¡Sabíamos que no podías dejarnos de esa manera Michael!
Fuente: P.A.T.













El bicho era un tanto menor que un ser humano normal, su porte podía compararse al de un joven orangután. Era lampiño y de tez purpúrea, la piel en la espalda era verrugosa y necroseada, casi un caparazón de tejido dérmico muerto. A pesar de estos rasgos humanoides, no se confunda, el keftópedo tenía poco de humano. En su mirada, visqueada, vidriosa y moribunda, se denotaban rasgos ligeramente himenópteros, sus glándulas salivales trabajaban a un mil por ciento más que las de un hombre normal: por ende, se la pasaban babeando ese líquido verdoso, mal oliente y en extremo espeso. Tampoco se puede negar la particularidad de estos estafermos en materia de locomoción. Estas bestias quasi-bípedas, tenían un andar ornitomorfo (haciendo especial referencia a las grandes aves carroñeras andinas como el Vultur gryphus) combinado con ciertos dejes de crustáceo decadópodo: lo que complicó entonces y complica aún la ubicación taxonómica de su especie de una manera alarmante. Pero nada sería eso en comparación con sus habilidades cognitivas: si bien poseían aptitudes para el lenguaje, éstas eran muy limitadas e inconstantes. Algunos tienen la teoría de que su lenguaje, por momentos, no les permitía comunicarse ni entre ellos y que, durante períodos muy breves y sumamente discontinuos, afloraba un débil feed-back. Generalmente las conversaciones eran monopolizadas por un individuo que se olvidaba del significado primero que lo había llevado a tremenda disquisición. Usualmente estos amagues de oratoria terminaban en griteríos y peleas cuando de machos se trataba (rara vez un keftópedo atacaba a un hombre o a una mujer pero, cuando lo hacía, era brutal e imprevisible) y en copulación indecente y desinhibida, en suma promiscuidad, cuando machos y hembras se veían envueltos. El vocabulario de su lengua era en extremo limitado y, generalmente, para poder ser comprendidos tenían que recurrir a gestos grotescos y movimientos descoordinados. No era extraño verlos estallar en carcajadas irritantes y carentes de fundamento humorístico. No es certeza de nadie que estos engendros tuvieran cultura, sin embargo, era remarcable notar que, los machos, a pesar de su desnudez, portaban corbata (generalmente babeada y vomitada): la intensidad de sus colores y su tamaño eran elementos para atraer al sexo opuesto. Los machos, ya que estamos en el tema, tenían una desmesurada prolongación peniana de textura casi ósea y porosa en la parte baja y en el escroto (por lo que también le servía de arma contundente). Las hembras, con afán hedonista - dado que la reproducción de esta especie se daba exclusivamente a través de la ingestión del mentado brebaje -, tenían los labios vaginales y la vulva al final de una trompa que se prolongaba (en función de la excitación del individuo) hasta un metro de largo, con este tentáculo envolvía a su pareja y le sugería, de manera violenta, el coito. Algo que no se podía negar era la atracción de la especie keftópeda hacia la danza y su sensibilidad para la música. No era raro encontrarse en la calle con una de estas bestias llorando al son de alguna canción melancólica y/o de amor. Asimismo, no faltaban los que brincaban como monos en transe ante la presencia de una banda y sus ritmos endiablados. Es de remarcar el hecho de que estas criaturas no vivían más de tres o cuatro días y sus cadáveres se descomponían completamente en un tiempo semejante, lo que impedía que uno pudiera encariñarse un mínimo con algún miembro de la especie. Su comportamiento errático, caprichoso, grosero y casi sonámbulo, también contribuía a ello. Ni qué decir de su agudísimo hedor.El objetivo de la bruja con esta propagación de keftópedos dentro de las fronteras de nuestra nación era simple: el control absoluto sobre el humor y la motivación de los habitantes de esta noble sociedad. Tan dolorosa era la gestación y la parición de estos monstruos que la persona quedaba totalmente abatida y se hacía presa de un dolor y una melancolía indecibles, además de una incapacidad absoluta para la concentración y el trabajo, se hacía víctima también de una semi-muerte de la líbido. Esta situación era insostenible para el cotidiano vivir, así que los individuos recurrían al brebaje de la bruja para recuperar el vigor, las ganas de trabajar, las ganas de socializar y de tener relaciones sexuales, cómo no. No es necesario hacer hincapié sobre el círculo vicioso que generó esa mujer maligna en nuestra difunta población con esa maniobra.
