martes, septiembre 26, 2006

Una conversación sobre "El Factor Tureque"


El 13 de septiembre de 2006 salió a la luz la tercera producción cinematográfica de los hermanos Loayza: “El Factor Tureque”, corto que dura poco más de una veintena de minutos y que se suma a las dos anteriores producciones de estos realizadores: “De Kenchas, Perdularios y Otros Malvivientes” y “El Plan Papa Noel”.

"El Factor Tureque" versa sobre una serie de funestos personajes que muestran las facetas más descarnadas del ser humano mientras conversan de absurdos temas en un decadente club de sociedad. En alusión al festejo de la reelección del nuevo presidente, un gordo criollo, turbio y sorprendente, se juntan en la mesa central del mentado club una sarta de extraños individuos: un intelectual venido a menos, aquejado por la falta de estilo y glamour; una mujer fatal, creando oleadas de deseo a su paso; un crítico de graffiti, destilando demasiada confianza en si mismo; la conservadora mujer del presidente; un extraño sujeto que anda cargando al convaleciente muñeco de su mujer; un par de borrachos jugadores de fútbol, golpeados por las lesiones y el alcohol; un conquistador ordinario y dicharachero, y un desbordante lamebotas profesional.

Estos personajes desencadenan una serie de sucesos que muestran los niveles de bajeza y decadencia a los cuales pueden llegar los hombres. Vicio, alcohol, racismo, lujuria, pedofilia y un largo etcétera. Nos encontramos con una producción cinematográfica absolutamente sui generis en relación al resto de las obras del género que se están haciendo en nuestras tierras. Al ver el corto, muchas cosas quedan como profundas interrogantes: ¿cuál es el sentido último de la historia? ¿qué tratan de decirnos los creadores? ¿es el producto final o el principal esbozo de una historia más larga? ¿cuál es el mensaje que plantea el film? Sobre estas y otras cuestiones, hablamos con los creadores de este extraño producto: “EL FACTOR TUREQUE”.


Ernesto Wanchaca-Pardo: Para comenzar la entrevista ¿Qué quiere decir “El Factor Tureque” y a qué hace referencia? Ya que no hay una ligazón directa entre el título y los sucesos que van aconteciendo en el filme.

Diego Loayza: Eso es porque tú no sabes que quiere decir tureque. Lo que pasa es que “El Factor Tureque” (desde aquí FT) es un título cabalístico que hemos elegido para designar la ambigüedad que existe en torno a una junta de personajes, a un encuentro y a hacer una película sobre eso.

Alvaro Loayza: El hecho de que haya tureque y que no haya una referencia directa a eso durante la película, pretende crear ese desasosiego de no saber a que aferrarte, y además a una invitación al espectador a cavilar, en una película poco convencional, sobre el sentido que puede tener el termino tureque. Lo que no cabe olvidar es que FT es uno de los tres títulos que aparecen durante la película y sólo quedo como título al ser el nombre de la primera historia siendo “Morir de Glamour” y “Mens Insani In Corpore Masturbati” los nombres sucesivos.

EW-P: Se han tocado los temas de desasosiego y película poco convencional, a algunos espectadores como yo, nos da la impresión de algo inacabado, que nos pueden decir de esa sensación de estar presenciando un producto inconcluso.

AL: Ya fue un reproche anterior, ya que en “El Plan Papanoel” (desde ahora PPN) muchos espectadores se quejaron del súbito final y de que los dejaba con ganas de más. En éste caso la trama se hila no en base a una historia que queremos contar, sino a través de personajes y diálogos entre ellos, hilvanándolos en base a una congregación de tipos peculiares en torno a lo que se va construyendo una serie de hechos y sucesos que hacen de esto una historia, quizás mal llamada como tal, y sino la trama de ésta película.
Sí entiendo que pueda parecer inacabada, como un experimento con muchos cabos abiertos, y debido a que los personajes nos atraen así como las hipotéticas situaciones entre ellos, es por lo que tenemos bastante avanzada la idea de hacer un largo en el cual “El Factor Tureque” que hoy tenemos sería la primera parte del filme a lo que se sucedería un crimen que iniciaría toda una trama policíaca intercalada con flashbacks que nos muestras las interrelaciones entre todo esta sarta de sujetos.

DL: El problema es que la narrativa convencional o clásica asegura sobre todo los esquemas del público, y los reconforta en sus creencias, con un viaje lineal, que tiene un nudo desarrollado y un desenlace. Aquí parte del desasosiego implícito de ésta película que parte de un corte, de una situación que ha ocurrido, y a partir de ésta se pueden deducir relaciones y lo demás. La vida no es una narración clásica sino que en algún momento se acaba y punto.

AL: En ese sentido, al no existir esa narrativa clásica se asume que se puede crear en el espectador cierta incomodidad, como es la que viven los personajes y como esperemos con mediano éxito se logre infundir al espectador.

