miércoles, octubre 31, 2007

Telegrama Burroughseano


Demonios, amigo, dijo el diminuto mono de hojalata peluda trepado en el bonsai hipertrófico!!!!! --El explorador no pudo más que soltar una risita idiota que se metió bien doblada --bajo la tupida moqueta de la selva. Nos persiguen, amigo, quieren tener el control y huimos y saltamos y nos revolcamos y...demonios, amigo!!!! Era todo lo que el diminuto animal sabía decir. Y aún así, el explorador sentía el vértigo, los jugos gástricos recorriendo sus intestinos, el salto de una rana en un pozo invisible --parece increíble que la superficie del agua nocturna se rompa con tan poco. --Negra, agria, negra noche. Y entonces -- y entonces.

Bien, pasada la efervescencia del cut-up, vuelvo a mis cabales para proclamar, con la más absoluta convicción y certeza, que todo escritor que tenga un mínimo aprecio por algo que podríamos llamar la decencia o que podríamos llamar la atracción científica por la verdad, en algún momento de su vida, tendrá que enfrentarse a William Burroughs. Éste siempre está sobre el ring, fumando un cigarrillo tras otro, esperando a sus oponentes, nosotros. Casi todos llegan a él por azar y por gracioso que parezca, cuando alguien por fin se sube al ring y el combate empieza, William Burroughs se deja ganar. Basta un puñetazo en la mandíbula, algo casi cortés, para que el tipo se desplome sobre la lona. Desde ahí abajo, entonces, comienza a reírse a carcajadas y vos te quedás de pie, coloso de arena barrida por el viento. Vaya, vaya, parece decir sin interrumpir la carcajada, encendiendo un nuevo cigarrillo, arreglándose la corbata. Vaya, vaya.

martes, octubre 30, 2007

La máquina blanda

Bill Lee en Naked Lunch

Dado que los colaboradores del lar fueron abducidos por fuerzas gravitatorias emanadas de orbes superiores y carcachas galáctico-institucionales que se gestan en contextos gangsteriles y ciudades submarinas, además de ciertos relajantes musculares y amoríos de arquitectura bauhausalteña e indecorosos sucesos, me he permitido hacer una breve cita de este famoso personaje (merodeador del lar) que, a mi juicio, nos resume su (concepción de la) literatura en este sabroso pasaje de La Treta Maya:

"Es una operación exacta-Es dificil-Es peligroso-Es la nueva frontera y sólo deben postularse los audaces-Pero le pertenece a cualquiera que tenga el coraje y los conocimientos para entrar-le pertenece a usted-"
William Burroughs, La máquina blanda

No sé si es el humor o los humores, pero la palabra de Billy es fatal-mente atractiva.

Allegra Geller en ExistenZ, viaje burroughsiano por excelencia

jueves, octubre 18, 2007

Ivan Aivazovsky o cómo ver los agitados mares interiores

La décima ola, 1850

Según Gaston Bachelard, el poeta de las aguas densas, incontrolables y oscuras es, por excelencia, el maestro Poe. Su capacidad de leer las aguas marinas tormentosas, los estanques, el terror de alta mar y la oscura calma consiguiente, desde una perspectiva subjetiva, deviene, ante los ojos del filósofo francés, una senda directa al inconsciente y a la atracción hacia esa madre-muerte que es la mar, la mar de sueños, de mitos, la mar encantada. La atracción hacia la materialidad de esas aguas oscuras deviene en una “dipsomanía de la muerte”. Bajo la idea de esta subjetivización de la materia subyace la filosofía y la epistemología bachelardiana que consiste en que la naturaleza tiene, valga la redundancia, doble naturaleza y esto dentro de un estadio ontológico equivalente: las cosas de la naturaleza tienen cualidades objetivas como ser peso, volumen y densidad. A estas se añaden cualidades más sutiles, emocionales, subjetivas: cualidades oníricas, poéticas, divinas. Toda la naturaleza está inevitablemente atravesada por estás dos formas que no son sino formas de ver desde el ser humano. Dentro de las cosas de la naturaleza hay algunas que invitan más fácilmente a la objetivación y otras a la ensoñación, que no es otra cosa que una comunicación con los niveles más profundos de nuestro ser (para los que no nos gusta abusar del término de inconsciente por ser demasiado categórico, casi digital). El mar, de todas esas cosas de la naturaleza debe ser la más difícil de captar en sus cualidades objetivas. Su inmensidad, atemporalidad, ondulación y cadencia, color, profundidad y densidad son tales que hasta para el espíritu más positivista debe de ser difícil concebir esas gigantescas masas de agua como algo meramente objetivo. El mar, invita, casi inmediatamente, a la introspección. El mar, inevitablemente, nos activa algo de la memoria de la especie, una nostalgia y un terror que se entremezclan en la sensación más absoluta de pequeñez e insignificancia. Desde una perspectiva esotérica, donde todo paisaje exterior es una ventana hacia un paisaje interior, me pregunto qué querrá decirnos el mar. Arthur Gordon Pym encarna al héroe de Poe por excelencia: insaciable aventurero en búsqueda del naufragio y de la catástrofe marítima, repetidos bajo todas las variables posibles. El agua, al ser uno de los cuatro elementos poéticos, es una matriz de la imaginación humana; no hay un agua imaginaria sino varias: aguas claras, aguas densas, aguas corrientes, aguas estancadas, aguas calmas, aguas furiosas, lluvia, pantanos, etc, etc. Dentro de todas las posibilidades, las aguas de alta mar son las que mejor reflejan la potencialidad mortal e incontrolable de la materia y del deseo inconsciente que tenemos por ella, eso en nuestros sueños y, cómo no, en nuestras pesadillas.

Tormenta, 1854

La vida y obra de Poe, como las de todo gran visionario, representan un tránsito, un puente. En este caso se trata del tránsito entre dos tendencias importantísimas en la historia del arte que son el romanticismo y el simbolismo. En el espíritu romántico (Goethe, Mahler) subyacía la sólida intuición de aquello que cientos de años después Bachelard formularía bajo conceptos epistemológicos y psicológicos: la naturaleza comunica; empero el código, el canal, el medio, no es el de la experiencia objetiva que, para ser efectiva, debe neutralizar la imaginación creadora. La naturaleza es exaltada no en sus capacidades pasivas sino activas en el espíritu: la naturaleza vista no como cantidad (de volumen, de peso, etc.) sino como símbolo, en un intento desesperado de ver bajo la lupa arcaica del mundo pre-moderno, antes del desencanto weberiano.

En el simbolismo, la noción de espíritus de la naturaleza, subyacente ya en el romanticismo, deviene explícita: contra toda la corriente positivista en auge, estos artistas volvieron a dotar de duendes, ninfas y diantres a sus composiciones. El debate sobre los ángeles y la angelología en general, habían sido filosóficamente zanjados del panorama occidental: milagrosamente, esta cosmovisión animista, seguía viva y con una energía renovada en las notas, pinceladas y versos de los simbolistas.

El tema epistemológico esencial consiste en la percepción de la naturaleza. Llevando el espíritu romántico a sus límites, Poe hizo del agua el elemento matriz de su poesía, y no cualquier agua sino la más densa, la más salvaje que puebla nuestro mundo interior y de la cual las furiosas masas líquidas de alta mar no son sino el reflejo vivo. Así mismo pensé respecto a Ivan Aivazovsky (1817 - 1900), pintor crimeo de origen armenio, un artista empapado de l´air du temps: verdadero paradigma del espíritu del romanticismo y del tránsito al simbolismo. Su predilección por los paisajes marinos lo hace uno de esos artistas elementales en el sentido puro de la palabra: su arte busca la significación poética, subjetiva del elemento agua y, esto, en su presentación más dramática, grandilocuente, monstruosa y fascinante a la vez que es el mar.

El Mar Negro, 1881

El hecho de que este genial artista pintara sus paisajes de memoria o emanados directamente de su imaginación no es de sorprender al constatar el poder onírico de sus lienzos que, por su dramatismo e intensidad cromática, trascienden los mares objetivos (observables) para llegar a dialogar con los mares interiores y los estados emocionales que estos vehiculan en nuestra memoria secreta del universo. Una naturaleza transmutada, a eso llega la pincelada meticulosa de este pintor sin par que conoce el elemento objetivamente (la relación de proporciones, sus propiedades ópticas, su relación con la luminosidad ambiente, su morfología) para transportarlo al reino imaginal y convertirlo en símbolo, lo que es decir, subjetivo: agua absolutamente humana y por ende, generadora de una secreta empatía entre el espíritu humano y los espíritus de la naturaleza. La tormenta, el atardecer, la calma, la noche y la luz de luna, el puerto, la orilla, el naufragio, la furia y la muerte, el reflejo: todo lo que acaece en el mar acaece en el alma y en el cuerpo del ser humano, también un "planeta" a escala menor.