De repente, y en un muy poco tiempo, proliferaron a cualquier hora y en cualquier lugar, los keftópedos: metiendo bulla, fornicando, zarandeándose, dando rienda suelta al trolerío, peleando, bailando como monos piojosos o gritoneándose en ese estilo tan propio de gramática que poseían. Las madres cubrían los ojos de sus hijos al ver a los monstruosos, pero lo hacían a sabiendas de que, pronto, ellas engendrarían otros similares, a sabiendas de que también portaban en su seno la potencialidad del mal y que serían ellas mismas o sus esposos los que traerían más keftópedos al hogar. Quizás la asociación entre el misterioso tónico y la propagación de humanoides se omitió de manera voluntaria en la población. El jarabe de la bruja era la causa y la solución de los males que generaban estos bichos raros: en ella se encontraba el embrión de un keftópedo, pero éste era tan sólo una potencialidad si no conseguía un cuerpo que lo hospede en el cual pueda desarrollarse hasta el alumbramiento. Es decir, era necesaria la contribución de los hombres para que los keftópedos proliferen.
La situación devino a la vez que insostenible, absolutamente normal (por paradójico que suene). La sociedad se negaba a sí misma los lazos entre el brebaje – cuya receta siempre permaneció secreta e inaccesible – y la invasión keftópeda. Hombres y mujeres de toda edad y clase social se nutrían en exceso de la demoníaca amalgama (la bruja se encargó de hacerla accesible en precio y distribución) y se cegaban ante la posibilidad de asociarla con el nacimiento de las bestias. Todos las llevaban dentro, éstas esperaban salir con paciencia y cuando lo hacían, no dudaban en hacer su agosto. Los keftópedos se apoderaron de todos los espacios y campos de la sociedad: la política, los medios, la ciencia, el futbol, el área de servicios, la docencia y el arte.
Hoy por hoy algunos se empecinan en reducir la existencia de los keftópedos y la debacle socio-demográfica de mi nación a un mito. Sin embargo los rastros ahí quedan y se constituyen en evidencias… en medio de esa inmensa aridez abandonada. Tierra de nadie. Quién diría que este paisaje seco y penumbroso hubiera albergado a una nación fuerte, hermosa en paisaje, sociedad y espíritu ¿Quién diría que allí mismo bullía la vida como una fábrica de transfiguración de la luz? Creo que soy el último y pronto moriré pero espero que estas palabras sirvan de advertencia a otras naciones, potenciales víctimas de esta siniestra señora que sólo quiere engrandecer su imperio – el imperio de la decadencia y la putrefacción –, a costa de la exterminación de las poblaciones con este método que tiene tanto de inteligencia como de maldad cuando de envilecer la especie se trata.
Cuadros
1. Pintura, Francis Bacon
2. Cha cha cha chaaaaan, Juan Carlos Eberhardt
3. El triunfo de la muerte, Pieter Brueghel (el viejo)
4. La pesadilla, Henry Fusseli
5. El infierno, Hans Memling
6. Sensualidad, Franz Von Stuck

10) Deportivo La Coruña 4 – Milán 0. Cuartos de final de la Champions League. 2004. Albert Luque: El partido de ida parecía una sentencia concluyente. El Milán había ganado 4 a 1 en su cancha al Deportivo la Coruña y los cuartos de final parecían estar definidos. Pero, ya se sabe, con ese Superdepor nada estaba nunca definido. El partido de vuelta se jugaba en Riazor y la muchedumbre que colmaba las gradas creía en la gesta heroica. A los cinco minutos, el “Rifle” Pandiani anota el primer gol para el Depor y la eliminatoria parece cada vez más cerca. Pasada la media hora del primer tiempo, Valerón empalma un genial frentazo que deja al equipo español a un gol de la gloria. Todavía hay tiempo, lo más difícil parece haberse realizado, sin embargo el Depor no recula, sigue empujando en busca del gol de la clasificación. Sale la defensa italiana con la pelota, Albert Luque roba el balón, enfrenta al arquero Dida, y clava la pelota al fondo de las mallas. 3 a 0. El Deportivo La Coruña ha realizado la hazaña. En el segundo tiempo, Fran decoraría el resultado y sellaría la enorme victoria del Superdepor por 4 a 0.
