lunes, abril 09, 2007

Fútbol y política: algunas lecciones para los creadores de la militancia absurda



“…suspiro de la criatura desdichada, alma de un mundo sin corazón, espíritu de una época privada de espíritu, opio del pueblo.”

Karl Marx, Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel.

La última vez que dos parlamentarios italianos se agarraron a golpes fue a causa del fútbol. En 1998, dos diputados se enfrentaron por un penal no pitado a Ronaldo, uno de ellos afirmaba que el partido debía volverse a jugar con árbitros extranjeros, el otro se indignó por esta aseveración y llegaron a los golpes. Ahora que Bush, el criminal hijo de criminal, sigue incólume en el poder después de destrozar hombres, mujeres y niños parados encima de petróleo, vale acordarse de Irak. Después de iniciada la ofensiva imperial contra ese país, dirigida por Bush y sus secuaces, la hinchada del club argentino Chacarita Juniors coreó largamente el nombre de Sadam Hussein durante los cánticos de apoyo a su equipo; los hinchas de Huracán pusieron banderas apoyando a Sadam, en una se podía leer claramente “Dear Bush, fuck you”.


Ejemplos como éstos, donde la relación entre el fútbol y la política se hace patente, hay miles: la utilización de la Selección Nacional por parte de Mussolini, Videla o Bodaberry o el enfrentamiento de las naciones españolas al sometimiento de Franco (un Aznar antiguo) a través del Atlethic, a través del Barcelona, a través del Celta de Vigo. En base a las opiniones acerca del fútbol, se podría esquematizar la relación entre este juego y la política en base a una dicotomía esencial: el fútbol como "opio del pueblo" versus el fútbol como "espacio de libertad".


La primera postura entiende al fútbol como un fenómeno que va perdiendo su faceta lúdica y se va transformando en un producto de la cosificación, siguiendo la dominación de un Estado determinado. Así, el fútbol es un espacio más de dominación que aliena al individuo y mantiene los vicios del espectro político de turno. La segunda manera de entender al fútbol plantea que a través de este fenómeno se anulan todas las diferencias sociales y se construye un espacio de libertad regido por la democracia y la unidad. Es interesante observar que esta dicotomía sigue una larga tradición sociológica en tanto reflexión acerca de la dominación y la libertad, por ejemplo: Weber y sus preocupaciones en torno a los espacios de libertad en una sociedad cada vez más racional o Durkheim y sus preocupaciones en torno a la capacidad de vivir juntos en una sociedad cada vez más diferenciada


Sin embargo, creemos que esos diferentes bandos donde se alinean los amantes o detractores del fútbol encierran el fenómeno en una mirada reduccionista y sesgada. El fútbol es tanto opio del pueblo como espacio de libertad pero también es mucho más que eso. El fútbol es un prisma que refleja las pulsiones de la sociedad, un hecho social total que permite mirarnos descarnadamente, un espejo que muestra nuestras condiciones profundas, un ojo de cerradura que permite entendernos desde un lugar jodido y privilegiado. Ver a este hermoso juego desde el opio del pueblo o la libertad absoluta sólo es una burda manera de quitarle su magia, su delirio y, principalmente, su capacidad para expresar relaciones y formas sociales profundas que encuentran su canal privilegiado a través de los sentimientos que causan veintidós jugadores corriendo detrás de una pelota.


Pero vayamos un poco más allá, veamos un par de casos donde el fútbol logró lo que muchos burdos “dirigentes de masas” no lograron nunca. Fútbol, política, canalización, identificación, redención. En la lucha contra Francia, una de las más eficaces formas de conseguir adeptos por parte del ejercito de liberación argelino era en base a la organización de campeonatos de este deporte donde surgían militantes con una “conciencia de clase” mucho más profunda y solidaria a partir del sacrificio colectivo que entraña una cancha de fútbol; las mujeres iraníes consiguieron grandes avances en su lucha por la emancipación y escaparon un poco de la terrible dominación sexual masculina gracias a la exigencia de ver los partidos de fútbol los domingos; esa necesidad social, esas ansias de emoción y esperanza hicieron que los dominadores tuvieran que ceder un poco en el sometimiento que expurgan sobre ellas (esto se perfila más interesante aún debido a que mucha gente considera a este juego como un atributo exclusivo del mundo masculino). Althusser, Harnecker y todo el resto de dogmáticos panfletarios que sólo perjudicaron a Marx pueden seguir manteniendo su indecencia y derrota, el fútbol hizo, aunque sea por un momento, lo que ellos no pudieron hacer ni siquiera una vez en la vida.

Terminemos con Braceli, con un ejemplo de cómo el fútbol alienta esperanza y canaliza el difícil tránsito por estas sociedades contemporáneas: “Por el fútbol sabemos que nuestro optimismo es una simpática forma de inmadurez. Que cuando decimos que estamos tocando fondo, somos recurrentemente optimistas. Porque cancelamos alegremente toda posibilidad de algo peor. Y esa negación nos lleva siempre a un fondo que queda más abajo”. Por todo, gracias fútbol.

lunes, abril 02, 2007

Lo kafkiano en el cine: Pesadilla, metamorfosis y absurdo existencial en la pantalla (parte II)



(Continuación)

El héroe – objeto (Eraserhead, Existenz, Crash, Barton Fink, The man without a past, Dead Man): La narración clásica nos presenta un panorama en el que el héroe, gracias a sus méritos, decisiones, astucias y virtudes logra superar obstáculos y enemigos y, a través de estas hazañas, logra también una transfiguración, una trascendencia. El héroe kafkiano es todo lo contrario: pasivo, incómodo quizás, pero no lo suficiente como para emprender una gesta heroica clásica contra los problemas que le acaecen. Como bajo una hipnosis, Henry Spencer en Eraserhead es testigo de tremendas monstruosidades que le acontecen en la vida cotidiana y, él se deja llevar, sigue viviendo el día a día, cada vez más infernal ante los ojos de una audiencia pasmada, M en El Hombre sin Pasado del gran Aki Kaurismaki, acepta sin chistar un destino cruel e inexplicable. El héroe kafkiano es conducido, ya sea por fuerzas internas (pulsiones como en el caso de Existenz o Crash) o externas (como la macabra configuración del destino que le toca vivir a William Blake en Dead Man). Ruptura total con la estructura convencional, el héroe que no toma decisiones ¿Qué tan héroe será?

Laberinto, enclaustramiento autístico y agorafobia (Playtime, Barton Fink, Eraserhead, Copy Shop): La opera prima de David Lynch, la mentada Eraserhead, es quizás por excelencia la película que mejor maneja la simbología del enclaustramiento kafkiano, al igual que Barton Fink de los hermanos Coen. El personaje de esta índole se repliega en su(s) mundo(s) interior(es) ya que, por lo general, es un extraterrestre menos adaptado para la vida social que para la vida subacuática, como el mismo Kafka.

Lo cotidiano hecho inverosímil, lo inverosímil hecho cotidiano (Brazil, Naked Lunch, Crash, Eraserhead, Copy Shop): La película kafkiana por excelencia es probablemente Brazil del maestro Terry Gilliam: un hombre se ve sumergido en una cotidianeidad apabullante, literalmente inverosímil que, a pesar de ser palpable, real, es inconmensurablemente pesadillesca. Lo importante es la literalidad kafkiana: no es una metáfora de…, simplemente es así. Hay una anulación de lo metafórico a favor de un raso metonímico, desesperante, angustiante. Por eso la llave de la locura (esquizofrenia) es sumamente estéril para interpretar lo kafkiano, el escritor checo nunca le dejó al lector la interpretación fácil de decir “estaba loco”, “todo fue un sueño”. Otro universo deformado por seres anormales que viven cómodamente en la normalidad es el fabuloso homenaje Cronen-burroughsiano a Kafka o Kafko-cronenbergiano a Burroughs: Naked Lunch, donde el genio canadiense aprovecha para crear un universo marcado por la angustia, el humor y cierta estética de Kafka combinada con la ciencia loca y la poesía repugnante del estadounidense padre y ejemplo beat.

El absurdo, fin absoluto de las empresas humanas (Playtime, The Big Lebowsky, La muerte de un burócrata): Aunque probablemente más chandleriana que kafkiana The big Lebowsky encierra en su hilarante trama aquella sensación que queda al preguntarse: ¿Y para que coño todo esto? ¿Cómo empezó? ¿A qué derroteros lleva? ¿En qué coño terminó y por qué? A veces en la vida – siempre, yo diría – nos metemos en trayectorias, líneas causales de acciones, y, cuando nos ponemos a reflexionar un mínimo, nos damos cuenta de que hemos perdido la causa por la que habíamos empezado y el fin que nos dirige, y sin embargo, una acción lleva a otra y esta a otra y todas, al estar imbricadas, parecen tener un sentido pero no tenemos la capacidad suficiente de distancia como para saber si efectivamente lo tienen. “The Dude”, Walter y Donny se meten en una aventura detectivesca donde la esencia del humor radica en el absurdo de las situaciones (todo empieza porque unos matones le mean la alfombra al héroe) que se concatenan con cierta lógica ¿Cuál? Difícil saber.

