
“…suspiro de la criatura desdichada, alma de un mundo sin corazón, espíritu de una época privada de espíritu, opio del pueblo.”
Karl Marx, Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel.
La última vez que dos parlamentarios italianos se agarraron a golpes fue a causa del fútbol. En 1998, dos diputados se enfrentaron por un penal no pitado a Ronaldo, uno de ellos afirmaba que el partido debía volverse a jugar con árbitros extranjeros, el otro se indignó por esta aseveración y llegaron a los golpes. Ahora que Bush, el criminal hijo de criminal, sigue incólume en el poder después de destrozar hombres, mujeres y niños parados encima de petróleo, vale acordarse de Irak. Después de iniciada la ofensiva imperial contra ese país, dirigida por Bush y sus secuaces, la hinchada del club argentino Chacarita Juniors coreó largamente el nombre de Sadam Hussein durante los cánticos de apoyo a su equipo; los hinchas de Huracán pusieron banderas apoyando a Sadam, en una se podía leer claramente “Dear Bush, fuck you”.
La última vez que dos parlamentarios italianos se agarraron a golpes fue a causa del fútbol. En 1998, dos diputados se enfrentaron por un penal no pitado a Ronaldo, uno de ellos afirmaba que el partido debía volverse a jugar con árbitros extranjeros, el otro se indignó por esta aseveración y llegaron a los golpes. Ahora que Bush, el criminal hijo de criminal, sigue incólume en el poder después de destrozar hombres, mujeres y niños parados encima de petróleo, vale acordarse de Irak. Después de iniciada la ofensiva imperial contra ese país, dirigida por Bush y sus secuaces, la hinchada del club argentino Chacarita Juniors coreó largamente el nombre de Sadam Hussein durante los cánticos de apoyo a su equipo; los hinchas de Huracán pusieron banderas apoyando a Sadam, en una se podía leer claramente “Dear Bush, fuck you”.
Ejemplos como éstos, donde la relación entre el fútbol y la política se hace patente, hay miles: la utilización de la Selección Nacional por parte de Mussolini, Videla o Bodaberry o el enfrentamiento de las naciones españolas al sometimiento de Franco (un Aznar antiguo) a través del Atlethic, a través del Barcelona, a través del Celta de Vigo. En base a las opiniones acerca del fútbol, se podría esquematizar la relación entre este juego y la política en base a una dicotomía esencial: el fútbol como "opio del pueblo" versus el fútbol como "espacio de libertad".
La primera postura entiende al fútbol como un fenómeno que va perdiendo su faceta lúdica y se va transformando en un producto de la cosificación, siguiendo la dominación de un Estado determinado. Así, el fútbol es un espacio más de dominación que aliena al individuo y mantiene los vicios del espectro político de turno. La segunda manera de entender al fútbol plantea que a través de este fenómeno se anulan todas las diferencias sociales y se construye un espacio de libertad regido por la democracia y la unidad. Es interesante observar que esta dicotomía sigue una larga tradición sociológica en tanto reflexión acerca de la dominación y la libertad, por ejemplo: Weber y sus preocupaciones en torno a los espacios de libertad en una sociedad cada vez más racional o Durkheim y sus preocupaciones en torno a la capacidad de vivir juntos en una sociedad cada vez más diferenciada
Sin embargo, creemos que esos diferentes bandos donde se alinean los amantes o detractores del fútbol encierran el fenómeno en una mirada reduccionista y sesgada. El fútbol es tanto opio del pueblo como espacio de libertad pero también es mucho más que eso. El fútbol es un prisma que refleja las pulsiones de la sociedad, un hecho social total que permite mirarnos descarnadamente, un espejo que muestra nuestras condiciones profundas, un ojo de cerradura que permite entendernos desde un lugar jodido y privilegiado. Ver a este hermoso juego desde el opio del pueblo o la libertad absoluta sólo es una burda manera de quitarle su magia, su delirio y, principalmente, su capacidad para expresar relaciones y formas sociales profundas que encuentran su canal privilegiado a través de los sentimientos que causan veintidós jugadores corriendo detrás de una pelota.

Pero vayamos un poco más allá, veamos un par de casos donde el fútbol logró lo que muchos burdos “dirigentes de masas” no lograron nunca. Fútbol, política, canalización, identificación, redención. En la lucha contra Francia, una de las más eficaces formas de conseguir adeptos por parte del ejercito de liberación argelino era en base a la organización de campeonatos de este deporte donde surgían militantes con una “conciencia de clase” mucho más profunda y solidaria a partir del sacrificio colectivo que entraña una cancha de fútbol; las mujeres iraníes consiguieron grandes avances en su lucha por la emancipación y escaparon un poco de la terrible dominación sexual masculina gracias a la exigencia de ver los partidos de fútbol los domingos; esa necesidad social, esas ansias de emoción y esperanza hicieron que los dominadores tuvieran que ceder un poco en el sometimiento que expurgan sobre ellas (esto se perfila más interesante aún debido a que mucha gente considera a este juego como un atributo exclusivo del mundo masculino). Althusser, Harnecker y todo el resto de dogmáticos panfletarios que sólo perjudicaron a Marx pueden seguir manteniendo su indecencia y derrota, el fútbol hizo, aunque sea por un momento, lo que ellos no pudieron hacer ni siquiera una vez en la vida.
Terminemos con Braceli, con un ejemplo de cómo el fútbol alienta esperanza y canaliza el difícil tránsito por estas sociedades contemporáneas: “Por el fútbol sabemos que nuestro optimismo es una simpática forma de inmadurez. Que cuando decimos que estamos tocando fondo, somos recurrentemente optimistas. Porque cancelamos alegremente toda posibilidad de algo peor. Y esa negación nos lleva siempre a un fondo que queda más abajo”. Por todo, gracias fútbol.



