9) Vélez Sarsfield – Milán. Copa Intercontinental. 1994. Omar “El Turco” Asad: Madrugada. Algo había en ese Vélez que me seducía terriblemente. Será que desde niño siempre odié a River y a Boca, y por eso ese equipo pequeño triunfando en Argentina me emocionaba constantemente. Ganar en Argentina ya había sido un gran logro, conseguir la Copa Libertadores ya tenía tintes de hazaña, pero jugar contra el gigante italiano parecía una empresa imposible. Me levanté temprano (yo que toda la vida lo que mas he odiado es levantarme temprano), me senté frente al televisor esperando el milagro. El pícaro “Turco” Asad se adelanta a un paso defensivo hacia el arquero, corta el envío y, desde un ángulo imposible, mete al pelota en el arco. Se acabó, Vélez es campeón, Chilavert, Trotta, Asad, Flores, levantan la Copa Intercontinental. Desde Liniers, un grupo humilde levanta el trofeo delante de todo el mundo.
6) Liverpool – Milán. Final de la Champions League. 2005. Xavi Alonso: Sólo, echado en la cama de mi cuarto, veía con estupor como finalizaba el primer tiempo de la final de la Champions del 2005, el Milán ganaba holgadamente 3 a 0 al Liverpool inglés. Yo, que siempre voy en contra de los italianos y que iba formando esa época una simpatía por el Liverpool que a veces se ha convertido en fanatismo, puteaba en voz baja contra los milaneses. Me había escapado del trabajo en vano (el funcionariado no da espacio para el fútbol) y creía que la final estaba sellada. Se inicia el segundo tiempo y en diez minutos el Liverpool se pone 2 a 3. Pocas veces he sentido esa emoción de nuevo. Sentado al borde de la cama, observé el penal que le cometieron a Gerard. Xavi Alonso se aprestó a patearlo. Yo, un nudo de tensión y emoción buscando catarsis, me quedé mudo cuando Dida atajó el penal, para saltar después cuando Alonso recogió el rebote y la mandó al fondo de las mallas. 3 a 3, imposible, irreal. “You never walk alone”.
5) Colombia – Alemania. Copa Mundial en Italia. 1990. Freddy Rincón: Cochabamba. Habré tenido diez años. El Mundial era, con diferencia, el mejor momento de la vida. Aún sigue siendo así, aunque la intensidad no es la misma. En vacaciones, hospedado con la familia en la casa de un tío con el que nunca hablaba. Sin embargo, todos los días nos sentábamos juntos a ver el fútbol. Colombia me encantaba: el “pibe” Valderrama con su peinado estrafalario y esa capacidad para mostrar que la inteligencia es más útil que la velocidad y la fuerza física, el excéntrico Higuita que extendía su área de influencia de manera dramática, Higuarán y Estrada, delanteros veloces, fibrosos, filosos. Esa Colombia se enfrenta en el escenario mundial contra la poderosa Alemania. Necesitan del empate para pasar de ronda y dominan el partido frente al gigante. Sin embargo, inmerecidamente, Alemania se pone al frente con un gol de Littbarsky faltando solamente dos minutos para que acabe el partido. El gol es un golpe demasiado duro para los colombianos, parece que la suerte está echada, ya no hay tiempo. De pronto, Leonel Alvaréz corta la pelota, el balón le llega apenas a Valderrama, la controla y logra realizar una hermosa pared para después meter un envenenado envío que deja a Freddy Rincón sólo frente al arquero. Él lo encara y mete la pelota entre sus piernas. Rosquito perfecto, guiño a la niñez y a la infancia, que manda a los colombianos a la segunda ronda del Mundial.




4) Blade Runner: Seguimos en esa vena existencialista. Qué es lo que nos hace ser lo que somos. Blade Runner es una colosal paliza a la ridícula A.I. del zopenco de Spielberg. En un momento de lucidez irreproducible en su carrera, Scott nos regala este poema futurista donde se plantea el asunto de la identidad como una sumatoria de recuerdos, nada más: de ahí su artificialidad y su vulnerabilidad.
