martes, septiembre 09, 2008

Las letras de Mario Levrero y un pequeño esbozo de la idiosincrasia uruguaya a raíz de las visitas del tío Lucho

Cada dos o tres años suele visitarnos nuestro tío Lucho, quien mora en el extranjero. En dichas visitas nos enfrascamos en largas, amenas y divertidas charlas que pueden oscilar entre Kafka, los trastornos existenciales del internet, la fealdad del jugador de fútbol mexicano o los amores de juventud de Kathy Kastulovich, prominente y reluciente doncella orureña en los tiempos de juventud del susodicho. Dentro de esta pléyade de temas de plática, últimamente me ha llamado la atención la extraña fascinación que mi tío profesa por lo uruguayo.

Me explico: En sus últimas dos venidas ha hecho cálidas alusiones a dos manifestaciones muy distintas de la cultura uruguaya. Primero el cine, sobre todo basada en el filme “Whisky”, pequeña pieza de palabras austeras, sentimientos reprimidos y silencios elocuentes, donde dos hermanos judíos, enfrascados en el amplio universo de la industria de calcetines, se reencuentran inevitablemente por la muerte su madre y deben pasar un tiempo soslayando el recelo que se tienen el uno al otro, así como disimular la verdadera realidad que ha cada uno le toca vivir. En clave Kaurismaki, el dúo de directores Stoll y Revella (lamentablemente fallecido de forma prematura el 2006), nos narra esta tragicomedia, plasmando mucho y nada la idiosincrasia uruguaya con esos matices secos, austeros y hasta hieráticos de esa existencia periférica y marginal que les toca llevar, siempre opacados ante la elocuencia, exageración y sazón de sus vecinos rioplatense, los argentinos.

En sus últimas visitas le tocó pasar mucho tiempo con mi abuelo, quien ya viejito, había perdido gran parte de sus facultades auditivas, por lo que la comunicación con él era bastante complicada sino fuera por estruendosas frases de escasa eficacia, por lo que cuando yo lo llamaba preguntando por sus quehaceres en la casa del abuelo, el me decía que estaba viviendo su propia película uruguaya: una sala, dos personas, mucho tiempo, palabras a cuentagotas y una solemnidad bañada de un triste humor. Él me exhortaba a poner la cámara y a conseguir auténticas joyas de ese cine de encuadre-tiempo, debí haberlo hecho.


La segunda alusión a su fascinación por lo uruguayo surgió en su última venida, cuando hablando de fútbol nos dijo que la única liga que soporta y disfruta hoy por hoy es la uruguaya, comentario, que debo confesar, me pareció no sólo raro y estrambótico, sino que también valiente e hilarante. Fui deduciendo que esa empatía se debe sobre todo a los aspectos menos futbolísticos del fútbol uruguayo, y si a los ribetes de pundonor, hombría criolla, violencia desasosegada, vívida teatralidad y regusto a marginal que puede tener un Peñarol-Cerrito con ese popurrí de lágrimas, sudor, bronca, goles maravillosos y patadas arteras, un compendio de lo que se podría entender como épica barrial.


Estas pinceladas de atracción a lo uruguayo causaron en mi una inmensa simpatía y un aprecio no por la percepción que mi tío tenía por ellas, sino que gestó en mi un aprecio propio que tuvo una reconfirmación en las últimas semanas con la lectura de un par de libros de escritor uruguayo Mario Levrero, recomendado hace algunos años por mi gran amigo Juan. Los volúmenes con lo que me toqué enfrentar son “Dejen todo en mis manos” y “La ciudad” ambos de un talante y tono muy distinto pero siempre con ese indeleble retrogusto a uruguayo.

En “Dejen todo en mis manos” nos enfrentamos a un escritor en precaria situación que con afán de ganarse unos pesos y la posible publicación de su novela se aventura a un pequeño pueblo en el interior de Uruguay con la empresa de descubrir la verdadera identidad de Juan Pérez, escritor de una excelente novela política. Con una profunda influencia Chandleriana, nuestro alicaído héroe pretenderá emular al mitiquísimo Philip Marlowe en sus pesquisas y tribulaciones en el quasi desértico pueblo de Penurias, ubicado entre los pueblos de Miserias y Desgracias, con lo que nos podemos imaginar el jocundo ambiente de la zona. Durante los diferentes avatares de investigador privado nuestro protagonista se enfrenta a una variedad de variopintos mas paradigmáticos personajes que van haciendo leves o graves mellas en su a priori indiferente alma logrando en su quehacer no sólo procurar resolver el enigma sino reencauzar su precaria existencia.

“La ciudad”, por otro lado, tiene una fuerte vena kafkiana, donde un desorientado protagonista sale de “su nueva” casa en búsqueda, durante una noche tormentosa, de un almacén que nunca encontrará y que lo enfrascará en una extraña aventura en desiertos y deshabitados parajes donde el escaso y confuso contacto humano nos hace pensar en una ilógica humanidad robótica, alcanzando una “ciudad” que es más bien una desvencijada y envejecida ciudadcita de Lego, ya que contaba con un puñado de edificaciones donde sobresale la impoluta y absolutamente innecesaria estación de servicio, ya que pese a ser el único recinto bien mantenido tenía una utilidad nula al no pasar por allí transporte motorizado alguno. Los confusos y fantasmales hábitos de los pobladores de la “ciudad” colocarán al personaje en atribuladas e incómodas conjeturas y disyuntivas poniendo al lector en una incómoda pero disfrutable travesía literaria donde los Samsas, Kas o Agrimensores de turno se mudan a una de las Miserias Levrerianas en el interior de Uruguay para vivir un traumático episodio de confusión burocraticohumorístico.