Lo inhumano, el mundo hecho aparato, el aparato antes que todos (Brazil, 12 monkeys, Playtime): En Playtime, el señor Hulot, más kafkeado que nunca, se pierde en un aeropuerto devenido el reino del automatismo y de la alienación del ser humano real en los códigos y sistemas abstractos de la ultra-modernidad de post-guerra. Humor, absurdo y desazón existencial cunden simultáneamente en una de las obras mayores y más subestimadas de la historia del cine. En la trayectoria misma del genio de Jacques Tati se puede leer el desencanto que acaeció en el alma de este artista respecto a la deshumanización progresiva que cundió en Europa: en Jour de fête se nos pinta la Francia campesina y pueblerina en donde los personajes interactúan, conversan, comen y beben, se toman su tiempo. En Playtime, ya nadie habla con nadie y los gags sobre “error en el sistema” son constantes, absurdos y angustiantes. Posteriormente tenemos Traffic, graciosísimo y gigantesco ensayo sobre la creación de significado por asociación intensiva entre automóvil y humano, una especie de Crash avant-la-lettre. De Jour de fête a Traffic progresivamente se denota la automatización que termina por sumergir al pobre Hulot en un mundo maquinizado totalmente ajeno al suyo: pre-moderno, de café, mercado y feria de domingo.

La burocracia, el medio por el fin, el código por el individuo (La muerte de un burócrata, Las doce pruebas de Asterix, The Hudsucker Proxy): Al pobre sobrino, en la gigantesca comedia La muerte de un burócrata, le toca vivir una aventura que quizás hubiese aterrado al mismo señor K: la burocracia cubana de régimen comunista. Este fantástico relato hipertrofia dos características de “El Proceso” de una manera brillante: humor negro y burocracia total, absoluta, en sueños (pesadillas) y en vigilia, en vida y en muerte: el mundo es concebido como una máquina que fabrica humanos a imagen de la máquina de fabricar bustos de Martí que el tío elabora y por lo que se hace reconocer como un gran proletario. El individuo, metido en el laberinto de la burocracia, ya no es un humano, Sujeto, es más bien un número y si el número no corresponde, el error no es el número si no el individuo mismo. Gutiérrez Alea, con “La Muerte de un burócrata” nos regala una de las pinturas más chistosas, desoladoras y extravagantes que se han hecho sobre la condición del ser humano en la modernidad que se sirve de infinidad de medios para hacer la vida más fácil pero esos medios se convierten en fines y, cual pulpos gigantescos, extienden sus tentáculos para asfixiar al ser real, al supuesto destinatario de los beneficios que esos “medios” van a acarrear.

La identidad voluble, metamorfosis (Lost Highway, The Fly, Fight Club, Crash): ¿Y qué si un día te levantas y eres otra persona? Así de simplemente, sin más ni más, sin explicaciones. La narración clásica, ya lo hemos visto muchas veces, es un recorrido simbólico para afianzar la identidad, el héroe solar no es sino una representación psicológica, estética del hombre independiente, idéntico a sí mismo, separado de todo lo ajeno a él, el héroe solar, es, en pocas, una representación imaginal del Sujeto. El héroe-objeto kafkiano es susceptible de mutar en cualquier instante, en Lost Highway, Fred Maddison se vuelve Pete Dayton y en Fight Club, el narrador, encarnado por Edward Norton, se percata lentamente de que ha devenido Tyler Durden, peligroso antisocial y terrorista de la moral. El héroe kafkiano, debido al enclaustramiento autístico posee esa cualidad de desdoblamiento que poseen los niños al generar amigos imaginarios y separarlos de su psiquis hasta constatarlos como seres de carne y hueso. El encontrarse con que de un día para otro a uno le toca ser bicho no es hegemonía de Kafka sino que el maestro Cronenberg (posteriormente) nos mostró el proceso psico-físico que implica devenir una mosca o una especie mutante entre el humano y el automóvil o el gran Hieronymus Bosch que hace siglos ya nos pintaba en el infierno seres híbridos entre hombre y liebre. Yo sólo sé que yo no soy yo. ¿Y tú?

Esperemos que con este piqueo de ideas y asociaciones, vayamos delineando progresivamente el complejísimo mundo de Kafka y su maravillosa construcción simbólica a través de "las obras kafkianas" en el cine posmoderno. Habría que hacer un experimento: ver todas estas películas de una y saborear que sensación nos queda... Probablemente termine uno la sesión con unas cuantas alas, pelos o patas de más...

miércoles, marzo 28, 2007

Aventuras y desventuras del huérfano Adán en el Paraíso


1

Tal vez el silencio de dios sea otro ejemplo de lo que se conoce por misericordia divina. O la primera medida en la historia para la creación de empleo. Profetas, exégetas, mensajeros divinos, hagiógrafos, santeros, evangelistas, cruzados, inquisidores, teólogos y toda una interminable lista de profesiones variopintas surgen a raíz de apagarse la voz. Todavía hay quién no se explica cómo nace la vocación…

2

Si dios no habla y el hombre no escucha, lo de tener oído es por si acaso.

3

Hay quién dice que no es una cosa de foniatra, sino que la humanidad entera está necesitada de otorrinos…
Pero si emite en ultrasonidos, acaso en vez de un dios antropomórfico, debamos darle aspecto de murciélago.

4

Los expertos en el tema afirman que la necesidad del habla nace en el niño para encontrar respuestas a sus preguntas. Cabe deducir entonces de esta teoría que aquel que todo lo sabe ha de tener algo más que una vocación clara hacia el silencio.

5

A la derecha de dios hay un logopeda.

6

Mi relación con él es como la de esos monarcas con sus reinas cuando se sentaban por la noche a cenar y ni siquiera se pasaban la sal: Sin levantar la vista del plato, sin mirarse, sin cruzar palabra. ¿Cuántas veces no he pensado en levantarme de la mesa y marcharme a cenar con el cocinero, cuántas veces me hubiese quedado en mi alcoba? Afortunadamente, la apostasía es más sencilla que el divorcio…

7

Harto de todo y de todos, finalmente dijo: “reset”.


Iñaki Arbeloa

lunes, marzo 26, 2007

Lo kafkiano en el cine: Pesadilla, metamorfosis y absurdo existencial en la pantalla (Parte I)


“Tengo la impresión de que el animal quiere amaestrarme; si no qué propósito puede tener retirarme la cola cuando quiero agarrarla,
y luego esperar tranquilamente que ésta vuelva a
atraerme, y luego volver a saltar”
Franz Kafka
kafkiano, na.
1. adj. Perteneciente o relativo a Franz Kafka o a su obra. Las novelas kafkianas
2. adj. Característico de este escritor checo o de su obra. Visión kafkiana del mundo
3. adj. Dicho de una situación: Absurda, angustiosa.

La tercera acepción del término según nuestro ilustre diccionario se refiere a la imaginería plasmada en “El Proceso”, “La Metamorfosis” y otros relatos más pequeños. Kafka es de los pocos creadores que, prácticamente, ha abierto la compuerta a toda una arquetipología hasta entonces desconocida o, al menos, desconocida desde una perspectiva tan auténtica, genial y aterradora: sí, se trata quizás de un sistema simbólico heredero del desencanto de la modernidad y del fracaso de la razón. Empero el señor K. no es el único en manifestar dicho desencanto; hay algo más puntual que especifica su obra y la diferencia de las demás: quizás algo inexplicable racionalmente, un aire, una sensación de indescriptible absurdo, incomodidad, miedo y hasta asco. Sí, una pesadilla sin cielo ni infierno, plana y sin sentido: ¿La peor de las pesadillas? Quizás. O quizás la más chistosa. Se trata de una nueva lógica de la monstruosidad en relación a la visión dantesca o bosquiana en donde los símbolos cobran sentido por oposición: de ese modo, lo reconfortante es que cada imagen monstruosa tiene su contraparte luminosa y viceversa (ángel-demonio, cielo-infierno, profundidades del abismo-verticalidad celestial). En Kafka, el sistema de la pesadilla funciona de diferente manera: lo cotidiano, visto bajo el lente de la extrañeza, es más monstruoso que el más horrible de los monstruos y más desolador que el más patético de los exilios. A ello se aumenta que, en el sin-sentido, tampoco hay un sentido de pelea, en el universo kafkiano no hay a quien vencer, no hay un San Jorge ni tampoco un dragón. O, mejor dicho, hay una amalgama horripilante de dos seres devenidos una entidad absurda y asquerosa, carente de fuerzas para vivir y de fuerzas para morir: hedionda y babosa mezcla de armadura metálica con escamas de reptil tratando de aniquilarse a sí misma, con mitad del cuerpo perdido en la oscuridad de la gruta y la otra mitad perdida fuera de ella, bajos los laberínticos rayos de un sol pálido.