Contemplar un Aivazovsky es viajar, viajar muy lejos. Las aguas del mar son la invitación al viaje por excelencia. Parece paradójico que sea un boliviano el que haga una perorata sobre las aguas del mar; paradójico para un espíritu chato dado que, como bien decía Caye, prostituta callejera en "Princesas", largometraje de Fernando León Aranoa: “Las cosas existen porque alguien piensa en ellas”. ¿Cuánto más pensaremos los bolivianos en el mar sabiendo que una frontera artificial nos separa en los hechos de él? ¿Cuánto más lo tendremos presente en sueños? No es de olvidar que, desde una perspectiva bachelardiana, tiene que existir, en dimensiones aun mayores, un mar onírico, un mar de sueños, más bien. Un mar escondido en el que muchos oriundos de esta tierra nos damos un chapuzón de cuando en cuando. Un mar sin fronteras... como el olvido.


La ola, 1889

Para más información:
http://www.abcgallery.com/

Un pequeño homenaje en:
http://www.pescotis.blogspot.com/

jueves, octubre 11, 2007

Tímidos merodeos por el abigarrado y desmesurado universo de Kusturica

Hay directores hacedores de películas, ya sean muy buenas, buenas, regulares o malas, y hay otro tipo de directores, que no sólo crean películas, sino que construyen auténticos y personales universos. Ese es el caso del Yugoslavo, si es que hoy se puede usar este apelativo, Emir Kusturica. Durante una carrera que ya ha transcurrido cuarto de siglo, Kusturica ha elaborado ocho largometrajes de ficción, ganando casi todos los premios posibles en los máximos círculos festivaleros de Europa y calificativos tan audaces como lisonjeros, como el de ser el “nuevo” Fellini, o el Fellini de los Balcanes. No es una apreciación incorrecta el compararlo con el gigante italiano, ya que desde luego es una de las mayores influencias fílmicas de Kusturica, pero creo que el Bosnio ha logrado gambetear la sombra de uno de sus maestros y no ser un mero epígono, sino encaramarse en la escena cinematográfica con una visión de estampa propia.
El universo de Emir Kusturica debe ser uno de los más exhuberantes, excesivos y delirantes de la historia del cine. Kusturica goza de una gama de motivos recurrentes para llenar la gran pantalla que nos desbordan, nos hacen reír, nos embelesan, nos entristecen, en resumen nos llenan de emociones colmando nuestros sentidos. Bandas plagadas de músicos etilizados, diferentes animales revoloteando y urdiendo por toda la pantalla, personas voluntaria e involuntariamente colgadas, tahúres abatidos presas de sus incontrolables ludopatías, artefactos y personas voladoras, hermosas y feas novias, y bodas y más bodas, son a grandes rasgos parte del arsenal que Kusturica utiliza para trazar sus imágenes y para hilvanar sus tramas. Como dice Goran Gocic “(Kusturica) como todo gran artista, no sólo construye su propio mundo, sino los auténticos instrumentos para expresarlo”.
Y de este mundo tan abigarrado y exótico ¿qué es lo que nos puede fascinar a nosotros (los bolivianos) directamente? Creo que todo y aun más que a cualquiera. Kusturica es un cineasta que se ha nutrido de todas las artes: admirador incondicional de Buñuel, amante de la música gitana, heredero pictórico del judío ruso Marc Chagall y de Gabriel García Márquez entre tantos otros escritores latinoamericanos, todos estos autores que labraron su arte de una forma u otra “marginalmente” del epicentro cultural de occidente. Kusturica en su cine subsume todas estas vertientes artísticas, y nos entrega un cine marginal, un cine que se ubica a las afueras de un cine convencional, de un cine occidental, de un cine de recetas. Y lo extraordinario de las nutrientes artísticas que posee Kusturica, y del producto final que éste nos otorga a nosotros Bolivianos, es que pese a ser una persona nacida por no decir en las antípodas de nuestro país, su universo nos parece tan familiar, tan cercano, que casi nos hace pensar que lo que ocurre en la pantalla podría haberse dado con ciertos matices en una población a 45 minutos de La Paz, y esa fue la primera y más fuerte impresión que me embargó después de ver “Gato Negro, Gato Blanco” y que fue la primera que tuve el privilegio de ver entre todo el repertorio del Yugoslavo.
Para explicarme de forma mejor, quiero decir que pese a que vivimos en un mundo globalizado donde las grandes potencias económicas determinan todo y donde se pretende que un estándar rija sobre todos los países del mundo, tercer mundo incluido, es en los márgenes donde todo ese adoctrinamiento económico, cultural y estético cae, se desmorona. Y es que en los márgenes, léase Bolivia, o los balcanes gitanos, donde se crea una forma de resistencia a ese avasallamiento y donde tradiciones, cosmovisiones, y meras formas de vivir la vida, se hacen hermosamente incorruptibles, y es en esas incorruptibles tierras marginales, lejos del meollo de la crematística cultura occidental, donde se da un mágico encuentro, una asombrosa familiaridad, que se hace fascinante, por sobre todo, por la distancia geográfica y por las innumerables similitudes culturales de los mundos que finalmente se encuentran y se reconocen.
Entre todas las fascinaciones que el cine de Kusturica me produce, quizás este mágico encuentro, ajeno a las leyes de la lógica, como es en gran parte como opera su propio universo, es, creo, lo que nos hace sentir tan cercanos a Kusturica y a sus personajes, que más que ser héroes cinematográficos, son anti-héroes, que luchan y deambulan en un mundo maravilloso, donde la vida no es un milagro, como lo diría el mismo Kusturica, sino citando al poeta español Ramón de Campoamor “La vida es una gresca tragicomicoburlescajocososentimental”, nada mejor para resumir el inabarcable mundo de Kusturica.

Con Emir se me rebalsa el tintero, como a él el celuloide, por eso me vi impelido a realizar esta tímida e incompleta radiografía.

Continuará . . . tititiri tititiritatatara tatatara

miércoles, octubre 03, 2007

LONG LIVE THE NEW FLESH!


"Prophecies are dirty and ragged"
Vaughan, Crash (1996)

Aprovechando el estreno próximo de Eastern Promises, se me ocurrió rendirle homenaje a David Cronenberg a través de un breve análisis de la monstruosa, genial y tragicómica Videodrome. Catorce años anterior, esta tremenda historia no tiene razón para envidiarle en nada los elementos desconcertantes, bizarros y terroríficos a Lost Highway del tocayo Lynch. La televisión es el lugar de la puesta en abismo por excelencia: la estática de la mala señal sugiere confusión así como la memoria afectada del esquizofrénico está interferida por la (des)memoria de alguien más. Lo ominoso de ese trato de la imagen es que el espectador mismo está preso en el juego simbólico propuesto por el demiurgo canadiense. Televisión contenida por televisión contenida por televisión. ¿Quién nos garantiza que, al someternos a la imagen (viral) de Videodrome, no haya un espectador que nos vea desde otra realidad, continente de la nuestra?