5) Star Wars V: The empire strikes back: Me permito agregar esta oscura epopeya intergaláctica a sabiendas de que, por fin, se hizo justicia y fueron encarcelados George Lucas y a su nefasto compinche Steven Spielberg tras haber sido encontrados in fraganti enculando a un storm trooper, teniendo en putrefacción el cadáver de Yoda (sexualmente vulnerado), además de haber enniñado numerosas veces al bueno de Indiana Jones (para más referencias ver “The chinese problem”, Southpark, temporada 12). Antaño, cuando el violador interestelar – buscado en más de doce sistemas – era hombre de bien y de buenas intenciones narrativas, se parió The Empire Strikes Back. Reconozco que he sido fan de la (primera) trilogía – no tanto como esos que numerosas veces se pasaron horas ante un objeto inanimado tratando de darle movimiento a través una extraña entidad llamada fuerza –, reconozco emocionarme y haberme emocionado ante esa encrucijada del imperio a los rebeldes, esa desolación en el helado sistema Hoth, ese oscuro momento en el que Luke se ve ante el espejo más monstruoso, esa declaración de amor antes de la semi-muerte llamada carbonización, en fin: es maravilloso cuando se gastan tantos millones para que ganen los malos y además esa música y esa fotografía galáctico-expresionista (de Peter Suschitzky). Con el tema freudiano a tope (la revelación del padre, la castración-mutilación, la caída, bla, bla, bla), este viaje es más ominoso de lo que creemos y moldeó, allá cuando éramos unos vástagos, unas imágenes bastante lóbregas en nuestro inconsciente. Todo bien con The Empire Strikes Back, todo muy bien.

Nos presenta el fútbol de hoy dos hegemonías, la primera a nivel selecciones nos enseña una España espléndida, campeona de Europa como hace tiempo no se veía, dueña de los merecimientos indiscutibles, y otra que es Inglaterra a nivel ligas, ya que desde hace por lo menos un lustro el fútbol inglés posiciona a uno, dos o tres de sus equipos entre los semifinalistas de la Champions League, llegando al culmen el pasado mayo con un enfrentamiento final entre dos británicos. Estas hegemonías que hoy presentan en sus diferentes rubros España e Inglaterra son fluctuantes, otrora las mejores ligas del mundo fueron Italia para luego pasar a España para estar hoy en la isla; en lo que a selecciones respecta Alemania fue durante un gran tiempo dominador del viejo continente para luego ceder el sitial a Francia. Todo este discurrir, si nos sentamos a analizar nos permite encontrar algunas coincidencias, que si miramos con lupa no son tales, y esto refiere a un fenómeno que influye en ambos niveles: el éxodo.
El éxodo refiere a la “emigración de un pueblo o de una muchedumbre de personas”, permutando aquí personas por futbolistas y técnicos, y lo clave que es esta emigración e inmigración para el fortalecimiento de los fútboles nacionales tanto en sus ligas como en sus seleccionados. Es mejor dejar las abstracciones y pasar a ejemplificar como los diferentes éxodos en el mundo del fútbol han ido consolidando los éxitos y fracasos en los últimos veinte años de competencia internacional.

Vamos a empezar con Holanda y Alemania, equipos que a finales de los ochentas dominaban el panorama europeo, el primero campeón de Europa del ´88 y el segundo campeón del mundo del ´90. Holanda el ´88 vivió un año futbolístico mágico siendo campeón en selecciones y con un PSV Eindhoven campeón de clubes. La selección dirigida por Rinus Michels tuvo una campaña fabulosa en la mencionada Eurocopa, con jugadores extraordinarios como Rudd Gullit, Marco Van Basten, Frank Rijkaard y Ronald Koeman entre los más destacados; los tres primeros conformaban la columna vertical del AC Milan de Arrigo Sacchi que es recordado como una de las formaciones más memorables y triunfadoras de la historia del fútbol. Alemania que venía de ser subcampeón en dos mundiales consecutivos tuvo su premio el ´90 con una generación privilegiada de jugadores encabezada por Lothar Matthäus, Andreas Brehme, Jürgen Klinsmann, Thomas Hässler y Rudy Völler, todos ellos futbolistas que se pasearon con gran éxito por el fútbol italiano, siendo los tres primeros el eje de un poderosísimo Inter de Milán. El fútbol italiano luego albergaría otra cantidad de jugadores teutones llenos de talento como Andreas Möller, Jürgen Koller, Stefan Reuter, Matthias Sammer, Karl Heinz Riedle y otros, lo que sería la base para llevar a Alemania a los más alto en la Eurocopa del ´96 y de alcanzar la hazaña de convertir al Borussia Dortmund en campeón de la Champions un año después.