EW-P: Ustedes decían que dentro de esta apuesta narrativa y estética algo extraña, que los personajes son el motor de la trama. ¿Cómo están construidos los personajes? ¿Qué tratan de referir? ¿Cuáles son sus propiedades?

DL: Justamente el FT no está inacabado, sino quería dar esa sensación, sin embargo nos hemos enamorado tanto de los personajes y de las relaciones entre ellos, que podríamos hacerlos participar en una aventura más grande. La idea de que se junten alrededor de una mesa charlando sugiere que ya tienen relaciones en el pasado y que no todas son muy plácidas, dentro de las que se encuentran celos, envidias, deseos, complicidades y todo esto puede dar pie a un mayor desarrollo de estos personajes que son a su vez jocosos, infames, algunos completamente excéntricos, y todos de alguna forma son desoladores, como representantes de la humanidad.

AL: Los personajes de esta película son mucho más parecidos a los de los “Kenchas”, y no tan afines a los desarrollados en el PPN, además del hecho de que es una película coral como los “Kenchas”, ya que el FT te presenta más de una decena de personajes en veinte minutos al igual que la lluvia de personajes que te ofrece los “Kenchas”, mientras el PPN se sostiene en un único personaje que lleva la trama a cuestas.
Los diálogos que ellos entablan, el humor que ellos manejan es más evocador de los “Kenchas” aunque en un contexto muchos menos optimista y esperanzador.

EW-P: Dentro de esta lógica como ven ustedes el tránsito entre las tres películas, que propiedades ven en ellas, cuales son las distinciones, que tradiciones están viendo, que están rompiendo y demás no, como proceso viendo las tres películas.

DL: Hay una diferencia clara entre los “Kenchas” y las otras dos, ya que los “Kenchas” era la pasión de contar una historia, más intuitiva, en cambio los cortometrajes son mucho más elaborados en otros aspectos, dentro de su búsqueda formal.

AL: Creo que es normal que cuando haces una primera obra sientes la necesidad de querer contarlo todo, decirlo todo, meterlo todo adentro.

DL: Las nuevas son de hecho mucho más minimalistas. Temas en común si las ven con gusto los van a encontrar aunque a nivel sinopsis no tienen nada que ver ninguna de las tres, son tres propuestas diferentes y los temas en común van saliendo y serán diferentes para cada una de los espectadores.

EW-P: En ésta última producción además de la importancia de los personajes, existe un ambiente muy extraño en toda la película, un universo muy peculiar signado por la podredumbre, por el mal ¿qué significa ese universo? ¿cómo fue construido? Y ¿cuáles son sus implicaciones?

AL: Cada película pretende construir una atmósfera, un universo que sea fiel a si mismo y que sea representado de manera adecuada con todos los recursos con los que se puede contar. Quizás el universo del FT podría expresarse con la palabra desasosiego. Se vislumbra una decadencia, o podredumbre, inherente a los personajes. En apariencia en el corto todo parece ir normal y se va desvelando y desencadenando una podredumbre que se acumula como mierda por debajo de la mesa. Otro tema que dota del ambiente a la película es el local, que ya es un tema de dirección artística, pero que se pliega a la perfección para dotar de una atmósfera al corto, al entorno de club de sociedad que se contrasta, supuestamente, con la mierda bajo el mantel.

DL: Yo no estoy de acuerdo con que se presente el mal durante el corto, ya que el mal dentro del cine tiene una forma de lenguaje, que se maneja a través del miedo y de símbolos horribles. Aquí en ningún momento se los sugiere aunque se pueda interpretar eso, el mal, ya que para que éste aparezca debería poder existir un contraste que se refleje en el héroe, el bueno, alguien que sufre, y aquí no hay nada de eso. Todos están metidos en un universo en el cual se desenvuelven sin auxilio ni del bien ni del mal, que por ende se anulan.

EW-P: Es como una atmósfera cerrada.

DL: La incomodidad social es el sentido, como una suerte de entomología, de incomodidad de insecto, de que todos están conviviendo juntos viéndolos como en lupa, más allá de que estén obrando bien o mal.

AL: No es un mal sino una degeneración, un arribo a la alcantarilla la que se pretende producir a través de las imágenes que discurren en una sola locación.

EW-P: Dentro de ésta lógica en la construcción tanto de la atmósfera, de los personajes, cuales fueron las influencias dentro de la concepción de las mismas.

AL: Es curioso el tema de las influencias, ya que muchas de éstas son totalmente inconscientes, ya que cuando filmamos por primera vez el FT en el 2002, y al revisar las imágenes en el 2005 lo primero que me vino a la cabeza fue Buñuel, más concretamente “El Ángel Exterminador” que creo no haberla visto al escribir el guión, pero guardando muy bien las distancias con el maestro la veo como una influencia a posteriori total. Ya que por primera vez tocamos un tema, muy abordado por Buñuel por cierto, que es colocar la trama en un ambiente burgués, mientras que los otros trabajos se habían movido en un ambiente de clase media-baja, donde los personajes burgueses era un lunar dentro de la trama, aquí todo se mueve en un club de sociedad, o más bien un antro de perdición de burgueses.