Todas las películas sumergen a la audiencia en un “nuevo mundo” pero esto, generalmente, se hace de manera sugerida, connotada; la diferencia con el cine de Cronenberg es que él hace explícito ese trayecto. El espectador, como un conejillo de indias, debe experimentar la misma incertidumbre y angustia del personaje al acceder a una realidad sostenida por leyes que no son las de la identidad sino más bien las del deseo (mortal) de carne: Max Renn, James Ballard, Bill Lee, Ted Pikull, todos llegan a un nuevo orden mental pero al que sólo se accede a través de una infiltración o, más bien, penetración material. De la penetración, en el caso que nos ocupa, se encargan los rayos catódicos emitidos por el monótono show sadomaso Videodrome: éstos se infiltran en el cuerpo (y en la identidad) a través del ojo. La mirada, desde esta perspectiva, tiene una función similar a la de cualquier orificio del cuerpo: nos hace vulnerables. ¿Qué poder puede llegar a tener el poseedor de la droga que te inyectará a través de los ojos bajo el nombre de realidad? Sí, el ojo en el ser humano no sólo cumple una función que biológicamente lo determina de manera categórica y lo separa de las demás especies sino que, simbólicamente, este órgano se asocia con la verdad, la luz, la capacidad de tener una certeza trascendental. Quizás por eso, se trata del órgano más peligroso que pueda haber: el humano, alienado por la hegemonía del sentido de la vista, no pone en duda la asociación visto = verdadero: una estructura tal se podría llamar complejo de Tomás. Cronenberg plantea el hecho de que es más importante una realidad vista que una realidad en sí. ¿Cuántas veces hemos escuchado la famosa frase “lo he visto en la tele”? Como dice Barry Convex, el inescrupuloso mercante de ilusiones, Videodrome es “una gigantesca máquina de alucinaciones”. ¿Cómo puede ser que una película tan ochentera no haya pasado de moda una pizca? Porque, emulando al mismo guión, a diferencia de la mayoría de pelis de los ochentas de ficción y/u horror, Videodrome tiene una filosofía. Su punto de vista, la alienación del individuo en imágenes que se visten de objetivas tan sólo por ser inter-subjetivas, no ha hecho sino incrementarse en nuestros tiempos: hoy por hoy la televisión es nuestra ventana al mundo que, por ser visto, es tildado de real y no sólo la televisión sino Internet con youtube y todo el arsenal de imágenes que nos ofrece. ¿Cómo garantizar que ninguna de esas imágenes está infectada, viciada? Poner en duda, hoy por hoy, que los norteamericanos pisaron la Luna es como decir que Judas era el hijo de Dios ante un tribunal de la Santa Inquisición: aquello era un atentado contra la verdad absoluta de las cosas. ¿Y cómo estamos seguros de que llegaron a la Luna? Lo vimos en la tele. No sólo una persona sino varias, millones de personas lo vieron en la tele, fueron penetrados por esa imagen que, aunque no pareciera, era, justamente, una imagen. ¿Eso basta para que sea verdad? ¿No hubiera sido más fácil fingirlo todo y que la señal de televisión se encargue de dotarle de Verdad?

Videodrome es una película guerrillera, incendiaria incluso, contra la idea de Razón que nos ha impuesto la modernidad y la de Libertad que nos ha impuesto el capitalismo. El hecho de que no haya una realidad última sino más bien que haya muchas realidades y que la consistencia de estas sea tan frágil como es frágil la existencia física rompe, categóricamente, con toda filosofía nacida del cogito.

¿Terror? ¿Ciencia ficción? ¿Comedia gore? ¿Drama erótico? Videodrome es igual de recalcitrante a cualquiera de estos géneros y sin embargo los abarca a todos. Muy pocas películas han reflexionado de esa manera sobre la imagen: un vehículo de sentido que es más parecido a una sustancia (la droga de Bill Lee, el animalejo-consola de Existenz, el metal del automóvil en Crash) que al lenguaje saussuriano. La imagen penetra y, así, da acceso al nuevo mundo, a la nueva carne, a Videodrome. Lo fascinante del trato que hace Cronenberg de esa imagen viral aparece cuando vemos en qué consiste ese nuevo mundo: Videodrome sólo habla de Videodrome, el juego de Existenz consiste en asesinar o defender al creador del juego de Existenz. La imagen, cuando es explotada como tal y no cómo un código, tiende a la repetición ad infinitum de ella misma y esto bajo todos los ángulos posibles (Crash). A esta imagen podríamos llamarla imagen libre o imagen imaginal. Lacan no se equivocaba al constatar una relación privilegiada entre la imagen, el espejo y la (ficticia) identidad: así mismo Max Renn contempla su muerte en la televisión que, al explotar libera “uncontrolable amounts of flesh” como el cuerpo mismo. La tele está determinada por un mecanismo interno y la pantalla es tan sólo la proyección, la ilusión que generan toda esa maraña de cables-tripas, venas-tubos. Sin duda, el humano de Cronenberg es una mutación entre su ser corpóreo y su entorno tecnológico, lo que implicaría, para la tristeza de los racionalistas, que el ser humano jamás podrá ser humano puro, siempre estaremos penetrados, siempre seremos híbridos entre nuestros sueños (pesadillas), cuerpos y objetos que nos rodean. ¿Pesimista? Yo diría, más bien, visionario.

jueves, septiembre 27, 2007

A Osvaldo Soriano

”- Yo espero que usted averigüe por qué quieren asesinar a ese hombre a toda
costa - me dijo Voltaire-. Le preparé algunos informes; léalos en el camino.
- Soy un calígrafo, me preocupo por la nitidez del trazo, no por la verdad
de las palabras, que es oficio de otros. De los filósofos, por ejemplo."

Pablo De Santis, El calígrafo de Voltaire

Sí, ya sabes que no queda salida, que no hay un espacio donde el poder y la autoridad no estén presentes. Sabes que el miedo es una moneda colectiva, una acción cotidiana, un tono extendido. Pero sigues buscándote la vida, cantando tangos entre balas, picanas y cuerpos tirados al océano en toda América. Y la redención te espera a cada vuelta de esquina, en cada ser que trasunta contigo por el pavor y la amargura. Esa redención con el mundo, esa tibieza que te hace sentir que este es un paraje menos inhóspito y solitario, esa tranquilidad de estar en casa, ese sentimiento perpetuo de que (a pesar de lo que creas) nunca estás solo. En medio de un tren, recorriendo la noche, te enjuagas una lágrima, apoyas tu cabeza en el hombro de tu amigo muerto y sueñas volver a tus cuarteles de invierno.

Si, ya sabes que el poder maligno está en todos lados, que no hay posibilidad de construir otro orden, otra realidad, otra existencia. A pesar de eso, has llorado hoy por el Chaco (por Boquerón, Ustarez y Busch) y, corriendo en medio de la tundra tan lejos de casa, has izado la bandera nacional y escupido sobre la embajada paraguaya. Sabes que el nacionalismo es una invención del Estado, sabes que la acción colectiva sólo engendra monstruos que continúan a su padre. Aún así, cuando recibes la carta del lúcido activista-guerrillero que llega para redimir la nación africana que te acoge, te sacude un espacio de esperanza. Te liberas un poco de las dudas y sientes que la liberación es posible, que el mañana distinto es una posibilidad latente. Levantas el mauser cuando ves llegar la avioneta revolucionaria y el ejercito de primates invade la capital. Él baja del avión, te inclinas y le dices mirándolo a los ojos: “a sus plantas rendido un león”.

Sí, ya sabes que nunca encontrará el enigma, que tu búsqueda detectivesca es sólo una búsqueda existencial. Sabes que la dureza no está en la cachiporra sino en escucharla a ella desde lejos sin soltar una lagrima. Que la ternura es un aliciente ético y de acción más fuerte que cualquier suma de dinero. Sabes que en el fondo el único misterio que en verdad quieres resolver está dentro de tus complejos, tus taras, tus incapacidades. Pero prefieres seguir tras la academia, tras la búsqueda de la comedia, tras los intersticios absurdos e inasibles de las carcajadas. Una dura mirada y una voz socarrona te acompaña, repartiendo puntapiés y puñetazos a tu lado, jugando ajedrez hasta la madrugada, entre cafés y cigarros. Te despides de él una mañana bajo el sol rutilante, los ojos morados y el cuerpo magullado, mientras caminas sabes que estás triste, solitario y final.

Sí, ya sabes que la derrota fue completa, que tu país se cae a pedazos, que nos quitaron todo, que se van todos, que los que quedamos estamos solos, aletargados por la decepción, el miedo y la tristeza. Sabes que al otro lado de la frontera, estarías mejor. Pero la tierra, el olor de la pertenencia y los ojos de la memoria te mantienen caminando por estos parajes. Encontrando personajes que viven como pueden, saciando sus hambres con sueños y jirones de alimento. Sabes que todos los sueños se han terminado y que las ausencias te destruyen por dentro. Pero alguna cerveza te espera en un tren abandonado, vendido por los poderosos de antes, así que sigues caminando. Rumiando esta tierra, dando vueltas en círculos dentro de tus perennes demonios, porque sabes que ya sólo una sombra pronto serás.