Holanda desde entonces ha continuado exportando hasta hoy una extensa cantidad de talento futbolístico, cabe recordar a Dennis Bergkamp, Marc Overmas, Patrick Kluivert, Philip Cocu, Frank de Boer, Edgar Davids, Edwin Van der Sar, Roy Maakay, Arjen Robben o Rudd Van Nielstelroy, por mencionar unos cuantos, lo cual puede explicar el alto y medianamente sostenido nivel competitivo del seleccionado de los Países Bajos desde su último título europeo y como sus jugadores han sido participes de grandes equipos por toda Europa logrando éxitos constantes con sus aportes como indispensables para los respectivos triunfos y técnicos de maestría aportando la esencia del fútbol holandés por todo el globo como Guus Hiddink, Louis Van Gaal, Dick Advocaat, Frank Rijkaard, etc. Por nombrar algunos equipos, el Barcelona y el Arsenal de la década pasada y el Real Madrid actual son ejemplos de equipos estructurados en base a jugadores holandeses.

Alemania, al contrario, después de la maravillosa época de los campeonatos y del último gran éxodo a Italia, con todas sus figuras en su fútbol local tuvo un último momento de brillo internacional con el Bayern Munich de finales de los ´90 y principios del ´00, cuando alcanzó la Champions League, donde aun permanecía la estela de la gran Alemania con Matthäus, Stefan Effenberg y Mario Basler siendo participes de dichas gestas. Desde entonces, pese a las apariciones de rigor en finales por parte de la selección, el fútbol alemán se encuentra en un ocaso con jugadores y equipos faltos de jerarquía, con un opaco Michael Ballack como símbolo de una generación del cual su emblema y su tosco e intermitente andar por la cancha lo dice todo. Uno de los poquísimos alemanes en el fútbol foráneo de primer nivel, Ballack es el epítome de un fútbol en decadencia siendo un mero engranaje funcional dentro de un Chelsea donde su influencia netamente positiva pasa desapercibida, además Alemania con su mejor y más poderoso representante Bayern de Munich sufrio una estrepitosa caída ante un Barcelona al que le bastó un tiempo en Camp Nou para someterlo, teniendo como atenuante que en el Bayern está la columna vertebral del seleccionado alemán además de contar con estrellas como Ribery, Luca Toni o Lucio para reforzar su onceno.

Francia, mientras tanto, paso la euforia de la era Platini a un descenso a los infiernos que la tuvo ajena a dos mundiales seguidos, pero ante la eventualidad de afrontar la localía en el ´98, otro fenómeno fue una de las claves de un nuevo surgimiento del fútbol galo: la ley Bosman. A pocos fútboles de selección a convenido tanto dicha norma de la Unión Europea (norma que permite a todos los europeos formar parte de equipos extranjeros del mismo continente sin ocupar plaza de foráneo) como a Francia, ya que ésta ha exportado más jugadores que ningún otro país, siendo estos de primer, segundo o tercer nivel además de seguir siendo el eterno puerto de llegada del fútbol de África. El gran éxodo de jugadores franceses debilitó notablemente a sus equipos locales que ya habían ganado la Champions en el caso del Marsella de Boli y Deschamps, y de haber coqueteado con la gloria con el fútbol más espectacular de su tiempo con el PSG de Ginola, Valdo y Weah. Pero al contrario la selección se fortaleció contando en los siguientes años con jugadores eje en grandes equipos internacionales, encabezados por el maestro Zidane, Deschamps y Trezeguet en la Juventus, Petit, Viera, Henry, Pires, Wiltord y Anelka en el Arsenal, Desailly en el Milán y luego en el Chelsea, Djorkaeff en el Inter, Thuram en el Parma y luego Juve, y así tantos otros que fueron los pilares para que Francia en el mundial del ´98 y la Euro del ´00 fuera campeón y gran dominador de Europa y el mundo.