Las dos facetas que he descubierto de Mario Levrero me dan cuenta de un narrador sucinto y preciso en sus palabras como en sus tramas, con un don de saber llevar sus historias, sus personajes y el interés de los lectores en la prosa que nos profesa y en los baldíos universos donde se desenvuelven los acontecimientos, haciendo del humor parco y polvoriento, de lo recóndito y periférico de toda vicisitud, de lo extrañamente telúrico y barrial un fascinante mapa de lo que es el ser uruguayo con todo eso que le pertenece a lo humano y a lo universal, pero con esos rasgos que solo tienen los profundamente orientales, lo que les permite a ellos mismos disfrutar y lamentarse de forma soslayada y solemne de qué son y de dónde son. Así como a partir de ese mismo mapa levreriano comprender de forma más honda esos matices que han seducido a mi tío a disfrutar de una película, un libro o un partido venido de ese fascinante confín de nuestro continente conocido como la República Oriental del Uruguay, bicampeón del Mundo.


10 comentarios:

faraway dijo...

Jo!! Lo tomo en parte como un halago, aunque aviso que no todos somos ni muy interesantes ni muy bonitos.

De Levrero sólo he leído cuentos, todos más que buenos. Muy kafkianos algunos, otros más fantasiosos y surrealistas. En cualquier momento reincido en alguna otra obra de el hombre.

Un abrazo!

EL CHINGA dijo...

Compañero:
Como te habras dado cuenta, Un coño formidable nació del azar, el ocio y la indignacion, pero con el tiempo fue adqiriendo su propia personalidad, la cual, tal vez, en el algun momento, quizas, mute drasticamente (o no). Hasta entonces y hasta que su "manager" se digne actualizar presentaciones, introducciones y explicaciones, Ud. es invitado cordialmente a aportar con el fruto de sus oniricas elucubraciones mentales.

Sebastián Cárdenas dijo...

Pero hasta la fecha los mejores libros de Levrero que he leído son "París" y "El discurso vacío". Enormes. El primero en la línea de "La ciudad" y el segundo es un experimento de auténtico crack: un diario que lucha por no serlo, que lucha por ser simplemente un cuaderno de ejercicios de caligrafía. Este mes saldrán publicados algunos títulos en DeBolsillo que prometo llevar en enero a La Paz. Besotes y abrazotes a todos.

Alvaro G. Loayza dijo...

faraway, creo que en ningún lado somos ni muy bonitos ni interesantes (quizás en Suecia), pero a cada lugar le corresponde su carisma especial. "La ciudad" de Levrero tiene un ambiente, una bruma, muy en la vena de Kafka.

Chinga, por lo visto que tu blog está en la misma sintonía que Cubitel Producciones que ha nacido del azar y ocio, afanes y oficios, y por último bodas y funerales, así que estaremos frecuentando avidamente su antro bloguero.

Sr. Cárdenas, estaremos esperando su llegada con los colmillos y tenedores dignos del lobo de caperucita para hincar el diente a esos jugosos manjares literarios.

Saludos y abrazos a todos!!!!

El cuervo dijo...

whisky es lo mas! (aunke igual 25 watts es tremenda: es como lo mas bonito...pero en joda, no?)che y cual de los dos se mato: stoll o revella?.
hay un cuento de levrero ke lleva titulo de diario de un canalla o algo asi. ke capo ese tipo: un diario ke no registra nada salvo sus interiores y la vida de una rata y una paloma.
el uruguay esta lleno de sorpresas: en musica p.e. con darnauchans y cabrera tiene pa unos 10 años
che un abrazo al staff inconforme y felicidades a los delirantes involucrados en el efecto turete

LoRbAdA dijo...

Me estoy descargando Whisky y ya he leido varias críticas muy positivas. Este blog es una mina de joyas. Gracias por las recomendaciones.

Alvaro G. Loayza dijo...

cuervo, lo cierto es que 25 watts y whisky son muy buenas ambas, la primera como apunta el texto es más kaurismaki, la segunda es más jarrmusch, que por lo visto eran las mayores influencias del dúo. El que murió fue Revella. A ver cuando puedo hincarle el diente a ese diario que tu mencionas; y por último que bueno que te hayan gustado los extraños devaneos del "tureque".

Lorbada, gracias por tus visitas y tus comentarios, si disfrutas de Whisky no dejes de bajar la primera de este dúo, 25 watts, de la que nos habla el cuervo.

Saludos y abrazos para todos!!

Lu dijo...

No conozco a Levrero. Pero por algo el Uruguay produjo a Onetti, un escritor libre de las malicias del realismo magico y sus derivados. Onetti es un forense que escribe autopsias, como Celine el gigante.

Whisky es una tremenda pelicula. El hilo narrativo es elemental, innocuo, sin sorpresas. Pero ahi es donde radica la vision del artista, en desmenuzar ese hilo. Slds. Lu

Sandra López D'Error dijo...

Que bien! parece que ésta entrada es de hace mucho tiempo pero no importa. Tengo en fila tras de 'la colonia penitenciaria' de F.K. a 'La novela luminosa' de M.L. Gracias, veré las pelis.

Alvaro G. Loayza dijo...

Sandra, me parece excelente tu orden de lectura, ya me contarás si le otorga un visionado a "Whisky".

Lu, me encantó tu definición de Onetti, "un forense que escribe autopsias", "La vida breve" que no leí hace mucho es una de esas gélidas autopsias. Ya decían que los anatomistas trabajan en tejido muerto, y los fisiólogos en tejido irritado, Onetti parece trabajar como buen forense en tejido muerto como los primeros.

Saludos a ambos!!!