viernes, febrero 26, 2010

"The White Ribbon", un cuento alemán para niños de Michael Haneke

Hay películas de "terror" de la que uno emerge asustado, pero tranquilo, porque se trata de un relato cinematográfico más. Tal el caso de “El Exorcista”, que espanta con la escena de la chiquita embrujada que desciende una escalera con el cuerpo invertido y en cuatro patas, a toda velocidad. Luego de engullir unos puñados de popcorn recobré el resuello y pude sentirme ciudadano sensato y responsable. En la calle con mi mujer nos reímos con la diablita bajando la escalera, porque se trataba de un truco ideado por el astuto director. Y determinamos que “El Exorcista” era una parodia seudo religiosa y seudo científica para asustar a las masas preocupadas, entonces, por las dubitaciones con la guerra de Vietnam. La diablita Linda Blair era el recordatorio para hacer las cosas bien, o sea buscar el amparo de un sacerdote bueno.

Hay películas que provocan terror de verdad, y sin truco alguno, como "Das weisse band - Eine deutsche Kindergeschichte" (La cinta blanca - un cuento alemán para niños), que en inglés se llama “White Ribbon”, del austriaco Michael Haneke.

La película muestra la vida cotidiana en Eichwald, un pueblo rural en la hermosa campiña alemana. Las viviendas son sólidas, el espacio urbano correctamente utilizado, la población bien alimentada y vestida, todos son rubios hermosos de ojos celestes y altos. Sus modales son envidiables, se sientan alrededor de la mesa para comer, usan vajilla elegante, el orden en la cocina es inmaculado, nadie escupe en el suelo, los chicos no se dan patadas entre ellos. Las chicas no miran de reojo a los hombres. El coro de la iglesia es angelical.

Eichwald es un villorio protestante al norte de Alemania, que los expertos en desarrollo económico pueden aspirar como modelo para los pobres subdesarrollados, tan necesitados de ejemplos de perfección. Pero Haneke, el aguafiestas, muestra a los seres humanos que se ocultan tras la fachada.

Los sentimientos, instintos, pasiones y razonamientos están cubiertos bajo la capa de barniz que se llama civilización. Haneke escarba esa capa y muestra la médula de la conducta humana. No juzga ni decide quién es el malo o quién el bueno. Cada protagonista se define a sí mismo, y de paso a nosotros.

Las apariencias engañan, los títulos profesionales son espúreos y los hombres son amos de su destino. Haneke muestra la realidad libre de los "valores fundamentales" que filtran las malas noticias. El maestro, que narra la película, es inútil ante la fuerza de la naturaleza humana. La mujer del patrón de la estancia, que aparenta modernidad, es tan esclava como la campesina más pobre. La brutalización y la indulgencia es la norma diaria entre los niños.

No hay modo de hallar un resquicio falso en la película, para poder demolerla sin sentirse culpable, y reír tranquilos en la calle. Haneke tiene la objetividad del novelista uruguayo Juan Carlos Onetti, que narra la vida en Santa Maria con la misma crudeza.

Haneke no le concede al espectador el mínimo pretexto para suponer que esta libre de toda responsabilidad porque no vive Eichwald. Es una propuesta que no se puede resolver ni con diez puñados de popcorn.

Luis Minaya

4 comentarios:

Alfredo dijo...

Una película que me está esperando para verla, con una historia que me interesa mucho, así que próximamente podré hablar con más criterio acerca de ella. Me interesa mucho esa historia, a la que has dedicado un excelente artículo.

Un abrazo!!

(Diego Loayza) Oneiros dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
(Diego Loayza) Oneiros dijo...

Excelente post. Es tan acertado en esa aproximación al terror real. Siempre creí que el verdadero terror en el cine no puede participar de ningún género: por eso The Shinning, Twin Peaks, Dead Ringers, Barton Fink, Dancer in the dark, Old Boy o todas las de Haneke son ejemplos de ese hecho: lo que nos aterroriza es lo que no podemos categorizar, el diablo es lo innombrable, el mal intangible.
Por eso, en materia de susto, siempre me quedo con el principio del Exorcista y no con la parte de la habitación donde todo se revela.
Además pienso que, en el fondo, el Exorcista es una metáfora de la adolescencia femenina en una sociedad capitalista y de las ordalías que los padres de familia deben sufrir.
The white ribbon, como Caché o La pianista... deja con esa sensación aterrorizante de que es imposible huirle al mal que llevamos dentro como una maldición.

Abrazos.

Alvaro G. Loayza dijo...

Luis, no estaba al tanto del subtítulo del filme, un cuento alemán para niños, quizás ahí, en ese rasgo de ironía, es donde se encuentra el único resquicio de humor de la cinta, aunque desde siempre en los cuentos para niños siempre ha existido subyacente una gran dosis de perversidad. ¿Dónde se encuentra ese mal sin alcantarillas que apesta? ¿Hay un origen en el mal? ¿Es este naturaleza o civilización? Haneke lo deja sobre la mesa, como bien dices, en vajilla de porcelana y con todos educadamente sentados. A cada uno le corresponderá el veredicto, pero cuidado con un severo latigazo en el culo. En otra película maravillosa de Bela Tarr "Las Armonías de Werckmeister" el mal también irrumpe por móviles inasibles e indeterminados, aunque no pueda decir por qué encuentro un espíritu muy parecido en ambas películas. Un abrazo!!!