DL: A mi me da vergüenza citar a las influencias, ya que si las ven comparadas con el trabajo final dirían que miserables estos. . . y bueno, se podría decir que hay un montón de influencias que van desde David Lynch, pasando por von Trier llegando hasta el Chavo o Condorito.

EW-P: A pesar de estas influencias tan disímiles o heterogéneas noto aspectos recurrentes en su obra, no sé si conscientes o inconscientes, pero temas como el alcohol, lo popular, el intelectual decadente que está fuera de contexto como algo anecdótico ¿Cómo ven o cómo trabajan estos motivos?

DL: Te estás olvidando de la masturbación

AL: Los motivos son pues algo casi inconsciente que uno va plasmando ya sea en personajes o en hechos, pero es algo que uno no controla, es algo que viene y vuelve a venir, y uno simplemente cede ante ello.
Con el tema del intelectual podemos remitir a la influencia de Pepo, ya que es una mezcla que se aproxima a un Foucault combinado con Condorito, en esa vena tenemos pues a un Edipo von Kirki o a un Ánito Galarza.

EW-P: A mí me interesa mucho, por el hecho de que tu eres ex – sociólogo (a Diego). ¿Cómo construyen esas sátiras de los sujetos que tienen la razón encima?

DL: Remitiendo de nuevo al 2002, que es justo el año en que más apasionado estaba con la sociología y también fue el año en que me decepcioné de la sociología, y creo que ese cuestionamiento está implícito en el guión, que creo era un problema consciente que estaba viviendo. Mas allá de todo creo que la película tiene un ambiente microsociológico, inspirado en el interaccionismo simbólico, yaaa.

EW-P: Dentro del marco del cine actual boliviano, parece que hay un interés de mezclar el humor con la concientización, un poco para rellenar el hueco que estamos viviendo como sociedad, como construcción de sociedad e interpelar a través del cine a la ciudadanía con fines de integración. Dentro de esta lógica ¿cómo se inscribe la película?

AL: En principio hay que ubicar que la película fue escrita el 2002, lo cual es lejano a la realidad que hoy se vive en el país, pero en ninguno de nuestras películas, y ésta no es la excepción, hay una búsqueda de dar un mensaje, menos de condenar o de reivindicar, uno traza la película sin búsquedas pedagógicas o moralistas, ni en enmarcarse en una lógica panbolivianista, más bien se da el afán de construir un universo propio, eso si con todas las influencias bolivianas que tenemos a la mano.

DL: En ese sentido se alinea más con la última película de Bouloq (Lo más bonito y mis mejores años) ya que es una película que trata sobre personajes singulares que si bien, inevitablemente representan algo, no buscan hacerlo directamente. No se parte de la intención de representar una realidad mayor, sino de esa pequeña realidad, generar un universo, que sería el universo de estos personajes que es hermético. De hecho hay figuras populares bolivianas, figuras burguesas, pero esos son rasgos que tenemos todos, todos tenemos rasgos sociales, pero no hemos querido recalcarlos, ni idealizarlos, ni satanizarlos en esta película. De ahí que pueda tener un significado nihilista, o que no tiene objetivo moral ni un objetivo de diferenciar entre el bien y el mal, ni decir esto está bien y esto mal.

EW-P: Yo noto en la película, que pese a que no tenga un mensaje o reivindicación, ni busque ser una apología de nada, que ésta tiene una propuesta ética extraña, ya que la película empieza haciendo referencia al amor y luego a detallar una escala de valores y como a partir de eso todo va poco a poco degenerando hasta llegar a una escena casi pedofílica. ¿No hay detrás de eso una propuesta ética?

AL: Lo que se podría decir es que la trama de la película es una radiografía ética, no es la búsqueda de una deontología ni nada por el estilo, sino que al partir con una escala de valores, esto sugiere o apunta por donde va discurrir la película. La moral o la ética es un personaje de la película que se encarna en cada uno de los personajes que tiene cada uno a su manera, personificarla. La escala de valores señalada al principio y puntualizando, aunque sea de manera subjetiva, los valores más altos, durante la película se va dinamitando hasta llevar los “valores” a un nivel ínfimo. Es como un descenso a los infiernos del alma, y como decíamos, sin un interés de condena, sino más en un afán radiográfico.

DL: Todo esto con un jazz funkero de fondo, no es una música triste. Y creo que es fundamental el diferenciar la ética, como rama de la filosofía que trata del bien y el mal, y la ética de una obra de arte, que tiene otros parámetros, que serían básicamente la coherencia con el universo que se representa, ésa coherencia dotaría de ética a una obra de arte. Viéndolo desde otro sentido uno de los temas de la película puede ser la ética pero sin ser vista de una perspectiva moral, incluso se puede decir que el tema principal de la película es la ética, la crisis de valores, sin decir que valores, ni porque crisis, ni quien es bueno y quien es malo, simplemente radiografiar a los personajes.

