver infatigablemente a ella. Pese a lo aparentemente trágico del desenlace de “ El Laberinto del Fauno”, los finales de los dos realizadores son antitéticos, ya que la luz que se cierne sobre Ofelia sí la convierte en una princesa, primando la esperanza sobre la cruda y cruel realidad, y el destino se convierte en un bucle, un eterno retorno de la vida que se exalta sobre la muerte.

Por último queda Alejandro González Iñárritu, quizás la aparición más impactante del cine latinoamericano en mucho años, que con solo tres películas se ha encaramado como uno de los cineastas más importantes y distintivos del cine contemporáneo, sin olvidar a todo su equipo de colaboradores sobre todo al inestimable guionista Guillermo Arriaga, coautor de la idiosincrasia del cine de Iñárritu.

En su filmografía no hay desperdicio, desde su colosal debut con “Amores Perros” hasta su aclamada “Babel” pasando por “21 Grams”, Iñárritu nos muestra un estilo inconfundible fotográficamente y temáticamente hablando. La intensidad de la cámara al hombro mezclada con el desasosiego existencial de los personajes en un esquema de flashbacks/flashforwards nos muestra trípticos o historias entremezcladas y vinculadas por un hecho central: el accidente. Toda una teoría se puede elucubrar sobre el accidente: azar o hado, contingencia o sustancia; en Iñárritu el detonante de su existencialismo es el accidente y por su tratamiento temático es un sino y no un accidente literal, un gozne donde confluyen líneas de vida, donde se comparten tragedias, donde el demiurgo sopla para que el mundo empiece a rodar pese a las previas e inocuas escaramuzas, en conclusión donde se inaugura el destino y la tragedia por fin deviene y se encarna en tragedia.

El diagrama de Venn, con su meollo resaltado, es el vehículo narrativo de Iñárritu/Arriaga para desvelar el dolor humano, el clamor sordo, el mudo plañir, la incomprensión, la violencia y, de una manera muy soslayada, la redención ya que la felicidad es tragada por un agujero negro ciudad/mundo donde la luz queda en lo que las dádivas del espectador la quieran colocar. Iñárritu no pretende narrarnos la globalización o la problemática urbana del mundo, simplemente quiere describir que naturaleza humana hay una y es la misma sin importar lenguas, latitudes o credos, y que el denominador común, o destino omniabarcante, es el sufrir. La vida es gris, el dolor es perenne y el accidente un instante de lucidez que al menos nos permite asimilar el dolor, incorporarlo al alma y por último, casi como premio, hacerlo llevadero, aunque por ello no menos inevitable.

La luz sin esperanza, el eterno retorno de la vida y el accidente como elucidación del dolor y la existencia son las formas que nuestros tres realizadores entienden ese abstracto que ha perturbado a los humanos desde siempre: el destino. Cada uno a su forma y manera, cada uno en su realidad espacio/temporal, cada uno plasmando su estimulante y preocupada visión, cada uno como cada uno, con tantas coincidencias, con tantas diferencias, lo cual no hace únicamente loar sus logros individuales sino dejarnos exultantes al conjugar estas tres cintas como un triunfo último del cine y de la amistad.

8 comentarios:

Raven Z dijo...

Creo que coincido con el análisis que hiciste.
Si, en resumen, se trata sobre el destino...
pero... (y aqui temo sonar en extremo ingnorante y obtusa :S) qué significa : philipkeydickesca?
... esque siento que pierdo el contexto, por lo menos yo y mi diccionario lo intentamos.
Y esto en buena onda... o digo de buena fe, os digo que esa parte no entendí. Te agradecería en extremo des luz a mi ignorancia.

Saludos,

Nüx dijo...

La verdad es que el cine mejicano está atravesando uno de sus momentos más esplendorosos, ¡cómo os envidio! Aquí en España parece no exisitr el cine más allá de Almodóvar y compañía.
Nada más ver "El laberinto del fauno", la identifiqué también al instante con "El espíritu de la colmena". Ésta última siempre me ha apasionado y "El laberinto del fauno" logró despertar las mismas emociones en mí.
Sin embargo, "Babel", a pesar de las formidables críticas recibidas, no me convenció, por numerosas razones que tampoco creo venga al caso enumerar ahora.
Os felicito por haber logrado dar a conocer el cine mejicano más allá de vuestras fronteras y de un modo, en general, tan sobresaliente.
Saludos!!

pequeñoIbán! dijo...

Si la verda esque los tres de alguna manera presentan ese mundo sin luz, pero al final yo creo que las tres películas (en mayor o menos medida) conservan algo de esperanza. Curiosamente la aparentemetne más infantil es quizá la que tenga un final más desolador. POrque Babel y hasta Hijos de los hombres son más dramáticas pero su plano final tiene aliento vital

Que gran artículo desde luego!

pequeñoIbán! dijo...

Si la verda esque los tres de alguna manera presentan ese mundo sin luz, pero al final yo creo que las tres películas (en mayor o menos medida) conservan algo de esperanza. Curiosamente la aparentemetne más infantil es quizá la que tenga un final más desolador. POrque Babel y hasta Hijos de los hombres son más dramáticas pero su plano final tiene aliento vital

Que gran artículo desde luego!

Noa dijo...

Oh, Álvaro, me quito el sombrero con este excelente comentario!
Llevas mucha razón, México está brillando con luz propia.
Yo estoy enamorada de "Hijos de los Hombres", creo que va a ser la Blade Runner de este siglo.

Un beso!

Alvaro G. Loayza dijo...

Me ruboriza contestar tantos cometarios a la vez, pero vamos, manos a la obra.
Cuerva, gracias por las apreciaciones y en el tema aclaraciones, el adjetivo refiere a Philip K. Dick, uno de los más sublimes, lúcidos y esclarecedoreres escritores de ciencia ficción, que ligando con el comentario de Noa es el escritor de "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", de ahí el adjetivo y la comparacion de Noa con "Blade Runner".
Noa, gracias por todas tus apreciaciones formales, má espacialmente debo hacer una aclaración extraordinaria, en el sentido, de que las loas al cine mexicano pueden ser de mi parte por sentirme partícipe del cine latinoamericano, más no del mejicano puntual, ya que soy boliviano, y nada me aliena de lo mismo. Piensa que los del lar en su mayoría somos paceños del hoyo.
Pequeñoibán!, gracias por tus conceptos, tu interpretación absolutamente válida a nivel imágenes, ya que los finales de las que tu citas auguran una mitigada esperanza, pero el aciago final del "laberinto" es una compleción, una sucesión, un esplendor, un minuto inexacto, pero pletórico de nuestra vida, que me parece más alentador pese a la desastroza coyuntura histórica que la película presenta.
Gracias a todos y saludos encarecidos!!!!

Gabriel Báñez dijo...

Alvaro, excelente ensamblaje de estos tres films. Vínculos y distancias está admirablemente enmarcados. También los signos de identidad. Un abrazo.

Alvaro G. Loayza dijo...

Gracias por el comentario Gabriel, nos estamos leyendo, un abrazo.