En ese sentido, probablemente ese arquetipo del que hablamos, el arquetipo al que Kafka le da una perspectiva completamente innovadora y profunda, es el Laberinto: esa casa que intrigaba enormemente a Borges al haber sido “hecha para que la gente se pierda”: ¿Será el lenguaje? ¿Será el código mismo el que nos pierde y en el que nos perdemos? ¿Será la mente humana? El hecho es que, si bien el laberinto era efectivo en tanto que metáfora de esa realidad interior enrevesada y “sin salida”, en la modernidad, y Kafka lo vio mejor que nadie, esa metáfora dejó de serlo y se cristalizó a nivel exterior, palpable a través del Estado Nacional, la burocracia, el carnet de identidad, el certificado de nacimiento, el número de tarjeta de crédito, códigos y códigos y más códigos encerrados en redes de códigos encerradas en redes de códigos más grandes, todos supuestamente lógicos y racionalmente organizados… todos enmarañados y constantemente susceptibles de fallar y de manera categórica, absoluta (el error de un elemento implica error en todo el sistema). El mundo moderno, al exteriorizar, abstraer y cristalizar las formas de socialización (concepto caro al gran filósofo Georg Simmel) literalmente dio a luz a un laberíntico sistema abstracto que domina al individuo y lo guía por trayectorias a cual más absurda y deshumanizada, donde él no parece decidir nada, donde muere la idea de Sujeto y cunde la idea de Error.

La pesadilla kafkiana nace de la extrañeza de lo cotidiano o en lo cotidiano de la extrañeza, que, llevados al extremo, no difieren mucho. Los personajes que pueblan este mal sueño no parecen lo suficientemente espantados como para gritar de pavor ante el hecho de convertirse en un insecto o de engendrar un monstruo: es la naturaleza pasiva del héroe ante la monstruosidad la que genera ese terror especial y desolador que caracteriza lo kafkiano. Es un terror sin opciones e imprevisible en su nivel de absurdo: no se trata de una descripción “realista” u “objetiva” del inhumano mundo de la ley y de la sociedad sino más bien del caos interior que estos generan dentro del individuo. Es decir, el universo de Kafka no es solamente absurdo sino absurdísimo, brutalmente absurdo, a tal punto que deviene aterrador y jocoso a la vez y esto más aun dado su parecido con ciertas situaciones reales (si Kafka fuera mi contemporáneo yo apostaría que le interesaría una beca para una maestría en situaciones absurdas impartida en mi querida patria Bolivia).

Lo kafkiano, en fin, lo kafkiano… tipitos de sombrero y gabardina andando como hormigas sin ton ni son por la ciudad, absurdos recorridos a través de inmundas buhardillas que hospedan a la Justicia Estatal, animales híbridos y juguetones para siempre inalcanzables en este mundo como en el de los sueños, inverosímiles y grotescas formas arquitectónicas tatuadas de polvo, niñas burlonas y diabólicas musas de artistillas, venidos a menos de nacimiento… lo kafkiano, es muy difícil de decir pero es tan contundente cuando se siente, cuando se manifiesta en el espíritu (y en el cuerpo)… es un aire, escaso pero aire… ¿Quién sabe?... Para tratar (vanamente) de delinear lo kafkiano vamos a apelar a una serie de películas “posmodernas” que, en algo (unas más que otras) evocan, sugieren, contienen esa sensación tan ominosa y lúcida a la vez que nos regaló el genio de Praga. Si la mayoría de los filmes en cuestión son prácticamente contemporáneos es porque probablemente el espíritu kafkiano no ha podido encontrar eclosión en el cine sino a partir de la decadencia de ciertos patrones narrativos y morales (Welles es una de las pocas excepciones): ha sido necesario todo un proceso cultural para que “lo kafkiano” como tal pueda verse y comprenderse sin restricciones ni limitaciones en la pantalla grande como se dejó leer en “El Proceso”. He aquí la lista:

  • Gilliam: Brazil, 12 monkeys
  • Lynch: Eraserhead, Lost Highway
  • Cronenberg: Naked Lunch, Crash, Existenz, The Fly
  • Tati: Mon Oncle, Playtime, Traffic
  • Coen: Barton Fink, The Hudsucker Proxy, The Big Lebowsky
  • Gutierrez Alea: La Muerte de un burócrata
  • Fincher: Fight Club
  • Goscinny/Uderzo: Les douze travaux d´Asterix
  • Jarmusch: Dead Man
  • Kaurismaki: The man without a past
  • Widrich: Copyshop
En la Parte II:

En una especie de falsa matriz a doble entrada dispondremos esos filmes dentro de conceptos que parecen detectarse en el complejo sistema simbólico del gran Franz Kafka y veremos si así, poco a poco, vamos adentrándonos en lo kafkiano del asunto: . . .

miércoles, marzo 21, 2007

Autorretrato en fuga


Alicia adorada:

Anoche soñé contigo. Soñé que escribías en un papel porque no podías hablar. Te tenían prohibido hablar, sacar todo lo que tenías por dentro. "!Háblame!", te gritaba yo, un poco harto de intentar descifrar los garabatos que ponías en el papel. Era realmente desesperante. Después tú me besabas, pero no era suficiente, yo quería saber lo que me ocultabas. Curiosamente, estabas recostada en un oso de peluche azul del tamaño de tres hombres, desnuda y con un marcador rojo en la mano derecha.
Hace unos días encontré mi viejo pasaporte diplomático, documento infame de mis días infames como falso hijo de papi, impostor, jovencísimo y pésimo poeta que se cagaba de miedo porque era capaz de atisbar que su futuro era un desbarrancadero tapizado de cadáveres frescos. Pues bien, obedeciendo no sé qué impulsos, me puse a destruir el pasaporte. Aunque destruir no es la palabra adecuada: lo que hice en realidad fue "intervenirlo" (eso que los situacionistas llamaban el desvío). Primero escribí un texto en sus páginas, luego lo taché, pinté de colores hasta la última hoja y todo eso, sumado a los sellos de inmigración, proporcionó como un "ruido de fondo". A continuación recorté y pegué trozos de diálogos de una novela policiaca y de un diccionario de latín, pedazos de rostros y usé como leitmotivs repetititvos el hexagrama 50 del I Ching y una serie de bolitas rojas con un punto negro en el centro. En la página central partí en dos una fotografía de Robert Walser y al lado escribí con letras deliberadamente punkies: Walser Sudaka (Robert Walser es uno de mis escritores preferidos; pasó sus últimos días encerrado en un manicomio suizo, dedicado por completo a escribir sus "microgramas", unos textos en una letra tan chiquitita que podía meter el equivalente de cien páginas en una tarjeta postal. Los especialistas en su obra todavía están descifrando sus papeles valiéndose de microscopios). En cuanto a la primera página, aquella donde aparecía mi nombre, mi nacionalidad y todo eso, quedó tapada hasta el último milímetro con recortes, palabrotas, palabritas, piernas de mujer, aunque, y he aquí un detalle que me parece digno de mención, dejé sin cubrir un ojo de mi fotografía (una imágen de 1998 en la que aparecía francamente lindo, con una expresión de dulzura que he perdido para siempre). Sólo un ojo quedó despejado (para poder seguir mirando).
El caso es que el pasaporte se convirtió en otra cosa. Ya no era un documento de viaje sino el documento de un viaje, un registro y una afirmación de las mutaciones biográficas que, por obra de la desviación, se transforma en algo que va más allá de los subjetivo o de lo individualizable. Es como decir: el pasaporte es un órgano de mi identidad institucional; voy a trransformarlo para que sea un órgano de mi identidad "real" y con ello, una huella digital colectivizada, anónima. Nada de nombres, nada de señas particulares. Nada.
Así que sólo me quedaba un paso para terminar el juego: perder deliberadamente el objeto en la calle y no conservar ni un sólo rastro del mismo. Me fui a un bar al que no voy nunca, un bar de la Gran Vía por el que pasan cientos de personas al día, tiré el pasaporte al suelo y me largué. A partir de entonces el objeto ni siquiera me pertenecería a mí, simplemente entraría en circulación. A veces me pregunto adónde habrá ido a parar. Quién sabe. Lo más seguro es que haya acabado en un basurero. Esta carta es el único registro que queda de aquella experiencia y me gusta que así sea.

jueves, marzo 15, 2007

Dolor de muelas o decálogo del buen kamikaze*


1. Burroughsiano: ¿Por qué asocio Burroughs y ano?

2. No era una foca, era un saxofón. Debajo de todo está el mar.

3. El rape es el único animal que sabe hacer el amor. Una noche soñé que perseguía a una joven de cinco metros en una piscina y yo la tenía más tiesa que un tótem cherokee. Era hermosa, regordeta y rosadona como la Maja Desnuda, con los labios teñidos de rojo intenso y sonrisa traviesa. Nunca la alcancé (a pesar de jactarme de un crawl impecable).

4. Ventana a Tánger: Jamás vi a través de ella… la extraño más que nunca.

5. Lamer lo salado. Sin piedad, sin perdón, sin moral.



6. Ventana a Bruselas: Hace ya cuatro años que no veo a través de ella… la extraño más que nunca.

7. Arte o muerte, como dos y dos son cuatro (por lo menos para un pobre burgués como yo).

8. Hay un rincón de la habitación que es inmune a la luz; se trata pues, de un sitio que debe ser percibido con instrumentos de carne inflamada y severo gusto a pejerrey. Hay un rincón negro y ensangrentado en la habitación.