EW-P: O sea en vez de ser un panfleto sobre la ética y dar una línea, más bien es una radiografía sobre la ética, lo cual es distinto. No es plantear un mensaje, más bien mostrar que así está la cosa.

DL: Ésta película no sería ética si al final haríamos que un héroe le gane al malo o que haya un mensaje para que los niños o los padres de familia reflexionen o se reconforten o no en sus valores. Y la propuesta no es reconfortante porque no buscamos reconfortar a nadie en sus valores

AL: Y en ese punto llegamos al final de la propuesta, que alcanza un nihilismo que se va erigiendo desde la destrucción paulatina de la escala de valores consumándose en la masturbación final.

Ernesto Wanchaca-Pardo
Crítico, sociólogo y funcionario

miércoles, septiembre 20, 2006

"Jesús viene . . . vámonos"


“Jesús viene . . . vámonos” reza una antiquísima pegatina o calcomanía, como prefieran llamarle. La podíamos ver pegada desde salas de cine hasta vidrios de minibus, debajo del que dice: “mantenga su distancia porque he bebido”.

En fin, jocosa frase que hoy en día considero debería ser muy tomada en cuenta por los verdaderos creyentes, que deberían decirse: “huy nanita, ¿dónde me hago bola?”. No es una exageración mía, mas bien es una exageración suya. Basta con poner escasos diez minutos de alguno de los numerosísimos canales cristianos que hay en nuestro medio (en la vasta frecuencia UHF) para entender lo que digo. Una de esas muchas noches en las que el sueño es escaso, de mera curiosidad puse el canal 27 Xto tv (desde el nombre del canal es intimidante: Cristo te ve. . . ten cuidado) a eso de la 1:47 de la madrugada donde se encontraba un dude de impecable presentación (juraría llevaba un terno Armani) que se dirigía a un enorme auditorio repleto de gente que seguía las indicaciones del anfitrión al pie de la letra. . .”¡Aleluya esto!, ¡Aleluya aquello!. . .” la gente muy eufórica repetía “¡ALELUYA!”

Hasta ahí, bien, uno podía pensar que el que hablaba era un gran orador, con grandes cosas que decir y la gente reaccionaba así por este motivo. Lo curioso es cuando uno presta más atención al mensaje del hombre éste: No paraba de amenazar a los asistentes. Repetía y repetía que Jesús ya viene y que deberían tener miedo, mucho miedo. . . pero también gozo (notoriamente en menor medida) por su llegada, ya que arribaba para salvarnos y para ajusticiar a los pecadores en la tierra. Así continuó su discurso de salvación donde exhortaba a deshacerse de los bienes materiales (no lo dijo, pero era implícito que debían “donarlo” a su congregación en busca de la salvación eterna) ya que sólo el alma, y realmente los puros de alma serán salvados de la “depuración” divina (me parece haber visto esto antes, pero eran los de la raza superior los depuradores) que Jesús llevará a cabo. Como diría un amiguete de por aquí: JOLíN. Asumo que muchos de los creyentes dirán mejor le hago caso al sticker y me hago bola lo más lejos posible porque ahora si se va a armar la podridísima . . . la de Yisus en la tierra.

Estas amenazas (aunque no las llaman así en la congre) son comunes y diarias. Entonces asumo que esa pobre gente que aparte de ser crédula y en extremo manejable encima vive en una paranoia constante. Todo lo que hagan es pecado y será juzgado en la próxima venida (técnicamente al escribir esto yo también estoy pecando en este momento). No obstante a esta paranoia latente se le sumó el máximo pontífice, el representante sumo de Dios en la tierra (que es una especie de Don King litúrgico), que con sus declaraciones del otro día donde citó escritos del Emperador II del imperio bizantino donde relacionaba a Mahoma con hechos de violencia y sangre a lo largo de la historia (como si la iglesia no hubiera organizado matanzas y guerras en nombre del todopoderoso). Una hipótesis que yo muy dentro mío manejo es la siguiente: noche antes de las declaraciones del Papa, Papi George estaba muy aburrido en su oficinal oval, literalmente pelotudeando y sacándose mocos, cuando de repente se le iluminó el coco. . . “¡joderé a los islamistas pero ahora no quedo mal yo!”. Entonces fue que empezó su incansable búsqueda de conejillos de indias donde barajó nombres como Pelé, Kofi Anan, Toni Blair. . . pero nada satisfecho se dijo “estos ya la cagaron muchas veces, no sirven”. De repente, iluminación divina, se acordó de su blothel Benedict the 16th. “Carajo este man me va a bancar” pensó, entonces lo llamó y le dijo “che hazme pues la gauchada de hacer quedar mal de alguna forma a esos pendejitos pues, tan buen cristiano que soy”, a lo que el gemelo del Emperador de Star Wars contestó: “¡cómo no, hijo mío! Un gran devoto y cumplidor de la palabra del señor como vos se merece este tipo de favores. Tu que sin pedirme nada a cambio matas todos los días narigones de turbante en el medio oriente te mereces esto y más todavía. . .”.