Ya lo sabes, Osvaldo, ya lo sabes.

viernes, septiembre 21, 2007

Saudades (o qué cojones, nostalgias)


Ufffff... Ya hace tiempo que tuve la intuición que querer en esta vida te aboca a ese círculo vicioso que consiste en echar siempre a alguien de menos. No hay solución ni para un misántropo como yo. Hace unos cuantos años que conozco a Alvaro, e intuyendo que la vida es una especie de chiste, fue contándonos unos cuantos como empatizamos (pronúnciese con acento gaucho y después, sonría). Como todo en esta vida se puede medir por un valor, sea por estar omnipresente o por no percibir su ausencia, la genética nos vino a hacer a ambos a imagen y semejanza de los nuestros. Uno no es así por generación espontánea. Tiene que tener unos precedentes. Y nosotros nos parecemos a nuestros padres mal que nos empute, que sinceramente, es bien poco. Y no sé si esto tiene algo que ver en que él se emocione con los dichosos griegos, o que yo ejerza de gentil defensor de los hebreos. El hecho es que el tiempo de comer kebaps en un tugurio pakistaní por Huertas u ¿Hortaleza?, pareció acabar el día en que Alvaro se convirtió en emigrante de ida y vuelta. Nadie contaba con mi palabra de vasco y su amor por Madrid. Le prometí visita y cumplí.

Es conocido por muchos mi fascinación por La Paz sin necesidad alguna de ser socio de Greenpeace o Amnistía Internacional. Mi amor por ese botxo es a pelo. Pero no es menos cierto, que si me voy a pasar la vida regresando a la, por ahora, capital de Bolivia, es porque allí conocí al clan Trasunto. Con permiso de Gilda, me vais a permitir que lo denomine así. Uno sólo puede decir que tiene dos familias porque en ambas se siente como en casa. Y en chez Trasunto, que parece que siempre esté de jornadas de puertas abiertas, uno no sólo se siente como en su hogar de toda la vida, sino tiene esa sensación de pertenecer a algo, de ser uno más, de tener más de un padre y una madre sin trámites de adopción, sin ser un hijo de puta. Siento el exabrupto pero me lo he puesto como si fuera el mismísimo Felipe II.

Hace pocos meses que me volví de mi segunda estadía en La Paz. Dos increíbles meses. La primera fueron quince días. La siguiente, ¿quién sabe si para siempre? Hoy es el día en que me siento más colla que nunca, pero por Trasunto, y también por Arbeloa. Guido, Gilda, Diego, Alvaro, gracias por muchas cosas intangibles (de nuevo con acento gaucho). Sé que no hace falta pero lo he decir: mi casa también es vuestra casa, aunque todavía pertenezca a esa generación tan española que todavía vive con sus padres.

No es por que crea que haya que luchar por un mundo más justo, que también. Ni porque sea un militante de la razón práctica, a mi pesar. Estas palabras habían de ser dichas, pues aunque bien conocidas, compartidas y públicas, una vez más, me apetecía expresarlas.

miércoles, septiembre 19, 2007

Death Proof u otro ensayo de la factoría Tarantino

"There are few things fetching as a bruised ego on a beautiful angel. (Hay muy pocas cosas tan atractivas como el ego magullado de un hermoso ángel)"
Stuntman Mike, Death Proof, Quentin Tarantino

Quentin Tarantino desde que hiciera Jackie Brown allá por 1998, se está convirtiendo más que en un cineasta original en un gran ensayista del cine, ya que cada película o experimento que ha sacado desde entonces, está más cerca de un ensayo fílmico, un palimpsesto plagado de referencias cinematográficas, guiños autorales, diferentes puestas en escena genéricas mezcladas en un todo y otros rasgos de cinéfilo erudito, complementado y enriquecido, eso si, con su prodigiosa facilidad para moverse entre cámaras, actores y bandas sonoras.

Así llegamos a Death Proof, su último ensayo fílmico, parte del proyecto Grindhouse, que realizó en conjunto con su pana mexicano Robert Rodríguez (quien dirigió el “segmento” Planet Terror), que constaba de dos cintas de serie B como las que se solían proyectar a par en Estados Unidos durante los 70s y 80s en las salas de cine conocidas como Grindhouse, así como también en los auto cinemas. Los cines Grindhouse fueron desapareciendo paulatinamente, debido mayormente, a la industria del vídeo casero hasta que en los 90s ya se habían extinguido por completo, a lo cual el dúo de amigos quería servirle un provechoso homenaje.

Debido a que el proyecto de a par Grindhouse no resultó en taquilla según lo esperado, se decidió estrenar las películas por separado en el resto del mundo, lo cual nos permite referirnos en éste texto únicamente a la parte correspondiente a nuestro reservoir dog.

Death Proof es una vintage movie (película añejada), cuya imagen y estética kitsch nos evoca y nos sitúa en los años setenta, aunque se lleva a cabo en nuestros días. El hermoso (DeLuxe) color, el montaje desfasado y las frecuentes rayas que “adornan” la pantalla son una inigualable máquina del tiempo con la que juega Tarantino para llevarnos de nuevo a los muy permisivos y pecaminosos auto cinemas de antaño.

La trama se divide en dos historias vinculadas por un personaje de aciaga calaña, Stuntman Mike (Kurt Russell), quien maneja un recauchutado coche negro “a prueba de muerte” con una calavera en el capó y persigue bellas jovencitas con diversas técnicas que oscilan entre la más fina seducción a los más criminales embistes automovilísticos. En la primera historia conocemos a un grupo de amigas, lideradas por la DJ Jungle Julia (Sydney Poitier) y su amiga Butterfly (Vanessa Ferlito) en una movida noche de bares. La segunda nos narra un día libre de cuatro amigas que trabajan en el mundo del cine que tienen la intención de manejar un coche idéntico al que condujera el mítico Kowalski en el clásico del género automotriz Vanishing Point (digresión: a la cual la banda Primal Scream le ha dedicado un tema extraordinario e imprescindible titulado “Kowalski”)

En la certera intención de dibujarnos una película de género, que podríamos definir como “terror sobre ruedas”, Tarantino no puede con su genio*, y nos empieza a plagar con su fecundo imaginario: los garitos llevan nombres como “Güeros” o “Texas Chilli Parlor”, la atmósfera del filme pende del (siempre) magistral manejo de la banda sonora acompañadas de las contoneantes y generosas curvas de las damas en sensuales danzas, aunque ésta vez exagera en su culto a la rockola de acetatos, y los diálogos muestran algunos momentos de gran agudeza e insidia tarantiniana; la gentileza de la sangre es estrictamente perteneciente al género.

El problema reside no en los conocidos y elogiables hábitos del ensayista, sino en que frecuentemente cae en el vicio de autocitarse demasiado, en Death Proof encontramos las sonadísimas “Big Kahuna Burgers” o los cigarrillos “Red Apple Tans”, escuchamos la tonada silbada en Kill Bill, así como vemos a los comisarios tejanos de la misma, una protagonista negra que parece la hermana melliza de Samuel L. Jackson, sobre todo por su entonación y sus maneras procaces, sus masajes de pies mencionados hasta saciar (aunque esta vez acompañados de un fetichismo de pies del cual el mismísimo Buñuel podría sentirse celoso u opacado) el emblemático plano visto desde la maletera y para acabar nuestra incompleta enumeración, un plano secuencia bastante lánguido y quasi intrascendente que emula el desayuno de apertura en Reservoir Dogs, lástima que sin la enjundia o sazón que provee la virginidad de la diva Madonna. Demasiadas referencias onanistas para el probado talento del director, que a su vez se entremezclan con otro sinfín de alusiones a otros gurús del género que por la época y sitio geográfico que me vio nacer difícilmente puedo identificar con certeza.

Pese a todo esto, el popurrí fílmico triunfa, es entretenimiento salvaje provisto de una atmósfera de deliciosa condimentación cinematográfica, y aunque se esfuerce (o no) en ser cutre, Tarantino tiene uno o dos dedos de Rey Midas chapado a lo gringo que siempre le da frutos y el permite sacar varios conejos del tongo. Pero, pese al disfrute que nos otorga, creo que es necesario humedecer su dedo y pasar la página a su etapa ensayística (o quizás mejor dicho, hombre de citas o citador), y mostrarnos no cuantos westerns spaguetti, mangas, explotation films o cintas nouvelle vague ha visto y que conoce de memoria y que puede imitar cuando quiere, sino que la próxima, aunque la espera sea prolongada, nos entregue una dosis de Tarantino embotellada y precintada en un envase que en la etiqueta se lea únicamente en letras claras y rutilantes “Quentin”, esperemos que este anhelo no sea una pura ficción.