9. La garúa de vidrio estremecido. Mi esqueleto encima de la piel, como un Cristo de Chaki** esperando un condón de corona de espinas. Así es. Pronto anochecerá y te fumarás un porrico con Paola.

10. Un viejo horrendo te llevó debajo de la cama, encendió un fósforo y te dijo que en ese inmundo espacio consistía toda la casa. A ti, te dolían las muelas.


* Fotografía: Diego Loayza, foto digital
** Resaca, ángel de la resaca

domingo, marzo 11, 2007

Peripecias y compañeros de un huérfano de destino

“Now I’m telling my troubles to strangers
When the shadows get long I’ll be dead
. . .
I left Texas to follow Lu(cinda)
Now I’ll never see heaven or home”
Lu(cinda), Orphans, Tom Waits

En el pretérito, cuando el mar eran vastas aguas de un infinito inexplorado, cada vez que un navío zarpaba, los marinos envueltos en sus terrores y esperanzas debían lidiar con la contradicción y aspirar encontrar tierras inhóspitas plagadas de especias, tesoros, perfumes y riquezas, pero con la inseparable zozobra espiritual de toparse con un monstruo marítimo como el Kraken o el Leviatán que trunquen su ilustre vida al unísono de su ilusión de un solo aletazo. He ahí la esencia del viaje: la contradicción (paradoja).

Todo viaje es una apuesta, un pasaje, una puerta a la fortuna o a la desventura, a lo inhóspito e imprevisible. Cada viaje es una búsqueda ¿búsqueda de qué? Se busca encontrar, el qué ya es una redundancia. Uno viaja por países, reinos, imperios, contornos, sentimientos, brechas, pliegues, mares, añoranzas y barrancos. Viajar es mutar, es tornar en espacial una transformación de los fueros internos, es mirarse al espejo con una puesta en escena cambiada por ende con una desnudez imparangonable. Un viaje es una suerte de desentrañamiento, un enfrentamiento de fuerzas vivas que desencadena bienaventuranzas o traza aciagos desenlaces.

Dentro de las cosas impagables en la vida están los buenos compañeros de viaje, marinos de arrugas hendidas, preciosos especimenes en extinción; aquellos que comparten la peripecia, que deambulan el mundo junto a uno, que escuchan nuestras ahogadas tribulaciones, que su sabiduría hace del devenir de la travesía algo mucho más llevadero. Una suerte de imposible, un ente de exageración abstracta capaz de involucrarse en la necesaria reyerta, la enconada discusión y por último la eventual separación y consiguiente separación de derroteros.

En mi último viaje he tenido un compañero inestimable, baúl infinito de experiencias y máximas, de carácter afable y maleable para como aparecer cuando se lo requiere y ausentarse como a pedido. Ese “imposible” que suscribo no es otro que Orphans: Bawlers, Brawlers and Bastards, el último disco de Tom Waits, que más que un álbum es un recorrido, un largo, profundo y poco apacible paseo por los meandros del alma humana. Y no es descabellado que sea Tom Waits el compañero ideal de navegación, hombre conocedor de diferentes avernos, guía espiritual de seres sin retorno, heraldo del balsámico desagarro de la derrota existencial, hombre con luz en los ojos, monstruo de envenenadas cuerdas vocales y por último, sabio gurú de los huérfanos sin destino y sin retorno.

“The best friend you’ll have is a railroad track” es la frase de un innato itinerante, que sabe que el camino casi inequívocamente te lleva a extravío, a quedar “lost at the end of the world”, a no retornar a casa y si es que lo logras el camino será la analogía de una larga y sinuosa cicatriz. Pero Waits no es sólo un errante sino un interlocutor; sabe que la cura es la música, el canto gutural, la plegaria y la confesión, por eso te lo expresa, te lo dice, te lo reza y con él el mundo viene y va, uno viene y va; él calla, te escucha y te contagia como es él, impenitente y castigado, con sorna, cigarro y buen humor.

Y así con ojos vidriosos de mirada displicente, voz aguardentosa de garganta nicotinizada, corazón indómito de “little man”, paradoja viviente, te dice y te oye, vuelve y se va, te mira y te desdeña y te quiere y por último con un rosado velo perfumado de una doncella ausente se sopla la nariz y lo guarda como pañuelo en la solapa, se arregla el saco, arquea la ceja y rectifica el sombrero como diciendo adiós, como diciendo hasta la próxima . . . como fuere, sea cual sea el desenlace, con Tom cuando sea, a donde sea.

Ver: Lie To Me, "Orphans: Bawlers, Brawlers and Bastards", Tom Waits

Glosario

Huérfanos
Todos los seres de la extensa mitología de Tom Waits. Entre ellos errantes, alcohólicos, reos, almas penitentes, chulos, extraviados, tatuados, sentimentales, melancólicos y las tres nuevas adquisiciones que se desglosan a continuación.

Berreadores
Energúmenos de roncas voces que pueblan las diferentes tabernas del orbe, canturreando excesos, arengas futboleras, penas y desamores.

Bronqueadores
Facinerosos con ninguna pulga en el cuerpo, dispuestos a destrozar el vaso de cerveza en la crisma de cualquier cristiano por la razón más nimia del mundo y quedarse ufanos para pedir la siguiente copa.

Bastardos
Hijos naturales, seres de destino neblinoso y mirada nostálgica, solitarios y siempre sentados en la esquina ulterior de la barra recontando los tumultuosos avatares del recinto.

Escuchar: Sea of Love, "Orphans: Bawlers, Brawlers and Bastards", Tom Waits

lunes, marzo 05, 2007

"Seinfeld" o las crónicas sobre la absurda existencia humana


“Good Samaritan law? I never herd of it. You don`t have to help anybody.
That`s what this country`s all about”.
Jackie Chiles (abogado de Cosmo Kramer, Jerry Seinfeld y amigos).


Un concurso sobre quién dura más tiempo sin masturbarse, miles de mujeres dejadas por nimias razones, absurdos proyectos que no llevan a ningún lado, trabajos ilógicos y aburridos…charlas y charlas y charlas entre cuatro amigos sobre situaciones y temas fútiles y banales. Esas podrían ser algunas de las temáticas que se desarrollan en la serie cómica más maravillosa de la historia: “Seinfeld”. Sin embargo en este escrito no se pretende hablar sobre los capítulos, sobre los personajes o sobre las historias en la serie; miles de páginas podrían escribirse sobre los hilarantes sucesos que acontecen en “Seinfeld” y sobre los absurdos personajes que deambulan por sus entrañas. Acá sólo intentamos plantear algunos apuntes sobre los cuales se cimienta la riqueza de su humor y desparpajo. Lastimosamente, entonces, “el nazi de la sopa”, Newman, “el chico burbuja”, las empresas de Kramer, los enredos de George, las convicciones de Elaine, los problemas de Jerry, los gags memorables y los vericuetos de cada capítulo quedan fuera de estas líneas.

“Seinfeld” terminó el 14 de mayo de 1998, después de nueve temporadas sumamente exitosas. Aunque usualmente se la ve como una serie sobre “nada” (y George se empeñe hasta el cansancio en venderles esa idea a los ejecutivos de la NBC), en realidad “Seinfeld” es una serie sobre todo: la amistad, el amor, el trabajo…la vida cotidiana. Pero su humor tiene dos características esenciales, dilucidadoras y corrosivas: por un lado, poner en evidencia lo absurda que es muchas veces la cotidiana existencia humana y por otro, mostrarnos la vileza y perversión que nos caracteriza como sujetos sociales.

Erving Goffman, lúcido sociólogo del siglo pasado, afirmaba que los seres humanos, en este trance extraño que es la vida social, construían sus acciones en base principalmente a lo que el resto esperaba de ellos. En ese sentido, la acción es sólo una actuación coincidente con determinados escenarios y roles. Un devenir de máscaras, de puestas en escena, de rutilantes interpretaciones.

En el fondo la vida cotidiana está compuesta de miles de rutinas, de prerrogativas, de intuiciones confirmadas en la interacción del día a día. Muchas de ellas absurdas y risibles en sí mismas. El accionar de los seres humanos con esas prerrogativas es la base bajo la cual se construye el humor seinfeldeano, el movimiento de esos cuatro entrañables personajes en los linderos de los buenos modales, la construcción de relaciones amorosas, el relacionamiento con los otros distintos, la práctica de la religión, el sexo y los deportes. Por eso en “Seinfeld” se vive en base relaciones que son sólo caminos ante el patíbulo y se celebra silenciosa e íntimamente la muerte de tu prometida porque te estás librando de un yugo que se cernirá sobre tu vida para siempre, por eso se celebra el “Festivus” (“a Festival for the rest of us”) en vez de la Navidad, una festividad basada en mentar los errores que tiene cada uno y consolidar los lazos familiares y de amistad en base a la humillación, la incomprensión y el enfrentamiento físico. Los personajes de “Seinfeld” muestran sus más bajos instintos enfrentándose a las estructuras sociales existentes, creando una atmósfera hilarante, absurda y burlesca que pone en entredicho muchas de las convenciones sociales y nos muestra la faceta perversa, despiadada y pérfida de la condición humana.