Es así que ni corto ni perezoso a la mañana siguiente nuestro amiguete, el Pope, hizo tamañas declaraciones que despertaron la furia del testarudo y guatocortista pueblo islámico, donde el mayor de los terroristas responde a esta religión y se la tiene juradísma a todos los adoradores de la cruz.

Entonces digo yo, si fuera un fiel creyente, viviría con una paranoia casi esquizoide: Jesús viene, todo es pecado y encima Osama Bien Lame quiere mis orejas de trofeo en su cabecera. . . donde carajo me escondo. Ahora reflexiono y contradictoriamente digo: gracias a Dios no creo en Dios.

Alvaro "Urtika" Urdininea Dupleich
"El Mameleinz no había sido tan Mameleinz"

martes, agosto 22, 2006

Sin título tentativo: Homenaje personal a un goleador, Alan Shearer


(Este es un artículo escrito hace unos meses referido al retiro de Alan Shearer, ahora que la Premier League se ha reiniciado, y es cuando más se empieza ha sentir el hueco dejado, creo que es pertinente su publicación en el lar.)

Hace una semana volvía a la realidad (mediática) después de un viaje a las tropicales tierras del Chapare. Revisando los últimos resultados acaecidos miré de reojo y con gran satisfacción que Alan Shearer había marcado nuevamente en menos de tres días su 10º gol de la temporada, justo lo que yo como fan suyo había puesto como un justo umbral en lo que iba a su última temporada como jugador profesional. También observé que había sido sustituido a los 70 minutos de juego, imaginé que cómo homenaje y forma de que le lluevan los aplausos después de hacer un gol a los rivales eternos del Newcastle, léase el Sunderland. Pero después de indagar más profundamente que la mera síntesis de los partidos, me tope con una noticia que me cayó como un rayo, dejándome tan anonadado como triste, y era que el “viejo” Alan había sufrido una lesión de rodilla que podía ocasionarle un retiro anticipado (digamos que cuatro partidos antes y la posible ausencia en su partido de despedida), las perspectivas eran poco alentadoras y días después se confirmo la gravedad de la lesión y que la ilustre carrera de Shearer era cuestión del pretérito.

La pena que me ocasionó la noticia fue aliviada y renovada por lo que el mismo Shearer (desconsolado, me imagino, pero como siempre íntegro y valiente) dijo a la prensa que no tenía ningún arrepentimiento sobre su carrera, ya que había vivido su sueño, vestir la 9 del club del que fue hincha, marcar goles en la tribuna en la que de niño presenció por primera vez un partido de fútbol y además ser el capitán y máximo goleador de la historia del Newcastle. Esas palabras no sólo fueron un bálsamo para la tristeza de nunca poder ver a mi ídolo en la cancha, ni si quiera en un partido más del Newcastle, sino que hizo que el fuego del orgullo hinchiera mi pecho de haber tenido en tan alta estima a un jugador que parece pertenecer a otra época, no sólo por sus innatas cualidades de centrodelantero clásico, sino por su deslumbrante ética futbolística, que primó por siempre lo que estuvo en su corazón (el cual es de donde provienen las mayores virtudes futbolísticas de Alan) y no en su bolsillo, ni en las glorias más accesibles.

Shearer ha pasado diez años en el Newcastle y recuerdo que después de la Eurocopa del 1996, donde brilló castigando las redes de quien se pusiera al frente, fue cuando se anunció que Alan había desechado una oferta del Manchester United, para firmar por el club del que había estado enamorado desde niño. Yo que había seguido la anterior temporada con gran ilusión y posterior amargura, cuando el Newcastle había dejado escapar la liga de una forma increíble, volvía a cargarme de ilusión y veía en el hombre que había sido el estandarte del seleccionado inglés como un guía digno de una extraordinaria travesía futbolera. Y vaya que lo fue. No me arrepiento un ápice, el haber apostado como Shearer, mi devoción por la Urracas, en vez de afiliarme al poderoso United que todavía ostentaba como bastión al indómito y carismático Eric Cantona, “El Rey”, como era conocido en los rededores de Old Trafford. Pero cual valiente iluso, al igual que Shearer, juré lealtad al Newcastle United, y de la mano del goleador viví inmensidad de momentos lindos y memorables, así como otros que pesan recordar.

Nunca nos tocó, al él como jugador y a mí como hincha, vivir un título, algunos desaciertos por parte de los técnicos, e infortunios inopinados como intempestivos mermaron la posibilidad de erigir un equipo para batallar contra los Diablos Rojos. Quizás es la mala fortuna la piedra que golpeó a Shearer en más de una vez durante su carrera, dos lesiones graves de las cuales valientemente se repuso, impidieron que Sheaerer estuviera ahí en la cancha liderando a su club cuando estaba en el mejor momento de su carrera. La forma en como termina su carrera es quizás un guiño a esa suerte que fue el único ingrediente que a Alan no le sobró durante sus memorables años en el fútbol, o será que se agotó el día en que enarboló la Premier League con el Blackburn Rovers destronando por primera vez al Manchester United, de algo que parecía haber sido inventado sólo para que ellos lo pudieran alcanzar.

