
Hay ciertos jugadores que tienen una raza especial, no tienen por que ser los mejores del equipo, pero si le otorgan a la escuadra que integran un plus, una suerte de liderazgo, un algo más que no te ofrece ningún otro jugador de la plantilla. No se destacan especialmente por su brillantez con el balón, sino por su injerencia positiva y anímica en el rendimiento del equipo. Durante las décadas ese tipo de jugadores se han paseado por la canchas, nunca en exceso, ya que son especiales y por ende escasos, uno de ellos fue Obdulio Varela, gigante caudillo del milagroso “Maracanazo” uruguayo, otro en versión argentina fue el Ratin boquense, sin olvidar al brillante Franco Baresi en Italia y el AC Milán. En ejemplos más contemporáneos cabe recordar a Fernando Hierro, del Real Madrid, equipo que sentía tanto la ausencia de su capitán haciéndosele casi imposible la victoria ante esa coyuntura, o el irlandés Roy Keane, despiadado y malintencionado mediocentro del Manchester Utd., pero pieza esencial de engranaje de los “red devils” a raíz de su temperamento y vocación ganadora.
El problema de enumerar es la cantidad de ejemplos que injustamente dejas en el camino, pero hoy del que cabe hablar y que ejemplifica perfectamente ese tipo de jugador más conocido como el “caudillo” es el defensa español del FC Barcelona, llamado Carles Puyol, un marcador central de poca estatura para el puesto, pero con un corazón gigante y un sacrificio desmesurado siempre en beneficio del conjunto.
En la semifinal de la Copa del Mundo, a Carles le ha tocado ser el héroe, el hombre que vulnere a los alemanes por donde parecen invulnerables, por arriba, de cabeza, llegando desde atrás y golpeando brutalmente la pelota anticipándose y ganándole a su mismo compañero, el inmenso Gerard Piqué (quien tiene el privilegio de ser compañero de zaga de Puyol en club y selección, y quien tiene toda la raza para ser su reemplazante en el mando de ambos), y marcando quizás el gol más importante del fútbol español.
Pero a Puyol no hay que celebrarlo sólo por ese hito, sino por todo lo que viene haciendo año tras año, partido tras partido, y eso si, el gol ante Alemania, es un premio, un autohomenaje que él se hace a si mismo y como siempre a sus compañeros y al equipo. Cuantos partidos cerrados, de dientes apretados, no goleadas y triunfos claros, del Barça y de España uno recuerda en la que Puyol tuvo actuaciones sobresalientes y se erigió como una de las figuras de la cancha, recuerdo que muchísimos, y es que éste león se agranda cuando el partido demanda el cuchillo en la boca y es que en esas circunstancias Carles se vuelve más gigante de lo que su tamaño atreve a entrever. España que está en los albores de lo que puede ser su hora más gloriosa en fútbol, le toca hoy enaltecer sobre todo, no el deslumbrante toque, estilo y talento de sus pequeños, sino la grandeza y raza de su gigante caudillo llamado Carles Puyol.