Así, en “Seinfeld”, en cada una de las historias que viven sus personajes, se presentan las distintas oscuras facetas que ostenta el hombre en su trayecto cotidiano. La locura e irreverencia de Kramer, la avaricia y crueldad de George , el cinismo y comodidad de Jerry, la intolerancia y neurosis de Elaine son características que todos experimentamos y expurgamos mientras vivimos en relación con nuestro entorno, con las estructuras diseñadas en el afán de convivir de manera conjunta. Puedes tener mil condiciones que cumplir en tu trabajo, en tus relaciones, en tu acción cotidiana, puedes tener sólidos límites que intenten dirigir tus pasos por los caminos de la buena voluntad, la solidaridad y la tranquilidad; sin embargo, siempre te darás modos para pretender llevar a cabo un proyecto imposible, para recrear, peregrina y torpemente, una anodina relación amorosa, para darle preeminencia al bien propio (y el de tu clan) por sobre el sufrimiento de los otros, para burlarte del mal ajeno y mirarlo desde palco, viviendo desde tus instintos, tus pulsiones esenciales y las motivaciones de la parte turbia de tu corazón. Para muestra, un botón: George recurre a todas las manipulaciones posibles para que sus padres se vayan a Florida (2000 kilometros de distancia y tranquilidad), mientras Kramer descubre que la comida es mejor si se la cocina mientras uno se baña, Jerry decide dejar a una mujer porque tiene las manos muy grandes y Elaine compra por toda la ciudad todos los preservativos que a ella le gustan, por miedo a que se acaben un día. A veces, lo sabemos todos, la única manera de actuar es la más enferma, la más sucia, la más absurda, la más irracional.

Esa es la gran riqueza de la serie, poner en evidencia lo absurdas que son muchas de las rutinas sociales bajo las cuales se cimienta el vínculo de los humanos y develar nuestras características extrañas, enfermas, decadentes, perversas como habitantes de esta tierra. Por eso, después de “Seinfled”, siempre es más fácil percibir y tolerar nuestra absurda existencia; al final de cuentas, en el camino por estas extrañas carreteras sociales contemporáneas: “sick is the only way to go”.

miércoles, febrero 28, 2007

Todo está en todas las cosas


Benito:

Estoy muy feliz de que te hayan dado la beca en Princeton. ¿Cuándo vas para Colombia? ¿Qué planes tenés? Anoche soñé que ambos escalábamos una estructura rarísima, una especie de torre o caracola invertida hecha de alambres y tejas que se desprendían fácilmente. Sabíamos que era peligroso y de hecho habíamos accedido a la torre mediante sobornos y otros mecanismos ilegales. Unos guardias parecidos a los soldados blancos de Star Wars vigilaban todo el tiempo nuestro ascenso. Tardábamos mucho en subir y en varias ocasiones estábamos a punto de caernos al vacío, pero finalmente lo conseguíamos. Llegábamos a la cima. Desde ahí arriba el paisaje era desolador: cuerpos martirizados, calderas humeantes en las que flotaban cabelleras humanas, gritos, mutilaciones, fosos de caimanes alimentados exclusivamente con pies y manos. Para resumir, estábamos sobre una versión posmoderna y vagamente tropical de un cuadro de Peter Bruegel. O mejor, era como un plagio de alguna secuencia de La montaña sagrada, la película de Alejandro Jodorowsky. El caso es que estábamos ahí arriba, en la cima de aquella estructura, rascándonos la cabeza, sumidos en un estado de ánimo parecido a la indiferencia. De pronto vos me decías: "ché, juan, ¿porqué subimos hasta acá?". Y yo me encogía de hombros, un poco perplejo porque me parecía que esa pregunta era como un tabú, que esa pregunta era precisamente lo que no se podía preguntar. "Debo fabricar una frase agramatical", pensaba en ese momento para mis adentros, "esa es la única forma de darle sentido a todo esto y de poner a girar la torre". Entonces me ponía a pensar en la maldita frase pero no me salía nada, no era capaz de componer una buena frase agramatical. Después de un rato, no sé cómo, vos me leías la mente y pronunciabas un verso de Cummings: "he sang his didn´t he danced his did". Y ahí se acabó el sueño. No sé qué demonios signifique, si es que los sueños significan algo o si es que el significado significa algo alguna vez.
Boletín de noticias:
1. Hace cuatro días vi Inland Empire, la última película (?) de David Lynch. Salí del cine cansadísimo después de tres horas de intenso lavado cerebral, me dolía la espalda, mis ojos estaban hinchados. La crítica debe ser como una colonia de bacterias que se adhieren a un organismo y se alimentan de él, prosperan en él. En ese sentido, dudo mucho que pueda haber algún tipo de bacteria que pueda vivir de Inland Empire. Habría que descubrir una nueva especie o crearla mediante manipulación genética. ¿Qué se puede decir de un artefacto narrativo que habla tanto de sí mismo que obstaculiza cualquier intento de apostilla o comentario? (¿pero qué sería ese sí mismo de algo que es incluso otro respecto de sí mismo? ¿Puede haber un sí mismo en algo que no para de suprimir su mismidad?). Y claro, con todo esto uno podría caer fácilmente en la tentación de leer a Lynch como una especie de Derridà para dummies. Pero creo que eso significaría perderse una buena tajada de lo que Inland Empire intenta contarnos o hacernos vivir.
2. Desde hace cuatro días me despierto sudoroso en plena noche y me pregunto obsesivamente: ¿porqué le interesa tanto a Lynch el concepto del "playback"? ¿Será sólo por una vaina tipo cuestionamiento-de-la-identidad-impostación, la-voz-como-máscara, el estatus-paradójico-de-la-grabación-de-la-voz-como-algo-muerto-que-
posee-el-cuerpo-de-un-ser-vivo? (bla, bla, bla). Sí, seguramente todo eso tiene que ver. Pero creo que hay algo más, hay algo que es siempre suplementario en la secuencia del playback del teatro en Mulholland Drive, una de las cosas más estremecedoras que he visto nunca en un cine.
3. Desde hace cuatro días me despierto sudoroso en plena noche y me pregunto obsesivamente: ¿porqué contrata Lynch a Laura Harring, ex-miss América, secundaria en telefilmes de bajísimo presupuesto, para que interprete a una aspirante a actriz de Hollywood que ha perdido la memoria misteriosamente?
4. Desde hace cuatro días me despierto sudoroso en plena noche y me pregunto obsesivamente: ¿porqué la vida no me ha dado la oportunidad de morderle las tetas y el culo a Laura Helena Harring? ¿Llegará un día en que Laura Helena Harring me mire como mira a Naomi Watts mientras yo se la meto por el número dos?
5. Una cita: "A Quentin Tarantino le interesa ver cómo a un tío le cortan la oreja. A David Lynch le interesa la oreja", David Foster Wallace.
6. Esta mañana me levanté radiante, pese a las grandes cantidades de alcohol ingeridas ayer durante la celebración del cumpleaños de Ángel. Tomé dos tazas de café, leí un ensayo magnífico de Susan Sontag sobre Barthes mientras hacía caca, luego recordé el sueño Jodorowskiano de la estructura extraña y me senté en mi escritorio para leer mi mail. Tamaña sorpresa me llevé al ver el mensaje de un tal Brian Teuber, ejecutivo de una empresa que vende alimento para mascotas. El tono de su misiva era bastante misterioso, o al menos así me lo pareció porque hablaba como si me estuviera contratando para una reunión de espías. En suma, todo indica que tu papá me recomendó con el Señor Teuber y ahora el tipo quiere que yo haga de intérprete durante una reunión que sostendrá con los representantes españoles de su compañía. ¿De qué hablan los ejecutivos de las empresas de alimentos para mascotas? ¿En qué idioma hablan? ¿Usan el argot del mundo de los negocios? ¿Se comunican mediante ladridos o sonidos guturales? ¿Cuánto le cobro por las seis horas de trabajo para las que quiere contratarme? En serio, ¿cuánto le cobro?
7. ¿Hay alguna relación entre la compañía de alimento para mascotas del Señor Teuber e Inland Empire? ¿Hay alguna relación entre mi sueño y la extraña carta del Señor Teuber? ¿Es el Señor Teuber un emisario secreto de Inland Empire? ¿Qué coño tiene que ver tu beca en Princeton con la secuencia de los hombres con cabeza de conejo de Inland Empire? ¿Cómo coño se conectan entre sí los elementos y temas de este mensaje? Al demonio, ya estoy diciendo güevonadas.
FIN DEL BOLETÍN.

viernes, febrero 23, 2007

Accidentes, bucles y distópias: el destino según tres cuates mexicanos


Antes de la acumulación de posibles lauros o de una meritoria debacle quería decir unas palabras sobre tres películas dirigidas por realizadores mexicanos que han sido, a mi entender, de las obras más importantes estrenadas durante el 2006, que no por ello deja de sorprender que las tres en mayor o menor medida estén nominadas en diferentes categorías para los Oscar de la Academia. Me refiero puntualmente a “Children of Men” (Hijos de los Hombres) de Alfonso Cuarón, “El Laberinto del Fauno” de Guillermo del Toro y por último a “Babel” de Alejandro González Iñárritu.