Son tantos los goles, las alegrías, por ende las memorias, y sobre todo el orgullo que deja haber tenido a Alan Shearer, “El Viejo”, como lo denomino ya hace algunos años, como mi referente máximo dentro de mi cosmovisión futbolística, no porque crea ni creyera que el era el mejor jugador del mundo, aunque si sólo de goles se tratara esto, muy pocos se atreverían a discutir mi perspectiva, sino por el símbolo que él encarna, por su amor al juego, por su amor al club y porque por una vez, en éste mundo mercantilista de intereses crematísticos, hubo un hombre que con la número 9 tatuado en la espalda levantó su mano derecha en más de 200 ocasiones durante 10 años atreviéndose a vivir el sueño que una vez tuvo cuando de la mano de su padre gritó los goles de ese club que hoy y siempre amó con devoción, entrega y orgullo.

Por todo eso, y más, mucho más, te doy gracias Alan, y no te preocupes que mi memoria endeble siempre tendrá un sitial privilegiado para ti, y que mis postreros relatos futboleros se encargarán de divulgar tu obra que fue forjada a plan de goles y corazón.

martes, agosto 15, 2006

Apuntes sobre "Lo más bonito y mis mejores años"




La explosión digital que ha vivido el cine en los últimos años, ha permitido un ostensible abaratamiento para hacer cine, por ende el exponencial aumento de los filmes que aparecen, además de un no menor cambio estético de las propuestas cinematográficas. Por ejemplo en gran cineasta iraní Abbas Kiarostami, en principio, se mostró fascinado con las nuevas posibilidades que ofrecía el cine digital, la espontaneidad permitida y la intimidad entre el cineasta y lo que desea narrar, eran algunas de las cosas que entusiasmaba a Kiarostami. Cinco años después el mismo cineasta decía haber perdido su entusiasmo inicial, ya que él no entendía una pugna entre cine digital o cine en 35 mm, ni entre el documental y la ficción, sino entre buen cine y mal cine, y su percepción en cuanto a lo que se venía haciendo en digital mayormente eran ensayos superficiales o simplistas, ya que sus realizadores parecían no comprender realmente la sensibilidad de cómo explotar y expresarse a través del medio digital.

Me parecen muy acertados los apuntes de Kiarostami, ya que la facilidad de hacer cine no implica que exista una verdadera propuesta ni un tratamiento apropiado de ésta, dadas las nuevas posibilidades ofertadas por el digital. Dentro de las últimas aproximaciones que se han dado en Bolivia a través del digital, creo que hoy, con Lo más bonito y mis mejores años (Martín Boulocq, Bolivia, 2006), nos encontramos finalmente con una primera victoria. Martín Boulocq, el realizador, parece haber comprendido por ósmosis, por intuición, muchas de las claves del nuevo cine digital. La primera: no está filmando una película de corte convencional, y el responde rompiendo las convenciones narrativas y estilísticas de un filme. Segundo: se aferra al emparentamiento que existió desde siempre entre lo digital y lo documental, superándolo, desembocando en lo que podemos decir una ficción verdadera, algo que nos creemos, que sentimos próximo a la realidad o, con mayor énfasis, a lo real. Tercero: el poder de las actuaciones, ya que al carecer de un guión con conflictos delineados, el director pende de la fuerza de la personalidad de sus personajes para narrar su historia, los cuales penden de la fuerza de sus intérpretes para traslucir vida y realidad. Cuarta: un tratamiento análogo en cuanto a lo estilístico, y a la realidad que quiere retratar. La cámara es un utensilio para narrar las emociones de los personajes, las cuales son a veces dulces y humorísticas, la mayoría de la veces, duras y crueles, y la cámara sin ninguna sensiblería barata nos las hace patente, sin caer en los clichés o en el exageramiento de un burdo y “profundo existencialismo” tan propensos en el cine y video boliviano. Quinto: la intimidad, cercanía que mantiene el realizador entre lo que, con que y con quienes cuenta su historia. Finalmente, destacar que el talento y la fortuna se conjuguen, debido a la posibilidad de la película de haber merecido un justo tratamiento de postproducción, lo cual siempre resalta las virtudes y minimiza los desaciertos; y de haber conseguido una, tan preciada, distribución a nivel festivales internacionales, lo cual dentro de la vorágine de producciones digitales de hoy, es una aguja en el pajar.

Kiarostami, quiero creer, no estaría descontento con lo que hallamos aquí, en Lo más bonito y mis mejores años, y sigo creyendo, que lo que más loaría, más que un gran producto final, es el innegable e impagable hallazgo de un vasto y fértil derrotero.

jueves, julio 20, 2006

A Garrincha


Antonio Lobo Antunes cuenta cómo Garrincha dejaba en el suelo, hipnotizados impotentes ante sus regates, a todos los integrantes del estadio, incluido al relator de fútbol, cuyas palabras ya no podían expresar lo que él hacía en la cancha. Siempre el mismo amage, siempre esa lenta cadencia que atravesaba a los rivales, ese baile de ballet sobre la línea, ese encerramiento que le abría la cancha y lo guiaba al área, al arco, a la tierra soñada.