El embajador por excelencia del fútbol francés es Arsene Wenger, técnico del Arsenal londinense, que como hemos visto, no se ha cansado de contar con jugadores de su país para armar una equipo bien llamado por Gustavo Cima “La Orquesta Sinfónica de Londres” por esa juego de respeto y amor por la pelota y su circulación que en sus tiempos mejores llegó a ser majestuoso. Wenger fue con su carácter, sabiduría y buen ojo el que dio sentido al éxodo francés, poniendo en el tapete de la liga inglesa una forma de jugar muy distinta a la acostumbrada antaño en la isla, donde delanteros sin gran potencia física, pero si futbolística, como Henry y Bergkamp podían hartarse de marcar golazos sábado tras sábado interrumpiendo de a ratos la insobornable hegemonía del Manchester Utd. y encandilar al continente con espléndidas actuaciones colectivas e individuales. Hoy Wenger con las bajas de Henry, Pires y Viera, ya no cuenta con referentes franceses que puedan ser los conductores de su proyecto futbolístico, aunque sí cuente con algunas promesas como Nasri, pero es en los hombros del muy joven, inteligente y talentosísimo Cesc Fabregas donde recae tal responsabilidad, y si las tentaciones se lo permiten y Wenger gasta el dinero en jugadores de personalidad que puedan acompañar en juego y responsabilidad al catalán, se puede venir otra época de gloria para el Arsenal. Lo que no deja de asombrar es que a los 21 años un jugador pueda ser el capitán, bandera y líder de uno de los mejores equipos de Europa.
Lo que Wenger ha sido para Francia, hoy, con una cosmovisión muy distinta a Arsene, es para el fútbol Español Rafa Benitez, gurú de un Liverpool que en base a encontrar una identidad futbolística está volviendo al primer plano del fútbol inglés el cual abandonó hace casi 20 años y ha vuelto ha ser esa bestia europea de mediados de los ´80s. Con jugadores ingleses como Gerrard y Carragher, Rafa se ha encargado de darle una envoltura con talento ibérico: el “Niño” Torres, Xabi Alonso, Reina, Riera y Arbeloa son los que brindan ese talante al Liverpool y a su selección. Rafa además se ha convertido en el paradigma del técnico españole exitoso que va a triunfar afuera como lo hicieron o lo hacen Juande Ramos, Vicente del Bosque (hoy repatriado a la selección) o Luis “el Sabio de Hortaleza” Aragonés.

Ese éxodo de cracks y técnicos que marcan tendencia, le han otorgado a la selección española de esa plusvalía que otrora le faltaba, la jerarquía en torneos internacionales. En el mundial de Francia ´98, España llegó con la candidatura a cuestas y talento no le faltaba, Raúl, Hierro, Guardiola, Kiko, Alfonso, Luis Enrique y Sergi Barjuán eran sus figuras y a ellos, a Clemente y a un ajado Zubizarreta les cayo la culpa del estrepitoso fracaso de quedarse en primera ronda. Diez años después Casillas levantaba la Eurocopa, con una España incrédula de su triunfo final, no así de sus convicciones futbolísticas, ya que no hubo quien discuta los méritos del campeón, ya no era “furia”, era un fútbol cerebral llevado por Xabi Hernández e Iniesta, con el liderazgo de Casillas y Puyol, los goles de Villa y Torres, la jerarquía de Senna, Fabregas y Sergio Ramos. Ya no había un ápice de ingenuidad en el plantel español, su derecho de piso lo habían pagado al salir de España, no todos pero si muchos, y habían conseguido erigirse en líderes de sus equipos, cosa que se les reprochó mucho a la generación anterior, la de ser talento auxiliar más no determinante en el Barcelona, Real Madrid o Atletico de Madrid. España hoy ha abierto las puertas de su fútbol y pese a que el Madrid o el Barza tienen muchos de los mejores jugadores, el jugador y el técnico español ya no teme salir, ya no teme triunfar en el extranjero, ya no teme liderar una gesta en un equipo foráneo (léase Fabregas, Xabi Alonso o Arteta), y es esa característica de apertura más, obviamente, el talento de ésta generación, que permite a España estar viviendo estas merecidas horas de gloria. Hoy “La Liga de las Estrellas” ya no está en el tope de las ligas del mundo, ha sido opacada por la “Premier League”, mucho de esto por los españoles en Inglaterra, pero a cambio España está saboreando las ambrosías del triunfo en selecciones desde hace mucho, mucho tiempo. No así la selección Inglesa que busca ahora de las manos de Capello encontrar un rumbo de conjunto ganador, chapa que tiene perdida desde hace mucho tiempo.