¿Qué tienen en común estos directores aparte de su nacionalidad? Muchas cosas, primero que son buenos amigos, segundo que pertenecen a una misma generación de directores (todos nacidos entre 1961 al 1964), tercero que todos han hecho películas fuera de su país natal, cuarto que todos han estrenado el año pasado, quinto que todos han recibido aclamación de la crítica y el público y sexta (última anotada, no última existente) que todos tienen su último filme nominado en varias categorías del Oscar. Pero creo que el concepto central que une a estos directores y en concreto a sus últimos filmes es el destino, entendido de maneras radicalmente distintas pero que como lectura me interesa utilizar como hilo conductor de las últimas obras de los tres.

Alfonso Cuarón ya ha establecido una reputación grande a nivel internacional con seis largos en su haber, y con proyectos de índole tan diversa que van de la delicada y pulcra versión dickensiana de “Great Expectations” donde sobresale la cautivadora belleza de Gwyneth Paltrow, a la apocalíptica y desesperanzadora “Children of Men” pasando por su visión pinchenacotera mezclada con remake nuvelvaguista en “Y tu Mamá También”, todas películas de muy fina hechura pero de temática y estética muy disímil, lo cual demuestra la versatilidad, el talento y la amplitud de visión que Cuarón posee.

“Children of Men” es definitivamente su visión más oscura bajo la estela philipkeydickesca, ya que nos introduce en un futuro distópico donde la esterilidad se ha propagado por todo el orbe, la natalidad ya es cosa del pretérito y el último retoño de la humanidad (Baby Diego) ha sido aniquilado por el arrebato de una fanática ante su petulancia (es imposible que la estrella mediática de Baby Diego no resuene a Maradona, quien por cierto nos ha demostrado una y otra vez estar lejos de ser un baby y más bien estar muy cerca de ser “inmortal”). Todo este es el contexto para que Theo Faron (Clive Owen) de manera casi fortuita tenga que ser el protector de la “próxima” virgen María, o sea la mujer que acarrea un futuro vástago, lo cual implica una colosal epifanía en los tiempos que corren. La odisea, la hégira o el paseo por los avernos que les toca vivir a Theo y a Kee, la futura madre de la criatura, es un peripecia plagada de desastres en la cual nos van descubriendo un mundo fascista, intolerante y violento donde el inmigrante ha recibido la posta de los judíos o los opuestos al régimen en las dictaduras hitleriana y stalinista, respectivamente.

La luz que se esconde detrás de la peripecia, la esperanza que brindará un nuevo vástago en un mundo humano conducido a la extinción no cambia nada, eso es lo tremendo del filme. Termine como termine el viaje de Theo, Kee y el niño, nada parece que va cambiar en un mundo determinista donde el destino trágico ya ha sido trazado. La humanidad parece estar envuelta en un mundo spinoziano, donde el destino es irrevocable, donde todos cual modos de ese dios que es el todonaturaleza estamos destinados (pese a la pantomima de la libertad personal), y en este caso la humanidad ya tiene determinada su maldición, su total y plena eliminación y toda la luz que pueda irradiar una criatura o la pesquisa por la esperanza o la solución, son inútiles ante el inminente e inexorable fatalismo final. El destino está escrito y no tiene una ventana a la esperanza.

Guillermo del Toro, por otra parte, es un cineasta que siempre ha estado envuelto en el cine fantástico y de ciencia ficción, con seis películas a su vez ha creado una legión de fanáticos del cine de culto pero sin gran aprecio crítico hasta esta su última producción “El Laberinto del Fauno”, que al contrario de Cuarón nos remonta al pasado no tan lejano de la post-guerra española donde bajo el influjo de la maravillosa cinta de Víctor Erice “El Espíritu de la Colmena” nos narrará el viaje imaginario de la pequeña Ofelia (Ivana Baquero) que usa la fantasía de su mente como bálsamo para combatir ese hostil entorno fascista-militar que rodea tanto a ella como a su madre embarazada.

Pese a las abruptas diferencias entre la película de del Toro y la de Cuarón, es el destino, otra vez, uno de los motivos centrales. "El Laberinto del Fauno" comienza con Ofelia en su última exhalación, lo cual no es sino una excusa para empezar una travesía que ya ha visto su epílogo, su destino final. La niña será la guía del espectador y el majestuoso Fauno, el guía de ella a través de los laberintos de la imaginación y de la fantasía, en búsqueda de convertirse nuevamente en esa princesa que alguna vez quedo extraviada fuera de su mundo. El destino para del Toro es un bucle que concluye donde ha empezado, en la muerte que da paso a la vida y la vida es la que se recrea en la muerte para volver infatigablemente a ella. Pese a lo aparentemente trágico del desenlace de “ El Laberinto del Fauno”, los finales de los dos realizadores son antitéticos, ya que la luz que se cierne sobre Ofelia sí la convierte en una princesa, primando la esperanza sobre la cruda y cruel realidad, y el destino se convierte en un bucle, un eterno retorno de la vida que se exalta sobre la muerte.

Por último queda Alejandro González Iñárritu, quizás la aparición más impactante del cine latinoamericano en mucho años, que con solo tres películas se ha encaramado como uno de los cineastas más importantes y distintivos del cine contemporáneo, sin olvidar a todo su equipo de colaboradores sobre todo al inestimable guionista Guillermo Arriaga, coautor de la idiosincrasia del cine de Iñárritu.

En su filmografía no hay desperdicio, desde su colosal debut con “Amores Perros” hasta su aclamada “Babel” pasando por “21 Grams”, Iñárritu nos muestra un estilo inconfundible fotográficamente y temáticamente hablando. La intensidad de la cámara al hombro mezclada con el desasosiego existencial de los personajes en un esquema de flashbacks/flashforwards nos muestra trípticos o historias entremezcladas y vinculadas por un hecho central: el accidente. Toda una teoría se puede elucubrar sobre el accidente: azar o hado, contingencia o sustancia; en Iñárritu el detonante de su existencialismo es el accidente y por su tratamiento temático es un sino y no un accidente literal, un gozne donde confluyen líneas de vida, donde se comparten tragedias, donde el demiurgo sopla para que el mundo empiece a rodar pese a las previas e inocuas escaramuzas, en conclusión donde se inaugura el destino y la tragedia por fin deviene y se encarna en tragedia.

El diagrama de Venn, con su meollo resaltado, es el vehículo narrativo de Iñárritu/Arriaga para desvelar el dolor humano, el clamor sordo, el mudo plañir, la incomprensión, la violencia y, de una manera muy soslayada, la redención ya que la felicidad es tragada por un agujero negro ciudad/mundo donde la luz queda en lo que las dádivas del espectador la quieran colocar. Iñárritu no pretende narrarnos la globalización o la problemática urbana del mundo, simplemente quiere describir que naturaleza humana hay una y es la misma sin importar lenguas, latitudes o credos, y que el denominador común, o destino omniabarcante, es el sufrir. La vida es gris, el dolor es perenne y el accidente un instante de lucidez que al menos nos permite asimilar el dolor, incorporarlo al alma y por último, casi como premio, hacerlo llevadero, aunque por ello no menos inevitable.

La luz sin esperanza, el eterno retorno de la vida y el accidente como elucidación del dolor y la existencia son las formas que nuestros tres realizadores entienden ese abstracto que ha perturbado a los humanos desde siempre: el destino. Cada uno a su forma y manera, cada uno en su realidad espacio/temporal, cada uno plasmando su estimulante y preocupada visión, cada uno como cada uno, con tantas coincidencias, con tantas diferencias, lo cual no hace únicamente loar sus logros individuales sino dejarnos exultantes al conjugar estas tres cintas como un triunfo último del cine y de la amistad.

viernes, febrero 16, 2007

Lovis Corinth y Chaim Soutine: la marca de la carne, la carne marcada.



El tránsito del impresionismo al expresionismo se delata ante todo, desde un punto de vista de contenido, por el cambio de motivos llamémosles externos o exotéricos a otros internos o esotéricos que se esfuerzan ya no en abstraer la luz y las formas desde una perspectiva objetiva sino más bien en generar, mediante una deformación de luces y sombras y una síntesis de recursos cromáticos (contrariamente a la perspectiva analítica del color por parte del impresionismo), la expresión de una subjetividad. No es un azar que el paso del uno al otro signifique también el paso de la corriente más asidua al paisajismo a una que recupera la preferencia por la representación del cuerpo humano y especialmente el retrato. Formalmente este cambio se caracteriza, ante todo, por una liberación de la pincelada y la de-formación de la perspectiva clásica más que una abstracción de esta misma – como es en el caso del impresionismo –.