El encierro de Garrincha no era sólo con la línea, era mental. Las paredes de su cabeza eran siempre las mismas: el barrio donde jugaba de niño todo el tiempo, la canchita precaria donde rulaba una pelota hecha de jirones de pobreza y sueños, y la emoción de hacer un gol y gritarlo corriendo entre barrigas vacías y pies descalzos. Ese encierro fue su fortaleza y, después, también fue su ruina.

La cárcel de su cabeza construyó su juego desde la hermosa ignorancia que significa el “espíritu amateur” (gracias Bielsa, siempre gracias). En su memoria, en su mirada, en sus decisiones, estaban siempre las derruidas calles del fondo de Rio de Janeiro. De ahí que para Garrincha no importaba contra quién o dónde jugaba, la manera de enfrentar el juego estaba signada, desde el principio, por la forma de jugar en el potrero. Encarar a un gigante ruso era lo mismo que encarar a un compañero de curso cinco años mayor, meter un gol entre el polvo en un arco hecho con piedras, era igual que clavar la pelota, nuevita y “moderna”, en el arco del Estadio Nacional de Chile en el Mundial del 62. Recibir una radio último modelo como premio por un buen partido en el Mundial de Suecia valía para él lo mismo que recibir las palmadas de los viejos que lo veían jugar en la playa cuando escapaba del colegio.

En estos tiempos donde el fútbol ultraprofesional y ultramercantil hace de las suyas, donde cada resquicio de la cancha está vigilado por destructores y corredores, donde el prestigio se mide en base a sueldos y primas, donde lo que importa no es tener talento sino anularlo, aún existen herederos de Garrincha cuya principal motivación es el espíritu amateur. Tevez corriendo, sin miedo y con los dientes apretados, en los cuartos de final, frente a la inmensa Alemania, como si transitara un descampado convertido en cancha en una Villa de Buenos Aires. Nedved matándose desesperado detrás de cada pelota, sabiendo que pasar de ronda es más importante que los millones que le ofrecen cada día. Drogba peleando cada esférico, buscando la victoria de su pueblo, sintiendo que su casa no está en un barrio jailón de Londres sino en el África profunda entre guerra civil y pobreza.

Con ellos aún está Garrincha, corriendo juntos tras la gloria, el orgullo y la celebración solidaria, entendiendo que hay cosas más importantes que la plata y la fama. Así fue siempre corriendo Garrincha, al final gambeteando a la vida tras un poco de compañía y consuelo en los bares más infames de Rio de Janeiro, permeada su cabeza por las mismas preocupaciones y sabias ignorancias que tuvo desde niño. Mientras él iba desfalleciendo con la misma alegría del espíritu amateur y moría como vivió, el Real Madrid ya había sido el rastrero estandarte de Franco e iba pensando en la lógica de “Pavones y Zidanes”, Pelé se prostituia con los poderosos, los encorbatados señores de la FIFA extendían su Imperio y los técnicos se daban cuenta que lo importante no era ganar sino no perder.

Belleza versus resultado, orgullo versus dinero, fuerza versus talento, medios versus fines, Zidanes versus Materazzis. Estamos enfrentados en un dilema de fondo donde el fútbol se debate entre la posibilidad de ser un juego hermoso, vivo y solidario o un reducto más donde se exprese la asquerosa forma de ser de nuestra especie. Garrincha, Tevez, Nedved, Drogba y tantos otros...todavía hay esperanza.

jueves, julio 13, 2006

La (no tan) bella confusione: ¿Materazzi o Zidane?


Para los maestros Federico y Zidenine.



La bella confusione iba ser el título de una película de la década de los 60s que narraba las atribuladas peripecias de un director cinematográfico en pos de rodar una película en el exitoso mediodía de su carrera como titiritero cinematográfico. Sus deseos, sus traumas infantiles, sus ilusiones, sus inseguridades y muchos más avatares del alma humana se ven conjugadas de una manera magistral por la onmiabarcante, onírica y desmesurada visión de Federico Fellini, otorgándonos lo que finalmente sería Otto y mezzo (8 1/2), una de las manifestaciones artístico-“populares” más importantes de los últimos 100 años.

Cabe reparar que el cine como el fútbol son quizás las manifestaciones más populares que ha cultivado el espíritu humano durante la última centena de años.

El último domingo durante la final de la Copa del Mundo entre Italia y Francia, nos toco presenciar, lamentablemente, La (no tan) bella confusione, o sea una pésima relectura de la obra maestra felliniana, no sin que ésta esté plagada de rasgos que firmaría nuestro insigne director.

