miércoles, marzo 19, 2008

De regresos, pillerías y gestas modélicas

Antes que nada pretendo enmendar mi vulgar y cobarde huida despavorida aunque, eso sí, involuntaria de este refugio literariocibernético conocido como “el lar”. Ya van algunos meses sin publicar si quiera una línea y he tenido, por ya bien asumida, la hombría tarea de volver a las lides.

Dado tan confuso retorno a las andanzas pseudoliterarias, se me empezaron a ocurrir la cantidad de andanzas o desplantes, irreverencias o travesuras, maleantadas o gamberradas que uno realiza en su tierna y nonc tan sancta juventud. Sería imprudente de mi parte enumerar y narrar al detalle las malacrianzas y atropellos que con mi grupo de amigos propagamos por las calles de mi ciudad, hoy ante la lupa de algunas familias establecidas, hijos en franco crecimiento, respetables empleos, vida pública e impecables y recatadas conductas. Éramos en aquel otrora embajadores del descontrol cundido y eso alimentaba de excitación a nuestros ambiguos y volubles preceptos morales empachados de tanta y aburrida catequesis infundada de típico y obsoleto colegio católico.

Recordando todas las barrabasadas o vandalismos de aquel tiempo, empecé a preguntarme, ¿qué acto reprobable para la alta moral, cultura y costumbres hubiese querido perpetrar en esos años de rabia inmotivada?

Suerte fue la mía que entre el afán, cayó entre mis manos un libro de Greil Marcus de título “Rastros de carmín” donde en una de sus partes se narra una gesta cometida por un grupo de amigos que responde a la tan intrincada pregunta formulada por mi persona. La peripecia queda evidenciada en el texto siguiente:

A las once de la mañana del 9 de abril de 1950, cuatro jóvenes –uno de ellos vestido de pies a cabeza de monje dominico- entraron en Notre-Dame de París. Era en plena misa de Pascua; en la catedral había diez mil personas procedentes de todo el mundo. “El falso dominico”, como le denominó la prensa- Michael Mourre, de veintidós años- aprovechó una pausa que siguió al rezo del credo y subió al altar. Comenzó a leer un sermón escrito por uno de los conspiradores, Serge Berna, de veinticinco años.

Hoy día de Pascua del Año Santo
Aquí
En la insigne iglesia de Notre-Dame de Paría
Acuso
A la Iglesia católica universal de infectar el mundo con su moralidad fúnebre
De ser la llaga que se extiende en el cuerpo descompuesto de Occidente

En verdad os digo: Dios ha muerto
Vomitamos la agonizante insipidez de vuestras plegarias
Pues vuestras plegarias han sido el humo pringoso de los campos de batalla de nuestra Europa.

Sumergíos pues en el trágico y exaltante desierto de un mundo en el que Dios ha muerto
Y labrad esta tierra con vuestras manos denudas
Con vuestras manos ORGULLOSAS
Con vuestras manos sin plegarias

Hoy día de Pascua del Año Santo
Aquí en la insigne iglesia de Notre-Dame de Francia
Proclamamos la muerte de Cristo-dios, para que el hombre
Pueda vivir por fin.

El cataclismo que siguió fue más allá de todo cuanto pudiesen haber esperado Mourre y sus seguidores, quienes al principio simplemente habían planeado soltar unos cuantos globos rojos. El organista, advertido de que podía tener lugar una irrupción de ese tipo, ahogó las palabras de Mourre justo después de que éste pronunciase las palabras mágicas: “Dios ha muerto.” El resto del discurso jamás llegó a pronunciarse: la guardia suiza de la catedral desvainó sus sables, acometió contra los conspiradores e intentó matarlos. Los camaradas de Mourre subieron al altar para protegerle: a uno de ellos, Jean Rullier, de veinticinco años, le rajaron la cara de un sablazo. Los blasfemos escaparon –con el hábito veteado con la sangre de Rullier, Mourre alegremente bendijo a los fieles mientras se dirigía a la salida- y fueron capturados, o mejor dicho, rescatados, por la policía, ya que tras perseguirles hasta el Sena, la multitud a punto estuvo de lincharlos. Un cómplice aguardaba con un coche en marcha listo para emprender la huida, pero ante la visión de aquella multitud enardecida, no les esperó. Marc, O y Gabriel Pomerand, presentes en la catedral, lograron escabullirse y fueron directamente a Saint-Germain-des-Prés a divulgar la noticia.

Es indudable que una hazaña o provocación de este calibre hubiese sido la guinda de la torta de toda una carrera de golfos criados bajo la tutela de la compañía de Jesús, una suerte de, en palabras de Vila-Matas, “suicidio ejemplar” irrealizado, una carrera por la vida, una dinamita adrenalínica que posee hasta el matiz del amigo cobarde que huye ante las fauces de una multitud dispuesta a todo y finalmente un sublime y temerario acto liberador de patanería blasfémica, que idealmente o como lúdico anhelo hubiese sido la punta del iceberg del curríclum vitae de una panda de pillos juveniles.

8 comentarios:

(Diego Loayza) Oneiros dijo...

Las palabras de aquel hereje fueron, para el edificio de mi moral cristiana, como las manos aguerridas de unos vandalos de antaño sobre los muros del Club del ministerio de Agricultura cuyo único pecado fue yacer cerca de un colegio de la compañía de Jesús en bajo Seguencoma.

Anónimo dijo...

saludos bandalos

Chiton dijo...

Planeación, sincronización y ejecución eran los pasos a seguir para llegar a la extasis que sentís segundos antes del desplome de la improvisación de profesionales que no consideraron contingencias y levantaron muros desprotegidos de la fuerza de débiles adolescentes que se sentían fuertes.
la poronga

Alvaro G. Loayza dijo...

Oneiros, los edificios construidos ya sea con férreos principios morales o con endebles ladrillos mal puestos son igualmente vulnerables a la beligerancia de un aguijón bien puesto.

Anónimo, saludos devueltos.

Chitón o poronga, en el estado en que se encuentre, recreas la poética del momento hace revivir esos ribetes de efervescencia sentidos en el instante mismo del acto. Creo que omitiste cierta mención a la huida de ciertos cómplices con el estigma de cobardes pata pila.

Anónimo dijo...

Tengo media Bolivia cortada en esas maletas...

Alvaro G. Loayza dijo...

Tony, esa ya no es una travesura eso ya son unos 200 años de cárcel, un abrazo desde La Paz!!!

Cle dijo...

Un redescubrimiento volver a transitar por estas páginas, Alvarex. Con hazaña semejante en un CV seguramente no habría competencia acechante. :) Saludos desde Barcelona a La Paz!

Alvaro G. Loayza dijo...

Cle, que bueno que hayas vuelto a prodigarte por estos lares, y la verdad es que a cada CV le falta la guinda del expediente, no crees???

Saludos paceños!!!