Este cambio de tendencia también se refleja en la invocación de los expresionistas a los viejos maestros flamencos y españoles. La oscuridad de los colores y los motivos, la pasión en la pincelada y el rol esencial de la intuición en la obra de estos pintores había sido puesta entre paréntesis por los impresionistas: minuciosos y casi matemáticos en su descomposición de la luz natural. Si hay alguien que representa este tránsito de tendencias – además de Van Gogh que representa eso y mucho más – es el genio alemán Lovis Corinth (Tapiau, Alemania 1858 – 1925 Zandvoort, Países Bajos). Sí, este multifacético artista es emblemático tanto en el impresionismo como en el expresionismo alemán; en él se puede traducir la mutación pictórica que representa el salto expresionista y todo dentro de un contexto inmejorable para este movimiento trastornado pero de innegable belleza: Alemania de fines del XIX y principios del XX.

Corinth, al final de su vida y carrera, afirma una tendencia marcadamente expresionista combinando tanto formalmente como a nivel de contenido las influencias de Goya, El Greco, Rembrandt y la plástica exuberante del impresionismo; todo dentro de una tonalidad imaginal sombría y en algunos casos desgarradora. Sus motivos preferidos: mitología dionisiaca, crucifixiones y desnudos. Qué tienen en común todos estos temas sino la aquella condición, humana condición, que nos causa temor en la misma medida que deseo: la carne. El cuerpo de Corinth no es un cuerpo pulcro, representación abstracta de una humanidad que ha superado la bestia interior, en este caso hablamos más bien de un cuerpo marcado, infectado por el paso del tiempo, captado en una pincelada casi animal y de una violencia verdaderamente sobrecogedora.

La expresión de la mentada condición, la carnal, se plasma en el lienzo de este teutón de una manera fundamentalmente ambivalente: la carne es vehículo de monstruosas pulsiones sexuales; y la carne es también, por excelencia, receptáculo definitivo de la enfermedad, la vejez y la muerte. El expresionismo pretende exteriorizar el oscuro interior del humano; en Corinth la cicatriz es la escritura misma de la carne: exteriorización caótica, indescifrable e incontrolable de un interior más indescifrable aun. Las posiciones trágicas en las que se encuentran los personajes nos pintan la corporeidad como una condición incómoda pero implacable; tanto en su función erótica como tanatológica.

Desencanto, desesperación, agonía: esos son quizás los apelativos que más condensan la aventura expresionista. Sí, no es casualidad que hablemos de un movimiento que nace de las entrañas de la guerra y la carnicería que fue la Europa de la primera mitad del siglo XX: la modernidad que prometía Razón, Progreso y Justicia se había convertido en la bestia más cruel y despiadada ante los ojos de estos pintores de una sensibilidad extraordinaria. El paradigma de ese espíritu agónico de una época ominosa es quizás, más aun que el mismo Munch, el maestro ruso-judío Chaim Soutine (Smilovichi, Bielorusia 1893 - Champigny-sur-Veuldre, Francia 1943).

Si la asociación biografía – obra no se encuentra en la creación artística como una ley, en el caso de este gran pintor esta relación se manifiesta claramente tanto a nivel de connotativo como denotativo. Soutine fue un hombre pobre y enfermo la mayor parte de su vida, pasó una niñez traumática y su condición de judío no le fue muy favorable en un contexto europeo radicalmente antisemita (que los franceses no se hagan). La mueca profundamente patética de sus personajes, la posición contorsionada, el uso violento de los rojos y, sobre todo, la densísima viscosidad plasmada en el lienzo indican un interior torturado, explosivo y expansivo. Si en Corinth la marca de la carne se plasma dentro de una pulsionalidad cruel y descontrolada, en Soutine la carne es trágicamente puesta en escena como objeto de deseo, pero no sexual, sino más bien deseo de alimento. La pintura de Soutine es la manifestación más amarga del hambre y de la condición voraz del ser y de la vida misma. La vida, para vivir, debe matar, devorar y herir o sino desaparecer tras sufrir penosas y absurdas cantidades de dolor.


La viscosidad tiene un fuerte sentido visceral o, más precisamente, intestinal en la composición del maestro en cuestión, se trata de un recurso plástico muy potente para representar la exigencia monstruosa del aparato digestivo en pos de alimento, del hombre devorándose a sí mismo desde adentro. La vida es la trágica situación en la que se encuentra el ser humano dentro de una cadena siniestra de cadáveres devenidos alimento y hombres en transe de devenir cadáveres, un ciclo material despiadado del cual el ser humano es más esclavo que dominador.

Así pues, en el retrato – uno de sus motivos favoritos –, vemos rostros deformados por una lógica interna, la lógica propia de la carne: una lógica más fuerte que la lógica formal e identitaria, que parece subyugarse al flagelo de la condición material del ser, allí donde el imperan el hambre y el dolor.

Esta patética fluidez del ser marcado desde el interior por una carnalidad implacable y ciega a los sentimientos y a los valores, es una clave de observación, una visión del mundo que se plasma también en los múltiples paisajes que nos ha dejado Soutine sugiriéndonos a un Van Gogh sumido en un universo Caligariano de entre-guerras: no brillan ni cielo ni estrellas, todo parece estar a punto de ser llevado por la tormenta como en el inicio del Mago de Oz, sólo que las casas, y todo lo demás, en lugar de salir volando a un lugar mágico parecen estar condenadas a la desaparición y al olvido en un lugar trágico.


La melancolía y, más aun, la desesperación se hacen completamente patentes en la pincelada de este sufrido artista judío que prefería pintar antes de comer, abrigarse o curarse de los males que lo aquejaban constantemente (la úlcera estomacal lo acompañó gran parte de su vida y terminó por matarlo). Quizás la deformación de lo figurado en los mentados lienzos es aquello que deja entrever una lágrima o una cascada de lágrimas. No es tanto la muerte o la sexualidad lo que parece sugerir la carne en su obra sino más bien el calvario que implica vivir, convivir con el cuerpo y los cuerpos, convivir con los animales y lo que devienen a la larga: comida, para alargar absurdamente la vida, escapando vanamente de lo que va a llegar sí o sí. Tarde o temprano.


Son probablemente Bacon, Corinth y Soutine los artistas de vanguardia que mejor han plasmado esa situación terrible, fuente de monstruosidad pero a la vez de una inmensa belleza que es la condición carnal de ser, el cuerpo no como una entidad diferenciada e idéntica a sí misma sino como una energía descontrolada de humores, vísceras, deseos y pulsiones oscuras para nuestro pobre intelecto. El cuerpo clásico, fachada de un espíritu superior, se convierte en la obra de estos tres genios la delicada línea entre el mundo exterior, objetivo, sólido y el turbio interior que fluye como fluye la lava de un volcán: destructiva y caóticamente. El expresionismo inscribe una continuidad y una ruptura con el impresionismo: el devenir de una Europa carcomida por el odio, el hambre y la guerra transforman (trastornan) el límpido paisaje impresionista en un paisaje-grito, cuerpo-grito y alma-grito que se expresan desde un interior perturbado por nuestra condición, un interior en el que no cabe sino la inmensidad del vacío y la muerte. La marca de los expresionistas es una cicatriz imborrable en el cuerpo de la historia del arte y la cultura. Su delirante visión siempre recordará al alma sensible que estamos solos en un mundo gris, dentado y voraz ¿Ganas de gritar? Qué más da.

martes, febrero 13, 2007

El lar de los disconformes ...

El lar de los disconformes… Y ¿qué lugar no es ese? En fin, que cuando a uno le ofrecen escribir desde un sitio llamado tal y además le sugieren que podría dar rienda suelta a su incomprendida simpatía por La Paz, de nuevo he de sonreírme para mis adentros pues ya estamos a vueltas, una vez mas, con las recurrentes paradojas.

En el lar de los disconformes uno puede hablar de casi todo, incluso con la pretensión de no decir demasiado. Quién lo diría… Se podría esperar encontrar con toda suerte panfletaria de vocingleros en actitud quejumbrosa, pero apenas si se puede encontrar un jodido taco. Y claro, por mero efecto pendular, viendo que la primera expectativa se frustra el lector, en actitud de espera nuevamente, pensaría que los textos a encontrar son los de unos cuantos iluminados dispuestos a transformar el mundo según las tesis de un edulcorado Tony Blair: El temible cambio tranquilo, la entropía silenciosa… Mierda de posmodernos que ni quejarse saben. Pero no, aquí nada se propone, tan sólo se habla un tanto de fútbol, o se esbozan visiones sobre el arte, o se proponen nuevas exégesis de cristo. Tal vez haya una clara vocación de hermeneutas en todos nosotros o simplemente hablamos por no callar.