*Índole o condición según la cual obra alguien comúnmente

Escuchar: Down in Mexico, "Death Proof OST", The Coasters

Escuchar: Hold Tight!, "Death Proof OST", Dave, Dee, Dozy, Beaky, Mick and Tich

martes, septiembre 11, 2007

Flaquezas y deambulaciones en el mundo de la alta "Cultura": sobre la última novela de Gabriel Báñez


“Cultura” (Sudamericana, 2006), novela del escritor platense Gabriel Báñez, nos presenta un tinglado en las esferas de la “alta” cultura institucional, protagonizado por Ibáñez, un esquizofrénico cobaya y yonqui de otra sacra institución -la psiquiátrica-, funcionario él, que nos narra entre otras cosas las idas y correrías de la “Gorda Vietnamita” o “Rojiza del Sudeste Asiático” que es la Secretaria de Cultura que con su orondo porte y su omnisciencia organizacional comanda la CULTURA (con mayúsculas, por favor) además de ser provocadora de suculentas cachileras y arrechuras dependiendo a cual de los Ibáñez se les pronunciaran.

“La gordura era una afirmación endocrina de sus conocimientos” es una afirmación de tantas que van marcando el tenor hilarante de la narración, donde nada puede tomarse en serio, exceptuando los funcionarios mismos que merodean por la trama, urdiendo todo tipo de estrategias en pos de la cultura que derivan en guerras estéticas entre instituciones culturales, todas con los más churriguerescas siglas que subsumen en su apelativo la inefable esencia de su ínclito organismo. Siglas como ser MACARACO (Museo Artístico de las Comunicaciones Argentinas para la Realización de Actividades Coreográficas y Orquestales), MUPIPA (Museo de Pintores Paisajistas), CORFUFA (Centro Orgánico de Fotografías Urbanas del Foro Artístico), CATA (Club de Arquitectos Teóricos Anónimos) o PEDIN (Polo Estratégico de Desarrollo Indistrual), parecen salidas o ideadas en el PREMUDE (Primera Escuela de Embrutecimiento) lugar donde transcurriría la fallida novela del “disociado” protagonista Ibáñez. Toda esta sarta de banal y ridícula sacralización institucional, se nos hace tan familiar en Bolivia, que la parodia que nos cuenta Báñez parece la contemplación de un telediario nuestro a la hora de la comida con todos los condimentos, excluyendo el epíteto de las guerras de la novela permutándolo por “antiestéticas”.

Nuestra experiencia con la alta cultura y su infinita ridiculez es algo muy temprano, quizás remontado a la epifánica aparición de la profesora de música de primaria con sus divinos firuletes de diva trasnochada trayendo bajo el caluroso sobaco las partituras empastadas de magníficos himnos de niñez como "Señor Sol", "Toda Mojada de Lluvia" o "Niño Latinoamericano", y Báñez riega nuestros recuerdos ensanchándonos la vivencia. No podemos evitar descojonarnos ya sea con las insignes siglas onomásticas, o el celebérrimo culto que tiene el autor por ese menospreciado arte nominológico que es el justo asestamiento de un cabal apodo (para añadir algunos más cabe mencionar “Mujer de Indochina”, “Mariposa adorable” , “Globalizada Vietnamita”, “Funcionaria Vietcong” o por último “Cetáceo Taiwanés”), o las increíbles escenas perpetradas en aras de la mayor gloria de la CULTURA como ser “Un día con la familia Bach” cuyo fragmento transcribimos a continuación:

El Pensador Errante había llegado de Capital, de donde la Operadora Asiática lo había repatriado de sus huestes más mercenarias y de onda: Recoleta, el ICI, el Museo de Arte Moderno. Dictaba cursos sobre teoría del arte a las excresencias del barrio norte, septuagenárias que pronunciaban Lyotard y Pontalis sin que se les cayera un solo colgajo de cirugía. De sus periplos reflexivos, uno de los hallazgos más soberbios que rescato el pensador errante fue el espectáculo “Un día con la familia Bach”, por el que se invirtieron varios miles de dólares.
- Ramírez . . .
- ¿Sí?
- ¿No es música culta la de Bach?
- En miligramos me cuesta creerlo.
El hallazgo consistía en representar un día completo en la vida del compositor Juan Sebástian Bach, para lo que se improvisaron un tingaldo en el patio central del Pasaje, unas callejuelas adoquinadas y mampostería de telgopor y acuarela. Una semana estuvo trabajando la sección Mantenimiento para reproducir lo que era la aldea de Eisenach. El proyecto tenía como objetivo introducir lúdicamente los conceptos de la música en el público infantil, así como incentivar pedagógicamente a los más chicos en un módulo de la currícula que la Secretaría de Cultura consideraba esencial para la formación del individuo: la integración artística en el periodo de sociabilización infanto-juvenil.
- Ningún arte atraviesa nuestra conciencia como lo hace la música, la música es la dimensión refractaria de nuestro propio yo.
- El Rivotril, Ibañez.
El Pensador Errante había implementado una estrategia mix, según sus palabras: la presentación luz y sonido en la Casa de Tucumán, y una exhibición en pantalla, con una computadora central que reproducía las partituras y armonías más difundidas del obeso. El engendro incluía muñecos tipo Disney que caminaban entre el público y repartían un turrón junto a una historieta con el guión de la obra. Se cursaron invitaciones a sociólogos, pedagogos, docentes y psicologos sociales para participar de la puesta en vivo. Un folleto explicaba, en el lenguaje del gerenciamiento cultural, la interrelación dinámica de los distintos miembros que conformaban la red familiar del clan Bach.
El punto más alto de la obra fue cuando desde una de las ventanas superiores de una casita tirolesa se asomó la madre de Bach, gritando como una energúmena:
- ¡Juan Sebástian, Juan Sebástian, el té está servido!
El así pronunciado Juan Sebástian apareció entre los cortinados con una panza descomunal, caminando a los saltitos y con un arco de violín en una mano:
- ¡Ya voy madre, ya voy, en cuanto termine esta composición profana subiré a merendar!
El coro de los más chicos no tardó nada:
- ¡Gordo puto, pelotudo! – le gritaron desde todos los rincones.
Bach resultó ser una sufrida mujer que trabajaba en protocolo del municipio, una vieja militante del feminismo barrial y de las ollas Essen que, harta de los discursos en réplica, los últimos años los había dedicado a colaborar en cuanto acto solidario se organizaba. La pobre terminó con el bisoñé escupido y el chaleco por el piso. El Pensador Errante admitió que el arco de violín había sido un referente inadecuado pero insalvable debido a la falta de recursos. Arcángeles Cepeda, sin embargo, con brillantez de funcionaria concluyó que el proyecto había sido movilizador en el sentido funcional del término. Claro que la sanción política no se hizo esperar: a las dos semanas al cazador de ideas lo echaban a patadas en el culo. No obstante, tanto a Ibáñez como a mí ese fracaso inicial de la nueva gestión nos conmovió por su ingenuidad. “Mariposa adorable”, anotó él. Fue, creo, nuestra primera muestra de debilidad.

Así paulatinamente, van sucediéndose las desfachatadas iniciativas y personajes del mundo cultural, sin que nuestras carcajadas mermen un ápice, ya sea por la “homilías y reconvenciones” del “espléndido y rotundo” monseñor Humberto Rega, las cuales se publicaban en suplementos dominicales con títulos como “El aborto bastardo”, “Modernidad y relajo” o “Aberraciones de la cultura fornicaria”, o por las traducciones en papel biblia del bardo Máximo J. Firestone, que en letra diminuta rezaba que estaban publicadas por las universidades de Oxfordt o Cambridget, o la concienzuda revisión por parte de Ibañez de “un libro necesario”, imprescindible se podría decir de título “Perspectivas ambientalistas de la identidad barrial y sociopolítica de la periferia urbana” .

La novela de Báñez es una finísima burla de todo tópico sacro que toca y nos hace patente cuan absurdamente solemne, fútil y burda (y entre paréntesis risible) puede ser la burocracia institucional en cualquiera de sus facetas (sobre todo en paises tan bien adiestrados en este lastre como ser los latinoamericanos, donde Bolivia se encuentra en una situación vanguardista), aunque en el caso particular de la novela, citando a nuestra querida y actual Ángeles Cepeda, el Mamotreto de la Conchinchina, “. . . la cultura es la mariposa de la aldea global”.

miércoles, septiembre 05, 2007

32 claves y pistas para comprehender INLAND EMPIRE


1. Los ángeles, como los demonios, son.

2. Todos somos ángeles o demonios de otras personas.

3. El tiempo no se limita a una dimensión lineal ni diacrónica sino a una sincro-diacronía, a una extensión más-que-espacial; se puede deambular por ella a través de los símbolos.