Toda la tendencia de los éxodos parece apuntar a una cosa concreta, los jugadores y técnicos que emigran producen el fortalecimiento de sus selecciones nacionales, los fútboles endogámicos no producen triunfos a ese nivel, el desvelamiento de otras latitudes, más las enseñanzas que te brinda el extranjero como las enseñanzas que te permite brindar el extranjero son brebajes esenciales para que crezca un jugador, un técnico, una liga o una selección. Brasil y Argentina no han parado de exportar talentos. Brasil tiene una horda de jugadores afuera que se estima en más de 1,000, tantos jugadores como para poblar 2 ligas nacionales enteras con 25 jugadores para 20 equipos, una bestialidad, de los que siempre han sobresalido unos pocos que han descollado mundialmente como Ronaldo, Rivaldo, Kaká, Ronaldinho o Roberto Carlos. Argentina en menor medida que Brasil, pero con jerarquía análoga ha poblado grandes, medianos y pequeños equipos de Europa con nombres como Maradona, Caniggia, Batistuta, Zanetti, Ayala y Messi. El constante éxodo en el que viven Brasil y Argentina les permite mantenerse en la constelación del fútbol mundial, aunque la temprana emigración de muchos jugadores todavía inmaduros no favorece ni al desarrollo del fútbol de la liga local, ni al de los muchos jugadores cuyo talento se desvanece sin consolidarse jamás.
Italia es una historia aparte. Su liga hace muchos años que perdió la hegemonía que ejerció en los ´80s y gran parte de los ´90s debido a esa mezquindad recalcitrante en su forma de juego, tuvo un éxodo de excelentes jugadores a España e Inglaterra con Vieri y Zola a la cabeza, llegó a las finales de los mundiales del ´94 y ´06, ésta última ganándola, con Buffon y Cannavaro como insignias, siempre al estilo italiano, ese que goza de muchos detractores y pocos defensores hipotéticos, pero de cuya cautela por no llamarla mariconería se ha creado una escuela futbolera que parece ser la tendencia que ha regido el fútbol, aquella que prefiere dos sólidas líneas de cuatro a tres talentosos, anarquistas y fantasiosos delanteros. Y el debate seguirá por tantos años como dure el fútbol, pero mientras hemos cosido algunos ejemplos sobre el éxodo, o sea del porque importar jugadores y técnicos realza las ligas y exportar talento y liderazgo engrandece a las selecciones, y como bien o mal dicen, para ejemplo un botón.



6. Lena: La virgen prostituta, la prostituta virgen. La más perfecta de las musas.
7. Bacchino malato: En este lienzo, el Caravaggio plasma la esencia de su búsqueda plástica y espiritual. Sobre un fondo penumbroso, resalta un joven cuya corporeidad aparece gracias a una intensa fuente de luz casi cenital: éste haz tan sólo lo rescata a él y a aquella superficie pétrea – donde reposan unos duraznos y un racimo de uvas negras – de las tinieblas sin fin. La soledad de la figura es conmovedora y la búsqueda de empatía en su mirada, a la vez meláncolica y soñadora, es realmente patética, casi una premonición wertheriana. La sensación de paradoja es profunda al mezclar la vida, la energía y la juventud del modelo (Caravaggio mismo) con la enfermedad, la palidez de la piel y la frialdad de la piedra, que sugiere, según algunos especialistas, una lápida. Toda la intensidad y la ternura de Merisi, inconformista, visionario, se plasman en este cuadro invaluable. “Baco (Baquito) enfermo” traduce esa trágica aporía de las fuerzas dionisiacas y de la voluptuosidad de la vida: dada su eminente extinción, su devenir en cenizas. La dialéctica entre el placer y el dolor como realidad predestinada de la condición corpórea, encuentran en esta composición una epifanía. La postura del joven, indudablemente erotizada, y las carnaciones, simbolizando la decadencia de la carne, delatan el carácter proto-romántico, contradictorio y, a veces, autodestructivo de este pintor sin época, recalcitrante a las etiquetas y a los cánones académicos, impermeable a la crítica silenciosa del Señor Tiempo y a la peor de sus sentencias: el olvido.