Qué tiene que ver esto con mis simpatías con La Paz: todo y nada como aqueste lar. La Paz es el botxo* más grande donde se asienta una ciudad. A diferencia de los bilbaínos, los paceños no presumen de ello, pero presumir más que un bilbaíno es harto difícil, ya se sabe, así que para qué intentarlo… Aunque dudo mucho, para estupor de los del botxo vasco, que los paceños se preocupen de tales cosas. De hecho las preocupaciones de los paceños podrían ser cualesquiera que se les ocurriesen, pero parecen estar a otra cosa. Aunque nunca se sabe…Abundando en esta peculiaridad geográfica, si Roma se asienta en siete colinas, el botxo paceño comienza a unos cuatro mil cien metros y parece finalizar a los tres mil quinientos aproximadamente. El día que los insectos sean los únicos que moren este puñetero planeta, aquí estará la residencia de la hormiga león. Y así parece que se ha ido construyendo esta ciudad, con todo aquello que tenia a bien asomarse y caer por el precipicio. Que nadie se equivoque, La Paz no es ningún estercolero, sólo que el orden responde a la casuística de la fuerza gravitatoria. La geometría y los planes urbanísticos no pueden sino ser una boutade de la física moderna. Aquí todo se desparrama por el lógico cauce de la caída. Todo es un eterno e inútil trepar de aquellos que parecen querer resistirse, o un languidecer de quienes saben que una lucha cotidiana contra la primera ley de Newton no tiene demasiado sentido. Y mientras la hormiga león no venga a campar por sus respetos, todos tranquilos. Vaya lar de los disconformes… Pero qué no decir de Roma o de Paris… Por cierto, ¿alguien sabe para qué sirvió el mayo del 68? Ni para masturbarse sin complejo de culpa.

En fin, que La Paz, no solo es un recurso geográfico para quien busca un poco de la misma. Es también ese sitio donde la noche muestra un espectáculo casi neolítico, con todos los perímetros del botxo iluminados, cuevas en que las hogueras alumbran el descanso o la borrachera de sus moradores, que bien merecidas tienen ambas alternativas. Porque beber para un paceño es apuesta sobrevenida. Nada de rito sacramental ni hostias en vinagre. El paceño bebe porque sí. Y si acaso, se debería fundamentar en la lógica fisiológica que dice a pulmones grandes, el hígado habrá de ser enorme. ¿Por qué si no? Y si no, al carajo con la proporcionalidad de las medidas renacentistas del ilustre Leonardo y desde hoy yo reivindico como canon de belleza a Chewacka y a Frida Khalo.

Otra peculiaridad de La Paz es que, desde Europa, siempre se llega dando un rodeo. Para los amantes del deambular a ninguna parte, para los que detestan el destino, La Paz es una especie de Atlántida, de Parnaso, de Olimpo. Aunque hay quien dice que no es sino el Hades… Y en cierto modo es así, un Purgatorio en el que el soroche, a la que corres un poco, te hace toser y esputar hasta quedarte sin fluidos. Salvo que seas de los alrededores de Bilbao, claro… A La Paz no se llega, se arrumba. A La Paz no ha de hacérsele propaganda no sea que toda suerte de friquis domingueros decidan que esta de moda. Flaco favor le haría yo si contara porque me vengo aquí a cada tanto. No, no diré lo que es La Paz para mí… La Paz es para mí, y para los paceños

Iñaki Arbeloa

* N. del E.: agujero en euskera.

jueves, febrero 08, 2007

Los sentidos fermentados de un poeta psicodélico


A los seis meses y fracción de su “último viaje” veo necesario hacer este pequeño, humilde y sincero escrito como fanático declarado de la banda Pink Floyd al fundador, ideólogo y emblema de la banda en sus primeros pasos … gracias Syd.

En la ciudad de Cambridge allá por el año 1946 nace una de las personalidades más influyentes de la música contemporánea, Keith Roger Barret (Syd para los amigos). Desde su infancia se vio con aptitudes artísticas y también depresivas a partir de la pérdida de su padre a la edad de 12 años. Ya estando en la secundaria conoce a Roger Waters y al poco tiempo a David Gilmour, el cual paradójicamente sería su reemplazo en la banda, cuando su presencia era insostenible. Waters admirado por la capacidad de composición tanto lírica como musical de Barret lo invita a unirse a su banda los Screaming Abdabs formada básicamente por los músicos que luego conformarían Pink Floyd, nombre ideado por Barret a partir de la fusión de los nombres de dos de sus músicos favoritos: Pink Anderson y Floyd Council.

Veo imperioso hacer una pequeña descripción de su vida y de su obra musical ya que muchas personas que han escuchado y gustan de la banda no tienen idea de la existencia de un icono en la música de Pink Floyd anterior a David Gilmour y coetáneo a Roger Waters.

En 1967 sale a la luz uno de los primeros y mejores discos psicodélicos en Gran Bretaña The piper at the gates of Dawn que es, sin duda, un adelantado a su tiempo, un álbum emblemático que precedió a bandas como Jethro Tull, Yes o King Crimson. De repente es que irrumpe en el mercado el primer sencillo del disco: Astronomy Domine, acaparando fanáticos para la banda casi de inmediato. Un sonido totalmente vanguardista que mezclaba el uso de guitarras bastante rockanrroleras que utilizan mucho a lo largo de la canción escalas sostenidas, un bajo firme marcando tiempos y a la vez la batería entrando muchas veces a destiempo (originalmente así pensada) todo esto acompañado de extraños sonidos creados por sintetizadores y las voces cantando que crean cierta sensación de inseguridad y hasta miedo mezclado, obviamente, con un regocijo musical indescriptible. En cuanto a la letra, se interpreta el baile cósmico propio de un poeta de la psicodelia entumecido por alicientes que poco a poco fermentaban sus sentidos pero no su creatividad.

Es así que The Piper at the gates of Dawn acompañado de nuevos sencillos como Interstellar overdrive, The gnome o Bike que mantuvieron al disco en franco camino ascendente, lo convierte en una obra que no nos podemos dar el lujo de NO escuchar, por eso los insto a comprarlo, quemarlo, robarlo, descargarlo, etc. … siempre y cuando lo escuchen.

En este punto es que una banda como Pink Floyd empezaba de la mejor forma una carrera enorme en cuanto a cantidad y sobre todo calidad de sus producciones y, tristemente, empezaba también el aciago camino que decidió recorrer Syd.

A los dos años de haber formado a Pink y con un disco consolidando su imagen como banda seria, pionera y a la vez totalmente “experimental” Syd Barret ya estaba demasiado metido en drogas elaboradas, sobre todo LSD, y esto repercutía en las presentaciones en vivo de la banda. Esto derivó en que, a pesar del intento de los otros miembros de Pink para poder sobrellevar la adicción de Syd, salga del grupo lo cual le creó severas depresiones que mezcladas con las interminables jornadas de LSD terminaron por recluirlo casi hasta el ermitañismo.

Entre su separación de la banda entre 1969 y 1974, Barret grabó discos en su mayoría producidos por David Gilmour (amigo y colega) los cuales, sin embargo no tuvieron mucha repercusión fuera de la isla. Puesto que grabó su último trabajo como solista a petición casi súplica de grandes de la música como David Bowie y el mismo Gilmour, y tras un nuevo disco de no tan gran aceptación es que decide recluirse en la casa de su madre y pasar casi cuatro lustros en el anonimato total. En este tiempo es en que debe pelear contra fantasmas internos y externos que lo atormentan día a día en mayor medida desgarrando para siempre al maravilloso genio que una vez yacía en ese cuerpo. Para 1989 era el lúgubre engendro producto del LSD puesto que sufría de una esquizofrenia que iba en aumento y había perdido la memoria (aparte de la razón, si es que alguna vez la tuvo) puesto que no recordaba ni a Pink Floyd, ni a sus viejos amigos y coadjutores de la banda. Permaneció en el anonimato desde entonces hasta que en 2006 el diamante loco decidió brillar en otra vida.

Uno podría acusar a los Pink Floyd de haberlo abandonado en su fragoso camino a la muerte. Mas no es así, puesto que desde su separación de la banda incluyeron composiciones suyas en discos posteriores (A saucerful of secrets y Animals) para después componer todo un disco tributo a un gran amigo y músico: Wish you were here en cuya grabación Syd hizo fantasmagóricas apariciones (por el estado en que se encontraba) y dio lugar a la famosa escena de la película The Wall donde el protagonista se rasura los pelos de todo el cuerpo. Esta película también refleja una de las más grandes carencias de Syd durante su niñez, una figura paternal; lo cual, sumado a tantos delirios, miedos y crisis existenciales terminaron con el músico a muy corta edad. El mencionado disco es un tributo genial a un genio … no se me ocurre una descripción más acertada para este LP conformado por cinco temas que comienza con Shine on your crazy diamond una canción que busca describir mediante la analogía la brillantez de Syd. Es un disco interesantísimo de principio a fin, sin embargo el mensaje más claro y el sentimiento más puro de éste como un tributo es Wish you were here, una canción hermosa que, como alguien me dijo una vez, se la puedes dedicar a quien quieras (pese al título, no es una canción de amor, valga la aclaración para esos que: ¡todavía no la tienen clara cabrones!) y me gustaría citar la última estrofa de la canción que menciona almas perdidas, caminos acostumbrados y miedos eternos… como para no empatizar, ¿no?.

How I wish, how I wish you were here
We´re just two lost souls swimming in a fish bowl

Year after year running over the same old grounds what have we found?
Same old fears… Wish you were here


Así fue la fugaz deambulación de un genio olvidado por muchos, añorado por todos por el impasible y perenne paso de la vida misma.

Urtika


Escuchar: Astronomy Domine, "The piper at the gates of Dawn", Pink Floyd


Escuchar: Interstellar Overdrive, "The piper at the gates of Dawn", Pink Floyd