4. Comprender jamás es explicar. Comprender es abrazar.

5. El todo se reproduce en cada una de sus partes.

6. Todo tiene sentido.

7. Nada tiene sentido.

8. Cuan oscura es la trastienda de lo que realmente somos, más allá del rol exógeno que determina nuestro ser social.

9. El deseo y el miedo ¿Cuánto tienen en común y cual es la relación metonímica entre estas dos condiciones de nuestro ser?

10. Hollywood Bvd., desengaño, tormenta.

11. Las almas viajan a través de múltiples cuerpos y vidas individuales para realizar designios que no son inteligibles para el ser humano (pudiendo ser de otra manera para otras especies). Nosotros somos los caballos de genios de otras orbes del mundo espiritual, los hermanos sub-saharianos lo saben bien.

12. Los fantasmas (en todas las acepciones de este concepto) encuentran medios de deslizarse a través del tiempo y el espacio por puertas paralelas a las que alcanza la percepción. Por ende, los fantasmas son.

13. Nadie puede conocer la noche sin conocer los horrorosos caminos del alcohol (evocando a Saenz).

14. El tiempo es una espiral compuesta de espirales, que a su vez están compuestas de espirales y así ad infinitum. Librarse de ese ciclo para poder contemplarlo en su Belleza, es el reto de todo viaje espiritual.

15. El cine es un reflejo de la vida y viceversa.

16. El cine tiende al metalenguaje como las partículas del universo tienden a cohesionarse.

17. ¿INLAND EMPIRE será la película más realista de Lynch?

18. La luz y el lenguaje ¿Cuál simboliza a cuál?

19. Dios existe, lejos pero existe.

20. Santas putas, putas santas: delgada cortina roja.

21. ¿Cuál es el rol del espectador en INLAND EMPIRE? ¿Qué es verse en un cine vacío? ¿En pantalla gigante?

22. ¿Por qué Kingsley es tan huevón?

23. Sociológicamente ¿Qué quiere decir el mundo de Hollywood y qué el de Inland Empire?

24. ¿Quién decide volver?

25. ¿Cuál es el oficio más antiguo?

26. El mundo y sus derivados están en el interior, lo demás es ilusión.

27. Un mundo de hombres cirqueros y mujeres prostitutas ¿Qué tipo de intrigas albergará?

28. ¿Hay algún cura en INLAND EMPIRE?

29. ¿Qué provoca una reflexión?

30. ¿Cuál es la casa de los conejos?

31. Qué diferentes destinos: Dale Cooper y Susan Blue.

32. Extraño es lo que hace el amor… cuando estás tan sola.

miércoles, agosto 29, 2007

Radio Venceremos o el unívoco destino de la acción política


“Bin Laden, Che Guevara, Superman,
lo que iba a ser, la mierda que ha sido.”
Joaquin Sabina, Pie de guerra.


En pleno auge de su afiliación política, el más lúcido y comprometido militante del partido comunista húngaro, el intelectual Georg Lukacs, se dió cuenta de que aunque la revolución había triunfado en la Unión Soviética, la vida de los obreros seguía siendo una mierda: la dictadura del trabajo repetitivo, absurdo y doloroso aún permanecía sobre sus vidas cotidianas. Ahí se dió cuenta que el problema no era el sistema político (capitalista o socialista) sino la forma social y ecónomica que había adquirido la vida de los hombres: la industrialización; pero en el fondo en sus dudas se vislumbra la posibilidad de que el verdadero problema sea el ser humano. Aunque la duda lo aquejó siempre, hasta sus últimos días, aunque con profundos resquemores y agrios sabores, siguió consecuente apoyando al partido.

Después llegaron Adorno, Horkheimer y todo el resto de la banda de la Escuela de Frankfurt, continuaron sus preocupaciones y demostraron largamente las tristes y dolorosas caracteristicas del ser humano: la personalidad autoritaria, las pulsiones por el poder, el miedo a la libertad, la angurria, las ansias de matar, la tristeza ineludible de nuestro destino. En el fondo, el punto más jodido de lo demostrado por estos pesimistas y brillantes alemanes era que el ser humano no tenía ideales verdaderos profundos, la acción política para mejorar el mundo y sus habitantes era solamente un callejón sin salida signado por la necesidad de expurgar demonios individuales que en última instancia se convertirán en privilegios, en poder, en la misma mierda anterior.

Escribo todo este recuerdo de Frankfurt para contextualizar un triste hallazgo que tuve días atrás y que confirma estas preocupaciones. Adolescente, leí un libro que me conmovió en extremo, se llamaba “Las mil y una historias de Radio Venceremos”. Escrito por un ex jesuita simpatizante de la revolución cubana, el libro recogía testimonios, anecdotas e historias de los componentes de la radio del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FFMLN), movimiento guerrillero de El Salvador. En los ochenta, en medio de una típica dictadura atroz latinoamericana auspiciada por los hijos de puta de los Estados Jodidos de América (Alison Spedding dixit), este movimiento peleó a muerte por un país mejor, por escapar aunque sea un poco de la oligarquía que se repartía el poder elección tras elección mientras la mayoría se moría de hambre. Y uno leía emocionado las historias de unos locos manteniendo la radio en medio de la guerra, agarrando el micrófono como si fuera una metralla y salvando la vida cada día entre los bombardeos de aviones regalados por los gringos.

De entre todos los protagonistas recuerdo a tres especialmente: Santiago, un venezolano quijotesco que era el locutor principal, llegado a El Salvador después de estar en Nicaragua; “Maravilla”, locutor, corresponsal y periodista, venezolano también, cineasta graduado en Londres; y Joaquín Villalobos, comandante del frente guerrillero donde estaba la radio, ex hombre de las juventudes demócrata cristianas. Los tres eran tipos valerosos que habían sacrificado la posibilidad de una vida exitosa por meterse al monte y morir por una causa solidaria y extrema. Los tres combinaban la convicción con el sentido del humor y la inteligencia. El libro, en términos cronológicos, terminaba años antes del proceso de paz que convirtió al FMLN en un partido político. No volví a saber de ellos.

Hace unos días volví a encontrar el libro, lo leí de un tirón disfrutando de nuevo de esos excepcionales hombres viviendo a salto de mata en lo profundo de El Salvador; me pregunté que habrá sido de ellos y decidí averiguar a través del internet. Me llevé una sorpresa. Santiago es el que más cerca se ha mantenido de lo que era, dirige el Museo de la Memoria de El Salvador, ha dirigido un documental histórico y escribe un libro sobre la lucha guerrillera de los ochenta. “Maravilla” es millonario, productor afamado de telenovelas mexicanas (no es broma, ni invento). Y Joaquín Villalobos, el gran comandante Atilio, es un asqueroso intelectual afiliado a las ideas de la social democracia europea, que asegura que para El Salvador es mejor que gane la oligarquía que el FMLN para que no exista una alianza con “las dictaduras” de Castro y Chavez.

Terminé de leer toda la información en internet y me dieron nauseas. No pude dejar de pensar en la Escuela de Frankfurt, en las asquerosas y profundas características de los hombres y mujeres, en la imposibilidad de vencer nuestras pulsiones de poder, odio y dinero (“el hombre como el lobo del hombre”). Casi siempre, con rarísimas excepciones, en eso terminan los grandes movimientos que intentan luchar por un mundo mejor, repiten exactamente las características fundamentales que intentaban competir y los hombres se convierten en esos seres que odiaban cuando eran jóvenes.