Confusión, es uno de los epítetos que se puede achacar a los ocurrido el domingo. Injusticia, es otra de las flagrantes conclusiones que nos dejó el partido. Desasosiego, la más profunda de las sensaciones con la que culminó nuestro trémulo cuerpo al término del partido (me refiero como nuestro a todos los que cómo yo, amamos el “fútbol”, y que en ese amor comprendemos la devoción y cariño por todos aquellos que juegan al “fútbol” y hacen del buen trato a la pelota y al afán de la consecución de un gol como su sino, por no decir el estandarte de su denodado destino como deportistas).

Remitiendo a los hechos, la no tan bella confuzione, se alcanza el momento en que Zidane es expulsado por el cabezazo propiciado a Materazzi. Fue en el instante, en el que Medina Cantalejo, un alcahuete de proporciones bíblicas, dueño de un pasaporte Español bañado de tinta azzurra (sino preguntarle al anegado lateral australiano Chipperfield o al genial histrión Grosso) hace expulsar vía vídeo y linesman a Zidane.

La confusión está sembrada, el sinsentido cobra sus cotas más altas, y la sensación que nos pasa por nuestro cuerpo, es que el partido como la carrera de Zidane había llegado a su epílogo sin tener como justificar lo primero con razones fehacientes.
Ergo, la injusticia. En lo que ya no era un partido, sino un cúmulo de minutos que cumplir y una sarta de penales que ejecutar. Ganó Italia, un equipo que durante 75 minutos (segundo tiempo y alargue) no mostró ninguna vocación de ganar el encuentro - como si lo hizo durante únicos 30 minutos ante Alemania, haciendo caso omiso a su horrendo catenaccio y marcando la patente de que con cuatro buenos delanteros se pueden ganar grandes partidos de fútbol-, las loas para su defensa pueden ser infinitas y muy bien justificadas, sobre todo para dos monstruos como Buffon y Cannavaro; pero eso no ensombrece que otra vez el fútbol de acicalamiento táctico y de exacerbada racanería, triunfara otra vez. Italia campeón, ese triunfo no es objetable, sus armas aunque de factura zafia y destructiva, son válidas.

Pero lo condenable no se encuentra en el tema del resultado, sino en un tema que trasciende el mismo, aunque se refleja de refilón en éste, y es el triunfo de los Materazzis, sobre los Zidanes, en consecuencia la aceptación de una realidad que se hace cada día más tangible, la muerte paulatina del “fútbol”. Un “fútbol” que parafraseando al señor Ainstein de ESPN, tilda de estúpido a Zidane, y de inteligente a un rufián de cuantioso prontuario futbolístico como Materazzi (cabe recordar sin remontarse demasiado el artero codazo que sin pelota Materazzi asesta a Sorín en un partido de Copa de Campeones). No estamos aquí para justificar ni para alabar la conducta de Zidane el instante del cabezazo, pero mucho menos para condenarlo, ya que hace falta tener cara para condenar a la única persona que ha hecho algo, y no algo, sino mucho, para salvarnos este fraude con expectativas, llamado Mundial. Zidane a partir del instante en que dribló a Puyol y batió a Casillas, enarboló la bandera del “fútbol”, blandiéndola a diestra y siniestra, con sombreros, tacos, gambetas, pases de ballet, convertir en una final un penal a lo Panenka y todo tipo de cabriolas, con las que embelesó nuestros ojos, redimiendo que el fútbol es un juego y un juego bello, redituando nuestra baqueteada esperanza de que alguien quisiera o pudiera evocar lo que antes nos dejaron los Garrinchas, los Maradonas, los Pelés, y que hoy ni los Ronaldinhos, ni los Lampards, ni los Ballacks nos pudieron ofrecer ni a cuentagotas. Zidane contra Brasil nos construyó un monumento al fútbol, como Diego lo hizo otrora contra Inglaterra o contra Bélgica, nos salvó el Mundial por todo lo alto, haciéndonos creer de nuevo, en “él”, en el protagonista, en el magno actor de esta comedia vuelta tragedia, el jugador de “fútbol”, el Zidane por sobre todos los demás. Pregunto ¿merece Zidane ser condenado? Yo creo que no, y no sólo eso, sino que debería ser perdonado además de recibir el agradecimiento de todos por habernos otorgado con sus botas los verdaderos momentos de Mundial.

Triste, mas en el epílogo ganó Materazzi, el impúdico delincuente fue la figura de la cancha, y aquí es donde se juntan nuestros tres temas, confusión, injusticia y desasosiego. Así se dicta el fútbol hoy, pero los que aun creemos en un deporte, en más que un deporte, llamado “fútbol”, donde una gambeta vale más que un insulto, que la hombría de pedir la pelota vale más que la de una patada, en la que un golazo vale más que diez mil rechazos, entonces debemos reivindicar al maestro Zidane, y condenar a la vileza de los Materazzis, por nada más y nada menos que por el amor al juego. Y sino cabría preguntarle al ya finado maestro Fellini, amante insobornable de circo como espectáculo, del lado de quién estaría ¿de Colunha o de Pelé, de Gentille o de Maradona, de Materazzi o de Zidane?