Pensaba terminar haciendo una relación con los miles de políticos bolivianos que cumplieron justamente este tránsito. No pude dejar de pensar en nuestro MIR, pero no puedo escribir nada sobre ellos, como dice Shimose “quiero escribir y me sale espuma”. A veces, el empute causa falta de ironía, argumentación y palabras. ¿Qué me queda entonces por decir al respecto? Sólo: Jaime, ojalá "ardas" un poco más en el infierno.

jueves, agosto 23, 2007

Contemplación de un templo en Saturno

A Vale


Se trata de una semiesfera en ruinas cuyo punto más elevado no se distingue sin vértigo y sensación de pequeñez Absoluta. El edificio imita la coraza de un gran escarabajo de celeste naturaleza. La cúpula cubre un inmenso estanque perfectamente circular. Todo está en manifiesta decadencia y parece haber sido concebido por una civilización anterior a la gran muralla edificada para separar el territorio de lo soñado y el de lo vivido, dado que, si bien en un estado decrépito, el templo ejercía un efecto hipnótico: fascinante y aterrador a la vez. Y a pesar de que las aguas estaban estancadas durante milenios y habían desarrollado fauna y flora propias de los más oscuros pantanos, era imposible dejar de imaginar como habría sido semejante palacio en su esplendor cuando, en un concurso extremadamente preciso de condiciones cósmicas – que se repiten a una cadencia incomprensible para una simple mente sublunar –, se filtraba un haz de luz venido de Dione, la luna más bella de Saturno, por un pequeño esténopo ubicado matemáticamente en lo más alto de la cúpula. Las aguas, poco antes oscuras y fétidas, de repente reflejaban un asombroso movimiento proyectado mágicamente en la totalidad del domo, ahora translúcido y acariciado por juguetonas tonalidades verde esmeralda. Y se levantaban los muertos del pantano devenidos hermosos seres andrógenos de piel selenita; bailando enamorados al son de una melodía misteriosa y reconfortante, para luego volver a la oscuridad perpetua en la que yo me encontraba en cuanto la ley giratoria de los cielos alejaba al hermoso satélite con la misma energía que lo había dispuesto en el punto exacto para que se produzca aquella orgía de sagrada y trascendental belleza.

Ojalá hubieras estado allí para verlo…


(Extracto de "Luna de miel en Saturno")



viernes, agosto 17, 2007

Roberto Bracelli, el mago de las preguntas


"Bajamos del coche y nos asomamos a lo que había sido la calle principal, que salía de la estación y moría tres cuadras más allá en el alambrado de un campo. Coluccini me señaló un almacén con barrotes en las ventanas y fue a echar un vistazo a través de un vidrio roto.

- Nadie - dijo- . Se fueron todos a Bolivia."

Osvaldo Soriano, Una sombra ya pronto seràs.


Conjunción.

1

Soy argentinófilo. Desde siempre. Me seduce su música: el pelado Cordera cantando al peyote y a Garrincha antes de hacerse famoso, los dos pedazos que fueron uno antes de que el inmigrante se mate alcohólico después de dejar la heroína; me seduce su literatura: la búsqueda de esa enciclopedia inexistente, los inventos que nunca dan fama, el calígrafo que parte hacia Sudamérica con el corazón de Voltaire en un frasco, la heroica resistencia en un aguantadero en Montevideo, el boxeador amigo muerto en un tren por el camino de la dictadura; me seduce su fútbol: el gol sorprendente y hermoso del turco Asad cuando el humilde Velez le quitó la gloria mundial al Milán, la carrera eterna de Dios en una cancha cerca del cielo, la absurda y maldita derrota del estandarte de Bielsa.

Podría citar miles de casos más para cada uno de esos espacios sagrados…música, literatura, fútbol. El hecho es que soy argentinófilo.

2

Encontrarse con algo excepcional sin que nadie te lo muestre. Ese es un privilegio que la vida te regala de vez en cuando y es un privilegio que cada vez sucede menos. Uno se agarra de la belleza casi siempre a través de pistas que te da la existencia: la opinión de un amigo, el consejo de un profesor, una reseña en el periódico, un libro, la red. Sin embargo, de vez en cuando uno tiene la posibilidad de encontrar algo desde la hermosa naturalidad de la ignorancia. Cuando tenía 14 años descubrí en el estante de la biblioteca de mi abuelo “Un mundo para Julius” de Bryce Echenique, no volví a salir de la casa hasta haberlo terminado. Después me enteré que Echenique no era tan bueno (algunos poseros de la literatura dirán que es light, palabra que no entiendo) pero el embrujo siguió existiendo: la relación de Julius con los criados, la belleza inasible de Susan, el llanto contenido que producen los que se van, los que ya no volverán. El embrujo sigue existiendo: “donde el sol brilla hasta cegar a gente del pueblo que pone su carota en la ventanilla y ve al presidente de cerca y esta noche se va a emborrachar en alguna cantina y en algún momento va a llorar. ¡Viva el Perú carajo! ¡En las olimpiadas del treinta y seis no nos dejaron campeonar en fútbol porque éramos negros!” (Alfredo Bryce Echenique, Un Mundo para Julius).

Ahora sí, conjunción.

Bueno, hace dos días caminaba por la absurda Feria del Libro de La Paz. Absurda por dos razones: 1) No sé dónde leí que las ferias del libro son como los mundiales: los que no se interesan mucho por el fútbol se mueren de emoción en los mundiales; los que no leen nunca, se mueren de emoción en las ferias. 2) En La Paz, la Feria es una juntucha de todas las librerías de la ciudad, nada nuevo llega como dice Cortazar en casa tomada. Caminaba por esa Feria y en el espacio de libros usados me encontré con “Caras, caritas y caretas” de Rodolfo Braceli. Braceli, el hombre que escribió el mejor libro sobre fútbol que yo conozco: “De fútbol somós”.

Soy argentinófilo y la suerte (¿existe esa palabra?) me regala un libro de uno de los mejores entrevistadores que existe conversando con una sarta de disímiles personajes argentinos: el Diego, Charly, Bioy Casares, Borges, Monzón…Y Braceli nos lleva por cada uno de ellos de la mano de una inteligencia absoluta y un humor exacerbado y parece que no todo el periodismo es un ejercicio de estupidez.


Así, podemos contemplar los últimos días del gran puntero Corbatta, añorando entre el alcohol y el cigarro una vuelta a los grandes estadios, podemos aprehender la inmensa red de conocimientos que dominan las palabras de Bioy Casares, podemos perdernos entre el monólogo absurdo y lúcido de Charly Garcia, podemos escuchar el oceánico conocimiento y el humor delirante de Borges desde otro punto de vista. Y en el fondo, todos estos “tipos ideales” sirven para ir esbozando una figura de lo que significa ser argentino. Que más, un manjar de palabras y retratos para un argentinófilo.

No hay desperdicio, cada pregunta es oro y cada respuesta es vida. Si de algo sirve este escrito (sirve de algo algún escrito?) ojalá que sea para que le echen una ojeada a Braceli, cuentán que es un buen poeta y un excelente escritor de teatro, pero como entrevistador es una joya. Búsquense “De fútbol somós” y “Caras, caritas y caretas”; llorarán con el gran Corbatta, delirarán con Fangio, sufrirán con Maradona, pero más allá de eso verán a través de los profundos ojos de Rodolfo Braceli.


domingo, agosto 12, 2007

Muertos 1 – Vivos 0: Bienvenidos a la ciudad de los Cuculis


"¡Espérame allí! No dejaré de encontrarme contigo en ese profundo valle."
Henry King, Obispo de Chíchester

El terror tiene mil derroteros. Al igual que la muerte. Sin embargo ella yace ahí detrás, en lo siempre-aguardando del universo: infigurable, inefable, inimaginable. La monstruosidad es un recurso poderoso del espíritu poético de la humanidad para figurar lo infigurable, nombrar lo innombrable: un monstruo figurado es un miedo neutralizado, un algo invisible, indiferenciado – en la noche del inconsciente –, devenido visible. El recurso a la figuración de la monstruosidad es, en el caso de los humanos, tan antiguo como el miedo a la muerte, y a todas las causas que llevan a ella, aunque éstas varíen desde un virus como el HIV hasta moscas teleguiadas por brujas. El rostro de la muerte es el mismo y no lo conocemos aun, y eso a pesar de tener con ella una cita segura: en el lugar preciso, a la hora exacta...

El terror tiene mil derroteros: uno de ellos es el comic. Alvaro Ruilova es un ejemplar artista que ejerce hoy por hoy en este rubro. Su obra* linda entre el realismo cruel de Victor Hugo Viscarra** y la fantasía macabra de George A. Romero en un contexto sumamente paceño, deliciosamente paceño, crudamente paceño. Allí aparecen maravillosamente encuadrados los barrios del Tejar, el mercado Rodríguez, el Cementerio. La cultura de ladera se revela con una lucidez, un humor y un terror que impactan (emocionan) realmente: sin panfletos, sin política y sin discursos trasnochados, de los cuales ya estamos hasta las guindas y sobre todo cuando se infiltran en las obras de “arte”. Así como es una historia de La Paz profunda, tiene elementos del terror – y del humor – universal que permitirían que sea disfrutada por cualquier polaco o libanés (aunque ellos tengan un Cuculi mayor que deben enfrentar llamado Israel, Dios los bendiga).


Un Cuculi es tanto lo que aterroriza como el terror que produce: me da cuculi, he visto un cuculi, tiene cara de cuculi, se escucha en calles y casas de la urbe andina. Monstruo, fantasma y terror sin objeto (el peor de todos), el Cuculi existe. En “El Partido de la Oscuridad”, Ruilova construye una historia trágica y aterradora como en su opera prima “Noche de Mercado”, sin embargo aquí añade elementos hilarantes y una acción de poderosísima tensión narrativa: me refiero a un partido de futbol entre vivos y muertos. Estos últimos son monstruos maravillosamente caracterizados, futbolistas del averno, condenados desbordando y dribleando en pos de clavarla al ángulo para llevarse como premio el alma de algún mortal. El desenlace del partido es inteligente e inesperado, además de ominoso y desolador, cómo no.

Me declaro enemigo de la metáfora y, sobre todo, aclaro al lector que la mayor de las veces me da urticaria caer en la “lectura sociológica” de cualquier tipo de narración o composición que se ponga ante mis ojos. Sin embargo en “Cuentos de Cuculis” me parece inevitable: el monstruo que dibuja Ruilova es una imagen gore y pesadillezca del marginal de La Paz, habitante del frío, muerto viviente, hijo del abismo, condenado, intocable, temido por las familias (en sueños y en vigilia), cobijadas en el calor de sus hogares... mientras mugen, junto al viento helado de la cordillera, los habitantes de la eterna noche. En “Noche de Mercado” aparecía en la urbe un monstruo que, según se suponía, solamente vivía en la noche helada del altiplano: Meqala, terrible divinidad aymara de la sequía, el hambre y la podredumbre así como espíritu de la impureza y del adulterio. La figuración de este monstruo es tan escalofriante como la desgarradora historia que subyace detrás: un huérfano de la calle, hundido en el alcohol y males peores que ha de ser sacrificado para apaciguar a la Bestia.

El comic es, sin duda, un primo del cine en cuanto a su manera de significar. Narratividad fusionada con plástica es el campo en el que ambos tienen que asentar su contenido. Alvaro Ruilova conjuga los dos imperativos armoniosamente y al leer “Cuentos de Cuculis” uno disfruta tanto de los cuadros (hermosos retratos paceños) y de la historia así como del “montaje” que sugiere una dinámica en crescendo hasta ser capaz de hacernos gozar de un partido de futbol en base a una secuencia lineal de cuadros fijos óptimamente combinados lámina tras lámina. A todos los que tengan acceso, les invito a leer este maravilloso comic que nos hace viajar a una La Paz que, por el exceso de realismo, deviene fantasmagórica y delirante, todo dentro de una elegante edición de más de cuarenta páginas que también vale la pena rescatar.



* Para mayor información ver www.cuentoscuculis.blogspot.com
** Notable escritor paceño (1958 - 2006) de obras como "Coba: Lenguaje secreto del hampa boliviano", "Borracho estaba pero me acuerdo", "Alcoholatum y otros drinks", etc.

martes, agosto 07, 2007

El "Negro" que lo parió a Inodoro

"- ¡Mire esta vaca, Serafín! Musa inspiradora de miles de composiciones escolares... ¡Y ahora es acusada de traficante de colesterol por el naturismo apátrida! Nos da su leche, su carne, su cuero. ¡Lo quiero ver a usté haciéndose una campera de zapayitos!"
Inodoro Pereyra, Roberto Fontanarrosa

Mi primera ida a Buenos Aires trajo una constatación y dos suculentos descubrimientos. Mi constatación fue la fascinación que desde muy pequeño había sentido por el fútbol argentino y por la imparangonable pasión que se vivía en las tribunas; fue tal la constatación que creo que en mis primeros 14 días en Buenos Aires asistí a unos 10 partidos de fútbol en diversas canchas de capital y provincia.

Los descubrimientos, en cambio, fueron de índole muy distinta. El primero fue el asado de tira; la fama de la carne argentina es mundial pero hasta que uno no la pone en contacto con el paladar y los dientes no sabe que así como la pasión cantada de las tribunas futboleras, es incomparable, pese que para pasmo de mi hermano, mi viejo y mío uno de los comensales que nos acompaño a nuestra primera incursión al “Palacio de la Papafrita” (guardo la identidad para privar del escarnio público al buen hombre que nos hizo compañía), ni corto ni desvergonzado lo primero que hizo al ser servido fue pedir ketchup de acompañamiento y como bien decía un caro amigo del vecindario madrileño de Moratalaz “esto en mi barrio es movida”, yo suscribo y certifico la frase ante tal atentado de lesa gastronimidad.

Pero el descubrimiento más inopinado y fascinante creo que fue “Inodoro Pereyra: El Renegau” (como él se describe "Pereyra por mi madre, Inodoro por mi padre que era sanitario"), historieta creada por el finado escritor “Negro” Fontanarrosa, que narra las lánguidas y filosóficas desventuras de un gaucho de indomable flojera (o como él mismo se define "timido para el esjuerzo"), hirsuta y rebelde cabellera y portentosa y redondeada nariz (o como la llaman los loros "nariz de taco alto"). Inodoro es la hilarante parodia del tesón y enjundia gauchesca, llevada a sus más grotescos e imaginativos derroteros con díalogos como los siguientes: "- ¿Y usted cómo se gana la vida? - ¿Ganar? ¡De casualidá estoy sacando un empate!" o "- ¿No andará mal de la vista, don Inodoro? - Puede ser. Hace como tres meses que no veo un peso". Ahondarse en la lectura de Inodoro fue una de las costumbres más celebradas de nuestra estadía en Argentina, ya que arribando tarde en la noche mi viejo nos leía las historietas con acento gaucho explicándonos mucho de la jerga utilizada y en breve mi hermano y yo nos desparramábamos de risa con las conversaciones, elucubraciones y máximas de Pereyra al lado de su insobornable compañero el crestiano emperrado (o perro crestiano) Mendieta, de su abundante esposa Eulogia y una bandada de loros que no hace otra cosa que difamar y vilipendiar al sufrido mártir telúrico. Las lecturas duraban horas, lo que provocó que lo único relevante, si es que lo es, de Buenos Aires que no conocimos ni por asomo fue la mañana, Pereyra nos privó de tan sutil y madrugador privilegio.

Ese humor argentino ambientado en un personaje de tierra adentro, tenía amplificadas todas esas virtudes de un pueblo con una finísima ironía, un privilegiado sentido para las comparaciones insólitas, tremenda capacidad para hablar alverres (al revés) y para el trastorno del sentido de las palabras (un rasgo más bien propio de humor de Fontanarrosa), factores que a la larga han sido no semillas para el cultivo de la risa, sino una escuela de humor y de manifestación verbal de la cual me siento pésimo, pero honrado epígono, así que quería rendir mi pequeño homenaje a un gigante del humor mundial como el “Negro” y no el día después de su muerte, sino un poco después, porque los homenajes no se deben quedar en meras crónicas recopilatorias sino en el verdadero legado que el finado te dejó.

Qué grande Fontanarrosa, que en su obra nos legó todo el sustrato de los descubrimientos y constataciones argentinas: el amor por el fobal, la veneración del sagrado vacuno y la más rutilante destilación y digestión del humor a través de Inodoro y compañía. ¡Qué lo parió al Negro, hasta siempre!

lunes, julio 30, 2007

Dossier (Volumen II): Celebrando el aniversario de el lar, un evento lúdico-cachero

Chaki Rayo (oleo sobre tela), Diego Loayza

Disculpen estimados lectores la ausencia de textos en este lapso temporal, pero hemos estado preparando este dossier con tal de celebrar el aniversario de el lar como amerita; y para tal propósito no vimos mejor manera que honrar los fastos con un grupo de textos sobre el emérito deporte muñequil llamado cacho, actividad que dio inicio a todas las faenas de Cubitel, de las cuales este blog es la última manifestación.

Cubiteleros

Índice